La calidad del vínculo de apego impacta profundamente el desarrollo de un hijo, y experimentar problemas de apego puede afectar su capacidad para expresar emociones, desarrollar resiliencia, confianza y seguridad, así como disfrutar de relaciones saludables.
No importa cuán distante o inseguro parezca el niño, ni cuánta frustración o agotamiento sienta el cuidador por intentar conectar con él, es posible reparar un problema de apego. Los problemas de apego en los niños tienden a caer en un espectro que va desde problemas leves hasta trastornos de apego.

Tipos de Trastornos de Apego
Trastorno Reactivo de Apego (TRA)
Un niño con TRA (RAD, por sus siglas en inglés) rara vez busca consuelo cuando está angustiado y frecuentemente se siente inseguro y solo. Puede ser extremadamente retraído, emocionalmente distante y resistirse a recibir consuelo. Es posible que aparte, ignore o incluso actúe de manera agresiva cuando se intenta acercarse.
Trastorno de Relación Social Desinhibida (TRSD)
Con el TRSD (DSED, por sus siglas en inglés), un niño no parece preferir a sus padres por encima de otras personas, incluso desconocidos. Buscará consuelo y atención prácticamente de cualquier persona, y no mostrará angustia cuando el padre o la madre no esté presente. Si bien se muestran demasiado familiarizados con los extraños, los niños con TRSD frecuentemente tienen problemas para establecer conexiones significativas con los demás.
Ambos tipos de trastorno de apego son más comunes en niños pequeños que han sido traumatizados, maltratados, han pasado tiempo en hogares de acogida o en orfanatos, o se han separado de su cuidador principal después de haber establecido un vínculo, como en el caso de una estancia prolongada en el hospital.
Alrededor del 35 por ciento de los bebés tiene alguna forma de apego inseguro. A veces se satisfacen las necesidades del niño y otras veces no. A veces, las circunstancias que causan problemas de apego son inevitables, pero el niño es demasiado pequeño para entender lo que ha sucedido y por qué. Para un niño pequeño, simplemente parece que a nadie le importa.
Estilos de Apego Inseguro
Estilo de Apego Ambivalente (Ansioso-Preocupado)
Si el padre o la madre es a veces receptivo con el niño pero está ausente en otras ocasiones, el niño podría desarrollar un estilo de apego ambivalente. Los niños con este estilo de apego pueden tener poca confianza y sentirse muy angustiados cuando se separan de su cuidador.
Estilo de Apego Evitativo-Despreciativo
Si el padre o la madre está frecuentemente ausente o distraído, el niño tiene más probabilidades de desarrollar un estilo de apego evitativo-despreciativo.
Estilo de Apego Desorganizado (Evitativo-Temeroso)
El trauma o abuso infantil puede contribuir a un estilo de apego desorganizado. En estos casos, un bebé podría ver al padre o a la madre como una fuente de consuelo, pero también como una amenaza.
Factores que Influyen en el Apego
Estudios de gemelos indican que la seguridad del apego está principalmente influenciada por el entorno del niño, más que por la genética. Aunque nunca es demasiado tarde para tratar y reparar los problemas de apego, cuanto antes se identifiquen los síntomas de apego inseguro y se tomen medidas para repararlos, será mejor.
Señales Tempranas de Dificultades de Apego
Es posible usar los siguientes hitos del desarrollo para identificar dificultades tempranas de apego:
- A los ocho meses, el niño seguirá la mirada del cuidador cuando este mire algo.
- Entre los seis y doce meses de edad, el hijo debería comenzar a buscar activamente consuelo y mostrar deseo de jugar. Cuando se separa del cuidador, parecerá molesto.
- Alrededor de los 15 meses, mostrará signos de empatía.
En los niños en edad escolar, las señales de dificultades de apego pueden aparecer en sus interacciones con hermanos y compañeros de clase, manifestándose como retraídos de los demás y reacios a unirse a actividades grupales, o excesivamente dependientes de otros.
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Cómo Atender la Necesidad del Niño y Reparar el Apego
Criar a un niño con apego inseguro puede ser frustrante y emocionalmente agotador. Puede ser difícil dar lo mejor de sí como padre o madre sin la seguridad de una conexión amorosa con el hijo. A veces, incluso puede surgir la pregunta de si los esfuerzos valen la pena. La clave es mantenerse calmado, pero firme y receptivo mientras se interactúa con el hijo.
Un niño con apego inseguro ya está experimentando una gran cantidad de estrés, por lo que es importante que el cuidador evalúe y controle sus propios niveles de estrés antes de intentar ayudar al niño con el suyo.
Consejos para el Cuidador
- Tener expectativas realistas: Ayudar al hijo puede ser un camino largo.
- Mantener la paciencia: El proceso puede no ser tan rápido como se desearía y pueden esperarse algunos obstáculos en el camino.
- Fomentar el sentido del humor: La alegría y la risa son fundamentales para reparar los problemas de apego y proporcionar energía, incluso en medio del trabajo arduo.
- Cuidarse: Reducir otras exigencias de tiempo, tomar tiempo para uno mismo y controlar el estrés.
- Encontrar apoyo: Confiar en amigos, familiares y recursos comunitarios. Intentar pedir ayuda antes de que realmente se necesite para evitar llegar al punto de agotamiento.
- Mantener una actitud positiva y esperanzada: Ser sensible al hecho de que los niños perciben los sentimientos. Si perciben que el cuidador está desanimado, eso también será desalentador para ellos.
Fortalecimiento del Sentido de Seguridad
La seguridad y la estabilidad son cuestiones fundamentales para los niños con problemas de apego. Están distantes y desapegados porque se sienten inseguros en el mundo. Es esencial fortalecer el sentido de seguridad del hijo.
- Establecer límites y barreras: Los límites consistentes y amorosos hacen que el mundo parezca más estable y predecible, y menos aterrador para los niños con dificultades de apego. Es importante que comprendan qué comportamiento se espera de ellos, qué es y qué no es aceptable, y las consecuencias si ignoran las reglas.
- Tomar el control, pero mantener la calma: Cuando el niño esté molesto o se porte mal, el cuidador debe recordar que el "mal" comportamiento significa que el niño no sabe cómo manejar lo que está sintiendo y necesita ayuda. Al mantener la calma, se le muestra al hijo que el sentimiento es manejable.
- Cumplir consecuencias con calma: Si el niño se muestra desafiante a propósito, el cuidador debe cumplir con las consecuencias preestablecidas de manera tranquila y objetiva. Pero nunca disciplinar a un niño con un problema de apego cuando se está emocionalmente alterado.
- Disponibilidad para reconectar después de un conflicto: El conflicto puede ser especialmente perturbador para los niños con problemas de apego. Después de un conflicto o rabieta en el que se le haya tenido que disciplinar, el cuidador debe estar listo para reconectar tan pronto como el hijo lo esté.
- Reconocer errores e iniciar la reparación: Cuando se permita que la frustración o la ira se apoderen, o se haga algo que se considere insensible, el cuidador debe abordar rápidamente el error. La disposición a asumir la responsabilidad y enmendar el error puede fortalecer el vínculo de apego.
- Mantener rutinas y horarios predecibles: Un niño con problemas de apego puede sentirse amenazado por la transición y la inconsistencia (por ejemplo, cuando se viaja o durante las vacaciones escolares).
Hábitos de Vida Saludables
Los hábitos de alimentación, sueño y ejercicio de un hijo siempre son importantes, pero lo son aún más para los niños con problemas de apego. Los hábitos de vida saludables pueden ser de gran ayuda para reducir los niveles de estrés del hijo y nivelar los cambios de humor.
- Dieta: Asegurarse de que el hijo coma una dieta saludable, llena de cereales integrales, frutas, verduras y proteínas magras.
- Sueño: Si el hijo está cansado durante el día, le será mucho más difícil concentrarse en aprender cosas nuevas.
- Ejercicio: Cualquier tipo de actividad física proporciona un gran antídoto contra el estrés, la frustración y las emociones reprimidas, ya que desencadena la liberación de endorfinas que hacen que el hijo se sienta bien. La actividad física es especialmente importante para un niño enojado.
Cualquiera de estas cosas (alimentación, descanso y ejercicio) puede marcar la diferencia entre un buen y un mal día para un niño con dificultades de apego.
Demostración de Afecto y Comunicación
Un niño que no ha creado vínculos tempranos en la vida tendrá dificultades para aceptar el amor, especialmente las expresiones físicas de afecto. Pero se le puede ayudar a aprender a aceptar el amor con tiempo, consistencia y repetición.
- Identificar acciones que hagan sentir bien al hijo: Si es posible, demostrarle amor meciéndole, abrazándole o sosteniéndole, que son experiencias de apego que quizá se haya perdido en etapas tempranas. Pero siempre respetar lo que le resulte cómodo y agradable al hijo.
- Tomar en cuenta las señales no verbales: El lenguaje corporal puede enviar todo tipo de mensajes positivos y negativos. Por ejemplo, cuando sea posible, mantener el contacto visual al hablar con el hijo.
- Ayudar al hijo a identificar emociones y expresar sus necesidades: Los niños con problemas de apego pueden no saber qué sienten o cómo pedir lo que necesitan.
- Escuchar, hablar y jugar con el hijo: Dedicar tiempo en el que se le pueda brindar toda la atención de manera enfocada y en formas que le resulten cómodas.

La Expresión de Necesidades en Diferentes Edades
Los niños a lo largo de su desarrollo y, sobre todo en las etapas que abarcan desde los 4 a los 10 años, van adquiriendo cada vez más el miedo a ser abandonados o a ser ignorados. Es por eso que los pequeños reclaman la atención de los adultos de su entorno cuando sienten que no están recibiendo la atención suficiente.
Para que el niño se desarrolle y madure de manera adecuada, será esencial que el pequeño sienta que los adultos de su entorno le cuidan y le ofrecen la seguridad necesaria para crecer. Así, cuando los niños necesiten la ayuda de sus padres, llorarán para llamarles. Si sus cuidadores satisfacen sus necesidades, se relajará.
A veces, el niño puede llorar más fuerte, gritar, lanzar objetos, etc., comportamientos histriónicos que consiguen que el adulto deje de lado lo que está haciendo para centrarse en el pequeño. Lo anterior lo logran a través de refuerzos negativos para sentirse seguro. También puede ocurrir que algunos niños sensibles necesiten más conexión emocional que otros. Detrás de una conducta intensa puede haber celos, inseguridad o frustración. También sucede cuando perciben que los adultos están distraídos o centrados en otras preocupaciones. Por eso, más que ver solo el mal comportamiento, hay que preguntarse qué necesidad emocional hay detrás.
Cuando el niño reclama atención, no siempre lo hace de manera amable, ya que cuando lo hace de forma adecuada no suele ser 'reforzado'. De esta manera, usará otras formas para hacerse notar y conseguir ser el centro de atención. El pequeño descubre que utilizando ese comportamiento negativo puede manejar y 'chantajear' a sus padres. Consiguen 'manipularles' hasta el punto en que no solo consiguen llamar la atención, sino que logran la exclusividad. Más que 'manipular', los niños aprenden qué conductas funcionan para obtener respuesta.
Actitudes o Comportamientos que Adquieren los Niños para Llamar la Atención
- Con sus sollozos el bebé expresa aquello que no es capaz de decir con palabras. Es una forma de lenguaje.
- Hay niños que solo consiguen que les hagan caso cuando hacen ciertas travesuras o su comportamiento es inadecuado. Muchas veces cuando los niños intentan llamar a sus padres de forma adecuada no son atendidos.
- Las llamadas de atención vinculadas a actuaciones de rebeldía empiezan a cobrar importancia en torno a los 2 años. Por ejemplo, un niño fatigado que ha dicho en varias ocasiones que se quiere ir a casa y su petición hecha de manera adecuada no es atendida por los padres.
- Algunos niños hablan por encima de los adultos, cortan llamadas o no esperan turno porque han descubierto que así consiguen presencia inmediata.
- A veces los niños expresan aburrimiento, tienen quejas continuas o presentan pequeños dolores cuando necesitan más atención emocional.
Si el niño quiere ser el centro de atención, es una señal para los padres que les indica que hace falta diálogo, comprensión y cariño. Muchas veces esta llamada de atención se realiza porque no tienen otra forma de expresar lo que sienten. Así pasa con las llamadas “rabietas“, comportamientos naturales en los niños. Desde los dos años y hasta los cuatro comienza esta etapa en la que los niños expresan sus emociones mediante gritos, pataletas o berrinches. En estos casos, los niños no saben cómo expresar correctamente sus emociones ya que no tienen desarrollada la parte del cerebro del neocórtex que controla los impulsos.
Cuando los hijos van creciendo y persisten los malos comportamientos, los padres se preguntan qué puede estar pasando. María Soto, experta en disciplina positiva y creadora de Educa Bonito, señala que muchas veces nos preocupamos mucho más por la conducta y la llamada de atención, y no prestamos atención a la emoción que se esconde detrás de esa acción. “Su conducta es importante, pero más lo es la emoción por la que reacciona así”, comenta.
La disciplina positiva explica estas llamadas de atención mediante la teoría del iceberg. Los padres y madres ven la parte visible del iceberg, es decir, los malos comportamientos (pegar a su hermana, empujar, no hacer los deberes). Sin embargo, no ven la parte sumergida del iceberg, en la que está la causa de esa mala conducta, las creencias que lo motivan y el para qué se comporta así. “Esto nos impide solucionar el problema. Imaginaos que mi hijo mayor pega a mi hija pequeña y yo le castigo para penalizar su conducta (parte visible del iceberg). Sin embargo, no miro en la parte no visible del iceberg para entender qué le está motivando a pegar a su hermana. En este caso, lo hace porque tiene celos. Mañana, en vez de pegarle, le esconderá los juguetes. Yo volveré a castigarle.
Muchos padres y madres no saben cómo reaccionar ante estas llamadas de atención de los niños, sobre todo cuando estos comportamientos se dan en la calle. No siempre se tiene éxito cuando se intenta calmar al hijo cuando tienen una emoción como la ira, y a veces nos contagiamos de esa emoción, perdemos los nervios y recurrimos a gritos o castigos para que deje de realizar ese comportamiento. Por eso, lo más importante es intentar mantener la calma para poder reconducir la conducta del hijo.
- Transmitir amor incondicional: Expresarles muestras de amor y cariño puede ayudarles a calmarles.
- Redirigir una vez se haya calmado la crisis: En medio de un estallido emocional, por mucho que se quiera apelar a la mente racional del hijo, no va a comprender nada.
- Establecer límites claros desde la disciplina positiva: Jane Nelsen, la creadora de esta forma de educar, señala que debemos ser amables y firmes con estos límites. “Imaginemos que tu hijo te grita. Una forma amable y firme de abordar esta situación es marcharte de la habitación. No puedes obligar a nadie a tratarte con respeto, pero sí podemos tratarnos nosotros con respeto. Marcharnos es un modo de hacerlo. Cuando haya pasado un rato, y todos nos hayamos calmado, podemos decirle a nuestro hijo: Cielo, siento que te hayas enfadado, respeto tus sentimientos, pero no cómo los expresas. Siempre que me faltes al respeto, yo me iré durante un rato.
En ocasiones, somos los propios padres los que pretendemos y exigimos a nuestros hijos que controlen y gestionen sus modales, su mal humor, su impulsividad y la manera de hacer determinadas cosas. En definitiva, tenemos la expectativa de que sean nuestros hijos quienes calmen su propia rabia (total, ellos se la provocan, ellos tendrán que dar con la solución, ¿no?). “Nada más lejos de la realidad. Nuestra misión es regular a nuestros hijos, devolverles a la calma para que, cuando sean adultos, sepan hacerlo ellos mismos. Nuestros hijos aún no saben hacerlo de otra forma.
Cuándo Buscar Ayuda Profesional
Si el niño sufre un problema grave de apego o cualquiera de los tipos de trastorno de apego, es importante buscar ayuda profesional. Se debe comenzar por consultar con el pediatra, un especialista en desarrollo infantil o una organización que se especialice en el desarrollo infantil o los trastornos del apego. El tratamiento para problemas y trastornos de apego generalmente combina terapia, orientación y educación para los padres.
Aunque pueden utilizarse medicamentos para tratar afecciones asociadas, como depresión, ansiedad o hiperactividad, no existe una solución rápida. La terapia típica para problemas de apego incluye tanto al hijo como a los padres.
Opciones de Tratamiento Profesional
- Terapia familiar: Involucra al niño y a los padres.
- Orientación psicológica individual: Los terapeutas también pueden reunirse con el hijo de manera individual o mientras los padres observan.
- Terapia de juego.
- Servicios de educación especial.
- Clases de habilidades para padres.
Criar a un niño con problemas de apego puede ser una experiencia desafiante pero gratificante.