Con una carta firmada por Hitler, la ideología nazi comenzó a materializar una de sus locuras más infames: el programa Aktion T4. Este programa, iniciado en enero de 1940 y que duró hasta agosto de 1941 en su fase más visible, tenía como objetivo ahorrar recursos económicos y reducir el número de pacientes considerados incurables en los hospitales. Según Silvia Cutrera, miembro de la Agenzia per la Vita Indipendente, la Aktion T4 era un programa secreto ideado por Hitler cuyo propósito era eliminar a las personas con discapacidad, aquellas consideradas un peso para la sociedad.
El régimen nazi, aprovechando la distracción de la guerra, implantó en 1939 una política de asesinato masivo y sistemático de ciudadanos con alguna discapacidad física o mental. En el uso nazi, la palabra eutanasia se refería al exterminio sistemático de aquellos alemanes a quienes los nazis consideraban "que no merecían la vida" por supuestos defectos o enfermedades genéticas. Este programa de la Alemania nazi fue el primero en tener como objetivo el asesinato masivo.

Orígenes Ideológicos y Marco Legal
Cuando el partido nazi ascendió al poder en Alemania, en 1933, Adolf Hitler comenzó a poner en marcha políticas racistas en defensa de una "raza superior". Determinados sectores de la medicina alemana estuvieron presentes en la confección de estas políticas. Entre las primeras leyes se encontraba la Ley para la Prevención de las Enfermedades Hereditarias de la Descendencia (Gesetz zur Verhütung Erkrankung Nachwuchses), más conocida como Acta de Esterilización, promulgada el 14 de julio de 1933. Esta normativa permitía la esterilización involuntaria, a instancias de un tribunal compuesto por dos médicos y un juez, de sujetos diagnosticados con debilidad mental congénita, esquizofrenia, psicosis maníaco-depresiva, epilepsia hereditaria, corea de Huntington, ceguera y sordera congénitas, malformaciones corporales pronunciadas de carácter hereditario, y alcoholismo crónico grave, entre otros.
La palabra eugenesia ("buena raza") fue acuñada por el inglés Francis Galton en 1883, primo de Charles Darwin. La eugenesia era concebida como un medio técnico para mejorar la raza, pero a la vez era una cosmovisión que apostaba por medidas elitistas y discriminatorias apoyadas en el neomaltusianismo. Se generalizó la idea de que debía evitarse el nacimiento de personas que, dejadas a su suerte por la selección natural, no tendrían posibilidades de seguir con vida. Todo, tanto lo moral como lo fisiológico, se atribuía a la herencia.
La obra que quizá tuvo mayor influencia para la justificación del programa de exterminio fue la firmada en 1920 por el psiquiatra Alfred Hoche y el profesor de Derecho Penal Karl Binding, titulada: "La autorización para el exterminio de las vidas sin valor vital". En ella, las personas con discapacidad eran calificadas como "seres humanos defectuosos, comedores inútiles, caparazones humanos vacíos". Adolf Hitler, en su obra Mein Kampf, tomó prestadas ideas de la eugenesia y el darwinismo social, asegurando: "Quien no esté sano física y mentalmente no puede pretender inmortalizar su sufrimiento en su descendencia."
Para lograr la adhesión, al menos tácita, de la población, no se escatimaron medios en la producción de impresos y productos audiovisuales. El cortometraje Erbkrank / Hereditary disease (1936), con imágenes reales de pacientes en hospitales psiquiátricos, es un ejemplo de la propaganda elaborada en la Oficina de Política racial.
Implementación del Programa Aktion T4
Selección y Traslado de Víctimas
Los directores de los hospitales hicieron listas donde escribían a las personas que, según este programa, no tenían derecho a vivir. En estas listas había personas con enfermedad mental, personas con discapacidad y cualquiera que no pudiera valerse por sí mismo. En la sede central en Berlín, analizaban los datos y decidían qué personas calificaban como "no productivas" y que, por tanto, tendrían que abandonar el hospital. Eran tantos que surgió un problema logístico, creándose una empresa de transporte con vehículos perfectamente camuflados, la Gekrat. Los considerados incurables eran trasladados a viejos hospitales o cárceles abandonadas que habían sido adaptados para hacer experimentos con ellos y acabar con sus vidas.
Según Cutrera, se trasladaba a la gente con la excusa de llevarlos a un sitio donde podrían ser vistos por un especialista o recibir un mejor tratamiento. A las familias no se les comunicaba este traslado; en realidad, solo les llegaba después un comunicado del fallecimiento. En los nuevos centros, los pacientes eran engañados y sometidos a un supuesto reconocimiento médico. Después pasaban a otra habitación donde pondrían fin a su vida.

Métodos de Exterminio y Centros
Los comienzos de las cámaras de gas para este propósito generaron un escándalo que levantó sospechas, sobre todo cuando hubo un escape del primer centro. Cutrera relata que "el humo llegó al exterior y las instalaciones estaban muy cerca de la aldea. La gente podía sentir el olor y comenzaron a hacerse preguntas: ¿Qué está sucediendo ahí dentro?".
A partir del otoño de 1939, se establecieron instalaciones de gaseo en Bernburg, Brandenburg, Grafeneck, Hadamar, Hartheim y Sonnenstein. Los médicos seleccionaban a los pacientes y los transferían desde las clínicas a uno de estos centros de gaseo donde eran asesinados. Las víctimas perecían en las cámaras de gas, disfrazadas como duchas, donde se usaban botellas de monóxido de carbono puro. Los funcionarios de T4 quemaban los cuerpos en crematorios adjuntos a las instalaciones de gaseo.

Los bebés y niños pequeños con discapacidades también eran asesinados mediante dosis letales de drogas o por inanición. Un Decreto confidencial de julio de 1939 introdujo la obligación a médicos, matronas y clínicas de informar sobre nacimientos con alguna anomalía. Los casos detectados se enviaban a las "unidades especiales de pediatría", las fatídicas Kinderfachabteilung, unas 25 abiertas por todo el país. A los padres se les tranquilizaba argumentando que se aplicaría un tratamiento curativo, cuando en realidad se procedía a administrar inyecciones letales.
El asesinato de pacientes mediante la reducción al mínimo de las raciones alimenticias (Hungerkost), que quedaron prácticamente limitadas a verduras cocidas (dieta E), o cancelando la calefacción de los hospitales en invierno, fueron prácticas habituales. En algunos centros, los médicos y enfermeros aceleraban la muerte de los pacientes mediante la administración prolongada de dosis bajas de barbitúricos, con lo que se conseguía una neumonía terminal. En otros centros se efectuaron asesinatos menos discretos, mediante la inyección intravenosa de aire o la inyección letal de varios fármacos, como opiáceos y escopolamina.
El asilo de Kaufbeuren es un ejemplo de estas prácticas. Una enfermera reportó: "... fui destinada al asilo de Kaufbeuren con órdenes precisas de practicar la eutanasia a todos los enfermos mentales… Yo reportaba directamente al director del hospital… A los pacientes se les administraba Luminal o Veronal y algunas veces Trional en forma de comprimidos, así como morfina-escopolamina en forma líquida cuando los efectos de los barbitúricos no eran los deseados. La modificación de la dosis de la medicación quedaba bajo mi responsabilidad… Yo, habitualmente, iniciaba el tratamiento con dos comprimidos de Luminal de 0,3 mg diarios e incrementaba esta dosis según el curso de la ‘enfermedad’." Ejemplos similares fueron reportados como prácticas habituales en otros centros, como el hospital de Meseritz-Obrawalde, donde se llegó a asesinar a 10.000 pacientes.
Reacción Pública y la Continuación Clandestina
La desconfianza se generalizó. Familias enteras escribían a los hospitales preguntando por sus parientes. La sospecha fue tal que el obispo de Münster, Von Galen, denunció las desapariciones de pacientes desde el púlpito en el verano de 1941. Sus valientes homilías en la catedral lo denunciaban abiertamente, con las bombas británicas ya cayendo sobre la ciudad. Desde el púlpito calificó la desaparición de pacientes de las instituciones como un rotundo homicidio. Von Galen fue respetado por el régimen debido a su prominencia, pero varios de sus empleados fueron arrestados.
Las protestas y la presión social consiguieron cerrar aparentemente el programa Aktion T4 un año y medio después de su inicio, tras 70.274 personas exterminadas. Sin embargo, el llamado de Hitler para detener las acciones de T4 no significó el final de la operación de asesinato por “eutanasia”. La “eutanasia” infantil continuó, y en agosto de 1942, los profesionales médicos y los trabajadores de salud alemanes reanudaron los asesinatos de una manera más oculta. Mediante la aplicación de sobredosis de fármacos e inyecciones letales, la campaña de “eutanasia” se reanudó en una amplia gama de instituciones en todo el Reich y continuó hasta los últimos días de la Segunda Guerra Mundial.
Los estrategas y funcionarios de T4 tomaron complicadas medidas para ocultar sus designios. Aunque los médicos y los administradores de las instituciones falsificaban los expedientes oficiales en todos los casos para indicar que las víctimas habían muerto por causas naturales, el programa de “eutanasia” se convirtió rápidamente en un secreto a voces. La orden de Hitler no hizo sino cambiar la estrategia del programa; lejos de enlentecer su maquinaria, la descentralizó y aceleró su mortandad. Este hecho demuestra cómo una sociedad organizada puede influir en contra de las injusticias, aunque no las detenga por completo.

Conexión con el Holocausto y el Legado del T4
El programa T-4 se convirtió en el modelo para el asesinato en masa de judíos, romaníes (gitanos) y otros grupos en campos equipados con cámaras de gas que los nazis abrirían en 1941 y 1942. El gran historiador Henry Friedlander, autor de "Los orígenes del genocidio nazi. De la eutanasia a la solución final", señalaba que "la ideología, la toma de decisiones, el personal y la técnica de las ejecuciones vinculaban la eutanasia con la Solución Final". Friedlander argumenta que la eutanasia no fue un simple prólogo, sino el primer capítulo del genocidio nazi. El salto de considerar que unos seres humanos son inferiores a otros a asesinarlos de forma organizada y masiva se tomó por primera vez con los discapacitados.
El hallazgo por parte de un militar norteamericano en el Castillo de Hartheim de la estadística siniestra del programa puso cifras a la barbarie. El más mortífero fue Hartheim, hoy convertido en Memorial. Se puede visitar en Austria y es estremecedora la experiencia de recorrer sus sótanos donde se pueden leer los nombres de quienes fueron allí asesinados. Otras salas del centro recogen multitud de fotos actuales de personas con discapacidad plenamente integradas en la sociedad, en clara contraposición con lo que allí ocurrió.

En el este ocupado por los alemanes, las personas con discapacidades también fueron víctimas de la violencia. Las SS y las unidades de la policía también asesinaron a pacientes discapacitados en fusilamientos masivos y en camionetas de gaseo en los territorios soviéticos ocupados. Miles más murieron asesinados en sus camas y pabellones a manos de las SS y las unidades de la policía auxiliar en Polonia y en la Unión Soviética.
El desprecio absoluto de los nazis por la vida queda reflejado en una historia que narra Friedlander. Cuando Heinrich Himmler comprobó el efecto que tenía sobre los soldados el fusilamiento durante horas de seres humanos, decidió en el otoño de 1941 probar otros métodos de asesinato masivos y rápidos. Su primera idea fue utilizar dinamita, lo que resultó un absoluto horror porque al final los asesinos acabaron recogiendo restos humanos de los árboles de los alrededores del lugar de la masacre. Las víctimas de este atroz experimento fueron pacientes discapacitados rusos de los hospitales de Minsk y Mogilev. Solo entonces, las SS recurrieron a las cámaras de gas que se habían utilizado en el programa T4.
Casos Específicos y Figuras Controvertidas
Helene Melanie Lebel: Una Víctima del T4
Helene Melanie Lebel, conocida afectuosamente como Helly, fue criada como católica en Viena. A los 19 años, Helene empezó a mostrar síntomas de enfermedad mental, siendo diagnosticada con esquizofrenia e internada en el hospital psiquiátrico Steinhof de Viena en 1935. Aunque su condición había mejorado, Helene fue confinada a Steinhof tras la anexión de Austria por Alemania en 1938. En 1940, Helene fue transferida a una prisión convertida en Brandenburg, Alemania, donde fue desvestida, examinada físicamente y llevada a un cuarto de duchas. Helene fue una de las 9.772 personas gaseadas ese año en el centro de "Eutanasia" de Brandenburg.
Hans Asperger y su Conexión con el Régimen Nazi
El pediatra austríaco Hans Asperger, quien dio nombre a la condición Asperger del espectro autista, ha sido objeto de estudio por su posible vinculación con el programa de eutanasia nazi. Un estudio del historiador médico Herwig Czech, publicado en la revista Molecular Autism, sugiere que Asperger "se las arregló para acomodarse al régimen nazi y fue recompensado por sus confirmaciones de lealtad con oportunidades profesionales". Así, el célebre pediatra pudo haber contribuido a la muerte de decenas de personas que formaron parte de programas de eugenesia y eutanasia.
Edith Sheffer, investigadora de la Universidad de California Berkeley, afirma que "el trabajo que realizó (Asperger) está vinculado al auge del nazismo y de sus mortales programas científicos". La revisión documental realizada por Sheffer muestra que Asperger recomendó la transferencia a centros como Am Spiegelgrund de decenas de niños que, estando allí, murieron. Los doctores estaban obligados a notificar los casos de niños con discapacidad a su cuidado, y a los estudiantes de medicina se les entrenaba para administrar inyecciones letales y preparar certificados de defunción falsos.

Sin embargo, el autor Steve Silberman, si bien acepta la existencia de la carta que sentenció a muerte a la niña Herta Schreiber (enviada por Asperger a Am Spiegelgrund), reivindica también el trabajo de Asperger, destacando episodios que le ganaron la reputación de haber tratado de salvar la vida de niños con ciertas condiciones médicas. En un informe de 1943, Asperger escribió: "El autismo muestra particularmente bien cómo personalidades anormales son capaces de desarrollarse y ajustarse al entorno. Y esto nos da el derecho y nos obliga a defender a estos niños."
La Representación en el Cine y la Memoria Histórica
El periodo histórico del nacionalsocialismo en Alemania ha sido llevado al cine con profusión, abordando muy diferentes enfoques. Si bien predominan las películas que tratan el genocidio judío, como La lista de Schindler (1993), el programa sistemático de exterminio de personas con discapacidad, llevado a cabo por la clase médica y de enfermería, ha sido menos explorado hasta fechas recientes.
Dos películas que se adentran en estos métodos son Niebla en agosto / Fog in august (2016) de Kai Wessel y La sombra del pasado / Never look away (2018) de Florian Henckel von Donnersmarck. Ambas ilustran la colaboración de la clase médica en la selección y ejecución de las víctimas, con fines que hunden sus raíces en la denominada pureza racial. En La sombra del pasado, el Doctor Carl Seeband es el encargado de ordenar la esterilización de quien presuntamente padece una enfermedad mental. La trama, una adaptación libre de la vida del pintor Gerhard Richter, conecta con estos crímenes, revelando que el suegro del pintor participó en esterilizaciones forzadas y que una tía suya murió en el programa de eutanasia.
Aunque tratado en películas y en una famosa obra de teatro de 1963, El vicario, el programa T4 sigue siendo relativamente poco conocido. Pese a que incluso se celebraron juicios al final de la guerra contra los responsables del programa, esta masacre fue cayendo poco a poco en el olvido. El monumento que conmemora en Berlín este genocidio no fue inaugurado hasta 2012. Los responsables del memorial de Auschwitz-Birkenau repiten una frase que refleja la complejidad y el horror de la Shoah: “Cuando miramos a Auschwitz vemos el final del proceso. Es importante recordar que el Holocausto no empezó con las cámaras de gas. El odio se desarrolló gradualmente a partir de las palabras, los estereotipos y los prejuicios, mediante la exclusión legal, la deshumanización y la escalada de violencia”.