El Nivel de Salud y la Calidad de Vida en Residencias para Adultos Mayores

El progresivo envejecimiento demográfico a nivel mundial ha planteado una serie de desafíos complejos que invitan a replantear la manera en que las sociedades garantizan condiciones dignas para las personas mayores. Esta realidad pone de manifiesto la urgencia de diseñar políticas y servicios que respondan a los retos del cuidado geriátrico, así como a los cambios estructurales en las relaciones familiares y comunitarias.

La calidad de vida en la adultez mayor es un concepto multidimensional que integra variables biológicas, psicológicas y sociales. El envejecimiento conlleva transformaciones progresivas que afectan las capacidades funcionales del individuo, lo cual, en muchos casos, conduce a procesos de institucionalización debido a la insuficiencia del soporte familiar. Factores como el aislamiento afectivo, las limitaciones económicas y los problemas de salud contribuyen significativamente al deterioro del bienestar en esta etapa de la vida. Es fundamental abordar la calidad de vida desde las dimensiones física, mental y social.

Infografía: Pirámide poblacional envejecida y sus implicaciones sociales

La Institucionalización: Necesidad y Desafíos

Las residencias son necesarias, pues constituyen una respuesta adecuada a los problemas de las personas de edad avanzada que viven solas o que se ven abandonadas por la familia. Sin embargo, la institucionalización debería ser el último recurso, ya que se identifica como uno de los factores que actúan en la disminución de la autonomía de la persona mayor.

El anciano se ve obligado a compartir su vida con personas desconocidas, a adaptarse a horarios, hábitos y dietas extrañas, y tienen más posibilidades de enfermar. Su vida puede caracterizarse por una gran pasividad, una convivencia conflictiva y una fuerte tendencia al aislamiento. Además, en el momento de su ingreso, su estado de salud suele ser ya precario. Los principales factores de riesgo de institucionalización son: edad superior a los 70 años, soledad, demencia, inmovilización, viudedad, ausencia de apoyo de parientes, problemas médicos, depresión, y aislamiento social.

Las personas mayores institucionalizadas sufren lo que se denomina “las pérdidas asociadas a su envejecimiento”. Se sienten perdidos en un entorno que no dominan, se destruyen sus relaciones personales que han mantenido a lo largo de su vida, y se olvida su competencia y su historia personal. El descenso de la capacidad funcional en este grupo de mayores probablemente se deba a una etiología multifactorial acumulativa e interactiva, incluyendo los efectos de la propia enfermedad, el descondicionamiento por el reposo y la inmovilidad, y el clima y las carencias que provoca la propia institución.

El Periodo de Adaptación en Residencias

En España, por ejemplo, la legislación sobre Servicios Sociales establece que todos los beneficiarios, al ingresar por primera vez en un centro, habrán de someterse a un período de adaptación. Este período tiene en las residencias de la tercera edad una duración de veinte días, que puede ser ampliada hasta un máximo de otros veinte días. Durante este tiempo, una Comisión Técnica de Valoración comprueba si los beneficiarios reúnen las condiciones indispensables para la convivencia normal en el centro.

Estudios han constatado que, durante los primeros 20 días de ingreso (período de adaptación), existe una relación significativa entre la autonomía e independencia de un anciano y su deterioro debido a la institucionalización. Aunque los mayores no sufren cambios significativos en su percepción de salud en este corto período, se cree necesario un seguimiento a más largo plazo para constatar si persiste el deterioro en la autonomía e independencia para las actividades de la vida diaria.

Evaluación del Estado de Salud en Ancianos Institucionalizados

El estado de salud de los residentes es muy heterogéneo. Diversos estudios señalan en ancianos institucionalizados una mayor prevalencia de muchas patologías.

Estudio Descriptivo en una Residencia de Valencia

Un estudio realizado en una Residencia Geriátrica Mixta Asistida de Carlet (Valencia) entre 1993 y 1994, evaluó el estado de salud y la calidad de vida de 163 ancianos válidos institucionalizados. La metodología incluyó información de historias clínicas individuales, datos analíticos y una entrevista personal.

  • Valores Analíticos y Patologías: Los valores analíticos de más del 50% de la población se encontraban dentro de los intervalos de referencia. Sin embargo, el 96% de los residentes padecía alguna enfermedad crónica y el 79% presentaba comorbilidad (dos o más enfermedades crónicas).
  • Enfermedades Comunes: Las enfermedades más usuales en ambos sexos fueron las cardiovasculares, seguidas de las osteoarticulares, digestivas y neurológicas. Los fármacos más utilizados pertenecían a los grupos terapéuticos relacionados con estas patologías.
  • Percepción del Estado de Salud: El 76% de los ancianos calificó su estado de salud como «regular», tanto aquellos más sanos (60%) como los que padecían dolores o discapacidades graves (15%). Aunque el 83% mantenía una buena capacidad física, su actividad, aparte de ver televisión y conversar, se limitaba a pasear.
  • Satisfacción General: Según la opinión de los residentes, la atención sanitaria, las instalaciones y los servicios del centro eran satisfactorios, pero no estaban conformes con aspectos relativos a su alimentación. A pesar de esto, el 81% consideró que, globalmente, gozaba de una buena calidad de vida.
Foto: Adultos mayores realizando actividades sociales en una residencia

Factores Determinantes de la Calidad de Vida en Residencias

A medida que el nivel de incapacidad, de dolor o de ansiedad aumentan, la calidad de vida se reduce, aunque también influyen otros factores como la capacidad intelectual, las relaciones personales, la situación económica, el estado emocional, la sensación de utilidad, el grado de control de la propia vida, la capacidad de elección y la satisfacción de la vida en general. Todos estos aspectos son muy relativos y pueden variar considerablemente de unos ancianos a otros.

La evaluación de la calidad de vida de los ancianos no resulta sencilla, pero diversos autores coinciden en considerar la función física, el bienestar somático, la función psicológica, la actividad social y la suficiente disponibilidad económica, entre los principales criterios que la determinan.

Hallazgos Recientes (Revisión 2020-2024)

Una revisión sistemática cualitativa de 22 artículos científicos publicados entre 2020 y 2024, sobre la calidad de vida en centros residenciales públicos, identificó patrones recurrentes relacionados con el impacto del diseño arquitectónico, la atención personalizada, el apoyo social, las condiciones de infraestructura y los servicios de salud.

  • Dimensiones de la Calidad de Vida: Se reafirma que este concepto es multidimensional, influenciado por aspectos físicos, emocionales, sociales y contextuales. El deterioro funcional progresivo, el aislamiento familiar y la precariedad económica inciden de manera significativa en el bienestar. El componente cultural y los roles sociales también influyen en la percepción del bienestar.
  • Comparación Institucionalizados vs. Comunitarios: Estudios comparativos revelan que, aunque no siempre hay diferencias contundentes en la percepción general del bienestar, sí existen mayores niveles de dependencia y síntomas depresivos entre quienes residen en instituciones. Los adultos mayores insertos en la comunidad presentan una mejor percepción de calidad de vida que los institucionalizados.
  • Infraestructura y Gestión: Se han denunciado deficiencias en los servicios asistenciales, limitaciones en equipamiento, escasez de personal calificado y dificultades en el acceso a la atención médica en algunas residencias públicas. Se promueve la implementación de diseños inclusivos, espacios acogedores y cuidados centrados en la persona, así como ambientes residenciales amigables que generen autonomía.
  • Apoyo Social y Factores Geográficos: El impacto de factores geográficos, como la altitud, sobre la salud integral del adulto mayor ha sido documentado. El rol de la estructura familiar en la protección social y el apoyo social se vinculan con mayores niveles de satisfacción vital.
  • Salud Mental: La dimensión psicológica adquiere una relevancia notable, con informes sobre el deterioro de la salud mental en adultos mayores, incluyendo alta prevalencia de síntomas depresivos, estrés y ansiedad, especialmente en situaciones como confinamientos.

Los datos revisados permiten concluir que la calidad de vida de los adultos mayores en centros residenciales públicos depende en gran medida de la interacción entre las condiciones materiales, el apoyo social y las características personales de cada individuo. El respaldo emocional, las relaciones interpersonales y la capacidad de resiliencia individual emergen como elementos fundamentales en la percepción subjetiva del bienestar. Además, se identificaron desigualdades significativas entre regiones, particularmente en América Latina, donde las limitaciones presupuestarias y las brechas en la implementación de políticas públicas dificultan la garantía de condiciones mínimas de calidad.

Institucionalización del Adulto Mayor

Niveles Asistenciales de Geriatría

Para lograr la continuidad de cuidados que precisan las personas mayores, es esencial la detección de los problemas que surgen a lo largo del tiempo para aportarles el mejor modelo asistencial. Es importante transformar la asistencia tradicional en asistencia geriátrica especializada con sus diferentes grados adaptados a las necesidades del paciente. Los diferentes niveles asistenciales de geriatría propician un cuidado cualificado con programas y tratamientos que personalizan en los pacientes.

Los hospitales, residencias de mayores y centros de día especializados ofrecen una amplia gama de servicios:

  • Unidad Geriátrica de Agudos: Relacionada con la hospitalización de personas mayores que sufren procesos agudos o reagudizaciones de enfermedades crónicas. Su objetivo fundamental es que la persona mayor sea de nuevo ubicada en su domicilio en las mismas condiciones funcionales y mentales previas al ingreso. Trabaja un equipo interdisciplinar (médicos geriatras, enfermería especializada, trabajadores sociales).
  • Unidad de Media Estancia: Acoge a pacientes ya diagnosticados que han superado la fase aguda de la enfermedad y en los que el riesgo de perder su independencia es alto, aunque se encuentren clínicamente estables. Su objetivo es que el anciano recupere su independencia para las actividades básicas de la vida diaria mediante rehabilitación y control clínico.
  • Hospital de Día: Atiende a ancianos de forma ambulatoria mediante la aplicación de tratamientos de rehabilitación y/o seguimiento de problemas médicos o de enfermería. Los objetivos son la rehabilitación de pacientes con un deterioro funcional reversible y no demasiado intenso.
  • Asistencia Geriátrica Domiciliaria: Uno de los niveles más relevantes, constituido por un médico especialista en Geriatría, personal de enfermería con formación específica, un trabajador social y un terapeuta ocupacional. Beneficia especialmente a ancianos frágiles o pacientes geriátricos que no pueden acudir a la consulta ambulatoria.

La atención geriátrica se adapta a las necesidades cambiantes de las personas mayores. Los criterios de acceso aseguran que cada paciente reciba la atención adecuada, maximizando su bienestar y calidad de vida. La derivación entre niveles se realiza de forma coordinada, garantizando una transición fluida y atención continua.

Evaluación de la Calidad del Servicio y Satisfacción del Residente

Un estudio evaluó la calidad del servicio prestado en una residencia privada para mayores mediante una encuesta de satisfacción (modelo SERVPERF). Se evaluaron dimensiones como elementos tangibles, fiabilidad, capacidad de respuesta, seguridad y empatía, además de la alimentación.

  • Aspectos Positivos: Los residentes se encontraban satisfechos con el servicio ofrecido, destacando positivamente las habitaciones, los empleados y los horarios de visitas. Los empleados fueron vistos como una de las grandes fortalezas de la residencia por su dedicación, respeto, amabilidad, disponibilidad, confianza y conocimiento, haciéndolos sentir como en casa.
  • Aspectos Negativos: La alimentación fue la dimensión considerada como más importante y la que obtuvo el grado de insatisfacción más relevante, recibiendo la calificación más baja de la encuesta. Esto puede relacionarse con el deseo de mejora en este aspecto.

Los elementos tangibles, aunque no obtuvieron la mayor puntuación, fueron señalados como los menos importantes por los residentes, posiblemente debido al alto grado de satisfacción que ya sentían por ellos. En orden de importancia, los residentes valoraron la empatía, capacidad de respuesta, fiabilidad y seguridad, lo que también se relaciona con su satisfacción en estas áreas.

Situación en Establecimientos de Larga Estadía (ELEAM) en Chile

Un estudio realizado en Chile diagnosticó un importante deterioro en la calidad de vida de las personas que residen en Establecimientos de Larga Estadía para Adultos Mayores (ELEAM). La investigación reveló que los establecimientos financiados por el Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama) presentaban una mejor percepción de calidad de vida por parte de los residentes (76,3%) en comparación con los privados (68,1%).

Al momento del estudio, estos ELEAM contaban con 930 personas mayores residentes (510 en establecimientos Senama y 420 en privados), de los cuales el 52,3% eran mujeres y el 40,4% tenía más de 80 años.

Sin embargo, en cuanto a la dotación de personal, solo el 16,6% de los directivos de centros Senama mencionó contar con personal suficiente, frente a un 78,6% que aseguró contar con personal adecuado en los centros privados. El estudio detectó que existe un porcentaje de personas mayores que no están recibiendo los cuidados que requieren, y una proporción de cuidadores que admitió estar en un nivel de desgaste extremo y que hace lo posible por responder de manera adecuada. Los cuidadores no ocultaron la existencia de situaciones de maltrato en sus centros, señalando esto como un síntoma del desgaste que padecen.

La presencia de maltrato es una realidad que necesita medidas urgentes. Se aboga por ayudar a los centros clandestinos a regularizarse, en lugar de cerrarlos, para evitar dejar a muchas personas sin lugar donde ir. Universidades, ONGs y otras organizaciones deben trabajar para preparar a estos centros para acreditarse según la ley, cerrando aquellos que no lo hagan.

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