El concepto de envejecimiento activo trasciende la mera ausencia de enfermedad, abarcando un enfoque integral que busca optimizar la calidad de vida en la vejez. Este proceso, crucial para el bienestar de las personas mayores de 65 años, implica mantener una buena salud física, mental y social a lo largo de toda la vida.
I. El Envejecimiento Activo: Más Allá de la Salud
El término envejecimiento activo fue adoptado por la OMS a fines de los años 90 con el propósito de transmitir un mensaje más amplio que el de envejecimiento saludable. Se refiere al proceso por el cual se optimizan las oportunidades de bienestar físico, social y mental durante toda la vida, con el objetivo de ampliar la esperanza de vida saludable, la productividad y la calidad de vida en la vejez.
Envejecimiento activo se puede definir como un estado de salud o ausencia de enfermedad; habilidad funcional o ausencia de discapacidad, y de óptimo funcionamiento cognitivo y físico, con un alto compromiso con la vida. Se refiere a la condición que acompaña con cierta frecuencia al proceso de envejecimiento, previo a la aparición de las condiciones incapacitantes e incluso a la necesidad de cuidados por otras personas.
II. Panorama Demográfico del Envejecimiento Global
En todo el mundo, las personas viven más tiempo que antes. Hoy la mayor parte de la población tiene una esperanza de vida igual o superior a los 60 años. Todos los países del mundo están experimentando un incremento tanto de la cantidad como de la proporción de personas mayores en la población.

Según las Perspectivas de la población mundial de 2019, para 2050, una de cada seis personas en el mundo tendrá más de 65 años, frente a una de cada 11 en 2019. La población mundial envejece, pero el crecimiento podría alcanzar su punto álgido a finales de siglo. La probabilidad de que ese pico ocurra antes de que termine el siglo es bastante alta: se estima en un 80 %, frente al 30 % en 2013. Para finales de la década de 2070, se prevé que la población mundial de 65 años o más alcance los 2.200 millones, y supere en número a los menores de 18 años.
A mediados de la década de 2030, habrá 265 millones de personas mayores de 80 años, más que niños. Incluso las naciones de rápido crecimiento experimentarán un aumento de la población anciana en los próximos 30 años. En 50 países, se estima que la inmigración ayudará a atenuar el actual declive demográfico provocado por la baja fecundidad y el envejecimiento de su población. En países como Italia, Alemania y la Federación de Rusia, donde la población ya se ha disparado, el pico se habría alcanzado antes sin la inmigración. Aunque en general la emigración tiene poca incidencia, en 14 países con fertilidad ultrabaja contribuirá significativamente a la pérdida de población.
Impacto de Eventos Recientes en la Demografía
La pandemia de COVID-19 repercutió en todos los aspectos del cambio demográfico, como la fecundidad, la mortalidad y la migración. En 2021, la esperanza de vida al nacer a nivel mundial se redujo a 71 años frente a los 72,8 de 2019, debido principalmente a los efectos de la pandemia. Sin embargo, en 2024, la esperanza de vida al nacer alcanzó los 73,3 años.
En 2023, por primera vez, murieron menos de 5 millones de niños menores de 5 años. En 63 países y territorios -que representaban el 28 % de la población mundial en 2024- el volumen de población alcanzó su punto máximo antes de ese año. En 2024, nacieron 4,7 millones de bebés de madres menores de 18 años, lo que representa aproximadamente el 3,5 % del total mundial.
III. Comprendiendo el Proceso de Envejecimiento
Desde un punto de vista biológico, el envejecimiento es el resultado de la acumulación de una gran variedad de daños moleculares y celulares a lo largo del tiempo, lo que lleva a un descenso gradual de las capacidades físicas y mentales, a un mayor riesgo de enfermedad y, en última instancia, a la muerte. Estos cambios no son lineales ni uniformes, y su vinculación con la edad de una persona en años es más bien relativa. La diversidad que se aprecia en la vejez no es una cuestión de azar.
Más allá de los cambios biológicos, el envejecimiento suele estar asociado a otras transiciones vitales, como la jubilación, el traslado a viviendas más apropiadas y el fallecimiento de amigos y parejas.
IV. Afecciones Comunes y Síndromes Geriátricos
Entre las afecciones más comunes de la vejez cabe citar la pérdida de audición, las cataratas y los errores de refracción, los dolores de espalda y cuello, la osteoartritis, las neumopatías obstructivas crónicas, la diabetes, la depresión y la demencia. A medida que se envejece aumenta la probabilidad de experimentar varias afecciones al mismo tiempo.
La vejez se caracteriza también por la aparición de varios estados de salud complejos que se conocen habitualmente por el nombre de síndromes geriátricos. Por lo general son consecuencia de múltiples factores subyacentes que incluyen, entre otros, la fragilidad, la incontinencia urinaria, las caídas, los estados delirantes y las úlceras por presión.
V. Factores Clave para un Envejecimiento Saludable
La ampliación de la esperanza de vida ofrece oportunidades, no solo para las personas mayores y sus familias, sino también para las sociedades en su conjunto. En esos años de vida adicionales se pueden emprender nuevas actividades, como continuar los estudios, iniciar una nueva profesión o retomar antiguas aficiones. Por otro lado, las personas mayores contribuyen de muchos modos a sus familias y comunidades. No obstante, el alcance de esas oportunidades y contribuciones depende en gran medida de un factor: la salud.
La evidencia indica que la proporción de la vida que se disfruta en buena salud se ha mantenido prácticamente constante, lo que implica que los años adicionales están marcados por la mala salud. Cuando las personas pueden vivir esos años adicionales de vida con buena salud y en un entorno propicio, su capacidad para hacer lo que más valoran apenas se distingue de la que tiene una persona más joven. En cambio, si estos años adicionales están dominados por el declive de la capacidad física y mental, las implicaciones para las personas mayores y para la sociedad se vuelven más negativas.
Influencia del Entorno y Hábitos de Vida
Aunque algunas de las variaciones en la salud de las personas mayores se deben a la genética, los factores que más influyen tienen que ver con el entorno físico y social, en particular la vivienda, el vecindario y la comunidad, así como características personales como el sexo, la etnia o el nivel socioeconómico. El entorno en el que se vive durante la niñez -o incluso en la fase embrionaria-, en combinación con las características personales, tiene efectos a largo plazo sobre el envejecimiento.
Los entornos físicos y sociales pueden afectar a la salud de forma directa o a través de la creación de barreras o incentivos que inciden en las oportunidades, las decisiones y los hábitos relacionados con la salud. Mantener hábitos saludables a lo largo de la vida, en particular seguir una dieta equilibrada, realizar actividad física con regularidad y abstenerse de consumir tabaco, contribuye a reducir el riesgo de enfermedades no transmisibles, mejorar la capacidad física y mental y retrasar la dependencia de los cuidados.
Los entornos propicios, tanto físicos como sociales, también facilitan que las personas puedan llevar a cabo las actividades que son importantes para ellas, a pesar de la pérdida de facultades. La disponibilidad de edificios y transportes públicos seguros y accesibles, así como de lugares por los que sea fácil caminar, son ejemplos de entornos propicios. En la formulación de una respuesta de salud pública al envejecimiento, es importante tener en cuenta no solo los elementos individuales y ambientales que amortiguan las pérdidas asociadas con la vejez, sino también los que pueden reforzar la recuperación, la adaptación y el crecimiento psicosocial.
VI. La Actividad Física y la Nutrición: Pilares del Bienestar
A. Importancia de la Actividad Física
Entendemos por actividad física a cualquier movimiento corporal que produzca un gasto energético mayor al existente en reposo. Si bien, la actividad física es una herramienta efectiva para mantener el cuerpo sano a través de los años, el ejercicio físico tiene una mayor influencia en la mejora del funcionamiento del organismo y su relación con la salud, debido a que las características biológicas y la condición física son propias de cada persona.
Importancia del ejercicio y la actividad física en personas mayores | Tu Salud Guía
La falta de actividad física acentúa la pérdida muscular propia del envejecimiento, pudiendo llegar a constituir un cuadro de sarcopenia, marcador central de fragilidad. Se ha demostrado que mantenerse medio día en cama aumenta en un 20% el riesgo de dependencia anual en mayores de 70 años. En Chile, uno de cada dos adultos mayores no realiza ejercicio físico.

B. Nutrición Adecuada
Una nutrición adecuada es fundamental. La obesidad aumenta tres veces el riesgo de fragilidad física, ya que reduce la tolerancia al ejercicio, lo que se traduce en sarcopenia (pérdida de masa muscular). Para una adecuada alimentación es importante cuidar la salud dental y comer acompañado, lento y sin la televisión encendida.

Se debe preferir la dieta mediterránea, que incluya frutas, verduras y pescado, legumbres y aceites vegetales. Es importante realizar tres comidas al día.
VII. La Fragilidad Física en el Adulto Mayor
A. Cambios que Predisponen a la Fragilidad
Los cambios fisiológicos asociados al envejecimiento pueden predisponer a la fragilidad física. Se ha descrito una disminución de la fuerza muscular de un 40% entre los 30 y los 80 años. La evaluación de la función de los miembros inferiores a través de pruebas de equilibrio, velocidad de la marcha y habilidad de sentarse y levantarse de una silla demuestran el nivel de fuerza muscular de los individuos. Asimismo, se presentan alteraciones del funcionamiento articular, donde el cartílago articular se hace menos elástico y menos capaz de soportar sobrecargas sin presentar fisuras.
B. Medidas Preventivas
Para prevenir la fragilidad y promover un envejecimiento saludable, se recomiendan las siguientes medidas:
- Comer poco, pero bien, preferir dieta mediterránea.
- Beber moderadamente.
- Evitar el tabaco y otros tóxicos.
- Mantener la actividad física moderada.
- Cuidar la salud y prevenir enfermedades.
- Evitar la soledad.
C. Medidas de Tratamiento para la Fragilidad
Existen numerosas causas de fragilidad física. La evidencia científica avala cuatro posibles tratamientos eficaces:
- Ejercicio (resistencia y aeróbico): incrementa el rendimiento funcional, velocidad de marcha, balance, reduce depresión y riesgo de caídas.
- Suplemento calórico y proteico: la baja de peso es uno de los componentes mayores de la fragilidad; los suplementos alimenticios son efectivos para recuperar el peso, incrementar la masa y mejorar la fuerza muscular. Por lo tanto, son sinérgicos con los ejercicios de resistencia.
- Vitamina D: en adultos mayores con déficit de esta vitamina, su suplementación reduce caídas, fracturas de cadera y mortalidad, además, mejora la función muscular.
- Reducción de la polifarmacia: es reconocida como uno de los principales contribuyentes a la fragilidad en adultos mayores; la reducción de fármacos inapropiados reduce los efectos secundarios.
Existen programas específicos que buscan mejorar la condición nutricional y la capacidad funcional que presenta el adulto mayor. Un programa de este tipo cuenta con modalidades individual y grupal y se imparte preferentemente de manera presencial.
VIII. La Importancia de la Participación Social
Las actividades sociales son una contribución importante a la salud física y mental de las personas. Participar, asociarse y estar con otros ayuda a mantener la mente activa, fortalecer los lazos comunitarios y combatir el aislamiento social, un factor de riesgo conocido para el deterioro de la salud en la vejez.
IX. Desafíos y Respuestas en Políticas Públicas
A. Dificultades en la Respuesta al Envejecimiento de la Población
No hay tal cosa como la persona mayor «típica». Algunos octogenarios tienen unas facultades físicas y psíquicas similares a las de muchos treintañeros. Otras personas, en cambio, sufren un deterioro considerable a edades mucho más tempranas. Una respuesta integral de salud pública debe atender las enormes diferencias que existen en las experiencias y necesidades de las personas mayores.
La diversidad que se aprecia en la vejez no es una cuestión de azar. En gran medida se debe a los entornos físicos y sociales en que se encuentran las personas, puesto que ese entorno influye en sus oportunidades y sus hábitos relacionados con la salud. La relación que mantenemos con nuestro entorno viene determinada por características personales como la familia en la que nacimos, nuestro sexo y etnia, y eso da lugar a desigualdades en nuestra relación con la salud.
A menudo se da por supuesto que las personas mayores son frágiles o dependientes y que constituyen una carga para la sociedad. Los profesionales de la salud pública, así como la sociedad en general, deben hacer frente a estas y otras actitudes edadistas, ya que pueden dar lugar a situaciones de discriminación y afectar a la formulación de políticas y la creación de oportunidades para que las personas mayores disfruten de un envejecimiento saludable.
La globalización, los avances tecnológicos (por ejemplo, en el transporte y las comunicaciones), la urbanización, la migración y los cambios en las normas de género influyen en la vida de las personas mayores de formas tanto directas como indirectas. Una respuesta de salud pública debe hacer balance de las tendencias actuales y futuras y encuadrar sus políticas en consecuencia.
B. Iniciativas Internacionales y la Respuesta de la OMS
A nivel global, se han realizado esfuerzos significativos para abordar el envejecimiento poblacional. En 1991 la Asamblea General adoptó los Principios de las Naciones Unidas en favor de las Personas de Edad, que enumeraban 18 derechos de las personas mayores relativos a la independencia, la participación social, la atención, la realización personal y la dignidad.
Al año siguiente, la Conferencia Internacional sobre el Envejecimiento se reunió para revisar el Plan de Acción y adoptó la Proclamación sobre el Envejecimiento. Siguiendo las recomendaciones de la Conferencia, la Asamblea General de la ONU proclamó el año 1999 Año Internacional de las Personas de Edad. Las acciones sobre el envejecimiento continuaron en 2002 cuando se celebró en Madrid la Segunda Asamblea Mundial sobre el Envejecimiento. Esta adoptó una Declaración Política y el Plan de Acción Internacional sobre el Envejecimiento de Madrid con el objetivo de diseñar una política internacional sobre el envejecimiento. El Plan de Acción abogaba por un cambio de actitud, de políticas y de prácticas a todos los niveles para aprovechar el enorme potencial de las personas mayores en el siglo XXI.
Datos y Cifras del Informe Mundial sobre el Edadismo
Todos los países se enfrentan a retos importantes para garantizar que sus sistemas de salud y de asistencia social estén preparados para afrontar ese cambio demográfico:
- En 2050, el 80% de las personas mayores vivirá en países de ingresos bajos y medianos.
- El ritmo de envejecimiento de la población es mucho más rápido que en el pasado.
- En 2020, el número de personas de 60 años o más superó al de niños menores de cinco años.
- Entre 2015 y 2050, el porcentaje de los habitantes del planeta mayores de 60 años casi se duplicará, pasando del 12% al 22%.
Respuesta de la OMS
La Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el periodo 2021-2030 como la Década del Envejecimiento Saludable y pidió a la OMS que se encargara de liderar su puesta en práctica, reafirmando el compromiso global con el bienestar de las personas mayores.