El Modelo de Presión y Liberación (PYL) de Blaikie y la Gestión del Riesgo de Desastres

Este es el tratado más contundente y globalizante que se ha escrito sobre las complejas relaciones que se tejen entre vulnerabilidad y desastre, representando un enorme salto cualitativo en la teorización de los desastres y su gestión. Es también un reto para mejorar las políticas imperantes de gestión de desastres en América Latina. Si pretendemos un siglo XXI más seguro y menos vulnerable, hay cambios en concepciones, paradigmas y enfoques que tienen que gestarse desde ahora.

Evolución del Concepto de Riesgo y Vulnerabilidad

Según la premisa de que los fenómenos naturales causan los desastres, y el humano sólo participa como receptor cautivo de ellos, su estudio se ha enfocado principalmente a la comprensión de los procesos geofísicos. El esfuerzo en esta dirección ha permitido la descripción, predicción y medición de las fuerzas intensas o extremas de la naturaleza, tales como lluvias, sismos, sequías, vientos y erupciones volcánicas. Disminuir o mitigar el riesgo, es decir, la probabilidad de que ocurra un desastre, se tradujo en la predicción y contención de la naturaleza.

De acuerdo con Hewitt (1983), esta visión del riesgo ha sido la "dominante". En ella, peligro y riesgo emergen de lo "extraordinario" y no como parte de lo cotidiano, el término vulnerabilidad se excluye o se maneja como sinónimo de exposición a estas amenazas, por ello resulta una percepción parcial. Hewitt (1983) propone una visión alternativa del riesgo, en la cual se asume que la naturaleza no crea los desastres, sino que son producidos por la sociedad. Desde esta perspectiva, el estudio del riesgo debe centrarse en el análisis de los procesos sociales que generan las condiciones para que un evento cualquiera, en este caso natural, culmine en un desastre, es decir, en la producción de vulnerabilidad.

El Modelo de Presión y Liberación (PYL) de Blaikie et al.

Desde el enfoque alternativo, Blaikie et al. (1994) aportan el modelo de presión y liberación (PYL) como una forma de entender el riesgo a partir de la relación compleja peligro-vulnerabilidad. Esta última expresada como capacidad de anticipar, sobrevivir, resistir y recuperarse del daño de una amenaza natural. Blaikie et al. (1996, 14) encuentran en las personas y grupos tonalidades variadas, por lo que un mismo peligro significa probabilidades de daño (riesgo) distintas en un lugar, a través del tiempo.

En el modelo de PYL de Blaikie et al. (1994), se asume que los desastres surgen de la intersección de dos fuerzas opuestas: la presión que ejercen tanto los peligros como las condiciones de inseguridad. Los primeros son procesos naturales y actúan recurrentemente en el territorio. Las segundas son manifestaciones de la vulnerabilidad en el proceso de evolución de los asentamientos humanos. Aunque el origen de estas fuerzas es distinto, ambas convergen en un tiempo y espacio específico, para que se desencadene el desastre.

Diagrama explicativo del Modelo de Presión y Liberación (PYL) de Blaikie et al., mostrando la interconexión de las causas de fondo, presiones dinámicas y condiciones inseguras que conducen al desastre.

Según el modelo PYL, la "progresión de la vulnerabilidad" se da a partir de tres fases que descansan en la esfera económica y política:

Causas de Fondo o Subyacentes

Las causas de fondo o subyacentes son un conjunto de procesos bien establecidos dentro de una sociedad y la economía mundial. Entre las más importantes que dan lugar a la vulnerabilidad, y la reproducen con el tiempo, son los procesos económicos, demográficos y políticos. Éstos alteran la asignación y reparto de recursos entre los grupos diferentes de personas, y reflejan la distribución del poder en la sociedad (Blaikie et al. 1994, 22-24).

Presiones Dinámicas

Las presiones dinámicas son procesos y actividades que 'traducen' los efectos de las causas subyacentes en formas particulares de inseguridad, esto en relación con los tipos de riesgos que enfrentan algunas personas. El crecimiento acelerado de la población y las ciudades son algunos ejemplos (Blaikie et al. 1994, 24).

Condiciones Inseguras

Las condiciones inseguras son las formas específicas en las que la vulnerabilidad de una población se expresa en tiempo y espacio, en relación con un riesgo; su localización en zonas peligrosas y la falta de preparación para una emergencia, son algunas de ellas (Blaikie et al. 1994, 25).

Entender el desastre como un proceso significa considerar que las causas de fondo, presiones dinámicas, condiciones inseguras y contingencias están sujetos a cambio. En muchos casos, los procesos involucrados en cada uno están cambiando más rápidamente que en el pasado (Blaikie et al. 1994, 26). Esto significa que las presiones pueden incrementarse con el paso del tiempo (progresión de la vulnerabilidad), aumentando con ello el riesgo de desastre, o puede ocurrir lo contrario, que se liberen (disminución de la vulnerabilidad) y con ello se reduzca el peligro de catástrofe.

Aplicación del Modelo PYL: El Caso de Mexicali y la Inundación de 1906

Conforme esta línea, este enfoque permite explorar la producción del riesgo en Mexicali desde una perspectiva histórica que abarca los primeros treinta años de la ciudad. Estas décadas corresponden al periodo en que se encontraba integrada a la economía del estado de California, Estados Unidos, y aislada del resto de México. Este análisis se enmarca dentro de un estudio más amplio realizado por Judith Ley García y Georgina Calderón Aragón, titulado "De la vulnerabilidad a la producción del riesgo en las tres primeras décadas de la ciudad de Mexicali, 1903-1933", que utiliza el modelo PYL.

Contexto Geográfico y Socioeconómico de Mexicali a Inicios del Siglo XX

A inicios del siglo XX, lo que hoy se conoce como el municipio de Mexicali era sólo desierto, una porción de una península que por varios siglos fue considerada una isla (Aguirre 1983, 26), y por mucho tiempo funcionó como tal. Al poniente tenía como barrera la sierra de Juárez, y al oriente el obstáculo físico y climático de la continuidad y extensión del desierto de Sonora. Esta situación propició que Mexicali no se colonizara durante varios siglos; posteriormente sirvió como un "paso obligado" de las comunicaciones entre Sonora, Alta California y el este y oeste de Estados Unidos, sin que hubiera intento alguno para poblarla (Aguirre 1983, 38).

Con el Tratado de Guadalupe Hidalgo, de 1848, se estableció el límite al norte de la península, dividiendo con ello la unidad geofísica del delta del río Colorado en dos porciones: la estadounidense integrada por los valles de Coachela, Yuma e Imperial y la mexicana, con el valle de Mexicali (Bernal 2002, 17).

Mapa de la división del delta del río Colorado tras el Tratado de Guadalupe Hidalgo, mostrando los valles Imperial y Mexicali.

La intensa migración estadounidense, propiciada por la fiebre del oro en California (1870), marcó el descubrimiento del potencial agrícola del valle Imperial. Existía la posibilidad de conducir las aguas del río Colorado a través del territorio mexicano, aprovechando las pendientes naturales del terreno. Este proyecto no sólo permitiría irrigar el valle Imperial sino que, a la par, brindaría amplias oportunidades de crecimiento para el valle de Mexicali, y así sucedió.

En el proyecto agrícola participaron tres empresas estadounidenses: La California Development, a través de su filial mexicana (Sociedad de Irrigación y Terrenos de la Baja California), se encargó de las obras de irrigación, y basó su negocio en la venta de agua para los cultivos. La Colorado River Land Company, como propietaria de la tierra agrícola, rentó las parcelas y la Southern Pacific Company, con la construcción del ferrocarril InterCalifornia, brindó la posibilidad del movimiento de insumos y productos entre Mexicali y el territorio estadounidense (Kerig 2001).

En 1904, la Colorado River Land Company había adquirido por diversos medios aproximadamente 340 mil hectáreas, es decir, casi el total del valle de Mexicali, y contrató a los mejores abogados de ambos países para poseer legalmente la propiedad y conformar uno de los latifundios más grandes del país (Kerig 2001, 79). Por su parte, la Sociedad de Irrigación -sin que mediara autorización del gobierno mexicano- inició las obras para conducir el agua del río Colorado hacia el territorio estadounidense, aprovechando el cauce del arroyo El Álamo, lo que permitió que en 1901 se irrigara por primera vez el valle Imperial. Años después, el gobierno mexicano autorizó la construcción de dichas obras (1904), con la condición de obtener 50 por ciento del agua derivada como compensación al permiso concedido (Walther 1985, 6). Esto benefició ampliamente a la Colorado River Land Company, pues si bien la autorización fue extemporánea, las condiciones establecidas en ella le garantizaban el acceso seguro al agua para que su negocio prosperara en el valle de Mexicali.

Las obras de irrigación sentaron las bases para que la zona se empezara a poblar, así como la conexión de ambos valles por medio del ferrocarril InterCalifornia, que propició el surgimiento de localidades en puntos diversos del de Mexicali. Como un primer intento de ordenamiento del espacio urbano, y con la idea de generar dos poblaciones simultáneas, como núcleo de las inversiones estadounidenses en ambos valles, el ingeniero Charles Robinson Rockwood realizó el trazo de Mexicali conectado al de Caléxico (Bernal 2002, 24).

La Inundación de 1906 y sus Implicaciones en la Vulnerabilidad

Los valles Imperial y de Mexicali se formaron a partir de los materiales arrastrados en el transcurso del tiempo por el río Colorado, demarcando dos planos inclinados: uno de norte a sur, por donde actualmente corre el río rumbo al Mar de Cortés, y otro de sur a norte con pendiente hacia el Mar del Salton (Aguirre 1983, 71). Esto significa que el río Colorado, antes de que existiera cualquier poblado en la zona, había cambiado su dirección en distintas ocasiones e inundado ambos valles.

En los primeros años, la localidad de Mexicali estaba constituida principalmente por viviendas de adobe y cachanilla, asentadas a un costado del río Nuevo (pequeño arroyo con recorrido hacia el norte, que desaguaba ocasionalmente en la laguna Los Volcanes, para conducir las aguas al Mar de Salton), mientras que el ferrocarril cruzaba en diagonal la población.

Ilustración de la disposición de Mexicali y el Río Nuevo antes de la inundación de 1906, mostrando la vulnerabilidad inicial del asentamiento.

De acuerdo con Walther (1985, 8): "Las estadísticas disponibles indicaban que en 30 años no se había registrado más de una creciente invernal debajo de la confluencia con el río Gila". Por lo que, en respuesta a la creciente demanda de agua de los agricultores del valle Imperial, y puesto que su venta era la razón de ser de la compañía de irrigación, ésta decidió abrir una toma adicional, al sur del límite internacional, con la intención de volverla a cerrar en el verano, antes de la crecida anual del río Colorado (Kerig 2001, 88), para lo que construyó una obra provisional sin la autorización del gobierno mexicano.

En el transcurso de 1905 hubo cinco avenidas torrenciales inesperadas. La última ocasionó que el río Colorado dejara de fluir al Mar de Cortés y corriera en dirección opuesta a su curso normal, siguiendo el cauce de El Álamo hacia la depresión de Salton (Walther 1985, 8) e inundando ambos valles. De no ser por las obras de protección, el río Colorado continuaría fluyendo en tal dirección. El río Nuevo se transformó en un barranco profundo, debido a la acción erosiva del agua en su flujo hacia la depresión Salton. Durante 18 meses, la población sólo vivió para defenderse de la destrucción provocada por el agua (Padilla 1998, 178). Mexicali y Caléxico, establecidas recientemente, casi desaparecieron (Aguirre 1983, 73).

Entre los destrozos hubo ranchos inundados y pérdida total de las cosechas en el valle Imperial, mientras que una gran parte del pueblo de Mexicali y la línea férrea fueron arrasados (Kerig 2001, 88), y "solo quedó en pie el modesto edificio de la aduana" (Aguirre 1983, 73). El desastre rebasó la disponibilidad económica y los recursos materiales de la California Development, por lo que sus funcionarios solicitaron ayuda a la Southern Pacific Company y, finalmente, el presidente estadounidense Teodoro Roosevelt (1901-1909) autorizó a la empresa ferrocarrilera realizar las obras necesarias para impedir a cualquier costo la irrupción del agua (Walther 1985, 8).

Los residentes del valle Imperial responsabilizaron a la Sociedad de Irrigación y Terrenos de la Baja California por abrir la bocatoma sin las medidas de control apropiadas y a las autoridades mexicanas por retrasar la autorización de las obras de irrigación. El Gobierno de México culpó a dicha compañía de negligencia; así se inició un conflicto binacional en torno al control del agua. Los habitantes del valle Imperial exigieron al Gobierno de Estados Unidos la creación de obras para evitar inundaciones posteriores (Kerig 2001, 90).

La Compañía Southern Pacific se dio a la tarea de cerrar la bocatoma, dinamitar el río Nuevo para drenar el agua estancada en Mexicali (Aguirre 1983, 79) y construir bordos para contener al río Colorado, hasta lograr, tiempo después, que la corriente regresara a su antiguo cauce. En 1909, el río Colorado se desbordó nuevamente, tomó el cauce del río Las Abejas y mostró que las obras de protección eran insuficientes (Aguirre 1983, 79). De cierta forma, a raíz de la inundación, el crecimiento de Mexicali retrocedió.

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