El Servicio Nacional de Menores (SENAME) de Chile ha sido, a lo largo de su historia, un punto de partida para miles de niños y adolescentes que enfrentan vulnerabilidad social y jurídica. Si bien el sistema ha sido objeto de profundos cuestionamientos y tragedias, también ha sido el escenario donde algunos jóvenes han demostrado una extraordinaria capacidad de superación, logrando reinsertarse exitosamente en la sociedad y convertirse en ejemplos de perseverancia. Sus historias, junto con los dolorosos testimonios de quienes no lo lograron, resaltan la urgente necesidad de una transformación profunda del sistema de protección de menores.
Historias de Superación y Lucha
Christian: Un Ejemplo de Esfuerzo y Reinserción
Con convicción y mucho esfuerzo, Christian, un joven egresado del Servicio Nacional de Menores, se encuentra trabajando de apoyo administrativo en una constructora y terminando su enseñanza media. Su camino no ha sido fácil: “Cuando tenía 6 años me fui a vivir con mis abuelos, ya que mis papás cayeron presos; a los 12 dejé el colegio, comencé a robar para ayudar a mi familia, a los 17 me pillaron y me enviaron a un centro del Sename.” Soledad Burgos, directora ejecutiva de la Fundación Proyecto B, destaca que “con el testimonio de Christian queremos mostrarle a la sociedad que los cambios son posibles, y que gracias al gran trabajo colaborativo con Sename hemos sido capaces de que la reinserción juvenil tenga un lugar en las discusiones.”

Marcela, R., D. López y Henry: Trazando Caminos en la Educación Superior
La educación superior representa un horizonte de esperanza para muchos jóvenes que egresan del sistema. Marcela, de 18 años, enfrentó la Prueba de Transición Universitaria (PDT) con dudas sobre sus capacidades, pero la convicción de que era una oportunidad para soñar. A pesar de perder sus guías en un incendio que afectó su residencia, Marcela recibió el apoyo de su liceo y la residencia Rimanakuy, que propende al desarrollo de las habilidades y potencialidades de las adolescentes. Aunque inicialmente eligió Gastronomía, se le orientó hacia el diseño de vestuario, donde ha descubierto sus habilidades manuales, de percepción, colores y texturas, contando con apoyo incondicional durante todo su proceso educativo.
En otro centro de justicia juvenil, dos adolescentes, R. y D. López (18), cursarán estudios superiores. D. López estudiará Técnico en Mecánica Automotriz y Autotrónica, gracias a la beca Nuevo Milenio. La directora del Sename Coquimbo y la seremi de Justicia valoran el esfuerzo de los jóvenes y el compromiso de los funcionarios, esperando que estos ejemplos se multipliquen.
Henry, quien cumplió sanción en el centro de justicia juvenil de Valdivia, ha logrado uno de sus grandes sueños: acceder a la educación superior. Recibió el certificado que acredita su calidad de técnico en construcción y actualmente estudia en el Instituto Profesional de la Universidad de Los Lagos, mientras sigue vinculado al proyecto 3D “La libertad de emprender sueños en 3D”. Su vida cambió al entender el alcance de los sueños, comenzando por reconectarse con su hija y demostrando su preparación para grandes desafíos. La directora regional del Sename Los Ríos, Valeria Salazar, subraya la confluencia de la voluntad individual y el compromiso colectivo en el proceso de Henry.

Misael Ortiz y Felipe Benavides: De la Vulnerabilidad a la Influencia Positiva
La trayectoria de Misael Ortiz, un mecánico de Pichilemu que roza los treinta, está marcada por la violencia desde la infancia. Ingresó a una residencia temporal a los tres años debido a la constante violencia intrafamiliar y, a los trece, ya había delinquido y consumido alcohol y drogas. Su experiencia en los centros del SENAME (hoy Servicio Mejor Niñez) fue “muy… mala,” con peleas, robos y drogas.
Similar es el caso de Felipe Benavides, un joven entusiasta de 20 años que actualmente estudia Trabajo Social en la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM) y realiza talleres motivacionales para adolescentes, mostrándoles la realidad de la vida delictual. Felipe empezó a robar a los 11 y a los 14 fue detenido por robo con intimidación, siendo derivado al Centro de Internación Provisoria (CIP) de San Joaquín. Las experiencias de Misael y Felipe, aunque con una década de diferencia, revelan patrones similares de abandono parental e inicio delictual en la niñez, destacando la importancia del apoyo externo para su reinserción.
El Rol de Testimonios y Denuncias en la Transformación del Sistema
"Huellas Imborrables": La Voz de un Sistema
El deceso de Lissette Villa en un centro del Sename, ocurrido el 11 de abril, hace dos años, desencadenó una profunda transformación del sistema de protección de menores en el país. Este episodio impulsó a la periodista Rosario Moreno y a cinco alumnos de periodismo de la U. del Desarrollo a publicar Huellas Imborrables. Este texto inédito en Chile recoge el testimonio en primera persona de 85 niños, jueces, gendarmes, directores y funcionarios de diferentes centros del Sename, con la idea de incluir a todas las partes para que el lector “sacara conclusiones en 360 grados.”
Rosario Moreno resalta historias como la de María, una adolescente de 16 años, quien, tras reiteradas violaciones de su padre, terminó en el Sename. María le transmitió una gran sabiduría: “si el Estado quiere mejorar el Sename, tiene que tomar en cuenta lo que ellos viven y no hacerlo en base a académicos que no están en el día a día.” Lamentablemente, María, como muchos otros, carecía de documentos y quería trabajar, pero se sentía como un "NN".

Mónica Jeldres: La Jueza que Destapó la Realidad
Otra historia destacada es la de la Jueza de Familia, Mónica Jeldres. En 2010, recorrió Chile para ver la realidad en los centros del Sename y realizó un informe muy completo que, “curiosamente, la Corte Suprema lo guardó en un cajón.” La jueza constató que “muchas veces se dictaba sentencia y no se cumplía,” evidenciando que “la justicia no estaba funcionando.” Moreno también relata testimonios de gendarmes, quienes a menudo son sindicados como carceleros, revelando la deplorable calidad de vida de algunos y situaciones impactantes, como un gendarme que presenció una relación inapropiada entre una madre y su hijo en un centro de jóvenes infractores.
La Cruda Realidad del SENAME: Casos Emblema de una Crisis Profunda
Lissette Villa: El Deber Incumplido del Estado
La muerte de Lissette Villa, de 11 años, es un caso paradigmático de las fallas del Sename. Pasó más de la mitad de su vida entrando y saliendo de centros dependientes del servicio, separada de sus padres por maltrato físico y psicológico, abuso sexual y abandono. A pesar de esto, Lissette escribía cartas a su madre pidiéndole volver a casa, expresando su profunda pena. En el centro, era conocida por sus episodios de rabia y fuerza, que ni cinco cuidadoras podían contener.
El 11 de abril, pasadas las 20 horas, Lissette sufrió una crisis. Según el testimonio de una cuidadora, se golpeó la cabeza y comenzó a sangrar, desvaneciéndose. La cuidadora, sin conocimientos en primeros auxilios ni estudios superiores, no le dio la importancia debida inicialmente. Cuando intentaron reanimarla y buscar ayuda, ya era tarde. No se aplicó ningún protocolo acorde con los parámetros internacionales. La entonces directora del Sename, Mariela Labraña, atribuyó el deceso a una “crisis emocional,” lo que le costó el puesto.

Sobremedicación: Un Problema Generalizado
El psiquiatra Rodrigo Paz, parte de la querella por la muerte de Lissette, sostiene que “Lissette estaba sobremedicada.” Se le administraba un fármaco (benzodiazepina) en una dosis que actuaba como antipsicótico, y estuvo expuesta a antidepresivos por años, a pesar de que no está demostrado su efecto en niños, e incluso algunos, como la sertralina, pueden volverlos “más agresivos, impulsivos e irritables.” Francisco Estrada, abogado experto en infancia y exdirector del Sename, asegura que la “poca prolijidad” con la que se manipulan estos medicamentos en los centros es “generalizada,” generando problemas graves de dosificación y control. El senador Alejandro Navarro afirmó que “el 63% de los niños están con tratamiento farmacológico y más de 3.000 niños están sin la debida atención médica de personal especializado.”

Guillermina: Otro Trágico "Egreso"
En agosto de 2012, Guillermina, de 16 años, ingresó al Centro de Protección Alborada del Sename “a medio vestir” y con dinero, traída por la policía. Según la querella por cuasi delito de homicidio presentada por su familia, Guillermina se resistió violentamente al reingreso. Menos de media hora después de ser acostada, fue encontrada colgada con sus propios cordones. No era la primera vez que intentaba suicidarse. Contrario a todo protocolo internacional, no fue llevada a un hospital para estabilizarla o hacerle un chequeo completo. La querella no prosperó y su muerte se registró como un “egreso” más del sistema. María Estela Ortiz, secretaria ejecutiva del Consejo Nacional de la Infancia, declaró que el caso de Guillermina no es una excepción en un sistema que está “en estado terminal.”

Daniel Ballesteros y Roberto Flores: Violencia y Muerte en los Centros
En noviembre de 2013, Daniel Ballesteros, de 17 años, fue apuñalado en su dormitorio por otros internos en un centro del Sename. Había alertado en varias ocasiones a su familia, psicóloga y al personal sobre las amenazas recibidas. Su madre, Eliana Pérez, relató la existencia de relaciones de poder, agresiones constantes, drogas y celulares en un lugar que se asemejaba a una cárcel común. Daniel estaba internado por robo, pero compartía espacio con jóvenes acusados de homicidios y asaltos con violación. Este caso, la primera muerte de un joven en el centro “modelo” del Sename, generó cuestionamientos sobre la concesión y dirección del servicio.
Juan Carlos Cornejo, Educador de Trato Directo del Centro de Internación Provisoria Tiempo Joven, recuerda el caso de Roberto Flores, un joven internado por robos con violencia. Roberto salió en libertad y, a los tres o cuatro días, fue asesinado a balazos en un funeral. Cornejo afirma que Roberto “estaba más protegido dentro del centro que en su propia casa,” destacando la paradoja de un sistema que, a pesar de sus fallas, a veces ofrece más seguridad que el exterior. Es creciente el número de menores (75 entre 2018 y 2023) y mayores de edad (119 en el sistema) que han muerto violentamente bajo la tutela del Estado.

Análisis de las Fallas Estructurales y sus Consecuencias
El Caos Estadístico y la Invisibilidad de los Niños
Existe una alarmante falta de claridad sobre el número de menores fallecidos bajo la tutela del Estado. Según un informe del Ministerio de Justicia, 185 menores murieron entre 2005 y mayo de 2016, pero un reporte de Unicef reveló que solo en 2010 la cifra era cinco veces mayor. Esta inconsistencia, según Estela Ortiz, se debe a la complejidad del servicio y la división en áreas de “protección” e “infractores de ley.” Francisco Estrada, exdirector del Sename, afirma: “No tengo ninguna confianza en las cifras. Es posible que esté replicada la información.” El diputado René Saffirio, miembro de la comisión investigadora del Sename, critica que “el Estado de Chile no cumple con sus compromisos internacionales en materia de infancia, ni siquiera sabe cuántos niños hay en sus establecimientos y mucho menos cuántos de ellos han fallecido y cuáles son sus causales.”
Más allá de los números exactos, las investigaciones han puesto en evidencia un sistema donde los niños vulnerables son cuidados por personal sin capacitación, sin siquiera conocimientos en primeros auxilios, y donde se han recibido quejas por maltratos, sobremedicación y negligencia. Estela Ortiz enfatiza que este no es solo un problema del servicio, sino “del conjunto de la sociedad, porque durante 25 años el gobierno, el Legislativo, el Poder Judicial, la sociedad en su conjunto no se ha hecho cargo de los niños.”

Vulneración de Derechos y Abandono Educativo: El Caso de Andrés
La historia de Andrés, un joven de 19 años que creció en hogares del Sename desde que era un “guagua” y que hoy duerme en un albergue municipal en Ancud, es un crudo testimonio de la vulneración de derechos. Andrés nunca pasó del primer básico, repitió segundo y “nunca más” estudió. Le cuesta leer, escribir y manejar el dinero. La psicóloga Claudine Litvak, jefa del área de desarrollo de la dirección social del Hogar de Cristo, señala que “este joven ha tenido una vida entera de derechos denegados. El derecho al cuidado, a la estimulación continua, a tener un referente significativo, a la educación… Su vida ha sido una larga y permanente vulneración de derechos básicos.”
Litvak explica la importancia de las “ventanas de oportunidad” en el desarrollo infantil, especialmente los primeros mil días de vida y la etapa entre los 8 y 12 años, cruciales para el apego, la estimulación y la educación. Al haber sido institucionalizado a los dos años, el desarrollo de Andrés se vio mermado, resultando en una posible discapacidad cognitiva. Él siente que “no sirvo ni para arreglar ni una silla, nada,” perdiendo la fe en sí mismo y en Dios debido a “puras desgracias.” Su relato de desaliento es desgarrador: “Mi familia fue una tremenda decepción, sobre todo mi mamá… Por culpa de mi familia estoy en esta situación. Si hubiera tenido otra familia, estaría en otro lugar, en otro estado.” A sus 19 años, sin estudios y con dificultades de aprendizaje, se siente incomprendido y sin apoyo real. Al cumplir 18 años, fue “despedido” del sistema sin herramientas para la vida independiente. El anuario estadístico del SENAME de 2020 muestra que el 43.6% de los usuarios permanecieron entre 1 y 2 años, y el 26.8% más de dos años, pero Andrés estuvo casi 6 mil días en el sistema, lo que hace su situación aún más crítica.
Reportajes 24: Sename, el infierno infantil | 24 Horas TVN Chile
Violencia y Abuso Sexual en Centros de Protección
Las Aldeas Infantiles S.O.S. tuvieron que recurrir a la justicia en marzo de 2010 por abusos sexuales a cuatro niñas bajo su cuidado, perpetrados por jóvenes que también habían sido víctimas. En el hogar Cardenal Carlos Oviedo, la directora Leontina González relata un caso “muy complejo” de un niño que fue abusado por su padre y que, al ser aceptado en un hospital, intentó violar a otro interno. “Él requiere una atención especializada,” dice, pero no la ha tenido por largo tiempo, lo que lleva a la formación de “personalidades despiadadas.” El centro también enfrenta el problema de un chico con retardo mental severo y fijación sexual con la mascota. Estas situaciones revelan la falta de control, preparación del personal y de infraestructura adecuada para atender casos de daño extremo.

La Brecha Financiera y la Caridad
Un problema central es la brecha financiera. Para brindar una atención de calidad a un niño abandonado, el Estado paga alrededor del 60% de lo necesario. Si el Sename paga 150 mil pesos mensuales, lo adecuado sería 250 mil. Esta brecha es cubierta por la caridad, con instituciones realizando colectas y buscando fondos privados. Esto crea una disparidad: “Las instituciones que logran mayores recursos pasando el sombrero, ofrecen mejores profesionales, mejores hogares a los niños. Las instituciones que tienen redes pequeñas, ofrecen a los niños lo que pueden con la administración de los dineros públicos.” La situación se agrava con la precariedad de las infraestructuras, el hacinamiento y la falta de especialistas. Un informe de la Comisión Despeje reveló que en el hogar Juan XXIII de Buín, administrado por Coanil, jóvenes con discapacidad mental grave “permanecen habitando en condiciones de emergencia en un gimnasio que fue habilitado” con baños en pésimas condiciones. A pesar del terremoto que empeoró la situación de muchos hogares, los recursos no permiten contratar personal especializado para manejar la violencia y los impulsos de los niños, que “han sufrido mucho.”

Hacia una Reforma Integral: Desafíos y Propuestas
La Ley de Responsabilidad Penal Adolescente (Ley 20.084) y sus Límites
La Ley 20.084, promulgada en 2005 y en vigencia desde 2007, prometió reinsertar a adolescentes y jóvenes infractores en la sociedad. Sin embargo, ha demostrado ser insuficiente. El 61% de quienes ingresaron al Sistema de Justicia Juvenil egresaron antes de completar algún programa de protección, y un alarmante 47% de los adultos en la cárcel pasaron previamente por el Sename. La falta de acceso a salud mental dentro de los Centros de Internación Provisoria y Régimen Cerrado (CIP-CRC) ha agravado la situación. La Defensoría de la Niñez observó una disminución de términos con salida judicial efectiva y un aumento de archivos provisionales, lo que “podría indicar una agudización de nudos críticos en el proceso de investigación penal y no en los años de las penas.”
Necesidad de Especialización y Acompañamiento Real
Sonia Brito, trabajadora social, académica e investigadora, afirma que los niños y adolescentes han sido gravemente vulnerados en sus derechos, experimentando “violencia en cualquiera de sus manifestaciones.” Los jóvenes desarrollan una “desesperanza aprendida,” sin confiar en adultos ni en instituciones. Misael, por ejemplo, percibe que el apoyo de asistentes sociales y psicólogos era “más por trabajo, sí, más que nada, pero no encuentro que era un apoyo real, no como significativo.” Felipe comparte esta opinión, confesando no haber aprendido nada útil para su vida adulta en los talleres de los Centros de Internación.
Profesionales como Juan Carlos Cornejo y Gines Alvarado, con décadas de experiencia, destacan la “multicausalidad de factores” en las conductas delictivas, señalando que muchos jóvenes provienen de sectores populares, familias disfuncionales, con consumo de drogas y escasas reglas, y llevan una vida delictual desde muy temprana edad. Francisco Jara, educador diferencial con 30 años en el Centro Tiempo Joven, añade que muchos “no tienen hábitos e integran familias muy disfuncionales.”
Para Comelin Fornés, el trabajo con jóvenes que han infringido la ley penal “debe ser abordado con profesionales de alta especialización y con equipos consolidados que eviten la rotación laboral de sus componentes.” Sonia Brito también subraya que la reinserción social de jóvenes infractores es una “problematización permanente debido a la baja incidencia,” a pesar de avances en leyes y normativas. La nueva Ley debe cambiar el foco para reconocer a adolescentes y jóvenes “no solo como sujetos de derechos, sino como actores sociales,” requiriendo que la sociedad en su conjunto contribuya al proceso de reinserción.
El Modelo de Justicia Restaurativa y el Rol de la Sociedad
El modelo de justicia restaurativa es propuesto como el sistema ideal para lograr una reinserción efectiva, garantizando una verdadera reparación tanto para el infractor como para su entorno. Tomás Cortés y Nicolás Grau en CIPER afirman que “creemos que encerrando a los jóvenes que cometen delitos les damos una lección que puede corregir su rumbo,” pero la historia de Misael muestra que el sistema punitivo no genera las condiciones para la reinserción. Él relata cómo se escapó en varias ocasiones de los centros del SENAME debido a la inseguridad y los peligros internos, hasta que decidió que “ya no quería más esto para mi vida.”
Alejandra Michelsen, periodista y directora de la Fundación ITACA, que ha trabajado más de 15 años en reinserción, recalca que “el 47% de las personas adultas en la cárcel, estuvieron en hogares del SENAME.” Para lograr un mayor porcentaje de reinserción, es necesario que “toda la sociedad colabore y dejar atrás la idea de que el encierro como método de castigo es efectivo.” Michelsen sostiene que “hay que convencer a la gente de que eso es lo relevante.” Misael y Felipe, por ejemplo, comenzaron a transitar hacia la reinserción solo cuando organismos privados como la Fundación Itaca jugaron un rol de acompañamiento, ayudándolos en un proceso de “liberación de culpas y reconexión consigo mismo.”

Pilares para una Solución Definitiva
Según el análisis de Francisco Estrada, una solución definitiva para el problema de la infancia vulnerable se asienta en tres pilares:
- Apoyo y seguimiento psiquiátrico adecuado: Necesidad de unidades polivalentes, con niños adecuadamente medicados y personal dedicado que trabaje también con las familias.
- Reintegración familiar: El objetivo final debe ser que los niños vuelvan con sus familias de origen, rompiendo el círculo de pobreza y maltrato mediante la entrega de herramientas y acompañamiento.
- Defensa jurídica adecuada: Asegurar que los niños cuenten con defensores que velen porque todos los actores del proceso hagan su trabajo, a diferencia de lo que ocurre con los menores vulnerados en tribunales de familia, donde muchas veces el abogado ve al niño como “más un trámite burocrático que un sujeto de derecho.”
María Estela Ortiz también cuestiona la estigmatización de la pobreza, preguntándose “¿Por qué no hay ningún niño en la institución Sename del 50% del nivel económico más alto del país, a pesar de que el abuso sexual y la violencia es algo transversal?” A mediano plazo, el Consejo para la Infancia pretende cerrar el Sename y realizar una transición a un nuevo servicio, con la esperanza de “dejar instalado” un sistema que asegure una mejor vida cotidiana para los niños antes de 2019. Sin embargo, la realidad es que los niños no pueden esperar. Los desafíos son enormes, desde el catastro de atenciones de salud mental hasta la coordinación con el sistema de Salud Pública, pero el esfuerzo conjunto de jueces de familia y el Sename a través de la “Comisión Despeje” ha permitido detectar áreas débiles y racionalizar recursos, aunque también reveló problemas graves como la ausencia continua de niños en hogares sin que se informara a los jueces, o la adulteración de cifras de niños atendidos.