La hipoacusia, o pérdida de audición, es una afección altamente prevalente en la población de edad avanzada, al igual que la demencia. Ambas condiciones ejercen un impacto negativo significativo en la calidad de vida de quienes las padecen. Numerosos estudios sugieren que la hipoacusia es un factor de riesgo para el deterioro cognitivo o la demencia en la vejez.
La sordera bilateral se refiere a la pérdida de audición que afecta a ambos oídos por igual, diferenciándose de la sordera unilateral, que afecta solo a uno. Este tipo de pérdida auditiva puede ser progresiva y es común en la tercera edad.
¿Qué es la Hipoacusia?
La hipoacusia es la disminución parcial o total de la capacidad auditiva en uno o ambos oídos. La intensidad de la pérdida auditiva puede variar desde una leve dificultad para oír ciertos sonidos hasta una sordera completa. La hipoacusia, o pérdida auditiva, es un fenómeno común asociado al envejecimiento, siendo la presbiacusia el tipo más frecuente en personas mayores, vinculada al envejecimiento del sistema auditivo.
La sordera en adultos también puede ir acompañada de síntomas como zumbido en el oído (acúfenos), vértigo y desequilibrio. La hipoacusia puede provocar dificultades en la comunicación, ya que las personas afectadas suelen malinterpretar lo que se les dice, o requieren que se les hable más fuerte.

Mecanismo de la Audición
El sentido del oído depende de la estructura del oído, del nervio auditivo y del área del cerebro encargada de recibir e interpretar los sonidos. Si uno de estos tres aspectos no funciona correctamente, la capacidad auditiva se ve perjudicada. El mecanismo de la audición comprende cinco niveles o partes:
- Oído externo: Compuesto por el pabellón auditivo (oreja) y el conducto auditivo externo (CAE). El pabellón auricular concentra el sonido dirigiéndolo al CAE. La función de este último es condensar las ondas sonoras y dirigirlas hacia el tímpano, donde su acción produce un movimiento vibratorio.
- Oído medio: Una pequeña cavidad que contiene tres huesecillos (martillo, yunque y estribo) y está llena de aire, comunicada con el exterior a través de la trompa de Eustaquio. El martillo, unido al tímpano, recoge las vibraciones y las transmite al yunque y luego al estribo. El oído medio protege al oído interno de ruidos intensos y cambios de presión aérea mediante dos músculos.
- Oído interno: Consta del laberinto anterior (cóclea o caracol, órgano de la audición) y el laberinto posterior (órgano del equilibrio, formado por los canales semicirculares y el vestíbulo). La cóclea contiene las células ciliadas, bañadas por endolinfa y perilinfa, que transforman las vibraciones sonoras en impulsos nerviosos.
- Nervio auditivo: Conduce los impulsos nerviosos desde la cóclea hasta los centros auditivos del cerebro.
- Centros cerebrales de la audición: Interpretan y reconocen los impulsos como sonidos.
Tipos y Clasificación de la Hipoacusia
La discapacidad auditiva puede ser de diferentes tipos, catalogados en función de diversos criterios:
Según la Causa
- Hipoacusia genética o hereditaria: Causada por factores genéticos.
- Hipoacusia adquirida: Desarrollada a lo largo de la vida por diversas razones.
- Hipoacusia idiopática: Aquella cuya causa no puede ser determinada.
Según la Localización del Daño
- Hipoacusia de conducción o de transmisión: La alteración se encuentra en el oído externo o medio, impidiendo que el sonido llegue o lo haga muy débilmente al oído interno. La acumulación de cerumen es la causa más común en adultos mayores. En niños, la otitis media serosa es frecuente. Otras causas incluyen colesteatomas, malformaciones, tumores o traumatismos.
- Hipoacusia neurosensorial o de percepción: La alteración se encuentra en la cóclea del oído interno (sensorial) y a veces en el nervio auditivo (neural). Las ondas sonoras llegan al oído interno pero no se transmiten total o parcialmente al cerebro. Puede ser no genética (por infecciones como rubeola materna, meningitis, prematuridad) o genética (sindrómicas como Usher, Pendred, Waardenbuerg, Treacher-Collins, Alport; o no sindrómicas, por mutaciones del ADN).
- Hipoacusia mixta: Se produce por la coexistencia de distintas lesiones o alteraciones que afectan a la vez a varias estructuras auditivas (de conducción y neurosensorial). Puede ser causada por traumatismo craneoencefálico grave, infección crónica o trastornos genéticos.
- Hipoacusia Central: La alteración se encuentra en los centros auditivos del cerebro; el estímulo auditivo llega al cerebro pero este no es capaz de identificarlo y reconocerlo. Se define como un déficit en el procesamiento de la información de las señales auditivas o procesamiento auditivo central (PAC), no causado por hipoacusia ni por disfunción intelectual.
Según la Gravedad
El grado de pérdida auditiva se indica por el nivel de audición, la gravedad de la lesión, pero solo en términos audiológicos. Los decibelios (dB) son la unidad de medida:
- Sordera leve: Entre 20 y 40 dB. Dificultad para entender sonidos bajos o lejanos.
- Sordera moderada: Entre 41 y 70 dB. Se puede necesitar el uso de audífonos, ya que solo se entienden con claridad los sonidos altos.
- Sordera grave: Dificultad para seguir conversaciones sin amplificación.
- Sordera profunda: Muy poca o ninguna audición, incluso con amplificación.
- Cofosis o anacusia: Pérdida de audición total.
Los grados leve y moderado suelen diagnosticarse tardíamente, ya que los niños pueden desarrollar el lenguaje con retraso y alteraciones, presentando dificultades de aprendizaje y falta de atención. Los grados grave y profundo implican un retraso significativo del lenguaje, problemas del habla y dificultades para el aprendizaje. La cofosis requiere amplificación y logopedia urgentes.
Según el Tiempo de Aparición
- Congénita: Presente desde el nacimiento.
- Adquirida: Desarrollada después del nacimiento.
- Progresiva: Empeora con el tiempo.
- Súbita: Aparece de forma repentina.
Según la Afectación
- Unilateral: Afecta un solo oído.
- Bilateral: Afecta a ambos oídos.
Prevalencia de la Hipoacusia en Ancianos
En todo el mundo, alrededor de 500 millones de personas (casi el 8% de la población mundial) tienen hipoacusia. Aproximadamente el 15% de los adultos estadounidenses (37,5 millones) mayores de 18 años informan algún problema auditivo. Más del 30% de adultos mayores padecen sordera.
Los adultos mayores típicamente experimentan una disminución progresiva de la audición (presbiacusia), relacionada directamente con una combinación de envejecimiento, exposición al ruido y factores genéticos. Aproximadamente el 5% de los adultos de 45 a 54 años tiene pérdida auditiva discapacitante. La tasa aumenta al 10% en los adultos de 55 a 64 años. Aproximadamente el 22% de las personas de 65 a 74 años y el 55% de los que tienen 75 años o más tienen hipoacusia incapacitante.
Un estudio descriptivo transversal realizado en una zona básica de salud rural con una muestra de 170 pacientes mayores de 65 años (edad media 74,7 años) reveló una prevalencia de hipoacusia bilateral del 26,3% según audiometría, sin diferencias estadísticamente significativas por sexos. La distribución por tipos fue: 51% neurosensoriales, 15% transmisivas, 8% mixtas y 26% indeterminadas.
Causas de la Hipoacusia Bilateral en Ancianos
No hay una única causa conocida para la hipoacusia relacionada con la edad, pero con mucha frecuencia es causada por cambios en el oído interno que ocurren con el envejecimiento. Sin embargo, los genes y ruidos fuertes pueden influir.
Factores Contribuyentes
- Envejecimiento (presbiacusia): Es la pérdida lenta de la audición que se presenta a medida que las personas envejecen. Las diminutas células pilosas dentro del oído interno, que recogen las ondas sonoras y las convierten en señales nerviosas, se dañan o mueren y no vuelven a crecer, haciendo que la pérdida auditiva sea permanente. La presbiacusia se debe a una combinación de pérdida de células sensoriales y pérdida neuronal. Las frecuencias más altas son las más afectadas.
- Exposición elevada al ruido: La exposición intensa y acumulada al ruido a lo largo de la vida contribuye al deterioro de las células auditivas. Se estima que unos 30 millones de personas en los Estados Unidos están expuestos a niveles perjudiciales de ruido de forma cotidiana. Es importante evitar escuchar música a alto volumen, usar auriculares a un volumen alto o una exposición intensa a fuegos artificiales. Algunas profesiones con alta exposición al ruido requieren el uso de protección auditiva. La exposición temprana al ruido acelera la pérdida de audición relacionada con la edad.
- Factores genéticos: La hipoacusia relacionada con la edad tiende a ser hereditaria, y existen numerosas mutaciones del ADN que pueden causar hipoacusia no sindrómica.
- Afecciones de salud: Algunas enfermedades o alteraciones, como la diabetes o la hipertensión, confieren un mayor riesgo de desarrollo de hipoacusia con el envejecimiento. El tabaquismo también incrementa el riesgo.
- Uso de ciertos medicamentos (ototóxicos): Algunos fármacos pueden causar hipoacusia neurosensorial y toxicidad vestibular.
- Acumulación de cerumen: Es la causa más común de hipoacusia de conducción tratable, sobre todo en los adultos mayores. Un tapón de cerumen puede producir hipoacusia de conducción que se resuelve fácilmente extrayéndolo.
- Infecciones: La otitis media aguda (OMA) es una causa usual de hipoacusia transitoria, especialmente en niños. Sin tratamiento, las secuelas de la OMA y la otitis media crónica pueden causar pérdida permanente.
- Disfunción de la trompa de Eustaquio: Puede causar otitis media secretora, donde el líquido seroso o mucoso en el oído medio dificulta la transmisión del sonido.
Relación entre Hipoacusia y Demencia
Numerosos estudios indican que las personas que padecen hipoacusia presentan una incidencia mayor de demencia, en comparación con personas de su misma edad sin alteraciones auditivas. La hipoacusia y la demencia podrían compartir una causa neuropatológica común.
El oído es un sentido fundamental para la estimulación cerebral; de hecho, se estima que el 80% de los estímulos cerebrales provienen del oído, mientras que la vista solo proporciona el 20%, y el gusto, el olfato y el tacto, un 10% cada uno.
Estudios efectuados en grupos de ancianos revelaron que "los síntomas de envejecimiento cerebral se habían precipitado con mayor rapidez en los que padecían hipoacusias". La pérdida auditiva puede contribuir a reducir la interacción social y, progresivamente, conducir al aislamiento social, lo que puede conllevar una mayor probabilidad de soledad y/o alteraciones en el estado de ánimo.
Además, el hecho de padecer hipoacusia requiere un mayor esfuerzo mental para concentrarse y asegurar un procesamiento efectivo del sonido. Ejecutar esta tarea podría implicar reclutar más recursos neuronales de los necesarios, lo cual podría interferir en otros procesos cognitivos simultáneos que implican la memoria, las funciones ejecutivas y la atención, entre otras.
Todo el tiempo que pase desde que se experimenta la pérdida auditiva hasta que se recibe atención médica especializada es tiempo en el que la actividad comunicativa y la capacidad para socializarse se resienten.
Evaluación y Diagnóstico de la Hipoacusia
La evaluación de la hipoacusia tiene como objetivo detectarla, cuantificarla y determinar su etiología, especialmente en el caso de causas reversibles. Ante la sospecha de hipoacusia en cualquier momento, debe solicitarse la pronta derivación a un especialista (otorrinolaringólogo).
Video explicativo sobre la Perdida Auditiva Neurosensorial | MED-EL
Cribado
En adultos y niños mayores, la hipoacusia súbita suele ser evidente, y en neonatos, una hipoacusia grave puede sospecharse si el niño no responde a sonidos. Sin embargo, las pérdidas auditivas progresivas y la mayoría de las pérdidas en lactantes y niños pequeños deben detectarse mediante cribado desde el nacimiento para permitir un desarrollo óptimo del lenguaje. En personas mayores, se debe considerar la detección porque la disminución gradual de la audición puede no ser notada o ser considerada una consecuencia normal del envejecimiento.
Anamnesis
La historia de la enfermedad actual debe registrar cuándo se percibió la hipoacusia, cómo comenzó (gradual, aguda), si es unilateral o bilateral y si el sonido está distorsionado o hay dificultad con la discriminación del habla. Se debe preguntar si la pérdida auditiva fue secundaria a un evento agudo (lesión de la cabeza, exposición a ruido fuerte, barotraumatismo o inicio de un fármaco). Es importante detectar la presencia de otros síntomas óticos (otalgia, acúfenos, secreción), vestibulares (desorientación en la oscuridad, vértigo) y neurológicos. En niños, son importantes los retrasos en el desarrollo del habla o del lenguaje, cambios visuales o retraso motor.
Los antecedentes personales deben registrar posibles trastornos causales previos, como infección del sistema nervioso central, infecciones óticas repetidas, exposición crónica a ruidos intensos, traumatismo craneoencefálico, trastornos reumáticos sistémicos y antecedentes familiares de hipoacusia. Los antecedentes farmacológicos deben analizar el uso de fármacos ototóxicos. En niños pequeños, se buscan antecedentes de infecciones intrauterinas o complicaciones en el parto.
Examen Físico
El examen se centra en los oídos y la audición, así como en el examen neurológico. Se inspecciona el oído externo para detectar obstrucción, infección, malformaciones y otras lesiones. La membrana timpánica se examina para determinar si hay perforación, secreción, otitis media y colesteatoma. Durante el examen neurológico, se presta especial atención a los pares craneales segundo a séptimo y a la función cerebelosa y vestibular.
Las pruebas de Weber y Rinne, que utilizan un diapasón, son fundamentales para diferenciar la hipoacusia de conducción de la neurosensorial:
- Prueba de Weber: Se coloca la varilla de un diapasón vibrante en la línea media de la cabeza. En la hipoacusia de conducción unilateral, el tono se percibe más fuerte en el oído afectado. En la hipoacusia neurosensorial unilateral, el tono es más fuerte en el oído normal.
- Prueba de Rinne: Compara la audición por conducción ósea y aérea. Normalmente, la conducción aérea es mejor que la ósea. En la hipoacusia de conducción de más de 25dB, la conducción ósea es más fuerte que la aérea. En la hipoacusia neurosensorial, se reduce la conducción tanto aérea como ósea, pero la aérea sigue siendo más fuerte.
Signos de Alarma
Los hallazgos que generan preocupación y requieren atención especializada son:
- Hipoacusia neurosensorial unilateral.
- Alteraciones de los nervios craneales (distintas de la hipoacusia).
- Rápido empeoramiento o pérdida súbita de la audición.
Pruebas Diagnósticas Específicas
Aunque existen otras pruebas, las más frecuentes son la audiometría tonal, la audiometría verbal y los umbrales de incomodidad.
Pruebas Subjetivas
Estas pruebas requieren la colaboración del paciente.
- Audiometría tonal: Determina el nivel de audición al que se empiezan a oír los tonos o sonidos puros a distintas frecuencias, cuyos resultados se representan en un gráfico o audiograma.
- Audiometría verbal: Define el porcentaje de comprensión de una serie de palabras preestablecidas fonéticamente equilibradas y de dificultad similar a diferentes intensidades.
Pruebas Objetivas
Estas pruebas no requieren la colaboración del paciente y pueden realizarse desde el nacimiento.
- Emisiones Otoacústicas (OEA): Se basan en la energía acústica producida por las células ciliadas externas (CCE) de la cóclea, ya sea espontáneamente o tras un estímulo sonoro, y registrada en el CAE.
- Timpanometría: Mide la función del oído medio en cuanto a presión, función de la trompa de Eustaquio, integridad y movilidad de la membrana timpánica y continuidad de la cadena de huesecillos.
- Potenciales Evocados Auditivos de Tronco Cerebral (PEATC): Registro de la actividad electrofisiológica de la vía nerviosa auditiva hasta niveles medios cerebrales tras estimular el oído con un sonido. Es una prueba de cribado auditivo y diagnóstico de hipoacusias.
- Potenciales Evocados Auditivos de Estado Estable (PEAee): Método objetivo de evaluación de la audición de manera frecuencia-específica para la determinación de umbrales en neonatos y niños. Determina umbrales auditivos en un amplio espectro y de manera específica en las frecuencias de 500, 1000, 2000 y 4000 Hz, siendo útil en bebés, niños pequeños y en cualquier edad cuando la colaboración es insuficiente.
Manejo y Tratamiento de la Hipoacusia Bilateral
La hipoacusia puede tratarse de forma efectiva. Sin embargo, ante ciertas causas como la asociada al envejecimiento, el tratamiento pasa por recurrir al uso de audífonos.
Opciones de Tratamiento
- Audífonos: Son dispositivos que captan los sonidos del ambiente, los amplifican y los dirigen al oído para ayudar a las personas con pérdida auditiva. Su uso no comporta ningún efecto secundario indeseable. El diseño estético, el tamaño y, más importante, el funcionamiento de los audífonos han evolucionado mucho. Los aparatos auditivos pueden mejorar significativamente la pérdida auditiva en la mayoría de los casos.
- Implantes cocleares: Son implantes de titanio anclados en el hueso que mejoran la audición en casos de hipoacusia grave. Se realizan mediante cirugía y, con práctica, permiten al paciente detectar sonidos y, en ocasiones, entender el lenguaje, aunque no restablecen la capacidad auditiva normal. Son muy eficaces cuando los audífonos no cumplen con los requerimientos para cubrir el grado de la pérdida auditiva.
- Tratamiento farmacológico y quirúrgico: En las hipoacusias de conducción, producidas por lesiones del oído externo y/o medio, los tratamientos farmacológico y quirúrgico suelen ser prioritarios, resolviendo o paliando la mayoría de ellas. Por ejemplo, un tapón de cerumen se resuelve fácilmente extrayéndolo. En otitis media serosa persistente, puede ser necesario el drenaje del líquido del oído medio a través del tímpano con la colocación de un tubo de ventilación. En casos de colesteatoma, el tratamiento es esencialmente quirúrgico.
- Amplificadores telefónicos y otros dispositivos de ayuda: Facilitan la comunicación en la vida diaria.
- Lenguaje de señas: Para aquellos con hipoacusia grave.
- Lectura labial y uso de señas visuales: Ayudan a la comunicación.
- Rehabilitación auditiva y logopedia: Especialmente importante en niños con grados severos de hipoacusia para el acceso al lenguaje hablado.
Es clave implementar medidas correctivas a tiempo para reducir el impacto negativo que la hipoacusia puede ejercer sobre la salud cerebral. Un estudio concluyó en la necesidad de mejorar los métodos para paliar los efectos de la repercusión de las pérdidas auditivas en la calidad de vida de personas mayores mediante el uso de audífonos, implantes cocleares y sistemas de ayuda y rehabilitación auditiva.
Comunicación con Personas Mayores con Sordera
A pesar de los avances tecnológicos, muchas personas no saben cómo comunicarse con una persona mayor con sordera, lo que puede provocar discriminación. Es fundamental conocer pautas sencillas para entablar una conversación y evitar momentos incómodos o de incomprensión.
Consejos para una Comunicación Efectiva
- Llamar la atención: El primer paso es captar la atención de la persona con problemas auditivos. Se puede hacer movimientos en su campo de visión o golpear suavemente la mesa para que note las vibraciones. Una vez que se consiga que el mayor mire a la cara, se puede empezar a hablar.
- Hablar siempre de frente: Durante la conversación, la visión y la apariencia son fundamentales. Aunque el mayor no conozca la lectura de labios, las expresiones faciales y el lenguaje corporal son muy útiles. Siempre hay que situarse de frente y a la misma altura.
- Respetar los turnos de palabra: En charlas con varias personas, es crucial asegurarse de respetar los turnos y evitar conversaciones paralelas. Esto permite que la persona con sordera participe en el diálogo y evita que se agobie.
- Tener paciencia: Es importante ser comprensivo y paciente. En muchos casos, los pacientes pueden no entender a la primera. Es fundamental repetir, preguntar si se ha entendido y repetir de nuevo si es necesario.
- Reformular la frase: En ocasiones, no basta con repetir lo dicho; es necesario reformular la frase para que el mayor comprenda.
- Hablar de forma natural: Se debe intentar vocalizar bien y evitar objetos que tapen la boca, por si el paciente necesita leer los labios. El ritmo debe ser tranquilo, ni rápido ni lento, el volumen de la voz debe ser alto, pero sin gritar, y se deben evitar tecnicismos o términos desconocidos.
