Las caídas son un problema de salud pública significativo y una preocupación creciente, especialmente en la población mayor. Se definen como eventos involuntarios que resultan en la pérdida del equilibrio y el contacto con el suelo o una superficie inferior. Aunque no todas las caídas causan lesiones graves, tienen el potencial de generar consecuencias devastadoras, desde contusiones leves hasta fracturas, lesiones craneoencefálicas e incluso la muerte.
La magnitud del problema es considerable. Se calcula que anualmente se producen 684.000 caídas mortales a nivel mundial, convirtiéndose en la segunda causa global de defunción por traumatismos involuntarios. Más del 80% de estas muertes se registran en países de ingresos medianos y bajos, y las tasas más altas de mortalidad corresponden a los mayores de 60 años. En Estados Unidos, anualmente más de 14 millones de adultos mayores de 65 años informan de caídas, lo que representa un total de aproximadamente 36 millones de caídas. La tasa de mortalidad por caídas ajustada por edad aumentó un 41% entre 2012 y 2021, de 55,3 a 78,0 por cada 100.000 adultos mayores. Las caídas son más comunes en mujeres que en hombres y en entornos rurales en comparación con los urbanos.
Las caídas en personas mayores de 65 años son una causa principal de muerte relacionada con lesiones y la séptima causa principal de todas las muertes. Una caída suele ser el resultado de una interacción compleja y multifactorial entre elementos intrínsecos, extrínsecos y situacionales.
Impacto de las Caídas en la Salud Física y Mental
Muchas caídas, aunque no mortales, causan por lo menos alguna lesión que puede variar desde moretones hasta huesos rotos, lesiones de la cabeza e incluso la muerte. Se estima que 37,3 millones de caídas al año requieren atención médica a nivel mundial. Más de un tercio de las personas que caen reportan una lesión que requirió tratamiento médico o restringió su actividad por al menos un día, lo que se traduce en un estimado de 9 millones de lesiones por caídas cada año en Estados Unidos.
Las lesiones pueden ser costales, de columna y cadera, o más graves como un hematoma subdural. Las personas de edad avanzada son más propensas a sufrir fracturas debido a la osteoporosis. Si una persona no logra levantarse o pedir ayuda después de una caída, puede sufrir deshidratación, hipotermia, neumonía, rabdomiólisis o úlceras por presión.
Más allá del daño físico, las caídas tienen un impacto significativo en la salud mental y socioeconómica. Pueden producir efectos psicológicos, como el miedo a volver a caer, lo que les priva de la confianza en sí mismos y puede llevar a una reducción de la actividad física, aislamiento social y pérdida de independencia. Esta inactividad aumenta la rigidez articular y el debilitamiento muscular, incrementando aún más el riesgo de futuras caídas. En muchos casos, las caídas son un factor importante en la decisión de trasladarse a una residencia geriátrica o a otro establecimiento asistencial, lo que puede generar problemas socioeconómicos al requerir cuidados permanentes.

Factores de Riesgo (Etiología)
El predictor más consistente de una caída es una caída previa. Las caídas rara vez tienen una única causa, sino que son el resultado de una interacción compleja de múltiples factores.
Factores Intrínsecos
Estos factores se relacionan con el deterioro funcional propio del envejecimiento, trastornos y efectos adversos de fármacos:
- Cambios fisiológicos relacionados con la edad:
- Pérdida de masa muscular (sarcopenia), lo que reduce la capacidad de mantener o recuperar el equilibrio.
- Disminución de la percepción de sensibilidad profunda (propiocepción).
- Reducción del rango articular, especialmente en los tobillos.
- Deterioro de la agudeza visual, percepción de contrastes y profundidad, y adaptación a la oscuridad.
- Disminución de los reflejos posturales y afectación del equilibrio.
- Condiciones patológicas (enfermedades):
- Enfermedad de Parkinson.
- Secuelas de un accidente vascular cerebral.
- Demencia y deterioro cognitivo, que afectan la capacidad de recordar medidas de seguridad y percibir peligros.
- Arritmias y otras cardiopatías que reducen el flujo sanguíneo al cerebro.
- Hipotensión ortostática (baja de la presión arterial al ponerse de pie), que causa mareos.
- Déficit de algunas vitaminas, como la vitamina B12 y D, que pueden producir fatiga y pérdida de equilibrio.
- Trastornos neurológicos, sensitivos o cerebelosos.
- Osteoporosis y fragilidad ósea: Aunque no causan caídas directamente, aumentan el riesgo de fracturas graves una vez que la caída ocurre.
Factores Extrínsecos
Estos factores se refieren a los riesgos ambientales y de los medicamentos:
- Consumo de medicamentos: Varias clases de medicamentos aumentan el riesgo de caídas y lesiones relacionadas, especialmente los fármacos psicoactivos. Otros incluyen:
- Antihipertensivos y diuréticos (pueden causar hipotensión ortostática).
- Tranquilizantes, ansiolíticos y algunos antidepresivos (afectan la atención y el equilibrio).
- Inductores del sueño.
- Analgésicos opioides.
- Condiciones ambientales en el hogar y exterior:
- Iluminación inadecuada.
- Alfombras sueltas o no fijadas.
- Suelos resbaladizos (p. ej., mojados o encerados).
- Cables eléctricos, alargadores u otros objetos en las zonas de paso.
- Pisos en mal estado, aceras irregulares y bordillos rotos.
- Entornos desconocidos (p. ej., después de una mudanza).
- Dispositivos de asistencia: Los adultos mayores que usan dispositivos de asistencia para la movilidad tienen más probabilidades de informar un historial de caídas, lo que refleja limitaciones de movilidad subyacentes más que los dispositivos en sí mismos.
Factores Situacionales
Son actividades o decisiones que pueden aumentar el riesgo:
- Estar distraído (p. ej., caminar mientras se habla por teléfono).
- Apresurarse para ir al baño, especialmente por la noche con iluminación insuficiente.
- Usar escaleras o subir a alturas sin precaución.
La demencia puede exacerbar estas situaciones peligrosas, ya que el deterioro de la cognición, el juicio y la conciencia de los peligros puede llevar a que los adultos mayores se distraigan y no noten los riesgos ambientales.

Evaluación y Diagnóstico del Riesgo de Caídas
La evaluación del riesgo de caídas es fundamental para determinar si una persona tiene un riesgo bajo, moderado o alto, y para implementar estrategias preventivas. Los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades (CDC) y la Sociedad Estadounidense de Geriatría recomiendan hacer una evaluación anual del riesgo de caídas a todas las personas mayores de 65 años. Es crucial informar a los médicos sobre cualquier caída, incluso si no hubo lesiones, ya que muchas personas mayores son reacias a hacerlo por miedo a restricciones o internaciones.
La evaluación no es un examen físico estándar, sino una revisión estructurada que utiliza cuestionarios, observación y herramientas de detección específicas. Después de tratar las lesiones agudas, la evaluación busca identificar factores de riesgo y las intervenciones apropiadas para reducir la incidencia de futuras caídas.
Anamnesis y Examen Físico
Una evaluación completa debe centrarse en identificar los factores intrínsecos, extrínsecos y situacionales que pueden reducirse. Se deben formular preguntas abiertas sobre las caídas recientes (cuándo, dónde, qué hacía el paciente, síntomas premonitorios, pérdida de consciencia, si pudo levantarse sin ayuda) y preguntar a testigos. La anamnesis debe incluir información sobre enfermedades, consumo de fármacos (prescritos y de venta libre) y alcohol.
El examen físico debe ser completo:
- Signos vitales: Medición de la temperatura (para descartar fiebre), frecuencia y ritmo cardíaco (para detectar arritmias).
- Presión arterial: Medición en decúbito supino y después de 1 y 3 minutos de estar de pie para detectar hipotensión ortostática.
- Agudeza visual: Revisión con lentes correctivos y derivación a un especialista si es necesario.
- Sistema musculoesquelético: Evaluación de fuerza, deformidades, dolor y amplitud de movimiento en cuello, columna y miembros (especialmente piernas y pies).
- Examen neurológico:
- Estado mental (para detectar deterioro cognitivo).
- Función motora (fuerza muscular, tono, amplitud de movimiento).
- Sensibilidad (propiocepción).
- Coordinación (función cerebelosa).
- Equilibrio estático y marcha.
- Prueba de Romberg: El paciente se para con los pies juntos y los ojos abiertos y luego cerrados para evaluar el control postural.
- Pruebas de equilibrio: Permanencia en un pie y marcha en línea recta. Si el paciente puede permanecer parado en un pie durante 10 segundos con los ojos abiertos y caminar 3 metros sin tambalearse, la deficiencia del control postural intrínseco es mínima.
- Función vestibular posicional (p. ej., maniobra de Dix-Hallpike).

Pruebas de Desempeño
Existen varias pruebas estandarizadas para evaluar la marcha, el equilibrio y la fuerza de los miembros inferiores:
- Prueba "Timed Up-and-Go" (TUG): Consiste en que el paciente se levanta de una silla, camina unos tres metros a su ritmo habitual, gira, vuelve a la silla y se sienta. Se mide el tiempo. Un tiempo de > 12 segundos indica un aumento significativo del riesgo de caídas.
- Prueba de pararse y sentarse durante 30 segundos: Evalúa la fuerza y el equilibrio. El paciente se sienta en una silla con los brazos cruzados, se levanta y se sienta repetidamente durante 30 segundos. Un número bajo de repeticiones puede indicar mayor riesgo.
- Prueba de equilibrio en 4 etapas: Evalúa la capacidad de mantener el equilibrio en cuatro posiciones diferentes, manteniendo cada una durante 10 segundos.
- Evaluación de la Movilidad Orientada al Desempeño (POMA): Identifica problemas de equilibrio y estabilidad durante la marcha y otros movimientos, prediciendo un mayor riesgo de caídas.
Muchas herramientas de evaluación del riesgo de caídas, como el método STEADI (Stopping Elderly Accidents, Deaths, and Injuries) de los CDC, incluyen una evaluación inicial, de seguimiento e intervenciones.
Pruebas de Laboratorio
No existe una evaluación diagnóstica de laboratorio estándar para determinar la causa exacta de una caída, pero se basan en la anamnesis y los resultados del examen para descartar varias causas:
- Hemograma completo (para excluir anemia o leucocitosis).
- Medición de glucemia (para excluir hipoglucemia o hiperglucemia).
- Medición de electrolitos (para excluir deshidratación).
- En caso de neuropatías periféricas, niveles de folato, B12 y TSH.
- Electrocardiograma (ECG), monitorización cardíaca ambulatoria y ecocardiografía (si se sospecha causa cardíaca).
- Radiografías vertebrales, tomografía computarizada (TC) o resonancia magnética (RM) de cráneo (si se detectan trastornos neurológicos nuevos).
- Estudio de electromiografía/conducción nerviosa (EMG/NCS) (si se sospecha neuropatía, miopatía o radiculopatía).
Prevención y Tratamiento de Caídas
La prioridad fundamental es el tratamiento de las lesiones por caídas, seguido de la prevención de futuras caídas mediante el abordaje de los trastornos subyacentes. Es clave corregir aquellos problemas físicos que aumentan el riesgo de caídas.
Ejercicios para MEJORAR el EQUILIBRIO para Mayores | Fisioterapia Querétaro | Mariana Quevedo
Medidas de Prevención
Considerando que en las caídas influyen factores físicos y externos, es importante tomar medidas en ambos ámbitos:
- Ejercicio regular:
- El entrenamiento de resistencia o con pesas puede fortalecer las piernas y mejorar la estabilidad.
- El taichí y los ejercicios de equilibrio (como aguantarse sobre un solo pie) mejoran el control postural.
- Muchos centros ofrecen clases de ejercicios adaptadas a la tercera edad.
- Revisión de medicamentos:
- Posiblemente reducir o eliminar el consumo de fármacos psicoactivos, antihipertensivos, diuréticos, tranquilizantes, antidepresivos e inductores de sueño, o sustituirlos por alternativas más seguras.
- Tratar la hipotensión ortostática.
- Nutrición y suplementos: Normalizar los niveles de vitamina B12 y vitamina D, ya que su carencia puede producir fatiga y pérdida de equilibrio.
- Modificaciones en el hogar y el entorno:
- Retirar alfombras sueltas y objetos o cables de los pasillos.
- Mejorar la iluminación en todas las áreas, especialmente por la noche.
- Instalar pasamanos en escaleras, en la tina de baño y al costado del inodoro.
- Reparar pisos en mal estado.
- Calzado apropiado: Utilizar calzado con suelas firmes y antideslizantes, tacones bajos y buen soporte para el tobillo.
- Cambios de posición lentos: Incorporarse lentamente después de estar sentado o acostado y esperar unos segundos antes de moverse para prevenir mareos por hipotensión ortostática.
- Maniobra de Epley: En casos de vértigo posicional paroxístico benigno, esta maniobra simple puede ayudar a aliviar los síntomas.
Tratamiento y Rehabilitación
Después de tratar las lesiones inmediatas, la fisioterapia y la terapia ocupacional son cruciales para la rehabilitación. Estos profesionales pueden ayudar a mejorar la marcha, el equilibrio y la confianza en uno mismo. Ofrecen consejos sobre cómo evitar futuras caídas y animan a mantener la actividad. Los ejercicios supervisados de equilibrio y los estiramientos son componentes clave de la fisioterapia para reducir el riesgo de caídas.