Polemizando con el maltrato hacia la mujer en el cine a través de la historia: de las primeras reivindicaciones del cine mudo a la mirada contemporánea

El cine, desde sus albores, no pudo ocultar su vocación creadora de historias sustraídas tanto de la realidad de su tiempo (encapsulando para la posteridad imágenes que latían en la cotidianidad) como del reflejo de la complejidad de la condición humana con todas sus aristas. Influenciado por la literatura o la pintura, que ya se habían hecho eco desde siglos atrás de sucesos que provocaban la supeditación de la mujer o el maltrato hacia ella, el cine difundió y difunde ficciones o documentales a través de la voluntad de directores por expresar sus preocupaciones sobre temas más oscuros, conductas deleznables hacia lo femenino presentes en una sociedad con sus luces y sus sombras.

Empiezo cronológicamente por la francesa y pionera Alice Guy -primera directora de la historia- para entender cómo la mirada feminista se filtró desde el inicio del cine. En sus cortos aparece la mujer como espejo de una realidad que no se contenta con un rol pasivo, como se ve en Las consecuencias del feminismo (Les résultats du féminisme, 1906), que reivindica el cambio de roles con los hombres en clave de comedia con tintes de denuncia.

Deliberaciones sobre la experiencia femenina: violencia, prostitución y marginación en el cine mudo

La prostitución y su violencia constituyen un tema recurrente en el cine mudo: en La tare (1911), Feuillade retrata a una mujer que intenta salir de un salón de baile hacia una vida más estable, pero es chantajeada y acosada, provocando un intento de suicidio. La violencia de género y la vulnerabilidad de las mujeres son una constante en títulos como Qristine (1916) de Aleksandre Tsutsunava y Prostitutka (1927) de Oleg Frelikh, que muestran la marginación y el castigo social a estas figuras. En Italia, obras como Assunta Spina (1915) de Francesca Bertini y A Santanotte (1922) de Elvira Notari reflejan bofetadas, violencia doméstica y coerción que las mujeres padecen en contextos familiares y sociales convulsionados.

En el tiempo dorado del cine clásico, el maltrato se posa como un espejo de una sociedad que normalizaba la violencia: en Hollywood, Los sobornados (The Big Heat, 1953) de Fritz Lang muestra el clásico gesto de violencia en la cara, mientras que Gilda (1946) de Charles Vidor ya había normalizado la bofetada como signo de dominación masculina en la pareja. En el cine europeo y español, Dedée d’Anvers (1948) de Yves Allégret y El mundo sigue (1963) de Fernando Fernán Gómez ilustran la violencia doméstica y la brutalidad cotidiana.

Violación, poder y transmisión de culpa: el peso de la violencia sexual

La violencia sexual es otro eje crucial: en Stenka Razin (1908) de Vladimir Romanskov una princesa sufre violencia brutal, mientras que en la obra italiana Secciones de Assunta Spina y otras representaciones, la violencia física y la coerción marcan la experiencia de las protagonistas. En el cine sueco, Samuel Sjöström y otras figuras muestran escenas de agresión y sus consecuencias devastadoras para las víctimas, que a menudo quedan marcadas por la culpa y la vergüenza sin un marco institucional que sancione al agresor. En D. W. se observa un tratamiento de la violencia en la que la pantalla oculta deliberadamente la consumación de la agresión, una elipsis necesaria para el contexto de época, pero que revela una realidad cotidiana de brutalidad no sancionada por la sociedad o las instituciones.

Con el paso del tiempo, la elipsis cede terreno a una representación más cruda de la violencia: en el cine japonés clásico, la violencia contra la mujer se enmarca en estructuras patriarcales y tradiciones que la sitúan en roles de sumisión, prostitución o viudez obligada. En breve, la tradición de ubicar a la mujer en un estado de obediencia y dependencia se ve desafiada por emergentes voces del cinema moderno que introducen crudas realidades para generar consciencia social.

Entre la denuncia y la recuperación de la dignidad: desde J’accuse (1919) hasta los estudios contemporáneos

J’accuse (1919), de Abel Gance, se alza como un contundente alegato antibelicista que también señala la violencia contra la mujer en el marco de la I Guerra Mundial: la protagonista sufre doble violación en el lecho conyugal y una violación múltiple por soldados, dejando atrás una hija y un sentimiento de culpa; una denuncia que se suma a la memoria de las injusticias de la época.

La década de los sesenta y setenta trae nuevas perspectivas sobre la violencia de género y la dignidad femenina, con ejemplos que cruzan fronteras: Pasolini con Mamma Roma (1962) y Accatone (1961) muestran mujeres que buscan sobrevivir en entornos hostiles; Dreyer, en Dies irae (1943), y otros filmes europeos, muestran el tráfico de poder y la violencia hacia las mujeres mayores y vulnerables, en un marco de crítica social y humana.

Violencia y resurgimiento de la mirada feminista en el siglo XXI

El siglo XXI trae una oleada de cine dirigido por mujeres que aborda la violencia machista desde múltiples ángulos y con renovada franqueza. Soy Nevenka, de Icíar Bollaín, examina el acoso sexual desde una historia real; Nina, de Andrea Jaurrieta, reinterpreta a la protagonista de La gaviota para que la venganza llegue a través de la acción física, en clave de western. Estas obras, estrenadas en 2024, forman parte de una tendencia que varía los puntos de vista y amplía las perspectivas de las violencias hacia la mujer, explorando desde dinámicas de poder en el ámbito público hasta relatos íntimos y traumáticos en el hogar.

La conversación académica y crítica acompaña este giro: guionistas y directoras sostienen que no existe un único relato ni una víctima perfecta; cada forma de maltrato encuentra nuevas formas de representación. Distintas voces, como Alicia Luna, Sara Cano, Paula Fabra y Emma Torres, señalan que la modernidad audiovisual debe educar a las audiencias para entender las complejidades de la violencia contra la mujer, sin simplificaciones ni sensationalismo.

  • La representación de la violencia debe equilibrar la denuncia social con el cuidado de las narrativas y las víctimas.
  • La perspectiva del poder y la voz de las mujeres en la producción y en la escritura de guiones son claves para ampliar los contenidos y reducir estereotipos.
  • Las series contemporáneas exploran el abuso desde la intimidad de relaciones y dinámicas de pareja, destacando aspectos como el maltrato psicológico, el acoso y la manipulación.

En este recorrido, es posible ver un hilo conductor: el cine utiliza la violencia contra las mujeres como espejo de las estructuras sociales que la permiten y la normalizan, pero también como motor de cambio, visibilizando casos y experiencias para generar conciencia, discusión y acción social.

Infografía: Línea de tiempo de representaciones de violencia contra la mujer en el cine, desde el cine mudo hasta el cine contemporáneo

Historia de la VIOLENCIA en el cine | Origenes y Hollywood clásico (1/3)

Notas sobre el marco ético y didáctico

La violencia contra las mujeres, definida en el Convenio de Estambul como actos de violencia basados en el género que implican daños o sufrimientos en múltiples dimensiones, se aborda en el cine para promover la reflexión y la denuncia. Las escenas que muestran agresión sexual, violencia física o coerción requieren un tratamiento responsable para no trivializar el sufrimiento de las víctimas, sino para educar y concienciar a las audiencias. Este artículo se propone explorar, a través de ejemplos seleccionados, cómo el cine ha usado su lenguaje para visibilizar estas problemáticas y cómo las voces actuales siguen ampliando la conversación hacia perspectivas más ricas y diversas.

La violencia de género y la representación de mujeres vulnerables o en conflicto con estructuras de poder no son simples recursos narrativos: son phenomenología de la experiencia femenina en distintas culturas y épocas, que el cine ha recogido, reinterpretado y, en algunos casos, cuestionado para proponer un cambio social.

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