La Paranoia y Trastornos Relacionados en Adultos Mayores

La paranoia es una condición psicológica compleja que tiende a ser particularmente impactante en las personas mayores. A medida que envejecemos, el inicio de la paranoia en personas mayores puede ser angustiante y desorientador, afectando la vida diaria y las relaciones. La paranoia geriátrica a menudo se origina en una combinación de factores fisiológicos y psicológicos. Los cambios en el cerebro debido al envejecimiento pueden afectar la percepción y el pensamiento, llevando a una mayor suspicacia.

Además, la paranoia en personas mayores puede verse agravada por el aislamiento social, la pérdida de seres queridos o el miedo a la dependencia. Al hablar de la paranoia en personas mayores, es importante reconocer que esta puede incluir miedos irracionales sobre daño o traición, reticencia a socializar y malinterpretación de conversaciones o eventos. Particularmente, la paranoia en mujeres mayores podría estar influenciada por sus experiencias de vida únicas o su vulnerabilidad particular debido a roles sociales. El fenómeno de la paranoia en personas mayores no solo implica miedo, sino que también puede llevar a importantes desafíos en la gestión de las interacciones cotidianas.

Esquema de factores que contribuyen a la paranoia en la vejez: cambios cerebrales, aislamiento, pérdida, miedo a la dependencia

El Trastorno Delirante: Manifestaciones de la Paranoia Clínica

Definición y Características

El trastorno delirante se caracteriza por creencias falsas firmemente sostenidas, conocidas como ideas delirantes o delirios, que persisten al menos durante un mes sin otros síntomas prominentes de psicosis. La distinción entre delirios y creencias erróneas es que las ideas delirantes permanecen sin cambios frente a evidencia clara y razonable en su contra. Esta distinción es a veces difícil de hacer cuando las creencias son plausibles, como creer que un cónyuge es infiel.

El trastorno delirante se distingue de la esquizofrenia por la presencia de ideas delirantes sin ningún otro síntoma de psicosis (p. ej., alucinaciones prominentes, habla o comportamiento desorganizado, síntomas negativos) y sin ningún deterioro funcional marcado aparte del asociado directamente con el delirio. Los criterios diagnósticos para este trastorno también requieren que las ideas delirantes no sean causadas por otra condición médica o por una sustancia.

Las ideas delirantes pueden ser de dos tipos:

  • Extravagantes: Incluyen situaciones que podrían ocurrir, como ser perseguido, envenenado, infectado, amado a distancia o engañado por la pareja o un amante.
  • Bizarros: Incluyen situaciones poco probables, como creer que a alguien le extrajeron sus órganos internos sin dejar una cicatriz.

Subtipos de Trastorno Delirante

Se reconocen varios subtipos de trastornos por ideas delirantes, cada uno con síntomas variables:

  • Erotomaníaco: Los pacientes creen que hay otra persona que los ama. Es frecuente que hagan esfuerzos por contactar con el objeto de su idea delirante mediante llamadas telefónicas, cartas, vigilancia o acecho. Las personas que tienen este subtipo pueden tener conflictos con la ley relacionados con su comportamiento.
  • Grandioso: Los pacientes creen que tienen un gran talento o que han hecho un descubrimiento importante.
  • Celoso: Los pacientes creen que su cónyuge o pareja sexual son infieles. Esta creencia se basa en deducciones incorrectas apoyadas por evidencias dudosas, y los pacientes pueden recurrir a la agresión física.
  • Persecutorio: Los pacientes creen que están siendo vigilados, espiados, calumniados u hostigados. Pueden intentar en repetidas ocasiones obtener justicia apelando a los tribunales y a otros organismos gubernamentales, y recurrir a la violencia como represalia por esa persecución imaginaria.
  • Somático: La idea delirante se relaciona con una función corporal; por ejemplo, el paciente cree que tiene una deformidad física, un olor o un parásito.

El comportamiento de los pacientes no es obviamente extraño o raro, y, aparte de las posibles consecuencias de sus ideas delirantes (p. ej., aislamiento social o estigmatización, dificultades matrimoniales o laborales), el funcionamiento del paciente no se ve notablemente afectado.

Incidencia y Factores de Riesgo en Adultos Mayores

Al contrario de lo que sucede con la esquizofrenia, el trastorno por ideas delirantes es relativamente infrecuente. Sin embargo, el inicio suele ser involutivo, lo que significa que ocurre en la edad adulta media o tardía. Cuando el trastorno por ideas delirantes aparece en pacientes ancianos, a veces se conoce como parafrenia y puede coexistir con una demencia leve. Los síntomas psicóticos en personas mayores ocurren en una amplia variedad de condiciones psiquiátricas, neuropsiquiátricas y médicas.

La vejez se reconoce como un período de vulnerabilidad para una primera aparición de psicosis y también para la exacerbación de síntomas psicóticos anteriores. La psicosis de inicio tardío, similar a la psicosis de inicio más joven, se caracteriza por fuertes delirios y alucinaciones, principalmente paranoia persecutiva. Hay indicios de que el trastorno delirante es más frecuente en la vejez que en años anteriores, sobre todo en el género femenino.

Aunque las tasas de prevalencia sugieran lo contrario, es probable que esté subestimado, ya que las personas que padecen trastorno delirante no buscan ayuda y muchas veces no son diagnosticadas ni tratadas, especialmente en la población geriátrica. El riesgo de ideación paranoica o delirante aumenta de manera lineal con la edad después de los 65 años. Algunos factores de riesgo del trastorno incluyen bajo estatus socioeconómico, edad avanzada, antecedentes familiares de trastornos psiquiátricos, inmigración, déficit sensorial y exposición a eventos estresantes, destacando especialmente el aislamiento social.

Las personas con psicosis tienen un mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, diabetes mellitus tipo II, síndrome metabólico y varias otras comorbilidades médicas, lo cual es particularmente relevante en el trastorno delirante debido a su edad de inicio relativamente tardía. Los delirios de inicio tardío ocurren en dos amplias poblaciones de ancianos: aquellos con deterioro cognitivo documentado y aquellos sin disminución cognitiva medible.

Infografía: Factores de riesgo de trastorno delirante en ancianos (aislamiento social, comorbilidades médicas, déficit sensorial)

Diferenciación con Otros Trastornos Similares

Delirio o Síndrome Confusional Agudo (SCA)

En el contexto del cuidado de nuestros adultos mayores, el delirio o Síndrome Confusional Agudo (SCA) es un problema serio que debemos prevenir, ya que es una condición de alteración rápida del estado mental que lleva a tener alucinaciones, confusión, desorientación y cambios de comportamiento. El delirio es un cambio grave de las capacidades mentales que provoca pensamientos confusos y falta de consciencia del entorno. Según la Sociedad Americana de Geriatría (AGS), el delirio es un predictor de cambios cognitivos y disminución de la esperanza de vida.

Los adultos mayores son especialmente propensos a tener delirio. Una tercera parte de las personas mayores de 70 años que son hospitalizadas, y una tercera parte de los mayores de 70 que ingresan a los servicios de urgencias, tienen delirio. Se caracteriza por una alteración del nivel de conciencia y de la atención, así como de diversas funciones cognitivas (memoria, orientación, pensamiento, lenguaje o percepción). Los familiares suelen referir su desconcierto, porque el paciente pasa de tener una conversación coherente a, al poco rato, tener un discurso incoherente, incluso fabulador, desconfiado, con ideas delirantes (de perjuicio, de envenenamiento o de robo, por ejemplo) y a tener alucinaciones de predominio visual. Todo esto puede condicionar su comportamiento y expresar miedo o agresividad ante las personas que les atienden, no reconociéndolas.

Los síntomas del delirio suelen comenzar después de unas horas o algunos días. Por lo general, ocurren cuando hay un problema médico, y suelen aparecer y desaparecer a lo largo del día, pudiendo haber períodos de ausencia de síntomas. Los síntomas tienden a empeorar durante la noche cuando está oscuro y las cosas parecen menos familiares.

Se reconocen tres tipos principales de delirio:

  • Delirio hiperactivo: Es posible que este sea el tipo más fácil de reconocer. Las personas con este tipo de delirio quizás estén inquietas y se paseen por la habitación. Asimismo, probablemente estén ansiosas, tengan cambios repentinos del estado de ánimo, alucinaciones o vean cosas que no estén allí. Se caracteriza por hiperactividad, agitación, agresividad, confusión e ideación delirante.
  • Delirio hipoactivo: Es posible que las personas con este tipo de delirio sean inactivas o poco activas. Tienden a ser perezosas o a estar somnolientas, y quizás parezca que están aturdidas. Se da con más frecuencia en mayores y se caracteriza por hipoactividad, enlentecimiento psicomotor, bradipsiquia, lenguaje lento, inexpresividad facial, letargia, actitud apática, inhibición y dificultades para la ingesta. Se desarrolla en un 20-25% de los pacientes.
  • Delirio mixto: Los síntomas incluyen ambos tipos de delirio, alternando la hiper e hipoactividad en el tiempo. Supone el 35-50% de los síndromes confusionales.

Causas y Factores de Riesgo del Delirio

Por lo general, la causa del delirio puede identificarse con uno o más factores, como una enfermedad grave o de larga duración, o un desequilibrio en el cuerpo (como el sodio bajo). Este trastorno puede tener una causa única o más de una; por ejemplo, la combinación de una enfermedad con los efectos secundarios de un medicamento podría causar delirio. En ocasiones, no se puede encontrar la causa.

Algunos medicamentos, tomados solos o combinados, pueden desencadenar el delirio. Cualquier afección que implique una hospitalización aumenta el riesgo de delirio, sobre todo cuando una persona se está recuperando de una cirugía o se encuentra en cuidados intensivos (en la fractura de cadera tiene una incidencia que supera el 50%).

Otros factores de riesgo comunes incluyen:

  • Medicamentos: Incluyendo algunos adquiridos sin receta médica, como ciertas antihistaminas (difenhidramina).
  • Desbalance de electrolitos: Minerales como sodio, calcio, potasio y magnesio deben estar equilibrados para el adecuado funcionamiento de las reacciones nerviosas y musculares. Episodios de vómito y diarrea pueden deshidratar a un adulto mayor, aumentando su riesgo de delirio.
  • Dolor fuera de control.
  • Infecciones, especialmente de la piel, de las vías respiratorias e infecciones urinarias.
  • Disminución de movimiento y de estímulos sensoriales, como estar en cama permanentemente o problemas de visión o audición.
  • Retención de orina o impactación fecal.
  • Problemas cardiacos y pulmonares: Infartos del corazón, arritmias, enfermedad pulmonar obstructiva crónica e insuficiencia cardiaca congestiva.
  • Falta de sueño.
  • Cirugía.

Trastorno de Personalidad Paranoide (TPP)

El trastorno de personalidad paranoica (TPP) es una afección mental en la cual una persona tiene un patrón de desconfianza y recelos de los demás en forma prolongada. La persona no tiene un trastorno psicótico completo como la esquizofrenia. Las causas del TPP se desconocen, pero parece ser más común en familias con trastornos psicóticos, como la esquizofrenia y el trastorno delirante, lo que sugiere una posible implicación genética. El TPP parece ser más común en los hombres.

Las personas con TPP son altamente recelosas de los demás, lo que limita drásticamente su vida social. Con frecuencia sienten que están en peligro y buscan pruebas para apoyar sus sospechas, teniendo dificultad para ver que su desconfianza es desproporcionada para su entorno.

Los síntomas comunes incluyen:

  • Preocupación porque los demás tengan motivos ocultos.
  • Creencia de que serán explotados (usados) o lastimados por otros.
  • Incapacidad para trabajar junto con otros.
  • Aislamiento social y desapego.
  • Hostilidad.

Psicosis y Demencia

La psicosis aparece, habitualmente, por primera vez entre la adolescencia y la primera etapa de la vida adulta. No obstante, hay psicosis primarias que se inician a una edad tardía. Los síntomas del delirio a veces se confunden con los síntomas de la demencia. El delirio y la demencia pueden ser difíciles de diferenciar, y es posible que una persona tenga ambas. Una persona con demencia tiene un deterioro gradual de la memoria y de otras habilidades del pensamiento debido al daño o la pérdida de neuronas cerebrales. El delirio se produce con frecuencia en las personas con demencia, pero presentar eventos de delirio no siempre significa que una persona tenga demencia.

Las diferencias clave entre delirio y demencia en su aparición son:

  • Aparición del delirio: Se produce en poco tiempo, entre uno y dos días.
  • Atención: La capacidad de mantener la concentración o la atención se ve afectada por el delirio, mientras que una persona en las primeras etapas de la demencia permanece generalmente alerta.
  • Cambios rápidos en los síntomas: Los síntomas del delirio pueden aparecer y desaparecer varias veces por día, mientras que los de la demencia son más graduales y persistentes.

Las personas con Alzheimer o demencia pueden volverse desconfiadas y sentir miedo, incluso de sus seres queridos y de quienes cuidan de ellos. El mundo a su alrededor puede parecer extraño y confuso, llevándolos a culpar a otros de robar o mentir. Es importante no tomarse esto a pecho, ya que es un comportamiento común dentro de estas condiciones.

Diagnóstico y Evaluación

El diagnóstico del trastorno delirante se realiza mediante evaluación psiquiátrica y se basa principalmente en la evaluación clínica y una anamnesis detallada. También se requiere una evaluación médica general para excluir otras etiologías, descartando afecciones específicas asociadas con ideas delirantes (p. ej., abuso de sustancias, enfermedad de Alzheimer, epilepsia, trastorno obsesivo-compulsivo, delirio, otros trastornos del espectro esquizofrénico).

Los criterios del Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders, 5th edition, Text Revision (DSM-5-TR) para el diagnóstico del trastorno delirante requieren:

  • Presencia de al menos un episodio de delirio durante al menos un mes.
  • Nunca haber cumplido con el criterio anterior para el diagnóstico de esquizofrenia.
  • Sin deterioro funcional significativo o comportamiento obviamente extraño.
  • Sin episodios de alteración del estado de ánimo significativos (es decir, los episodios maníacos o depresivos son relativamente breves en comparación con la duración de los períodos delirantes).
  • Exclusión de condiciones médicas generales, trastorno por uso de sustancias u otro trastorno mental como causa de la perturbación.

Evaluar si los pacientes pueden ser un peligro para sí mismos o para otros es muy importante, especialmente en la medida en que los pacientes están dispuestos a actuar según su delirio. La información que los familiares tienen de la persona que presenta confusión y cambios mentales es vital para un diagnóstico correcto. Si un familiar, un amigo o alguien a tu cuidado muestra síntomas, es crucial hablar con el proveedor de atención médica de esa persona. Tu aporte sobre los síntomas, el pensamiento típico y las habilidades cotidianas será importante para obtener un diagnóstico. Si observas síntomas en una persona en el hospital o en el asilo de ancianos y convalecientes, informa tus inquietudes al personal de enfermería o al proveedor de atención médica, ya que es posible que los síntomas no se hayan observado.

EL DELIRIUM: UN OSCURO SÍNDROME EN EL ADULTO MAYOR | FACTORES QUE LO CAUSAN | RECOMENDACIONES.

Manejo y Tratamiento

Estrategias Terapéuticas para el Trastorno Delirante

El tratamiento del trastorno delirante implica establecer una relación eficaz clínico-paciente y tratar las complicaciones. La falta sustancial de conciencia de enfermedad de los pacientes es un desafío para el tratamiento. Si el paciente es considerado peligroso, puede ser necesaria la internación. No existen datos suficientes que apoyen la utilización de ningún medicamento en particular, aunque los antipsicóticos atípicos a veces alivian los síntomas, siendo la opción más común entre los que mejoran.

Uno de los objetivos del tratamiento a largo plazo consiste en cambiar el tema principal de preocupación del paciente y alejarlo del foco de su idea delirante hacia un área más constructiva y gratificante, un objetivo difícil pero razonable. El tratamiento de la paranoia en personas mayores implica una combinación de manejo médico, consejería y apoyo compasivo.

Abordaje del Delirio en Adultos Mayores

La mejor forma de prevenir o reducir la gravedad del delirio es centrarse en los factores de riesgo que puedan desencadenar un episodio. Los entornos hospitalarios presentan un desafío especial, ya que las hospitalizaciones a menudo implican cambios de habitación, procedimientos invasivos, ruidos fuertes y poca iluminación.

Algunas medidas que pueden ayudar a prevenir o reducir la gravedad del delirio incluyen:

  • Promover buenos hábitos de sueño y períodos de descanso.
  • Ayudar a que la persona esté tranquila y orientada, reorientándola a la realidad.
  • Intentar evitar los problemas médicos u otras complicaciones.
  • Estimular la movilización (moverse, caminar) aunque sea dentro de la habitación, si está autorizado por el médico. Si tiene que hacer reposo, potenciar los cambios posturales.
  • Mantener una buena iluminación en la habitación durante el día y no bajar las persianas para "que descansen".
  • Asegurar la ingesta adecuada de líquidos y comida. En este punto, hay que incidir en el riesgo de broncoaspiración de estos pacientes; si se observa que tosen al beber, avisar al personal. Prevenga la deshidratación.
  • Si el adulto mayor tiene dolor, este debe mantenerse a un nivel tolerable, controlándolo con medicamentos y terapias alternativas.

Consideraciones Específicas para Adultos Mayores

Ante la presencia de síntomas psicóticos en gente mayor, en primer lugar, hay que descartar que sean consecuencia o sean secundarios de una enfermedad o medicamento; en estos casos se dice que la psicosis es orgánica. La falta de claridad diagnóstica y la ausencia de pautas claras han hecho difícil informar sobre el manejo del trastorno delirante en la vejez. Los enfoques de tratamiento en los ancianos a menudo se basan en la extrapolación de cohortes más jóvenes.

Los adultos mayores tienen un riesgo particular de desarrollar psicosis secundaria a medicamentos, toxinas y otras enfermedades médicas subyacentes debido a una mayor comorbilidad médica, polifarmacia y sensibilidad al efecto de los medicamentos. Aunque la prevalencia del trastorno delirante es relativamente baja, en las poblaciones de edad avanzada la limitación es aún mayor, sin contar la superposición considerable entre los síntomas del trastorno delirante y otras psicosis como la esquizofrenia. Esto subraya la necesidad de una evaluación médica exhaustiva.

El Papel Crucial de Cuidadores y Familiares

La información que los familiares tienen de la persona que presenta confusión y cambios mentales es vital para un diagnóstico correcto. Tienes que conocer los medicamentos que toma tu ser querido y no debes administrar ningún medicamento (incluso los que no tienen receta) sin consultar con los profesionales de la salud. En general, se empieza el medicamento nuevo con una dosis baja y luego se aumenta lentamente, dependiendo de cómo lo tolere el adulto mayor.

Tanto en la prevención del delirio como en el manejo de las situaciones de delirio, es vital la presencia de las personas a quienes conoce el adulto mayor a quien cuidas. Una cara y una voz que le sean familiares puede ser la forma más efectiva de mantener el control del adulto mayor en caso de estar muy agitado.

Para aquellos que lidian con seres queridos paranoicos, es importante buscar programas y recursos que puedan ofrecer apoyo y orientación.

Consejos prácticos para cuidadores:

  • Mantener la calma: Ante todo, mucha calma. No le lleves la contraria, no eleves el tono de voz. Es muy desconcertante comprobar que nuestro ser querido de un momento a otro se torna suspicaz, celoso o propenso a hacer acusaciones. Lo mejor es no discutir ni rebatir lo que diga.
  • Reorientación y distracción: Acompaña al paciente de noche si tu presencia le da tranquilidad. Ayúdale a buscar el objeto «perdido», y después intenta distraerlo con otra actividad. Trata de descubrir dónde esconde las cosas que después cree «perdidas». Distráele con una merienda o alguna actividad.
  • Ambiente seguro y estable: Mantén un ambiente estable y rutinas fijas. Pon siempre los objetos muebles en el mismo sitio. Ajustar el entorno de vida para hacerlo más seguro y menos confuso puede ayudar a reducir los sentimientos de amenaza.
  • Apoyo emocional: El apoyo emocional es básico; debe reforzarse y repetir que no está solo, que se le quiere y que se le ayudará. Emplea medios no verbales para fortalecer la sensación de seguridad, como una suave caricia o un abrazo.
  • Manejo de la agitación y deambulación: Prueba a calmar la agitación mediante caricias suaves, música tranquila, la lectura y las caminatas. Háblale siempre con voz suave y reconfortante. Si persiste el comportamiento de deambulación en el domicilio, no se debe dejar nunca solo. Obtén un brazalete de identificación médica y asegúrate de que lo use en todo momento. Prueba a usar barreras para ocultar las puertas.
  • Consulta médica: Si se sospecha o presenta una conducta alucinatoria, consulta de inmediato con su médico. Cuando esta sintomatología está diagnosticada y tratada farmacológicamente, la actitud consistirá en mantener un ambiente tranquilo y seguro.

Pronóstico y Retos Futuros

El trastorno por ideas delirantes no suele conducir a un deterioro grave o cambios en la personalidad, pero las preocupaciones que genera la idea delirante progresan gradualmente. La aparición de síntomas afectivos y de depresión en personas con psicosis son más frecuentes que en la población general, así como la aparición de más problemas de salud, con mayor prevalencia de enfermedades neurológicas, cardiovasculares o respiratorias. El delirio puede durar solamente algunas horas o varias semanas o meses. La recuperación depende, en cierta medida, de la salud y el estado mental antes del comienzo de los síntomas. Las personas con demencia, por ejemplo, pueden presentar un deterioro general en la memoria y en las capacidades de reflexión luego de un episodio de delirio. Es posible que las personas con otras enfermedades graves, de larga duración o terminales no recuperen las capacidades de reflexión o el funcionamiento que tenían antes del comienzo del delirio.

La mayor esperanza de vida y la mejoría en la calidad de vida de las personas con psicosis cuando se hacen mayores también van acompañadas de nuevas necesidades. Uno de los retos de futuro es la necesidad de disponer de recursos específicos para personas mayores con psicosis con la que poder atender la comorbilidad. A esta carencia de recursos, hay que añadirle el hecho de que muchos recursos de la red de salud mental y sociales son para personas menores de 65 años, lo que hace que las personas queden excluidas de servicios como hogares con apoyo de salud mental, hospitales de día, servicios de rehabilitación comunitaria o clubes sociales. Ayudemos a nuestros seres queridos no solo a sobrevivir, sino a prosperar en sus años dorados.

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