Las fracturas de cadera representan un problema de salud grave y frecuente en la población de edad avanzada, especialmente en mayores de 80 años y mujeres (75%). Estas lesiones suelen ser altamente incapacitantes, implicando una pérdida de autonomía, necesidad de rehabilitación intensiva y un aumento en la morbimortalidad. Ante este escenario, los protectores de cadera (PC) han surgido como una medida preventiva diseñada para mitigar el impacto de las caídas sobre la articulación coxofemoral.

¿Qué son los protectores de cadera y cómo funcionan?
Los protectores de cadera consisten en estructuras plásticas (rígidas) o almohadilladas de material blando, que se integran en ropa interior especialmente diseñada para ello o en cinturones. Su objetivo principal es reducir la repercusión de una caída sobre el lado externo de la articulación (trocánter mayor), absorbiendo y dispersando la energía del traumatismo directo.
Actualmente, el mercado ofrece diversas soluciones, como el protector de cadera Optimus, que emplea espumas de poliuretano, o sistemas tecnológicos avanzados como HIP’GUARD, un cinturón con airbag que, según pruebas de laboratorio, puede reducir la fuerza del impacto hasta en un 90%.
Eficacia según el entorno del usuario
La evidencia científica actual, incluida la revisión sistemática Cochrane, sugiere una distinción clara en la efectividad de estos dispositivos dependiendo del entorno donde vive el usuario:
- Ámbito institucionalizado: Los protectores de cadera son efectivos para reducir el riesgo de fractura en personas mayores que viven en residencias y tienen un alto riesgo de caída.
- Ámbito comunitario: No se ha demostrado un beneficio claro ni una eficacia significativa en la prevención de fracturas en adultos mayores que viven en sus hogares.
Es importante destacar que el uso de estos dispositivos no reduce la frecuencia de las caídas en sí, y existe una evidencia limitada que sugiere que podrían aumentar levemente el riesgo de fracturas de pelvis.

El reto de la adherencia al tratamiento
Uno de los principales obstáculos para el éxito de esta medida es la falta de adherencia. Los estudios indican que muchos usuarios no llevan el protector en el momento de la caída. Las razones principales aducidas por los pacientes incluyen:
- Falta de comodidad.
- Dificultad de uso junto con absorbentes para la incontinencia.
- Necesidad de ayuda externa para su colocación.
- Molestias locales como calor o sudoración.
La adherencia es mayor en pacientes con antecedentes de fracturas, hipertensión arterial e incontinencia. Asimismo, se ha demostrado que incluir el uso de protectores en un programa de educación sanitaria, con la intervención activa de profesionales de enfermería y fisioterapia, mejora significativamente el cumplimiento.
Recomendaciones para la prescripción
Dada la variabilidad en los resultados, los expertos recomiendan ser cuidadosos en la prescripción. Los protectores de cadera son más eficientes cuando se seleccionan pacientes con perfiles específicos:
- Personas con alto riesgo de caídas y antecedentes de fracturas previas.
- Mujeres delgadas con alto riesgo de fractura de cadera.
- Pacientes que manifiestan miedo a caer y aceptan positivamente el dispositivo.
- Personas institucionalizadas con deterioro cognitivo y sin trastornos graves de la conducta.
En el medio institucional, es fundamental explicar claramente al paciente y a su familia el beneficio esperado del uso continuado. Asimismo, es vital asegurar que el protector sea de la talla adecuada y que los amortiguadores estén perfectamente alineados con la cadera, evitándose su colocación directa sobre la piel para prevenir irritaciones.