En las últimas décadas, la violencia escolar ha emergido como una preocupación notable en el ámbito educativo a nivel global, este fenómeno, que impacta a estudiantes de diversas edades y contextos, ha suscitado un interés creciente por parte de investigadores, educadores y responsables de políticas, quienes buscan entender sus causas y desarrollar estrategias efectivas para su mitigación, asimismo, la violencia escolar no solo tiene repercusiones negativas en el bienestar y el rendimiento académico de los estudiantes, sino que también plantea desafíos importantes para la convivencia y el clima escolar. A su vez, los estudios sobre violencia escolar se han centrado en factores intrínsecos al entorno escolar y familiar, por un lado, las investigaciones han destacado el papel crucial de las dinámicas familiares disfuncionales, como la falta de apoyo emocional y los conflictos en el hogar, como factores determinantes de la violencia escolar (Orozco et al., 2021). Con el avance de la tecnología y la globalización, nuevos factores han comenzado a desempeñar un papel significativo en la violencia escolar (Mejía et al., 2022; Avendaño-Porras et al., 2022), pues, la proliferación del ciberacoso y la influencia de las redes sociales han introducido dimensiones adicionales que complejan la comprensión y la gestión de la violencia escolar, también los estudios recientes muestran que el entorno digital, exacerbado durante la pandemia de COVID-19, ha contribuido a un aumento en los casos de ciberacoso, afectando gravemente la salud mental de los adolescentes y generando nuevos desafíos para los sistemas educativos (Gan et al., 2022; Díaz-Téllez et al., 2022; Gohal et al., 2023). En este marco, la investigación se dirige a dos preguntas claves, ¿Cuáles son los factores o determinantes de la violencia escolar? y ¿Cuáles son las estrategias para la mitigación de dicha violencia?, donde el estudio busca abordar el vacío teórico existente al proporcionar una revisión sistemática de la literatura sobre los factores determinantes de la violencia escolar y las estrategias efectivas para su prevención y mitigación, ya que, la literatura existente abarca diversas perspectivas teóricas que contribuyen a la comprensión de la violencia escolar, teniendo en cuenta que la teoría de la salud mental y la teoría de la inteligencia emocional ofrecen marcos útiles para entender cómo los factores psicológicos y emocionales influyen en el comportamiento violento en las escuelas (Halliday et al., 2023; Moya et al., 2022), el análisis del entorno mediático y la cultura escolar destaca la importancia de la exposición a contenidos violentos y su impacto en la normalización de la violencia (Weisbrot et al., 2023; Muñoz et al., 2023). El estudio se enmarca en una metodología de tipo básica, también conocida como teórica, ya que permitió obtener información científica y analizarla con el fin de generar nuevos conocimientos basados en la investigación planteada en este estudio, con el objetivo de ser útil para las generaciones futuras. La técnica aplicada fue el análisis documental, que ayuda a obtener información, analizarla y presentarla de manera diferente a la original en función de un contexto específico. Por su parte, la recolección de datos se realizó mediante una ficha y, a su vez, se realizó un análisis de estos para plasmar los datos extraídos de: Scielo, Web of Science, Dimensions, de acuerdo con el periodo establecido. Los resultados se estructuraron para abordar las preguntas de investigación formuladas, centrándose en los factores que determinaban la violencia escolar y las estrategias efectivas para su mitigación. La investigación, por un lado, examinó los elementos que afectaban la violencia escolar, tales como las dinámicas familiares, las desigualdades socioeconómicas, el ciberacoso y la influencia de la cultura escolar, así como los medios de comunicación; y por otro lado, evaluó las estrategias más eficaces para prevenir y mitigar la violencia escolar, ofreciendo un marco que permite comprender mejor cómo intervenir de manera efectiva en distintos contextos y con variados enfoques.

Según Lee et al. (2021), las desigualdades socioeconómicas juegan un papel crucial en la manifestación de la violencia escolar. Su investigación señala que los estudiantes provenientes de entornos desfavorecidos tienden a experimentar y ejercer más violencia en comparación con sus pares de estratos más altos. Asimismo, el estudio destaca que la percepción de injusticia y marginalización dentro del entorno escolar puede exacerbar comportamientos agresivos entre los estudiantes afectados. Por su parte, Zhu et al. (2021) revelan que la falta de integración cultural y los conflictos interétnicos son factores predominantes que contribuyen a la violencia en las escuelas. Su análisis muestra que, en instituciones con alta diversidad étnica, la carencia de programas de inclusión y comprensión cultural puede llevar a malentendidos y tensiones que desencadenan actos violentos, además, subrayan que los estereotipos y prejuicios arraigados entre grupos estudiantiles aumentan la susceptibilidad a conflictos. A su vez, la investigación de Gan et al. (2022) enfatiza la influencia de las redes sociales y plataformas digitales en la proliferación de la violencia escolar. Halliday et al. (2023) analizan la correlación entre problemas de salud mental no tratados y la incidencia de violencia en las escuelas, revelando que los estudiantes con trastornos como la depresión o la ansiedad, que no reciben el apoyo psicológico necesario, tienen una mayor inclinación a participar en actos violentos, destacan que la estigmatización vinculada a la búsqueda de ayuda profesional contribuye a la subestimación y agravamiento de estos factores en el ámbito escolar, por otro lado, el estudio de Gohal et al. Pereira et al. (2022) evidencian que la ideación suicida y una comunicación ineficaz entre padres e hijos están fuertemente vinculadas a la cibervictimización en adolescentes, destacan que la ausencia de una comunicación efectiva, especialmente con la figura materna, incrementa la vulnerabilidad de los adolescentes a ser víctimas de ciberacoso, lo que representa un factor significativo que contribuye a la violencia escolar, este descubrimiento subraya la relevancia del apoyo familiar en la prevención de la violencia. Por otro lado, Lin & Xiao. (2023) investigaron las tendencias paranoicas y su conexión con el ciberacoso, identificando que la desconexión moral actúa como un mediador en la inclinación de los adolescentes a llevar a cabo actos de violencia, incluido el ciberacoso. El ciberacoso como factor determinante de la violencia escolar es destacado por Balas et al. (2023) y Comas Sánchez et al. (2025), quienes señalan que el creciente uso de internet y redes sociales entre los adolescentes está íntimamente relacionado con un aumento de casos de cibervictimización, afectando la salud mental y aumentando la violencia en la escuela. Este conjunto de hallazgos subraya la necesidad de intervenciones que integren familias, comunidades y entornos educativos para prevenir y mitigar la violencia escolar en contextos digitales.
Efectos del ciberacoso en la salud mental
La revisión también identifica que la inteligencia emocional (IE) puede funcionar como factor protector: Belmonte et al. (2024) indica que adolescentes con baja IE son más susceptibles a la victimización, mientras que una IE más alta se asocia con mejor manejo del estrés y menor agresividad. Este componente emocional se relaciona con la regulación emocional en adolescentes, como señalan Mellizos et al. (2022) en contextos comparativos, y refuerza la idea de que intervenciones psicológicas deben incluir programas de desarrollo de IE y habilidades socioemocionales para estudiantes, docentes y familias. En relación con intervenciones, el estudio de Cava et al. (2007) y otros trabajos españoles señalan la importancia de enfoques integrales que involucren a familia, docentes y pares para fortalecer redes de apoyo y reducir la vulnerabilidad ante la violencia. Los programas de prevención deben considerar no solo la reducción de conductas agresivas, sino también la atención a condiciones psicológicas subyacentes, como la ansiedad, la depresión y el aislamiento social que se asocian con los distintos roles en el acoso escolar (agresor, víctima, observador). A partir de estas evidencias, se propone un marco de intervención que combine estrategias de gestión de conflictos, mediación escolar, apoyo emocional y fortalecimiento de la resiliencia y la autoestima de los estudiantes. El componente familiar se destaca como factor crítico para la mitigación: la comunicación abierta entre padres e hijos y el apoyo emocional percibido por el alumno reducen la probabilidad de que la violencia escolar se repita en el tiempo. En este sentido, la revisión también resalta que el contexto digital demanda intervenciones específicas: educación en redes sociales, alfabetización mediática y protocolos claros de ciberacoso para docentes y familias, con énfasis en la detección temprana y la atención psicológica oportuna.

Entre los estudios que abordan específicamente la relación entre factores psicopatológicos y las consecuencias clínicas del acoso escolar, se observa que la ansiedad, la depresión, el aislamiento y la conducta disruptiva se vinculan con mayores secuelas en todos los roles involucrados (agresor, víctima, observador). En la revisión de PRISMA aplicada a contextos educativos, se destaca que la intervención debe ser multifacética y considerar el contexto familiar y comunitario para comprender la complejidad de la violencia escolar y su impacto a corto y largo plazo. A nivel práctico, los investigadores recomiendan programas que integren atención clínica, educación emocional y apoyo social, con énfasis en la detección temprana de señales de malestar psicológico en estudiantes, para evitar escaladas y favorecer entornos escolares más seguros y inclusivos.
| Factor | Impacto en violencia escolar | Estrategias recomendadas |
|---|---|---|
| Desigualdades socioeconómicas | Aumenta violencia, sensación de injusticia | Programas de inclusión, apoyo social, mediación |
| Disfunciones familiares | Incrementa ansiedad y depresión | Fortalecer apoyo familiar, talleres para padres |
| Ciberacoso | Aumenta depresión, suicidabilidad | Educación digital, protocolos de denuncia, intervención psicológica |
| Inteligencia emocional | Protector frente a victimización | Programas IE, manejo del estrés, habilidades sociales |
En síntesis, la literatura revisada sugiere que la psicopatología juega un papel fundamental en la génesis y expresión del acoso escolar, y que la relación entre factores psicológicos y conductas violenta es bidireccional. Los agresores tienden a presentar mayores niveles de agresividad y trastornos de conducta, mientras que las víctimas exhiben mayor ansiedad, depresión e aislamiento. Las estrategias de intervención más eficaces combinan prevención, intervención directa con víctimas y agresores, y apoyo a los factores emocionales y sociales subyacentes. Este marco apoya la necesidad de políticas escolares que integren servicios de psicología, programas de desarrollo socioemocional y vínculos estrechos con las familias para reducir la violencia y promover un clima educativo seguro e inclusivo.