La profesión de estilista, arraigada en la creatividad y la habilidad manual, presenta un panorama particular cuando se alcanza la edad de jubilación. Muchos profesionales del sector se enfrentan a una serie de desafíos, tanto económicos como emocionales, que afectan su decisión de continuar o no con su vida laboral activa. Las experiencias compartidas por estilistas con décadas de trayectoria revelan una realidad compleja, marcada por cambios en las preferencias de los clientes, la competencia y el propio desgaste físico.

Los desafíos de la edad en el sector de la peluquería
El paso del tiempo trae consigo una serie de obstáculos que los estilistas deben afrontar en un mercado en constante evolución.
Preferencia del cliente por la juventud
Una de las observaciones más recurrentes entre los estilistas con experiencia es la percepción de que los clientes, con el paso de los años, a menudo prefieren a los empleados más jóvenes. Existe la convicción de que la juventud aporta una mayor modernidad a los trabajos realizados. Un estilista de 58 años comenta que en sus salones, la gente muchas veces prefiere a sus empleados jóvenes, y aunque al principio esto le sentaba un poco mal, ahora le da igual, ya que el dinero "va al mismo cajón".
Una anécdota ilustra esta situación: una señora entró con un joven de 13 años y, al ir el estilista experimentado a cortarle el pelo, ella le pidió que lo hiciera un compañero más joven, porque quería el corte que llevaba un empleado. Aunque el corte lo había realizado el estilista experimentado, la clienta insistió en que el joven le daba "un aire más moderno". Esta experiencia genera un sentimiento de "desprecio a causa de la edad", donde la experiencia parece quedar en segundo plano frente a una percepción de modernidad asociada a la juventud.
Caída de la clientela y disminución de ingresos
La clientela de los estilistas también tiende a modificarse con la edad del profesional. Un estilista de 63 años observa que desde hace unos 10 años su clientela es "gente media o mayor" y apenas tiene niños como clientes. Esto ha impactado directamente en sus ingresos: pasó de facturar 41.000 euros hace 10 años a 28.000 en 2019, con la expectativa de no superar los 20.000 euros en un año afectado por la situación sanitaria. Esto lo lleva a considerar la jubilación anticipada en 2025, incluso si pierde un porcentaje alto de su pensión, debido a los gastos fijos como el alquiler de 725 euros.
Otro profesional, con 57 años y una peluquería abierta desde los 18, señala que muchas de sus clientas de toda la vida han ido falleciendo o se han mudado. Aunque han llegado nuevas clientas, la peluquería se convierte en "una peluquería de toda la vida de un barrio y ahí te quedas", lo que limita las posibilidades de crecimiento con el tiempo. Un peluquero de caballeros de 52 años también notó que los jóvenes acudían menos y que la recaudación bajaba desde hacía 4 o 5 años, con cada vez más clientes jubilados.
Incluso en los años previos a la jubilación, la caída del trabajo puede ser significativa, llegando a superar el treinta por ciento. Muchos estilistas se encuentran atendiendo principalmente a "abuelas... muy fieles", con poca entrada de gente nueva o joven, mientras que "todos los años se mueren unas cuantas clientas".
La competencia y la evolución del mercado
El panorama del sector también ha cambiado drásticamente. Un peluquero de caballeros, jubilado hace 6 meses tras 36 años de profesión, relata que hasta 2008 el negocio iba muy bien, pero luego empezaron a proliferar "peluquerías latinas, magrebíes y chinas". Esto llevó a una clientela reducida a "solo abuelos" y meses en los que no llegaba a ganar 500 euros. Observa cómo en ciudades como Madrid, apenas quedan peluquerías españolas y se han llegado a ver "cortes de pelo por 1 euro". Esta competencia se caracteriza por "horarios interminables los siete días de la semana", haciendo difícil competir.
Asimismo, los avances en herramientas y productos del sector, junto con la omnipresencia de tutoriales en plataformas como YouTube, han puesto muchas técnicas al alcance de cualquiera, lo que ha generado una "evolución" que reduce el valor percibido de los oficios especializados. A pesar de esto, algunos profesionales "se sitúan en otra visión de cuál es el valor que aportan para su clientela, y buscan también esa clientela que valore ese plus de know how profesional".

Impacto físico y emocional
La profesión de estilista es físicamente exigente, y el desgaste se acumula con los años. Un profesional menciona tener la "espalda, brazos y piernas destrozadas" tras años de entrega total. Aunque algunos no ven su trabajo como "más duro que muchas otras profesiones", la realidad del esfuerzo físico es innegable.
A nivel emocional, la situación puede generar cansancio y frustración. Un estilista expresa estar "cansado de ser peluquero" y siente que con la edad empieza a "verle las orejas al lobo", lo que indica la percepción de que se acercan tiempos difíciles. No obstante, en estos momentos, muchos encuentran consuelo en compartir sus experiencias, dudas y temores con compañeros del mismo gremio, dándose cuenta de que "no estás solo" y que hay "gente que nos alivie".
Opciones y reflexiones al considerar la jubilación
Ante este panorama, los estilistas exploran diversas vías, desde la continuidad del trabajo hasta la búsqueda de nuevas oportunidades o una jubilación planificada.
Continuar trabajando: ¿Es viable?
Aunque la ley permite trabajar después de la edad de jubilación, la decisión depende de factores personales y profesionales. Una madre de estilista fue peluquera desde los 16 hasta los 70 años, y lo dejó no por voluntad propia, sino por necesidad de cuidar a su padre, manteniendo el negocio "con fuerza e ilusión" hasta el final. Sin embargo, se reconoce que "esa energía y ese estilo de vida, esa actitud, es verdad que es excepcional, y hoy en día no es normal verlo".
Un estilista de 53 años, tras heredar un piso y montar su propia peluquería "moderna y juvenil", descubrió que la gente "se asomaba y al ver mi pelo canoso salían huyendo". A pesar de la publicidad y la bajada de precios, el trabajo era escaso. Finalmente, regresó al salón de su exjefe, donde pudo reencontrarse con sus antiguos clientes y sentirse feliz, dándose cuenta ya jubilado de que "era muy mayor para iniciar una aventura" por su cuenta.
Otros profesionales contemplan sus años de cotización y pensiones futuras. Un estilista, a 12 años de jubilarse, descubrió que podría hacerlo a los 65 años y recibir casi 2000 euros de pensión si sigue cotizando como autónomo. Aunque ama su trabajo y no sabe si se jubilará, destaca la importancia de informarse en la seguridad social. Recomienda "ir metiendo en la hucha" para asegurar el futuro.
Alternativas y adaptación
Algunos estilistas, ante la situación, consideran la posibilidad de "estudiar y cambiar de profesión" hacia algo que aman y que les ha dado éxito en otras áreas. Otros, siendo conscientes de los cambios venideros, planean "meter gente joven" en sus salones para adaptarse a las nuevas demandas del mercado.
segunda entrevista pia estilista de la nación de chile
Aspectos legales de trabajar siendo jubilado
En términos generales, no hay ninguna ley que prohíba a los pensionados trabajar, independientemente del tipo de pensión que reciban (invalidez, vejez o sobrevivencia). Las personas pueden continuar trabajando en su empresa hasta que lo estimen conveniente. Incluso, se recomienda a quienes quieren seguir trabajando postergar la jubilación, ya que "los adultos con más más de 60 años se sienten cada vez más activos".
No obstante, la cotización post-retiro tiene sus implicaciones. Una de sus ventajas es que, si se sigue cotizando a un fondo de pensiones, las licencias médicas se pagarán. Sin embargo, la desventaja principal de cotizar tras jubilar es que se deberá pagar el doble de la cotización de salud: el 7% de la pensión y el 7% del sueldo. Es un aspecto importante a considerar para la planificación financiera personal.