La concepción tradicional del matrimonio y las relaciones afectivas ha evolucionado significativamente, abriendo paso a un fenómeno cada vez más visible: el matrimonio en la tercera edad. Este proceso de modernización social, junto con nuevas ideas sobre la vejez y la familia, ha propiciado que muchas personas mayores reemprendan una nueva relación afectiva. Es un asunto de extraordinario interés para la gerontología conocer los efectos que un nuevo matrimonio tiene sobre la calidad y la esperanza de vida de los mayores, así como sus implicaciones en la familia y el Estado.

Un Fenómeno en Ascenso: El Matrimonio en la Tercera Edad
Las estadísticas indican que en los últimos diez años se ha disparado el matrimonio de personas mayores de sesenta años, sobre todo entre los hombres. Si bien el mercado matrimonial de mayores es relativamente residual (en torno al 1% del total de matrimonios), es un fenómeno cuantitativamente creciente. La «vejez activa» y las facilidades de encuentro entre mayores de diferente sexo se han ido ampliando progresivamente. La mayor permisividad social y las nuevas concepciones sobre la vejez, la familia y la irrupción de los separados y divorciados de estas edades son, entre otros, algunos de los factores que favorecen que los mayores reemprendan una nueva relación afectiva.
Numerosos estudios muestran que las personas casadas viven más, tienen mayor satisfacción vital o de ánimo, mejor salud mental y física, mayores recursos económicos, más apoyo social y tasas más bajas de ingreso en instituciones. Aunque se trate de una relación causa-efecto compleja, el hecho de unas relaciones estables y gratificantes favorece la longevidad y el sentimiento de estar sano. Es claro que los adultos mayores no solo necesitan espacios de cuidado, un techo, alimentación y abrigo, sino que también existe la necesidad de amistad y el amor.
Panorama Estadístico: España y Chile
La Situación en España
Según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) por Comunidades Autónomas, la cifra de enlaces en la Región de Murcia en los que al menos uno de los cónyuges tiene 60 años o más se ha incrementado de 72 varones en 2002 a 135 en 2012. A nivel nacional, actualmente ya en una de cada 20 bodas al menos uno de los novios ha traspasado la barrera de los sesenta años. Un factor que también lleva al incremento de los segundos matrimonios es el hecho de que cada vez se producen más divorcios.

Una investigación sobre la nupcialidad de mayores en España durante el período 1950-2001, parte de un Proyecto I+D+I del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, revela aspectos clave. El primer objetivo de este estudio fue conocer el alcance y la evolución del fenómeno, analizando cómo ha progresado la nupcialidad de los mayores respecto al total general. Se observa que, como causa del envejecimiento demográfico y de la evolución de los estados civiles, se produce un aumento del universo de población de personas mayores potencialmente susceptibles de formar parte de este mercado matrimonial teórico.
El segundo objetivo de la investigación fue identificar las principales características de los contrayentes de estos matrimonios en los que al menos una de las partes tiene 60 o más años. Estos matrimonios pueden ser "entre mayores" (ambos cónyuges ≥ 65 años) o "de mayores" (solo uno ≥ 65 años). Al analizar la composición interna del grupo de mayores desde el punto de vista del estado civil, la situación predominante es la de casados, con el 59,6% en 2001. El segundo grupo más numeroso es el de viudos, que representa un 33,3% del total de mayores, mientras que la tasa de soltería es baja (10,3%) y la de separados y divorciados es de escasa incidencia (0,3% en 2001).
Cabe destacar una diferencia significativa entre varones y mujeres: mientras que entre los varones casi 4 de cada 5 se encuentran casados, para las mujeres el porcentaje se reduce a un 45,6%. En 2001, por primera vez, el volumen de mujeres casadas superó al de viudas, rompiendo la hegemonía de estas últimas durante la segunda mitad del siglo pasado. Esto se explica por la evolución de la esperanza de vida, que en 1950 era de 65 años para mujeres y 60 para varones, y actualmente los varones se acercan a los 70 años, permitiendo que más mujeres lleguen a los 65 años casadas.
Las viudas suponen un 41,1% de la población total femenina ≥ 65 años, mientras que en varones este porcentaje es del 12,9%. El hecho de que entre los mayores de 65 años el porcentaje de varones casados prácticamente duplique al de mujeres casadas (77,4% frente al 45,6% en 2001) explica la mayor "disponibilidad" potencial de las mujeres mayores para participar en este mercado matrimonial y la mayor posibilidad de elección de los varones.
El número total de mayores de 65 años se ha incrementado muy notablemente, de poco más de 2 millones en 1950 a más de 6,8 millones en 2001. Como consecuencia, ha aumentado tanto el número de "no casados" (viudos, solteros y divorciados), pasando de 1,1 millones a 2,7 millones en 2001, como el de "casados". Con respecto a la incidencia de las diferencias según el sexo, estas son siempre favorables a las mujeres. En 1950, por cada varón mayor potencialmente disponible para un nuevo matrimonio, había casi 3 mujeres; en 1991 esta cifra se aproximó a 4 mujeres, y en la actualidad, por cada varón disponible, hay 3,4 mujeres. Este patrón se ha estabilizado en los últimos años debido a que el número de mujeres casadas mayores de 65 años ha superado por primera vez al de viudas.
La Realidad Chilena
En Chile, el matrimonio ya no entusiasma como en décadas pasadas, con una disminución de casi cien mil enlaces en 1987 a 61.320 en 2017. Sin embargo, al apreciar las edades, resalta un aspecto: en 2017 hubo 225 mujeres que tenían 75 años o más cuando se casaron y 707 hombres contrayentes de esa misma edad, sumando un total de 932 matrimonios de personas mayores. Este fenómeno va en alza, con un aumento del 43,3% en una década para personas mayores de 75 años, pasando de 650 en 2007 (527 hombres y 123 mujeres) a las cifras de 2017. La población de personas mayores en Chile sobre 60 años es de 2 millones 850 mil 171, equivalente al 16,22% del total, según el Censo 2017.
¿Con quiénes se casan? En el caso de los hombres, la mayor parte lo hace con mujeres que tienen edades entre los 60 y 64 años (144 enlaces), representando el 20% del total de 707. En ellos, el enlace con una pareja de menor edad (entre 25 y 29 años) es poco común. Para las mujeres, el mayor grupo de edad de sus compañeros es el de 75 años y más, con 125 matrimonios (55,5%). El matrimonio con una pareja más joven también es raro, con un hombre entre 40 y 44 años registrado en un caso.
CONOCIENDO MIS DERECHOS - Matrimonio en adultos mayores - 08/08/21
Razones y Beneficios de las Nuevas Uniones
Amor, Compañía y Bienestar Emocional
Gerardo Fasce, geriatra del Hospital Clínico de la Universidad de Chile, señala que los matrimonios sobre los 75 años no son esporádicos. Se trata de relaciones de pareja que muestran un sentido diferente a otras etapas. Es un grupo más maduro, que tiene más claro en qué situación están. "Existe bastante más compromiso y reconocen las carencias y dificultades del otro, y donde el vínculo pasa más a acompañarse en esa etapa de la vida", destaca Fasce.
Carolina Baquerizo, encargada de fidelización y acompañamiento de voluntariado en Fundación Las Rosas, observa que "entre los residentes aflora el amor y la amistad. Es también una necesidad vital para ellos". En un caso, una pareja se enamoró y se quiso casar, y aunque hubo desacuerdo de un hijo, "al final se casaron y constituyeron una familia". Otras veces, aunque no se casen, se forman "pololeos" y amistades íntimas, como otra pareja que, siendo "pololos y amigos", se visitan día por medio. El libro Intimacy in Later Life (2004) aborda esta temática, indicando que muchos hombres y mujeres mayores que se habían embarcado en una nueva relación de pareja, reconocían que nunca pensaron que volverían a sentirse enamorados. Las parejas que se divorcian y se casan más tarde en la vida, a menudo tienen una mejor idea de quiénes son y de lo que quieren de una relación.
Kate Davidson, coautora de dicho texto, señala que hombres y mujeres muestran distintos modos de reanudar su vida amorosa. Los hombres quieren una pareja que viva con ellos, mientras que ellas desean salir con alguien, pero no siempre vivir juntos. Fasce resalta que la capacidad de vivir la viudez y la tercera edad es mucho mejor en la mujer, que es más longeva, tiene un mejor estatus de salud y es más independiente. El hombre, en cambio, manifiesta con mayor frecuencia necesidad de compañía. Camila Quinteros, de 60 y Más Consultores, sugiere que las mujeres pareciera que tienen sus necesidades sociales y afectivas cubiertas en esa etapa sin un vínculo marital, mientras que los hombres, al enviudar, se casan prontamente o su estado de salud decae considerablemente. Pareciera que la mujer puede seguir siendo autónoma en la vejez sin la compañía de un hombre.
Aspectos Legales y Teóricos
Estos matrimonios representan una alternativa desde el punto de vista legal, por ejemplo, por un tema de herencia que es "desde lo práctico bien relevante, ver quién va a quedar de heredero", según María José Gálvez, psicóloga. Gálvez también menciona la teoría de la selectividad socioemocional de Laura Carstensen, directora y fundadora del Stanford Center on Longevity, que hace referencia a que a medida que se acorta el tiempo, las personas rescatan solo lo positivo. "También haciendo como un análisis de la vida, de acuerdo a la teoría de Erikson, te das cuenta que te faltaron algunas decisiones por tomar o que te gustaría darle un vuelco a tu existencia independientemente de cuántos años de vida te quedan", indica.
Prejuicios Sociales y Discriminación por Edad (Edadismo)
El Estigma del "Qué Dirán"
Observar el fenómeno de los matrimonios en la vejez como algo anecdótico responde básicamente a una mirada edadista de nuestra sociedad hacia las personas mayores. El edadismo es un tipo de discriminación por edad, explica Agnieszka Bozanic, psicogerontóloga de la Universidad de Barcelona y fundadora de #GeroActivismo, en la cual se atribuyen ciertas características solo por tener esa edad. "Es un tipo de discriminación muy sutil y se ha observado que es más prevalente que el machismo y racismo. En este caso, el 'viejismo' es un problema mayúsculo. Algunos estudios hablan que la gente que interioriza el viejismo, vive 7,5 años menos".
Las construcciones sociales tradicionales tienden a inhibir, cuando no a negar, la sexualidad del mayor. La sociedad tradicional mantiene una visión negativa de la vejez y ejerce una cierta sanción social con respecto al matrimonio "de" las personas mayores o "entre" las personas mayores, como si entre estas no cupiera la posibilidad del enamoramiento. Un exponente de esta visión es el refranero, que se manifiesta particularmente duro con el mayor que reinicia el amor y ridiculiza su conducta: Vejez con amor, no hay cosa peor. Viejo que se enamora, cerca tiene su última hora. Viejo que bodas hace, requiescat in pace. Amando de Miguel comenta: «Ese rencor se extendía a las personas de cierta edad que decían casarse y de esa forma minaban su salud: Al viejo recién casado, rezarle por finado. Lo que parece compasión realmente es rencor de la peor especie, el que se incuba dentro del círculo íntimo».
Además, para las mujeres mayores, "ser mujer y mayor no es fácil", agrega Bozanic. "En la tercera edad nuevamente está el estigma del 'qué dirán'". Se sabe que la sociedad espera que las personas mantengan los roles o funciones considerados propios de su género, independientemente de la edad. Por lo tanto, es bastante dificultoso para las mujeres tomar la decisión de comenzar una nueva relación de pareja y velar por la felicidad propia. También, un aspecto a considerar en España es la legislación, que retira la pensión de viudedad a las mujeres que vuelven a contraer matrimonio. Hay casos en los que, sean divorciadas o viudas, ni siquiera conviven diariamente con su nueva pareja. Tampoco es raro que este tipo de enlaces terminen en malas relaciones con los hijos de los matrimonios previos, sobre todo si tiene lugar entre un hombre más mayor que la mujer.
La Sexualidad en la Vejez
El geriatra Fasce destaca que se vive una sexualidad distinta en la vejez, "ya no con tanto énfasis en la genitalidad, pero es un tema relevante para ambos". Un tema que abre desafíos, como por ejemplo, las enfermedades de transmisión sexual y VIH, del cual "no se tiene mucha conciencia". La idea de que las personas mayores son "asexuadas" está totalmente fuera de la realidad hoy en día, destaca Quinteros. Un estudio realizado por 60 y Más evidencia que las personas mayores siguen activas sexualmente, siendo una de las variables que elevan la probabilidad de mantenerse sexualmente activo precisamente "ser hombre".
Para Bozanic, el fenómeno reafirma que se debe combatir la idea de una sociedad que exalta la juventud y la relaciona con productividad, belleza y éxito, mientras la edad y el paso del tiempo son vistos como un desvalor. "Ante esto, resulta urgente resignificar la imagen de la vejez, teniendo presente que es una etapa de la vida que, como cualquier otra, contiene aspectos positivos y negativos. Es necesario deconstruir los prejuicios y estereotipos que recaen sobre las personas mayores, así como lo estamos haciendo con el género", concluye.