En una sociedad cada vez más envejecida, la decisión de que un adulto mayor se traslade a una residencia es un tema complejo, multifacético y cargado de implicaciones tanto para el propio anciano como para su familia. Existen diversas razones que motivan esta decisión, que van desde la incapacidad de las familias para brindar los cuidados necesarios hasta las necesidades específicas de salud del adulto mayor.

La perspectiva del adulto mayor: el deseo de permanecer en casa
La gran mayoría de los adultos mayores son reticentes a los cambios y prefieren quedarse en casa, incluso si viven solos. Numerosos estudios confirman que un número elevadísimo de ancianos prefiere vivir en sus casas antes que ser trasladados a una residencia. Las razones suelen ser las mismas y, quizá, demasiado obvias: los recuerdos y la idea de abandonar el lugar donde han vivido gran parte de su vida no es la opción más deseada.
Factores que influyen en la preferencia por el hogar:
- Autonomía y privacidad: Los ancianos, al igual que cualquier otra persona, valoran su espacio, su autonomía y la privacidad de su propia casa, su ambiente personal, sus pertenencias y sus recuerdos.
- Horarios flexibles: En su domicilio, los adultos mayores cuentan con horarios más flexibles y variados que en una residencia, donde suelen ser más estrictos.
- Mantener el entorno conocido: La posibilidad de seguir en su domicilio habitual les permite mantener su conexión con el barrio y las personas que conocen.
El rol de la familia y las responsabilidades diarias
Muchas familias, debido a sus responsabilidades diarias, no pueden hacerse cargo de los adultos mayores. En estos casos, la palabra que a menudo les viene a la mente es "residencia". Sin embargo, es fundamental considerar la otra cara de la moneda: los propios adultos mayores son los protagonistas de esta historia, y en muchas ocasiones son "desplazados, marginados y trasladados de sus hogares". En España, por ejemplo, son casi 8 millones los ancianos mayores de 65 años, y muchos de ellos tienen opinión y capacidad para mostrarla.
Cambios en la estructura familiar y el sistema de apoyo:
El sistema de protección social en muchos lugares, como en Argentina, es "familista", lo que implica que se espera que las familias se hagan cargo de sus adultos mayores con dependencia. No obstante, las familias están cambiando: las mujeres trabajan, tienen hijos y ya no están tan disponibles para atender a una persona mayor dependiente. Los hombres, en general, suelen desentenderse, y son las hijas y nueras quienes terminan ocupándose. El perfil de los familiares cuidadores suelen ser hijos de entre 50 y 60 años, con padres añosos, que a menudo también están atendiendo las necesidades de sus propios hijos y nietos.
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Alternativas al ingreso en residencias: la ayuda a domicilio
Es en este punto donde entran en juego las empresas de ayuda a domicilio, que se encargan del cuidado de personas mayores y de su atención domiciliaria. Esta opción, en muchas ocasiones, es más económica que la de llevar al anciano a una residencia, aunque para los familiares no siempre es la prioritaria.
Ventajas de la ayuda a domicilio:
- Atención personalizada: A diferencia de las residencias, la ayuda a domicilio ofrece un servicio personalizado dirigido al adulto mayor según sus necesidades específicas.
- Mantener el entorno doméstico: La persona anciana permanece en su entorno doméstico y habitual, lo que evita la sensación de extrañamiento que puede repercutir en su bienestar físico y psíquico.
- Apoyo emocional: Los profesionales de ayuda a domicilio no solo cuidan, sino que también dedican cariño y compañía, ayudándoles a mantener un buen estado de ánimo.
- Ahorro económico: Contratar a una persona de ayuda a domicilio puede ser más económico que pagar una residencia, convirtiéndose en una alternativa más viable para muchos ancianos.
Quienes ejercen la ayuda a domicilio a personas mayores a través de empresas de servicios son seleccionados en virtud de su experiencia, cualificación, trayectoria y vocación. El sistema de cuidado de mayores por parte de profesionales que acuden a sus propias casas está empezando a tomar parte en la conciencia de aquellos familiares que se quedan más tranquilos sabiendo que la persona dependiente está "a buenas" pero controlada por un profesional.
Factores que conducen al ingreso en residencias
A pesar del deseo de envejecer en casa, hay situaciones en las que el ingreso en una residencia se convierte en la mejor o única opción. El aumento de la expectativa de vida ha traído como resultado el incremento de personas de 80 años y más que viven períodos prolongados en situaciones de fragilidad o dependencia, afectando su capacidad de realizar por sí mismos actividades de la vida cotidiana que son imprescindibles para la supervivencia.
Casos en los que la institucionalización puede ser necesaria:
- Alta dependencia: Cuando los niveles de dependencia se tornan muy altos, y la familia y su entorno no pueden constituir una red eficiente de apoyo, los especialistas coinciden en que hay que empezar a analizar la posibilidad de una institucionalización.
- Enfermedades o discapacidades inhabilitantes: En presencia de enfermedades o discapacidades que impiden al adulto mayor valerse por sí mismo, la internación tiende a ser la mejor solución.
- Eventos abruptos: La muerte de uno de los adultos mayores que deja al otro solo, alguna caída que los limita en sus capacidades o un accidente cerebrovascular (ACV) pueden ser detonantes de un cambio de escenario más abrupto.
Gonzalo Abramovich, coordinador general del Área de Adultos Mayores de la AMIA y consultor gerontológico, destaca que la mayor parte de las familias necesitan orientación y asesoramiento cuando empiezan un proceso de fragilización. Es recomendable buscar asesoramiento experto de un médico geriátrico, un psicólogo especialista en vejez o un gerontólogo.

La importancia del consenso y la consulta
Desde la gerontología, se intenta darle el mayor rango de autonomía a los adultos mayores para que estas decisiones no se tomen por encima suyo. Es crucial consultarlos y tener en cuenta su opinión a la hora de tomar una decisión de estas dimensiones. Si los hijos quieren ayudar a sus padres, lo primero que tienen que hacer es escucharlos y participar activamente en la búsqueda de la mejor ayuda posible.
No estigmatizar las residencias:
Abramovich señala que no hay que estigmatizar a las residencias, porque la mayor parte de ellas trabajan bien y cuentan con equipos profesionales. Si se busca una buena institución, el geriátrico puede ser una solución positiva para muchas personas, e incluso "mucha gente mejora ahí". Sin embargo, también aclara que las familias tienen un rol importante de control.
La creciente demanda de servicios sociales dedicados a ancianos está ampliando enormemente el horizonte de las opciones. Es fundamental elegir con consenso y tener presentes las múltiples alternativas que existen hoy para el cuidado de ancianos.