Los sistemas de protección social son un pilar fundamental para el desarrollo humano, la equidad y la estabilidad de una sociedad. Estos sistemas buscan mitigar los riesgos y vulnerabilidades que enfrentan las personas, especialmente aquellas en situaciones de pobreza y exclusión social. La protección social es reconocida como un derecho humano esencial, sentando las bases para la paz social y un crecimiento económico inclusivo.
La Importancia Fundamental de la Protección Social
La importancia de la protección social radica en su capacidad para aportar una serie de factores positivos que promueven el desarrollo humano. Su objetivo es evitar que las carencias e inequidades en el ámbito socioeconómico tengan un impacto negativo en la salud de los grupos más vulnerables de la población.
Al prevenir y reducir la pobreza, la desigualdad, la exclusión y la inseguridad social, el acceso de toda la población a un nivel adecuado de protección social se consolida como un derecho humano fundamental. Una población con bienestar y seguridad humana constituye la base para la paz social y un crecimiento económico exitoso y equitativo. Los sistemas sólidos de protección social son esenciales para mitigar los efectos de las crisis y evitar que muchas personas caigan en la pobreza.

El Caso de Chile: Una Trayectoria en Protección Social
Chile cuenta con una larga historia en el desarrollo de políticas sociales, seguridad social y otros componentes de su sistema de protección social. Esto le ha permitido conjugar el crecimiento económico con el progreso en su desarrollo humano global, abarcando aspectos como la salud, el empleo, la educación, la vivienda, el trabajo y la pobreza.
El sistema de protección social en Chile incluye mecanismos y subsidios diseñados para prevenir y aliviar las condiciones de sufrimiento, vulnerabilidad y riesgo social y de salud. Estas condiciones son a menudo el resultado de diversas carencias, especialmente aquellas relacionadas con la falta de desarrollo socioeconómico y las oportunidades limitadas para acceder a los beneficios sociales.
Este sistema se basa en los aportes de la seguridad social y en una red de apoyo social dirigida a los grupos de menores ingresos, aquellos más vulnerables socialmente. Estos grupos, que a menudo no pueden acceder a los mecanismos tradicionales que la sociedad ofrece para el desarrollo humano y el bienestar (como subsidios financieros, educación, bienes y servicios básicos, salud y vivienda), se benefician directamente de estas políticas.
Evolución Histórica de las Políticas Sociales en Chile
El quehacer y la responsabilidad del Estado y de la sociedad organizada en Chile se han abocado al progreso en el bienestar, las condiciones de vida y la seguridad humana de la población. Existe una mutua influencia y relación entre el bienestar de la población y el desarrollo global, aunque el énfasis puesto en uno u otro componente ha variado a lo largo del tiempo.
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Desde 1940 hasta 1973: El Estado Benefactor
Durante este período, bajo un enfoque de Estado benefactor o del bienestar, se hizo hincapié en el desarrollo de políticas sociales. Estas incluían el fomento del empleo, subsidios y apoyo a la organización comunitaria. Los programas sociales eran centralizados y verticales, buscando una cobertura universal. El Estado asumió un rol creciente en el financiamiento, gestión y provisión de servicios sociales, lo que demandó un gasto histórico en aumento.
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Desde 1973 hasta 1990: Enfoque Neoliberal y Subsidiario
Con un enfoque neoliberal y de Estado subsidiario, este período enfatizó el crecimiento y la productividad económica, con políticas que los favorecían, mientras que la política social quedó subordinada a la económica. El rol del Estado se redujo, el gasto social disminuyó de forma importante y los servicios de los programas se desconcentraron a nivel local. Se buscó focalizar subsidios y programas en la población más desfavorecida y privatizar los servicios sociales para los niveles económicos no pobres, incluyendo la previsión social y la salud. La protección social experimentó un cambio de énfasis, consistente con el modelo político y económico imperante, que incluyó la privatización de parte de la seguridad social y un rol subsidiario del Estado (focalización para la asignación de subsidios y transferencias directas, según prioridades).
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Desde 1990 hasta 2010: El Estado Integrador
Bajo el enfoque de un Estado integrador, se buscó equilibrar, integrar y complementar las políticas sociales y económicas. El sistema de protección social se expandió y fortaleció, y el gasto social aumentó. Sin embargo, al mantenerse la esencia del modelo político y económico instaurado desde los años 70, la expansión de programas y beneficios nominales de las nuevas políticas encontró limitaciones de financiamiento y cobertura. Se mantuvo un sistema doble no suficientemente complementado entre los sectores público y privado (especialmente en previsión social y salud), y el Estado inició un progreso incipiente hacia el ejercicio de su rol rector, regulador e integrador para el bienestar y la seguridad social de la población.
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Desde 2010 en adelante: Un Enfoque Integral y de Derechos
Desde 1990, la protección social en Chile se fortaleció, enfocándose inicialmente en reducir la pobreza y otros factores de vulnerabilidad en la población de menores recursos. Luego, en la década de 2000, se extendió a un enfoque más integral, asumiendo la protección social como un derecho de la población, con énfasis en la eficiencia y focalización del gasto. Las políticas sociales redistributivas y los subsidios monetarios focalizados en la población más pobre y vulnerable constituyen una protección social efectiva.
Los subsidios corresponden al 43,7% del ingreso total en el decil inferior de ingreso autónomo, mientras que solo alcanzan el 0,1% en el decil superior de ingreso, lo que demuestra una focalización efectiva. Sin embargo, aunque la pobreza ha disminuido, especialmente desde 1990, ha crecido el sector de estrato socioeconómico medio de la población con necesidades básicas cubiertas, pero con otras condiciones de vida limitadas ante un alto costo de vida. Esto no representa necesariamente una movilidad social efectiva en cuanto a mejores ingresos y bienestar.
Cómo PINOCHET cambió la economía CHILENA - VisualEconomik
Desafíos Globales y el Rol Crucial de la Protección Social
La Agenda para el Desarrollo Sostenible global enfatiza la erradicación de la pobreza extrema, la garantía de seguridad alimentaria, la mejora de la salud y la educación, y la reducción de las desigualdades. Sin embargo, la pobreza extrema, definida como sobrevivir con menos de 2,15 dólares por persona al día (según la paridad del poder adquisitivo de 2017), ha experimentado descensos notables en las últimas décadas, pero su reducción se desaceleró incluso antes de la pandemia de COVID-19.
Para finales de 2022, las proyecciones indicaban que el 8,4% de la población mundial, o hasta 670 millones de personas, podrían seguir viviendo en la pobreza extrema. Una revelación alarmante es el resurgimiento de los niveles de hambre a los registrados por última vez en 2005. Igualmente preocupante es el aumento persistente de los precios de los alimentos en un mayor número de países en comparación con el período de 2015 a 2019.
Ante la crisis del costo de vida, entre febrero de 2022 y febrero de 2023, 105 países y territorios anunciaron casi 350 medidas de protección social. La participación activa de la ciudadanía en la formulación de políticas puede contribuir a mejorar la situación en la lucha contra la pobreza, y el sector privado tiene un papel crucial para asegurar un crecimiento inclusivo. La ciencia también ha hecho contribuciones significativas para erradicar la pobreza.
A pesar de la expansión de la protección social durante la crisis del COVID-19, más de 4000 millones de personas continúan totalmente desprotegidas. La necesidad identificada por los gobiernos de conocer alternativas de política para mitigar los efectos de los choques externos subraya la importancia de la protección social en la pobreza, la desigualdad y la vulnerabilidad. Aunque durante la pandemia se registró el mayor aumento de transferencias sociales de la historia, más de la mitad de la población mundial -4100 millones de personas- sigue desprotegida y muchos países carecen de sistemas para responder oportunamente a las crisis.
Pilares de la Protección Social Moderna
Equidad y Reducción de Desigualdades
El establecimiento de sistemas de protección social bien diseñados puede tener grandes impactos a largo plazo. Estos sistemas reducen las desigualdades y la exclusión, crean oportunidades y buscan poner fin al ciclo de pobreza intergeneracional, particularmente entre mujeres, jóvenes y personas con discapacidad. Instrumentos como el seguro social, la asistencia social y los programas de trabajo e inclusión económica ayudan a las personas, especialmente a las mujeres, a encontrar mejores empleos. También permiten mejorar la productividad, invertir en la salud y educación de los hijos, proporcionar seguridad alimentaria y proteger a la población de edad avanzada.
La naturaleza cambiante del trabajo en todos los niveles de ingreso exige un nuevo enfoque para las políticas de protección social y empleo que beneficien a todos. El documento "Protecting All: Risk-Sharing for a Diverse and Diversifying World of Work" propone un enfoque sobre la protección del trabajador y la seguridad social más adaptado a un mundo laboral cada vez más diverso y variable. Estas ideas se profundizan en la estrategia de 2022 "Charting a Course Towards Universal Social Protection: Resilience, Equity, and Opportunity for All".
Oportunidades y Desarrollo Humano
La proporción de la población mundial en edad de trabajar ha alcanzado un nivel máximo, y el envejecimiento es mayor en el mundo. En tan solo tres décadas, se estima que uno de cada cuatro residentes de Europa, América del Norte y Asia tendrá más de 65 años, mientras que más de un tercio de los jóvenes del mundo de entre 15 y 24 años vivirán en África. Las asociaciones mundiales para la formación de habilidades del Banco Mundial abordan las dimensiones humanas, económicas y sociales de esta transición demográfica.
Los programas de inclusión económica, que a menudo combinan transferencias monetarias con capacitación y grupos de ahorro, ayudan a las personas a desarrollar habilidades valiosas y a iniciar negocios. También les permiten ahorrar, invertir en sus emprendimientos y ser económicamente autosuficientes. Estos programas tienen un impacto particular en las mujeres, ampliando sus oportunidades de participación en la fuerza laboral y aumentando sus conocimientos y educación financiera.
La población mundial en edad de trabajar aumentará en aproximadamente 700 millones entre 2019 y 2035. Para lograr la transformación económica en los países más pobres es prioritario prepararse para los trabajos del mañana, al tiempo que se concretan inversiones cruciales en capital humano hoy. Las poblaciones que envejecen también se beneficiarán del apoyo a los ingresos, las oportunidades de empleo en etapas posteriores de la vida y el acceso a cuidados a largo plazo. El Banco Mundial considera la migración como una solución para abordar el desequilibrio demográfico y mejorar la vida de millones de migrantes, incluyendo los desplazados por la fuerza. Las asociaciones mundiales para la formación de habilidades son esquemas donde los países de destino apoyan la capacitación de posibles migrantes para obtener las calificaciones requeridas en sectores como mecánica, construcción, atención de la salud, energía renovable y otras industrias verdes.

Resiliencia ante Crisis
Muchos países han adoptado instrumentos de protección social, como programas de transferencias en efectivo, para apoyar el capital humano y empoderar a las personas. Además de proporcionar ingresos complementarios a las familias en dificultades, estas redes de protección social amplían el acceso a la información y los servicios, mejoran la productividad, protegen a los ancianos y apoyan a los jóvenes en la búsqueda de empleo. En conjunto, los sistemas de protección social sólidos ayudan a individuos y familias, especialmente a los pobres y vulnerables, a prepararse y enfrentar crisis y conmociones. Estos sistemas y herramientas tienen un impacto transformador, brindando a las personas la oportunidad de evitar o escapar de la pobreza.
Los programas de protección social bien estructurados son también eficaces en función de los costos y representan en promedio alrededor del 1,5% del producto interno bruto (PIB). El futuro de la protección social es adaptativo y digital. La protección social adaptativa invierte en la capacidad de los hogares para prepararse, hacer frente y adaptarse a las crisis sin caer en la pobreza. Estos sistemas, que suelen integrar medidas relacionadas con el riesgo de desastres, la respuesta a las crisis y el cambio climático, pueden aumentar la resiliencia de los hogares frente a conmociones climáticas, emergencias sanitarias, inseguridad alimentaria e inflación, adaptándose a las circunstancias.
La COVID-19 constituyó la mayor prueba de resistencia para la protección social adaptativa, ya que los países con sistemas en funcionamiento pudieron ampliar el apoyo rápidamente, tanto mediante la inclusión de nuevos beneficiarios como mediante el aumento de las prestaciones pagadas a los beneficiarios existentes. Los países con formas más consolidadas de brindar asistencia social -como registros sociales digitales y sistemas de pago- mostraron una mayor capacidad para responder a las crisis de manera eficiente, rápida e inclusiva.
Hacia la Protección Social Universal
El Banco Mundial tiene una visión sobre la protección social universal para garantizar que todas las personas cuenten con el apoyo que necesitan y que ningún individuo o grupo quede rezagado. Este es un pilar fundamental de una política social inclusiva. Para lograr la protección social universal se requieren sistemas adaptativos que sean capaces de aumentar las inscripciones, las matrículas y la participación en los programas. También es necesario reducir la brecha digital para no excluir a las personas pobres y vulnerables y a las que no tienen acceso regular a la tecnología.
Consciente de que el acceso a la protección social es fundamental para poner fin a la pobreza extrema e impulsar la prosperidad en un planeta habitable, el Banco Mundial se ha comprometido a lograr la protección social universal para todos cuando sea necesario. Hasta febrero de 2024, el Banco Mundial había proporcionado aproximadamente USD 29 000 millones en financiamiento a través de sus programas de protección social y empleo, en todas las regiones y los países de todos los niveles de ingreso. Este monto incluye USD 16 400 millones otorgados a través de la Asociación Internacional de Fomento (AIF), el fondo de la institución para los más pobres.