La relación entre padres e hijos es uno de los lazos más profundos y esenciales que se forjan a lo largo de la vida, nutriéndose de experiencias compartidas, aprendizajes y, en ocasiones, dificultades. Sin embargo, en el ámbito del derecho de familia, uno de los temas más sensibles y complejos es la responsabilidad de los hijos hacia sus padres mayores en situación de dependencia. Aunque muchas familias asumen de manera natural este cuidado, existen casos en los que los hijos no se hacen cargo, lo que genera conflictos éticos, emocionales y, sobre todo, legales.

Obligaciones legales y sus consecuencias
El Código Civil español establece en su artículo 142 que los hijos tienen la obligación de proporcionar alimentos a sus padres en situación de necesidad. Este concepto de “alimentos” incluye vivienda, atención médica y otros cuidados básicos para una vida digna. La obligación se apoya en la reciprocidad: los padres cuidaron de sus hijos y, en la vejez, puede invertirse el deber como expresión de solidaridad familiar.
Cuando los hijos no cumplen con sus obligaciones legales, los progenitores pueden interponer un proceso judicial de reclamación de alimentos para garantizar los recursos necesarios -ya sea en forma económica o mediante prestación directa de cuidados-. En casos graves, el incumplimiento puede derivar en embargos sobre bienes o ingresos del hijo demandado.
Excepciones y consideraciones judiciales
No todos los casos en los que los hijos deciden no cuidar de sus padres responden a la falta de voluntad o responsabilidad. Si ha existido maltrato físico o psicológico, abandono emocional o conflictos familiares graves, los hijos pueden alegar la inexistencia de un vínculo afectivo que justifique asumir esa carga. Estas circunstancias no eliminan automáticamente el deber legal, pero el juez puede ponderarlas para ajustar el alcance de las responsabilidades.
Factores que influyen en el distanciamiento y rechazo
Identificar el rechazo no siempre es sencillo, ya que puede manifestarse de formas sutiles o directas. Un estudio estadounidense descubrió que aproximadamente el 6 % de los hijos adultos reportaron un episodio de distanciamiento de sus madres, que ocurrió por primera vez a una edad promedio de 26 años, mientras que el 26 % reportó distanciamiento de sus padres, a una edad promedio de 23 años (Reczek et al., 2023).
Señales de que un hijo adulto rechaza a sus padres
- Distanciamiento emocional: conversaciones superficiales, falta de interés en la vida del progenitor y evitación de la intimidad emocional.
- Comunicación limitada o agresiva: respuestas monosilábicas, ignorar llamadas o mensajes, o mostrar irritabilidad y críticas constantes en las interacciones.
- Evitación del contacto físico y social: evitar pasar tiempo juntos, poner excusas para no participar en eventos familiares y reducir las visitas.
- Comportamiento despectivo: minimizar las opiniones, burlarse de las preocupaciones o culpar a los padres de sus problemas.
Posibles causas del rechazo o desprecio
La sensación de rechazo puede surgir de diversas fuentes y manifestarse de diferentes maneras. Las relaciones de amor-odio no son unidireccionales; los sentimientos de odio o rechazo de un hijo a su madre existen de la misma forma que a la inversa. El rechazo rara vez surge de un único evento; suele ser la culminación de dinámicas y experiencias complejas.
Algunos de los motivos más comunes detrás de estos sentimientos son:
- Percepción de falta de comprensión o apoyo: La sensación de que la madre o el padre no entienden o no apoyan las decisiones o sentimientos del hijo/a puede ser muy frustrante.
- Conflictos no resueltos: Problemas familiares o conflictos del pasado sin resolver que pueden influir en la relación entre padres e hijos. Los problemas de celos, la posesividad o tendencia a querer controlar a los hijos, pueden ser algunos de los motivos que subyacen al desprecio y el rechazo.
- Expectativas no cumplidas: Presiones o expectativas de los padres que no se alinean con los deseos o aspiraciones del hijo/a, generando sentimientos de rechazo y deterioro de la relación.
- Diferencias generacionales: Conflictos derivados de las diferencias en valores, creencias o estilos de vida entre distintas generaciones.
Para responder a por qué no soporto a mi madre o no siento amor por mi padre, es esencial entender que estos sentimientos, aunque pueden llegar a ser muy intensos, a menudo son el reflejo de una necesidad de espacio, independencia o simplemente un deseo de ser escuchado y validado. No tienen por qué reflejar un odio visceral o un rechazo real.
Desafíos del envejecimiento y la responsabilidad filial
El envejecimiento de los padres se vive muchas veces como una etapa difícil marcada por conflictos y dificultades, dado que muchos hijos no están preparados para afrontar las exigencias que supone este período. A medida que avanza la edad, una persona tiende a necesitar cada vez más apoyo, ya sea en las sencillas actividades del día a día o incluso en ayuda económica, y esto puede pasar factura a quienes sean responsables de estos cuidados.
“En algunos casos, los hijos pueden experimentar niveles importantes de estrés y sobrecarga al enfrentar las exigencias del envejecimiento de sus padres, especialmente cuando hay problemas de salud o limitaciones funcionales”, dice la psicóloga Deusivania Falcão. Existe un término para definir este sentido de obligación de los hijos de ayudar a sus padres mayores: responsabilidad filial. "Es una obligación basada en un estándar cultural, relacionado con la percepción de que se trata de un comportamiento socialmente responsable frente al envejecimiento y la dependencia de los padres".
Cuidar a nuestros padres adultos mayores | Patricia Kelly
Conflictos de roles y autonomía
Uno de los principales desafíos y motivos de fricción radica en los roles que asumen padres e hijos en esta etapa de la vida. Los hijos pueden ver a una persona frágil, enferma y necesitada de cuidados, e intentan proteger a sus padres. Por otro lado, hay una persona que no quiere perder su autonomía y que puede incluso darse cuenta de que necesita cuidados, pero le cuesta aceptarlos.
Detrás de esta aparente “terquedad” de los padres, pueden existir sentimientos de soledad, la pérdida del sentido de la vida, la añoranza por amigos o familiares fallecidos y el miedo a la muerte. Además, el miedo a depender de los demás, incluso si son los propios hijos, preocupa a muchas personas mayores y las hace renuentes a recibir cuidados.
Para no perder su autonomía, muchas personas mayores no quieren dejar de conducir, no aceptan ir al médico o no quieren renunciar a otras actividades que antes hacían solas. Aquí es donde pueden surgir conflictos en la relación con los hijos si no hay una comunicación abierta dentro de la familia sobre las expectativas, deseos y necesidades de ambas partes. Es fundamental entender que las necesidades de los padres pueden cambiar con el tiempo.
La inversión de roles: ¿un mito o una realidad?
En los casos en que las personas mayores preservan su autonomía, es importante que los hijos respeten las decisiones y elecciones de los padres. “Fomentar la toma de decisiones (de los padres) siempre que sea posible y respetar sus elecciones contribuye a una relación más positiva”, afirma Falcão. La dificultad para respetar la autonomía de los padres puede deberse a estereotipos relacionados con la vejez y los prejuicios en torno a las personas mayores.
Sin embargo, si bien muchos ancianos pueden seguir siendo independientes, otros necesitan asistencia constante. En varios escenarios, especialmente cuando se trata de cuidados intensos, muchas mujeres terminan sobrecargadas de trabajo, ya que en ellas suele recaer en mayor medida que en los hombres el cuidado de los padres.
Aunque esto implica que tanto padres como hijos deben asumir nuevos roles, no quiere decir que los roles se reviertan y que los padres se conviertan en los hijos en este vínculo. La geriatra Fernanda Andrade señala: “Los padres nunca se convierten en hijos. Cuidar a un padre anciano o a un niño pequeño son situaciones muy diferentes. Un padre con secuelas de un derrame cerebral o una madre con Alzheimer no está en el guion de vida de nadie. Esto trastorna la vida de los hijos, afecta su trabajo y aumenta los costos familiares, sin ninguna planificación."
Cómo abordar y reparar la relación con los padres ancianos
Superar el desprecio o rechazo de un hijo no es fácil y muchas veces requiere una dosis extra de comprensión y paciencia para averiguar qué hay detrás de este comportamiento. Cuando un hijo trata mal a su madre o cuando un hijo no quiere saber nada de sus padres, la respuesta del progenitor suele ser de confusión y dolor. Sin embargo, es esencial abordar estas situaciones con empatía y buscar soluciones constructivas.
Estrategias para mejorar la comunicación y el vínculo
- Practicar la escucha activa y la empatía: Intentar comprender su perspectiva sin juzgar ni defenderse inmediatamente y validar sus sentimientos, aunque no se esté de acuerdo con su visión de los hechos.
- Asumir la parte de responsabilidad: Reflexionar sobre las acciones pasadas y, si es apropiado, ofrecer una disculpa sincera. Esto puede abrir la puerta a la sanación.
- Fomentar una comunicación asertiva: Expresar los propios sentimientos y necesidades de forma clara y respetuosa, utilizando un lenguaje en primera persona ("Yo siento...") en lugar de acusaciones ("Tú siempre...").
- Respetar su espacio y sus límites: Si el hijo no quiere hablar, es importante darle espacio, ser paciente y buscar oportunidades para abrir canales de comunicación sin presionar.
- Establecer límites claros: Poner límites a un hijo adulto también puede ser necesario. Es esencial establecer expectativas claras, mantener una comunicación abierta y ser consistente en la aplicación de las consecuencias.
- Participar en actividades conjuntas: Realizar actividades juntos, como aficiones o actividades grupales, puede ser una buena manera de reconectar y fortalecer el vínculo.
La importancia del apoyo profesional
Si los intentos de comunicación fracasan o el conflicto es muy profundo, puede ser útil buscar la intervención de un profesional de la salud mental, como un psicólogo. La terapia familiar puede proporcionar un espacio seguro y neutral para mediar y encontrar soluciones. Un abogado especializado en derecho de familia también es esencial para encontrar soluciones que protejan a los progenitores sin agravar tensiones, especialmente cuando es necesario establecer acuerdos familiares por escrito para dejar claras obligaciones y gastos.
Enfrentar el desprecio de un hijo puede ser una experiencia desgarradora, pero con comprensión, paciencia y el apoyo adecuado, es posible superarlo y reconstruir una relación saludable y basada en el respeto. A veces, el amor no es suficiente y se necesita la guía de un experto para desentrañar los nudos del pasado y aprender a comunicarse de nuevo.
El envejecimiento activo y la planificación anticipada
Para envejecer bien, hay que hacerlo activamente, lo cual significa involucrarse en una serie de actividades y compromisos que desafíen y estimulen. Hoy día, un creciente número de hijos, también adultos mayores, son los encargados de brindar este apoyo, lo que puede generar tensiones distintas de aquellas que surgen en la edad media de la vida.
Expectativas de los padres ancianos y nuevas tendencias
Las expectativas de los padres chilenos respecto a sus hijos son que un 45,9% considera que es un deber de los hijos cuidar a sus padres cuando ellos ya no pueden hacerlo por sí mismos; un 33,1% estima que un hijo debe llevarlos a vivir a su casa cuando no puedan vivir solos. Sin embargo, en países con envejecimiento avanzado, las personas se preparan con tiempo para enfrentar la cuarta edad, y sus decisiones a menudo no contemplan el auxilio de los hijos, de quienes a veces solo se esperan visitas esporádicas.
En estos países, las declaraciones de voluntad en vida respecto a los cuidados médicos y auxilios que les gustaría recibir en caso de que llegue la ocasión, constituyen una práctica frecuente. Este procedimiento ayuda a mantener algún grado de control personal, alivia la sobrecarga a los familiares y ofrece respaldo al médico o a otros proveedores de salud.

Beneficios de la planificación y una relación cercana
Una forma de hacer que este período de la vida sea más tranquilo es planificar el envejecimiento. Aquellos hijos que participan en discusiones sobre planificación anticipada, como atención médica y decisiones financieras, tienden a afrontar más eficazmente el envejecimiento de sus padres. Sin embargo, esta planificación todavía es poco debatida entre las familias.
La educación para el envejecimiento es vital, ya que nos permite afrontar las transiciones con comprensión y empatía, lo que favorece la calidad de vida y la autonomía. Convivir con padres mayores y cuidarlos permite revisar vínculos y resolver problemas. Afrontar el declive y la finitud de la vida de alguien también nos hace reflexionar sobre nuestra propia vida, nuestros valores y cómo queremos que nos cuiden en nuestra vejez.
Las investigaciones sugieren que los vínculos positivos con los padres ancianos también son una fuente de apoyo para los hijos que se preocupan por ellos. Las dinámicas familiares positivas, con expresiones de afecto y participación de los ancianos en las actividades familiares, contribuyen a mejorar la relación entre padres e hijos.