La obesidad, definida como una acumulación excesiva y anormal de grasa corporal que puede resultar perjudicial para la salud, se ha convertido en una amenaza significativa a nivel mundial. Esta afección se produce cuando existe un exceso de ingesta calórica en relación con el gasto energético, lo que conduce a un aumento desproporcionado del tejido adiposo. El sobrepeso (IMC igual o mayor a 25 kg/m²) y la obesidad (IMC igual o mayor a 30 kg/m²) han alcanzado proporciones epidémicas.

Aunque la mayoría de las personas lo relacionan con la mala alimentación y un desorden alimenticio, existen otros factores que también influyen en la obesidad, como la genética, la fisiología del cuerpo y el sedentarismo por la falta de ejercicio, entre otros. La prevalencia de obesidad en adultos es mayor en mujeres que en hombres y más alta en áreas urbanas que rurales.
La Obesidad como Factor de Riesgo Cardiovascular Principal
La mayoría de las enfermedades cardiovasculares se pueden prevenir si se tratan los factores de riesgo conductuales y ambientales, tales como el consumo de tabaco, una alimentación poco saludable, la inactividad física, el consumo nocivo de alcohol, la contaminación atmosférica y, de manera crucial, la obesidad. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2022, aproximadamente una de cada 8 personas en todo el mundo tenía obesidad. Además, desde 1990, la obesidad en adultos se ha más que duplicado a nivel mundial, y la obesidad en adolescentes se ha cuadruplicado.
Bajo esa óptica, la obesidad se ha establecido como un importante factor de riesgo para el desarrollo de enfermedades cardiovasculares. Numerosos estudios han demostrado una asociación directa entre el exceso de peso corporal y un mayor riesgo de padecer afecciones cardíacas graves, incluyendo la enfermedad coronaria, la insuficiencia cardíaca, la fibrilación auricular y la muerte súbita.
Impacto de la Obesidad en Enfermedades Cardíacas Específicas
Enfermedad Coronaria y Obesidad
Más de dos tercios de los pacientes con enfermedad coronaria padecen sobrepeso u obesidad. Estos individuos suelen ser aproximadamente 10 años más jóvenes que aquellos con peso normal y presentan una mayor predisposición a la dislipidemia, la hipertensión arterial y un estilo de vida sedentario, factores que agravan aún más su riesgo cardiovascular.
La obesidad contribuye al desarrollo de la enfermedad coronaria a través de diversos mecanismos, que van más allá de los factores de riesgo tradicionales como la hipertensión, la dislipidemia y la diabetes mellitus tipo 2. Entre estos mecanismos se encuentran la inflamación subclínica, la disfunción endotelial, el aumento del tono simpático, los perfiles lipídicos aterogénicos, los factores protrombóticos y la apnea obstructiva del sueño.

Insuficiencia Cardíaca y Obesidad
Cada año se diagnostican más de 400.000 casos nuevos de insuficiencia cardíaca y se sugiere que la obesidad podría ser una de las causas principales del aumento en la incidencia de esta afección en las últimas décadas. La obesidad también promueve cambios hemodinámicos importantes como la hipertrofia y dilatación del corazón, lo que puede llevar a insuficiencia cardíaca y arritmias ventriculares.
Fibrilación Auricular y Obesidad
Numerosos estudios han demostrado que las personas con obesidad tienen un 50% más de riesgo de desarrollar fibrilación auricular, un tipo de arritmia cardíaca caracterizada por un ritmo cardíaco irregular. Este riesgo se incrementa a medida que aumenta el índice de masa corporal (IMC). La asociación entre la obesidad y la fibrilación auricular se atribuye, en parte, a los efectos de la obesidad en la estructura y función cardíacas, como la dilatación auricular, la hipertrofia ventricular y la disfunción diastólica. Estas condiciones aumentan el riesgo de diabetes mellitus tipo 2, dislipidemia y otros factores de riesgo cardiovascular.
Muerte Súbita Cardíaca (MSC) y Obesidad
La muerte súbita cardíaca (MSC) se define como la muerte debida a causas cardíacas que ocurre de forma súbita e inesperada, siendo responsable de la mitad de todas las muertes cardiovasculares. El paro cardíaco es el evento crítico y es altamente letal. La obesidad, y en especial la obesidad visceral (grasa alrededor de los órganos internos), es un factor de riesgo independiente para MSC. Un incremento de 5 unidades en el IMC se asocia con un 16% de aumento en el riesgo de MSC, y el incremento en el diámetro sagital abdominal se asocia con 2.6 veces mayor riesgo de MSC, tanto en hombres como en mujeres.
En las personas con obesidad también se incrementan de forma significativa otros factores de riesgo cardiovascular: la diabetes mellitus aumenta 10 veces, la enfermedad arterial coronaria (EAC) 5 veces, la hipertensión arterial sistémica 3 veces y la dislipidemia 2 veces. Más de la mitad de los pacientes obesos tienen síndrome metabólico (con más de 3 componentes metabólicos como hipertensión arterial sistémica, aumento de triglicéridos, bajos niveles de HDL, altos niveles de glucosa en ayuno y obesidad abdominal). También se asocian con baja capacidad física y apnea obstructiva del sueño (AOS), todos estos factores incrementan aún más el riesgo de MSC.
La mayoría de los episodios de MSC en personas con obesidad ocurren durante el sueño, fenómeno que puede ser explicado por la alta prevalencia de AOS. La magnitud del riesgo es dependiente de la severidad de la AOS, especialmente del grado de desaturación de oxígeno nocturno. En el electrocardiograma (ECG) se ha encontrado una alta prevalencia de fragmentación del QRS en personas con obesidad comparado con sujetos normales, lo que puede estar relacionado con el retardo en la activación del miocardio como resultado de fibrosis o infiltración de grasa.
Mecanismos Específicos que Vinculan la Obesidad con la Afectación Cardíaca y Frecuencia Cardíaca Elevada
Activación del Sistema Nervioso Simpático y Apnea Obstructiva del Sueño (AOS)
La obesidad se vincula con un aumento en la actividad simpática, lo que puede conducir a un incremento en la presión arterial, la frecuencia cardíaca y el riesgo de arritmias. Además, la apnea obstructiva del sueño, una afección frecuente en personas con obesidad, se asocia con hipertensión arterial, estrés oxidativo y un mayor riesgo de eventos cardiovasculares.
Alteraciones Hemodinámicas y Remodelado Cardíaco
El exceso de peso corporal impone una sobrecarga hemodinámica en el corazón. Esto significa que el corazón tiene que bombear un mayor volumen de sangre que en personas con peso normal, lo que puede provocar hipertrofia ventricular (engrosamiento del músculo cardíaco), disfunción diastólica (dificultad del corazón para relajarse y llenarse de sangre) y remodelado cardíaco. Estas alteraciones estructurales y funcionales del corazón aumentan el riesgo de insuficiencia cardíaca y otras complicaciones cardiovasculares. En un estudio con 67 participantes obesos, la frecuencia cardíaca máxima promedio fue de 172,82±18,81 latidos por minuto, siendo superior en las mujeres (173,9±17,5 vs. 168,9±22,1). Se encontró una disminución de la respuesta cardiovascular en relación con el esfuerzo esperado para la prueba, y a mayor número de factores de riesgo cardiovascular presentes, menor fue la frecuencia cardíaca máxima alcanzada.
Obesidad, enfermedad renal y cardiovascular
Depósito de Grasa Ectópica
La acumulación de grasa en áreas específicas del cuerpo, como la que rodea el corazón (grasa subepicárdica), puede tener efectos perjudiciales directos en la función cardíaca.
Resistencia a la Insulina y Dislipidemia
Las personas con sobrepeso suelen consumir alimentos con muchas grasas saturadas y colesterol, lo que lleva a tener niveles altos de colesterol en sangre. Suelen tener más colesterol de lipoproteína de baja densidad (LDL) que de lipoproteína de alta densidad (HDL). Este exceso de colesterol, especialmente LDL, puede acumularse en las paredes de las arterias y reducir el flujo sanguíneo al corazón. La obesidad puede provocar resistencia a la insulina, que puede acabar derivando en diabetes, aumentando aún más el riesgo de enfermedades cardíacas.
Manejo de la Obesidad y Prevención de Riesgos Cardiovasculares
Abordar la obesidad es fundamental para reducir el riesgo de enfermedades cardiovasculares y mejorar la salud general de la población. Se requiere un enfoque multidisciplinario y personalizado para cada individuo, teniendo en cuenta sus características específicas y factores de riesgo asociados.
Estrategias de Intervención
Modificaciones en el Estilo de Vida
Un enfoque integral que combine una dieta saludable y equilibrada con actividad física regular es esencial para promover la pérdida de peso y mantener un índice de masa corporal (IMC) saludable. Se recomienda priorizar el consumo de alimentos ricos en nutrientes, como verduras, frutas, cereales integrales y fuentes saludables de grasas, mientras se limita la ingesta de azúcares libres, grasas saturadas y grasas trans. Masticar lentamente al momento de comer también es beneficioso.
En cuanto a la actividad física, asegúrese de que los adultos realicen por lo menos 30 minutos de actividad física moderada la mayoría de los días de la semana. Reduzca el tiempo dedicado a hábitos sedentarios, como ver la televisión o usar computadoras y videojuegos. Promover opciones más saludables de alimentos incluye comer cinco a nueve porciones de frutas y vegetales cada día y evitar los tamaños y porciones excesivos en comidas rápidas.

Terapia Farmacológica
En casos en los que las modificaciones en el estilo de vida no sean suficientes, se pueden considerar opciones farmacológicas como complemento para facilitar la pérdida de peso. Medicamentos como el orlistat, la sibutramina y el rimonabant han demostrado cierta eficacia en la reducción del peso corporal y la mejora de los factores de riesgo cardiovascular. Terapias innovadoras, en especial los agonistas GLP-1 para el tratamiento de obesidad, como la semaglutida, pueden alcanzar reducciones de peso de hasta 14.9% y se asocian con una reducción significativa en los factores de riesgo clínicos, en especial en pacientes con obesidad y diabetes, donde ha demostrado una reducción de las muertes cardiovasculares en 13%, del infarto de miocardio no fatal en 9% y de la hospitalización por insuficiencia cardíaca en 9%. Beneficios similares se han demostrado en personas con obesidad sin diabetes mellitus.
Cirugía Bariátrica
Para los casos de obesidad clínicamente complicada o mórbida, la cirugía bariátrica, como el bypass gástrico o la gastroplastia de banda vertical, puede ser una opción efectiva y segura para inducir y mantener una pérdida de peso significativa. La cirugía bariátrica ha demostrado que se asocia con una reducción de factores de riesgo cardiovascular y menor mortalidad cardiovascular.
Consideraciones Adicionales y Futuras Investigaciones
Aunque se ha avanzado mucho, aún se desconoce qué otros factores influyen para incrementar el riesgo de muerte súbita cardíaca en personas con obesidad, como los altos niveles de ácidos grasos libres, la genética y la cardiomiopatía de la obesidad. Se espera contar con mediciones más precisas de la grasa visceral, que es un mejor predictor de morbilidad y mortalidad, como las realizadas por estudios de imagen con tomografía axial computarizada. También se espera investigar más sobre las terapias para la obesidad, en especial el papel de los GLP-1, para determinar si pueden reducir el riesgo de MSC.
Las guías actuales para prevención de MSC recomiendan el desfibrilador automático implantable (DAI) solo en casos con fracción de expulsión inferior al 35% o con historia de arritmias ventriculares que comprometan la vida. Sin embargo, la mayor limitación para prevención primaria es su baja sensibilidad, debido a que al menos 70% de las MSC ocurren en sujetos que no son clasificados como de alto riesgo y no cumplen los criterios actuales para indicar un DAI. También se espera investigar el impacto de la obesidad en diferentes grupos étnicos y niveles socioeconómicos, ya que la obesidad es más común en ciertos grupos como afroamericanos e hispanoamericanos en EE. UU., y en grupos de bajo nivel socioeconómico.