Ser cuidador de una persona dependiente implica una labor de gran esfuerzo y dedicación, que conlleva un alto nivel de carga física, emocional y socioeconómica. Esta realidad compromete la salud, el bienestar y las relaciones interpersonales del cuidador con la persona que cuida, siendo un tema de creciente relevancia en una sociedad con una población cada vez más envejecida.

¿Qué significa ser un cuidador?
Se entiende por persona dependiente aquella que, por motivos de edad, enfermedad o discapacidad, y ligadas a la pérdida de autonomía física, sensorial, mental o intelectual, precisa de forma permanente la atención de otra persona o ayuda para realizar las actividades básicas de la vida diaria. No todas las personas mayores son dependientes, ni todas las personas dependientes son mayores, aunque a menudo coincidan.
Los cuidadores informales son quienes, en su gran mayoría, asumen los cuidados de personas dependientes. Estas personas no reciben remuneración económica por su labor ni cuentan con capacitación específica para los diversos cuidados que proveen. En países como Chile, la encuesta Casen (2015) reveló que los cuidadores informales son principalmente mujeres adultas, con una edad promedio entre los 50 y 59 años, generalmente hijas o parejas que cohabitan con la persona dependiente.
Tipos de cuidadores
- Persona cuidadora principal: Quienes destinan el mayor número de horas al día a entregar asistencia de cuidados o apoyo permanente a personas que requieren cuidados.
- Persona cuidadora secundaria: Quienes destinan menos horas al día, en relación con la cuidadora principal, a entregar asistencia de cuidados o apoyo permanente a personas que requieren cuidados.
- Cuidadores profesionales: Son aquellos que tienen una formación específica y una experiencia acreditada en el ámbito del cuidado de personas dependientes.
La realidad de los cuidadores informales
En el contexto de una sociedad cada vez más envejecida, los cuidados de las personas mayores con dependencia son aún poco valorados y visibilizados. Esta situación se traduce en importantes desafíos para el Estado, las políticas públicas, las familias, las instituciones privadas y la sociedad en general.
La labor del cuidador, especialmente el informal, genera una nueva situación familiar que puede provocar importantes cambios en la estructura familiar y en los roles de sus integrantes. Estos cambios pueden precipitar crisis que ponen en peligro la estabilidad familiar, afectando a todos sus componentes, en particular al cuidador principal, quien soporta la mayor parte de la sobrecarga física y emocional.
¿Cómo tratar el agotamiento emocional del cuidador?
Repercusiones en la salud y calidad de vida del cuidador
La sobrecarga que soporta el cuidador, una vez superados los recursos disponibles, puede repercutir negativamente en su salud. Numerosos estudios han documentado estas repercusiones, destacando por su frecuencia el malestar psíquico (principalmente ansiedad y depresión), así como efectos importantes en la salud física, el aislamiento social, la falta de tiempo libre, la calidad de vida y el deterioro de la situación económica, lo que algunos autores han denominado el síndrome del cuidador.
Un estudio observacional y analítico de casos y controles realizado en el Centro de Salud "Sillería" (Toledo) con 156 cuidadores principales y 156 personas de control, reveló datos significativos:
- El 66,4% de los cuidadores presentaba sobrecarga en el test de Zarit.
- El 48,1% de los cuidadores percibía su salud como mala o muy mala, frente al 31,4% del grupo control.
- La frecuentación media a consultas médicas fue mayor en el grupo de cuidadores (8,37 visitas/año) que en el grupo control (7,12 visitas/año).
- Se observó una mayor prevalencia de ansiedad y depresión en el grupo de cuidadores, así como una mayor frecuencia de posible disfunción familiar y de sensación de apoyo social insuficiente.
- Los cuidadores presentaron, de forma significativa, con mayor frecuencia síntomas como cefalea, dolor de espalda, algias musculares, cansancio/fatiga, alteraciones del sueño y apatía.

Estos resultados subrayan la necesidad de actuaciones multidisciplinarias para apoyar a los cuidadores tanto de forma preventiva como de soporte, adaptando las intervenciones a las características y necesidades específicas de cada cuidador para obtener resultados positivos tanto para la persona atendida como para el cuidador.
Orientaciones para futuros cuidadores y el rol de las políticas públicas
Para desempeñar de mejor manera la labor como cuidador, se aconseja informarse y buscar capacitación acerca de la enfermedad, el tratamiento y los cuidados básicos que el familiar necesita. Es crucial activar una red de apoyo familiar y social, y apoyar la concreción de trámites que favorezcan el bienestar tanto del cuidador como de la persona bajo su cuidado.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que para 2030 habrá 100 millones más de personas mayores de 60 años en el mundo que en 2022, lo que implicará un aumento muy significativo en la demanda de cuidados. Se calcula que serán necesarios 475 millones de empleos para atender las necesidades globales de cuidados, un aumento de 269 millones de empleos respecto a 2015. Por lo tanto, ser cuidador de personas dependientes se perfila como una opción laboral interesante para quienes tengan vocación de servicio y ayuda en el ámbito sociosanitario.
Formación y remuneración en el cuidado profesional
Para ser cuidador de personas dependientes y/o mayores en instituciones sociales, es necesario tener el Certificado de Profesionalidad en Atención Sociosanitaria a personas dependientes en Instituciones Sociales (SSCS0208). Si el objetivo es cuidar en domicilios, se pueden adquirir los conocimientos y habilidades a través del Certificado de profesionalidad en atención sociosanitaria a personas en el domicilio. El certificado para instituciones sociales también habilita para trabajar en domicilios.
El salario de los cuidadores de personas dependientes y/o mayores varía según factores como la formación, la experiencia, el tipo de contrato, las horas de trabajo, las tareas a realizar y el lugar del servicio. En España, los cuidadores deben cobrar al menos el salario mínimo interprofesional (SMI) de 1.080 euros al mes, multiplicado por 14 pagas al año. Sin embargo, el rango puede oscilar entre 700 y 1.600 euros, dependiendo de si se trabaja de noche, días festivos o fines de semana.
Cómo elegir al mejor cuidador
Elegir al mejor cuidador para un familiar dependiente es una tarea que requiere confianza y consideración. Los aspectos clave incluyen:
- Formación y experiencia: Es fundamental que el cuidador tenga el certificado de profesionalidad y una experiencia previa que demuestre su capacidad.
- Compatibilidad y confianza: El cuidador debe establecer una buena relación con el familiar dependiente, adaptándose a sus gustos y necesidades. Además, debe transmitir confianza y seguridad a la familia, manteniéndolos informados sobre la evolución del familiar.
- Condiciones laborales y económicas: Es imprescindible que el cuidador tenga un contrato laboral que regule sus derechos y obligaciones, y un salario justo acorde con su trabajo.
Reconocimiento y apoyo a los cuidadores en Chile
En Chile, se ha implementado un sistema para reconocer y visibilizar a las personas cuidadoras no remuneradas. Para ser reconocida como persona cuidadora y obtener una credencial, se debe ingresar al Registro Social de Hogares a través de la Ventanilla Única Social (VUS) y completar el módulo de Cuidados. Esta información es crucial para el diseño e implementación del Sistema Nacional de Apoyos y Cuidados “Chile Cuida”.
Requisitos y proceso para la credencial de cuidador en Chile
- La persona cuidadora y quien requiera cuidados deben tener Registro Social de Hogares (RSH).
- La persona que requiere cuidados debe tener dependencia moderada, severa o profunda en el módulo de salud del Registro Social de Hogares, o estar en otros registros administrativos como el Registro Nacional de Discapacidad, Programa de Integración Escolar (PIE) permanente, o matrícula en establecimiento educacional especial.
- Si la persona cuidadora tiene ingresos por pensión o actividades distintas a la labor de cuidados, puede acceder a la credencial. Sin embargo, si recibe ingresos por la labor de cuidados, no puede acceder a ella, ya que el objetivo es identificar a quienes no reciben pago.
- Se puede solicitar una credencial por cada persona cuidada, con un máximo de tres personas por cuidador.
- No es necesario tener vínculo familiar o de consanguinidad con la persona que requiere cuidados.
- La información es autorreportada y se valida con registros administrativos. No es necesario acudir a una notaría.
La credencial de persona cuidadora ofrece acceso preferente a sucursales y oficinas de diversas instituciones públicas como FONASA, BancoEstado, SERVIU, SENAMA, ChileAtiende - IPS, Registro Civil, SENADIS, entre otros. Se puede descargar la credencial digital o solicitar la versión física a través de la Ventanilla Única Social.
En la región, hasta marzo, había 4.455 cuidadores acreditados en el Registro Social de Hogares, de un potencial estimado de 25 mil, lo que muestra una escasa participación de varones en esta labor, una tendencia que se repite a nivel nacional. Muchas mujeres que trabajan también cumplen con la labor de cuidadoras, sin descanso ni días feriados, lo que genera un desgaste físico, mental y emocional significativo.
Ser cuidador es un "acto de amor" que a menudo implica postergar las propias necesidades y aspiraciones personales en favor de quienes más lo necesitan. Reconocer y apoyar esta labor es fundamental para la construcción de una sociedad más justa y equitativa.