Principios bíblicos para el trato y la atención a los ancianos en la iglesia

La cultura occidental a menudo venera la juventud y desprecia la sabiduría que viene con la edad y la madurez. Sin embargo, la Biblia nos ofrece una perspectiva diferente, recordándonos que la vejez no es un tiempo de inutilidad, sino de plenitud espiritual y un tesoro de experiencia.

La perspectiva bíblica sobre la vejez y la sabiduría

La Palabra de Dios nos recuerda que la vejez no es un tiempo de inutilidad, sino de plenitud espiritual. En la cultura bíblica, la longevidad era considerada un signo de bendición y fidelidad divina. Implicaba haber caminado en justicia y haber acumulado experiencia y sabiduría. Los ancianos eran honrados por su experiencia y vistos como depositarios de la memoria del pueblo.

Proverbios 16:31 nos recuerda que “corona de honra es la vejez, que se halla en el camino de justicia”. La vejez trae consigo conocimiento profundo y discernimiento. Job 12:12 señala: «En los ancianos está la ciencia, y en la larga edad la inteligencia». Las experiencias de vida permiten a los mayores ofrecer consejo valioso y preservar principios de justicia.

La Escritura enseña que la experiencia acumulada en la vida de los ancianos es un tesoro para las nuevas generaciones. El rey Roboam desoyó el consejo de los mayores (1ª Reyes 12:6-8) y su reino se dividió. Este relato muestra que cuando se desprecia la voz de los ancianos, se pierden principios de justicia y estabilidad que sostienen a la sociedad.

Faltar al respeto a los mayores es un pecado que la Biblia condena con firmeza. El caso de Jacob engañando a Isaac (Génesis 27) revela cómo la falta de respeto y el engaño hacia un anciano pueden traer consecuencias graves. Jeremías también lamentó que en tiempos de juicio los ancianos fueran deshonrados (Lamentaciones 5:12-15).

El propósito divino en la vejez

La vejez no es el fin del propósito divino. Moisés, con 120 años, conservaba su vigor gracias a la gracia de Dios (Deuteronomio 34:7). Caleb, con 85 años, aún reclamaba montes por conquistar (Josué 14:10-12). El Salmo 92:12-15 destaca que los justos florecerán aun en la vejez. Este florecimiento no se limita a logros físicos, sino a frutos espirituales: enseñar, guiar y testificar de la fidelidad de Dios.

Los ancianos son portadores de historias de esperanza y de rectitud, inspirando a las nuevas generaciones a confiar en el Señor. Aunque la fuerza física disminuye, el ministerio y el servicio no se detienen. Números 8:25-26 muestra cómo los levitas mayores de cincuenta años cesaban en tareas pesadas, pero continuaban sirviendo a sus hermanos y supervisando el trabajo en el tabernáculo. Personajes como Caleb, Moisés y Ana demostraron que Dios capacita a los ancianos para cumplir propósitos significativos, independientemente de la edad.

El Señor no abandona a los suyos en la etapa final de la vida. Isaías 46:4 afirma: “Hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo”. La Escritura asegura que Dios es fiel hasta el último día, acompañando, fortaleciendo y renovando a los ancianos que confían en Él. La Biblia reconoce las debilidades físicas que acompañan la edad (Salmo 90:10, Eclesiastés 12:3-5). Sin embargo, ejemplos como Abraham, Sara y Caleb muestran que la fortaleza de Dios permite cumplir propósitos más allá de las limitaciones humanas.

Responsabilidad y trato hacia los ancianos

Levítico 19:32 instruye a honrar a los ancianos y mostrar consideración ante sus canas. En el Nuevo Testamento, Pablo exhorta a tratar a los mayores con respeto, tal como se hace con los padres (1 Timoteo 5:1-2).

El cuidado familiar y eclesiástico

La familia y la iglesia tienen la responsabilidad de cuidar y acompañar a los mayores, reconociendo su valor y experiencia. La Biblia muestra a los ancianos como columna de la vida familiar. El cuidado de los padres en su vejez es un mandato divino (Éxodo 20:12; Mateo 15:4-6). La familia debe ser el primer lugar de honra, cuidado y gratitud hacia quienes sembraron en amor y sacrificio. El pueblo de Dios está llamado a valorar y proteger a los ancianos. En las primeras comunidades cristianas, los mayores eran sostenidos y atendidos como parte integral del cuerpo de Cristo.

Cuando corrijas a un anciano, no lo regañes; al contrario, aconséjalo como si fuera tu propio padre. Ayuda a las viudas que de veras necesiten ayuda. Pero si alguna viuda tiene hijos o nietos, son ellos los primeros que deben ayudarla en todo lo que necesite, así como antes ella los cuidó y los ayudó. La viuda que realmente se ha quedado sola, confía en Dios y le pide su ayuda de día y de noche. Pero la viuda que solo piensa en divertirse está muerta en vida. Por eso, ordénales a todos que hagan lo que te he dicho, para que nadie pueda criticarlos.

Familia cuidando a sus ancianos

Principios para visitar a un anciano

Antes de ir a estimular a un hermano sin fuerzas o abatido, piense en él. ¿A qué problemas se enfrenta? ¿De qué manera tal vez lo estén agotando? ¿Qué buenas cualidades demuestra? Richard, quien ha sido anciano más de veinte años, comenta: “Me concentro en los puntos fuertes de mis hermanos. He visto que es más fácil darles el ánimo que necesitan cuando, antes de ir a su casa, examino con cuidado sus circunstancias.”

Contar lo que sentimos puede resultar incómodo, así que quizás sea difícil para un hermano expresar sus sentimientos ante los ancianos. Una sonrisa sincera y unas palabras confortadoras pueden ayudar. Michael, quien lleva más de cuarenta años de anciano, suele comenzar sus visitas con palabras como estas: “Una de las tareas más gratas de un anciano es ir a las casas de los hermanos para conocerlos mejor.”

Sería una buena idea hacer una oración sincera al principio de la visita. Cuando oraba, el apóstol Pablo destacaba merecidamente la fe, el amor y el aguante de sus hermanos (1 Tesalonicenses 1:2, 3). Al expresar en oración su aprecio por las cualidades de su hermano, usted prepara su propio corazón y el de él para una conversación edificante. Además, sus palabras pueden tener un efecto tranquilizador. Al igual que Pablo, usted puede “impartir un don espiritual”, o animar a sus hermanos, si emplea al menos un texto bíblico (Romanos 1:11).

Por ejemplo, alguien deprimido tal vez piense que no vale nada. Usted podría hablarle del salmista que, aunque se sentía como “un odre [seco] en el humo”, dijo: “No he olvidado tus propios mandamientos” (Salmo 119:83, 176). Para llegar al corazón de una hermana que ha perdido su entusiasmo por el servicio a Dios o que hasta se ha alejado de la congregación, podría usar la ilustración de la mujer que perdió un dracma (Lucas 15:8-10). Esa moneda de plata quizás fuera parte de un valioso collar compuesto por muchas de ellas. Con esta explicación, procure que la hermana comprenda que es un miembro valioso de la congregación.

A muchos hermanos les gusta comentar los textos bíblicos, así que no acapare la conversación. Después de leer un versículo que encaje con sus circunstancias, elija una palabra o frase clave y pida su opinión. Por ejemplo, podría leer 2 Corintios 4:16 y preguntar: “¿Alguna vez ha sentido que Jehová le ha dado fuerzas para seguir adelante?” Eso podría conducir a un “intercambio de estímulo” (Romanos 1:12).

También es posible reanimar a un hermano hablándole de algún personaje bíblico que haya vivido una situación similar a la de él. Por poner un caso, si está desanimado quizás se identifique con Ana o con Epafrodito, quienes a veces se deprimieron pero siguieron siendo valiosos para Dios (1 Samuel 1:9-11, 20; Filipenses 2:25-30).

Demostrará verdadero interés por sus hermanos si sigue preocupándose por ellos después de visitarlos (Hechos 15:36). ¿Qué tal si antes de marcharse hace planes para salir a predicar con ellos? O piense en lo que suele hacer Bernard, un anciano de experiencia. Cuando vuelve a ver a un hermano al que ha visitado hace poco, quizás se refiera a algún consejo que le haya dado preguntándole discretamente: “¿Cómo le fue con lo que hablamos?”

Hoy más que nunca, nuestros hermanos necesitan sentirse protegidos, comprendidos y amados (1 Tesalonicenses 5:11). Por tanto, antes de hacerles una visita de pastoreo, piense en las circunstancias que atraviesan. Pídale ayuda a Jehová y elija con cuidado los textos bíblicos que usará.

El rol de los ancianos en la iglesia

En ambos Testamentos, los ancianos jugaron un papel de liderazgo importante en la sociedad, la religión y el gobierno. El análisis de las funciones de los ancianos en esos contextos provee una gran riqueza de significado.

En el Nuevo Testamento, los términos “anciano” y “epíscopo” (que significa supervisor u obispo) eran intercambiables (cp. Hechos 20:17, 28; Tito 1:5, 7), aunque no totalmente sinónimos. El término anciano (gr. presbyteros) se refería a la madurez y experiencia, mientras que epíscopo indicaba la función de supervisión y cuidado.

Las instrucciones para establecer ancianos en las iglesias las encontramos en Hechos, las cartas pastorales y algunas epístolas universales. Por medio de estos libros conocemos más instrucciones sobre las funciones de los ancianos en la iglesia local.

Funciones y responsabilidades de los ancianos

  • Resolver disputas en la iglesia: "Cuando Pablo y Barnabás estuvieron en Antioquía de Siria, algunos que venían de Judea enseñaban a los hermanos: 'Si no os circuncidáis conforme al rito de Moisés, no podéis ser salvos.'” Como Pablo y Barnabás tuvieron una discusión y contienda no pequeña con ellos, se dispuso que Pablo y Barnabás subiesen a Jerusalén, y algunos otros de ellos, a los apóstoles y los ancianos para tratar esta cuestión" (Hechos 15:1-2). La cuestión fue discutida en contienda no pequeña, luego fue llevada a los apóstoles y ancianos para tomar una decisión.
  • Orar por los enfermos: "¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor" (Santiago 5:14). Un anciano que reúne los requisitos bíblicos tiene una vida santa, y "la oración eficaz del justo puede mucho" (Santiago 5:16).
  • Cuidar a la iglesia en humildad: "Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada. Apacentad a la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria" (1 Pedro 5:1-4). Los ancianos son líderes de la iglesia designados por Dios; la congregación se les confía a ellos.
  • Proteger la vida espiritual de la congregación: "Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no es provechoso" (Hebreos 13:17). Este versículo no dice específicamente "ancianos," pero el contexto se refiere a los líderes de la iglesia.
  • Dedicar tiempo a la oración y la enseñanza de la Palabra: "Entonces los doce convocaron a la multitud de los discípulos, y dijeron: 'No es justo que nosotros dejemos la palabra de Dios para servir a las mesas. Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo. Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra'" (Hechos 6:2-4). Esto es para los apóstoles, pero podemos deducir de 1 Pedro 5:1 que Pedro era al mismo tiempo un apóstol y un anciano. Dicho simplemente, los ancianos deben ser pacificadores, guerreros de oración, maestros, líderes ejemplo, y personas que toman decisiones. Ellos son los líderes predicadores y maestros de la iglesia.
  • Administrar la ayuda para la iglesia: Recibieron y administraron la entrega de la ayuda que provenía de los líderes de la iglesia en Antioquía (Hechos 11:27-30).
  • Liderar en cada iglesia: Fueron designados para liderar en cada iglesia (Hechos 14:23). Lideraban en la iglesia junto con los apóstoles en Jerusalén (Hechos 15:2). Trataron junto con los apóstoles asuntos doctrinales de primer orden en el primer concilio de Jerusalén (Hechos 15:6). En Hechos, Lucas menciona a los ancianos como un grupo que debe ser identificado en la iglesia (Hechos 15:4).

El trabajo de los ancianos: Enseñar y proteger.

Advertencias y cuidados para los ancianos

Pablo les pidió que tuvieran cuidado de sí mismos, como exhortó a Timoteo sobre cuidar de desviarse en la doctrina que enseñaba a la iglesia (1 Timoteo 4:16). Pablo les pidió que tuvieran cuidado de la congregación porque “el Espíritu Santo les ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con Su propia sangre” (Hechos 20:28).

Pablo advirtió a los ancianos que a las congregaciones llegarían “lobos feroces que no perdonarán el rebaño” (Hechos 20:29). Existe la posibilidad de que entre los ancianos algunos se levanten “hablando cosas perversas para arrastrar a los discípulos tras ellos” y que “por lo tanto, estén alerta” (Hechos 20:30-31).

Pablo les recuerda a los ancianos que él mismo no esperaba ser sostenido económicamente siempre de las congregaciones, sino que con sus propias manos se sostenía mientras servía a Dios (Hechos 20:32-35).

Los ancianos, junto con la congregación, recibían el testimonio de Pablo sobre cómo los gentiles recibían el mensaje de salvación (Hechos 21:18-19).

Trato honroso y evaluación de los ancianos

Los ancianos merecen un trato honroso. Pablo aconsejó a Timoteo que evitara reprender con dureza a un anciano (1 Timoteo 5:1). Los ancianos que cumplen bien con su deber en la iglesia, especialmente los que se dedican a predicar y enseñar, deben ser doblemente apreciados y recompensados. Recordemos que la Escritura dice: «No le pondrás bozal al buey que trilla el grano; ¡déjale comer mientras trabaja!». No hagas caso a ninguna acusación contra un anciano si no está respaldada por dos o tres testigos (1 Timoteo 5:17-19).

Sin embargo, es importante establecer que ser un anciano (o diácono) no lo coloca a uno por encima de la evaluación, el reproche, la corrección, o la remoción, como vemos, por ejemplo, en 1 Timoteo 5:17-20. Observe aquí que la evaluación puede resultar en mayor honor o (en el extremo opuesto) la corrección pública.

Mientras que no hay ningún mandato bíblico o ejemplo de esto, parecería aconsejable que los ancianos de una iglesia destinaran periódicamente un tiempo para una evaluación, donde todos los ancianos sean honestos unos con otros, ayudando a cada uno a evaluar sus calificaciones y servicio. Esto no es para decir que otros creyentes deben abstenerse de abordar honestamente a un anciano ineficaz o descarriado. Con seguridad esto se da por sobreentendido en 1 Timoteo 5:17-20 (y en mi opinión también se da por sentado en Mateo 18:15-20).

La manera en que se realice esto es muy importante en consideración del anciano y por la unidad de la iglesia. Sin duda alguna, se debe demostrar un gran respeto al anciano en el proceso. Solo tenemos que recordar que Timoteo era un hombre joven, y que Pablo le recordó su juventud y le instruyó respecto a su trato con aquellos que fueran mayores (ver 1 Timoteo 5:1-2).

Las mujeres, también, posiblemente se encuentren con la necesidad de involucrarse en este asunto (aunque sugeriría que esto se llevara a cabo solo cuando un hombre no lo pudiera hacer). El género no lo descalifica a uno de la obediencia a los mandamientos bíblicos, como los que encontramos en Mateo 18:15-20. Por consiguiente, una esposa tal vez encuentre necesario tratar con el pecado de su esposo.

Tal vez el ejemplo bíblico más relevante se encuentre en 1 Reyes 1, donde David se había demorado en pasar el testigo del liderazgo a su hijo (designado), Salomón. David se había vuelto incapacitado, y su hijo Adonías por poco logró usurpar el trono a raíz de la demora de David. Todo esto debe abordarse con mucha oración, pero parece claro que no debe ignorarse el liderazgo incompetente, pues la iglesia es observada por el mundo incrédulo como así también por los poderes celestiales (ver Efesios 3:10).

Cualidades y requisitos para los ancianos

Pablo establece los requisitos para elegir un anciano-pastor en la iglesia. Debido a la responsabilidad de la investidura de un anciano, Pablo es prolijo en listar las características de ellos (Tito 1:5-9; 2:2-5).

El quinto requisito que debe cumplir un anciano, según 1 Timoteo 3:1-7, es ser “decoroso” (v. 2). Ser decoroso o circunspecto es tener una conducta que siempre es conforme a la situación. Es no ser demasiado rápido ni demasiado lento, ni tampoco demasiado osado ni demasiado tímido. Una persona decorosa es alguien que siempre hace lo que es apropiado. Alguien que es decoroso habla cuando debe hablar y calla cuando debe callar.

El sexto requisito es ser hospitalario (v. 2). Los ancianos deben entender que a fin de servir a los santos como los que vigilan y como pastores tienen que dar mucho de su tiempo porque la vida humana está llena de confusión. A veces, en tiempos de comunión, los santos pueden contarles a los ancianos toda la historia de su vida matrimonial o de su vida familiar. Por cortesía, quizás los santos digan: “Perdóneme que le quite tanto tiempo, pero ¿podría darnos un poquito más de tiempo?”. Para no ofender a los santos, el anciano debe responder: “No hay problema. Tengo mucho tiempo disponible.”

Tal vez a un anciano no le parezca muy importante la historia que el hermano le cuenta, pero para ese hermano puede ser su salvavidas porque él considera que aparte del Señor no hay nadie más a quien le pueda decir estas cosas. Muchos santos se sienten así. Los ancianos asimismo deben entender que los cristianos en su mayoría son débiles, es decir, débiles en su alma y más aún en su espíritu. Por lo tanto, ellos deben escuchar sus historias para ayudar a los santos a hallar reposo. Si podemos darles una o dos horas de nuestro tiempo para que puedan descargar todo lo que hay en su corazón, eso será un descanso para ellos. Tal vez no podamos resolver sus problemas, pero podemos brindarle reposo porque ellos confían en nosotros y nos respetan como ancianos.

Los santos encuentran reposo al contar a los ancianos las cosas que no le pueden contar a otros. Esto es algo dispuesto por Dios en Su soberanía. Como ancianos, no debemos rechazar a los santos que acuden a nosotros para tener comunión. Lo que importa no es si podemos resolver o no sus problemas. En realidad, no podemos resolverle los problemas a nadie, pero sí podemos brindarle a los santos descanso, escuchando sus historias. Yo he visto que esto ha ocurrido muchas veces. Debemos estar dispuestos a darles a los santos el tiempo suficiente para que nos cuenten toda su historia.

Además, igual que un médico de guardia, que debe estar disponible para proveer atención médica en cualquier momento, un anciano siempre debe estar disponible para ayudar a los santos. Esto forma parte de lo que es ser hospitalario. Lo que necesiten los santos, nosotros tenemos que dárselo. La necesidad de ser hospitalarios es una prueba muy severa para los ancianos, pues pone a prueba si verdaderamente amamos a los miembros de la iglesia y si somos compasivos, pacientes y estamos dispuestos a ser un sacrificio. Debemos sacrificar nuestro tiempo, nuestro descanso y nuestros bienes materiales. Según mi experiencia y observación, ningún otro requisito nos pone más prueba como ancianos.

Las hermanas que desean que sus esposos lleguen a ser ancianos deben saber que ser la esposa de un anciano es muy difícil porque el que vigila debe ser hospitalario. Un hermano que necesita ir a cierto lugar quizás le pida a un anciano direcciones de cómo llegar allí. Después que el anciano le dé direcciones, el hermano quizás confiese que no dispone de un auto ni de dinero para pagar un taxi. A fin de ser hospitalario, el anciano debe llevar al hermano en su auto adonde necesita ir. Si, después de haberle explicado dónde está el lugar y las diferentes maneras de llegar allí, el anciano mismo no lo lleva, tal vez el hermano sienta que el anciano no se preocupa mucho por él. Esta clase de sentimiento entre los santos puede finalmente causar problemas. Es difícil imaginarnos todas las situaciones que un hermano afrontará como anciano. Ser hospitalario, el cual es un trabajo que nunca se acaba, no depende de nuestra capacidad, sino de estar dispuestos. Si un anciano no sabe cómo llegar al lugar donde el hermano necesita ir, aun así debe salir con el hermano a buscar el lugar. Si lo hace, el hermano se sentirá muy conmovido y edificado por el amor del anciano. Un anciano quizás no logre conmover el corazón de un hermano dando varios mensajes, pero al darle su tiempo y esfuerzo, con su amor conmoverá su corazón. Ser hospitalario es estar dispuesto a dar y ser perturbado, incomodado y agotado al cuidar de otros. Independientemente de cuál sea nuestro conocimiento o capacidad, debemos estar dispuestos.

La esperanza eterna de los ancianos

Más allá de los años en esta tierra, la Biblia ofrece a los ancianos una esperanza gloriosa: la vida eterna en Cristo. Aunque el cuerpo se desgaste, el espíritu se renueva cada día (2ª Corintios 4:16). Para los creyentes, la vejez no es una derrota, sino un paso más hacia el encuentro con el Señor que promete plenitud eterna.

Isaías 46:4 asegura que Dios acompaña a sus siervos hasta la vejez. Cada etapa de la vida tiene un propósito, y la vejez es tiempo para profundizar en la fe, fortalecer la oración y dejar un legado espiritual. Aunque el cuerpo se debilite, la influencia de los ancianos sigue siendo poderosa. Eclesiastés 12:1-7 enfatiza la importancia de aprovechar el tiempo y los dones que Dios nos da. La vejez invita a reflexionar sobre el legado espiritual y moral que dejamos a futuras generaciones. Salomón enseña que la verdadera satisfacción proviene de vivir según el propósito divino, y que la justicia de Dios asegura recompensas eternas. Los relatos bíblicos sobre la vejez nos invitan a vivir con gratitud y responsabilidad. Nos recuerdan que cada etapa de la vida tiene un propósito y que los mayores son testigos vivos de la fidelidad de Dios.

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