La madrugada del 14 de agosto de 2018, un devastador incendio en el Hogar Santa Marta en Chiguayante, Chile, cobró la vida de diez adultas mayores. Este trágico evento expuso graves deficiencias en la seguridad y el cuidado de los ancianos, dejando a las familias de las víctimas y a la comunidad con una profunda herida.
El Accidente Inicial en Valdivia: Muerte de una Anciana en Las Ánimas

Anteriormente, un accidente vehicular en Valdivia había conmocionado a la comunidad. El suceso ocurrió cerca de las 08:30 horas, en la intersección de las calles Pedro Aguirre Cerda y Avenida España, en el sector Las Ánimas, cerca del Puente Calle Calle. Según información proporcionada por Carabineros, un camión 3/4 que circulaba por Avenida Pedro Aguirre Cerda de norte a sur impactó en la parte trasera de un camión tolva que realizaba una maniobra de viraje hacia Avenida España. Debido al impacto, una persona de sexo femenino de 65 años fue eyectada del camión 3/4, resultando fallecida en la calzada.
La Fiscal María Consuelo Oliva ratificó el suceso, afirmando que "Carabineros de Valdivia informó hoy día pasada las 8 de la mañana que se había producido un accidente de tránsito (…) lo cual provocó como resultado un herido y un fallecido". El Ministerio Público instruyó la concurrencia de la Sección de Investigación de Accidentes en el Tránsito (SIAT) para efectuar diligencias y determinar la causa basal del accidente. El Servicio Médico Legal (SML) también llegó al lugar a petición del ente persecutor. Por este hecho, el personal policial procedió a la detención del conductor del camión tolva.
El Incendio en el Hogar Santa Marta: Una Tragedia Previsible
Las Historias de Vida de las Víctimas

Cada una de las diez abuelitas que perdieron la vida en el incendio tenía una historia única y conmovedora, reflejando las razones que las llevaron a residir en el Hogar Santa Marta.
Juanita Arriagada: La Fuerza ante la Adversidad
Juanita Arriagada vivió la mayor parte de su tiempo en Cabrero, tuvo siete hijos y se dedicó a criarlos y atender a su marido. En el año 2000, un accidente vehicular cobró la vida de su esposo, dejándola sola junto a sus hijos. Nunca demostró estar mal, era una mujer fuerte y acostumbrada a posponerse. Su hija Nelly Balboa relató a BioBioChile que en ese momento comenzó a decaer y poco a poco empezó a olvidar las cosas, nunca le vieron un psicólogo. Algunas situaciones ponían en peligro su vida, por lo que decidieron contratar a una cuidadora, pero ella nunca aceptó la idea. El empeoramiento del Alzheimer provocó un desgaste emocional en quien se hacía cargo, llevándolos a buscarle un hogar. Su hija se arrepintió de esta decisión. El día que la trasladaron al Hogar Santa Marta, 15 meses antes de la tragedia, casi todos sus hijos se reunieron, la abrazaron, le compraron ropa nueva y la marcaron con su nombre. A ratos, su madre no los reconocía. Cuando llegaron al hogar, Juanita le dijo eufóricamente a quien la recibió: "¡Mira dónde nos vinimos a encontrar!", a pesar de nunca haberla visto antes.
Deyanira Venegas: Una Vida Ligada al Arte
Deyanira Venegas perteneció al coro de la sinfónica y al grupo de ballet de la Universidad de Concepción. Poseía una voz privilegiada y siempre estaba cantando o recitando algún poema. Fue profesora, aunque ejerció poco debido a la crianza de sus hijos. Su vida estuvo ligada al arte, y su encanto y alegría le valieron cientos de poesías de pretendientes. Le encantaba opinar de todo y fue una mujer independiente y activa hasta sus casi 85 años, capaz de usar el transporte público para visitar a su hijo en el trabajo. Un día comenzó a tropezarse y sufrió diversas lesiones, recibiendo un diagnóstico irreversible: Alzheimer. Su familia contrató cuidadoras, pero a veces nadie podía hacerse cargo, por lo que su único hijo en Concepción tomaba los turnos de emergencia. Sin embargo, su madre necesitaba atención permanente. En 2016, dos años antes de la tragedia, Deyanira llegó al Hogar Santa Marta, a la edad de 97 años. Su familia buscaba que "estuviera bien".
Elsa Hidalgo: El Espíritu Protector
Elsa Hidalgo vivía sola en Melipilla. No tuvo hijos y su familia era escasa. Fue profesora, trabajó en la Cruz Roja y dedicó parte de su vida a cuidar a los abuelitos, consiguiendo financiamiento para viajes. Siempre destacó por su rol protector. Un día llamó a sus "sobrinos" que residían en Concepción, pidiéndoles que la fueran a buscar. Estaba llena de moretones, casi sin hablar, y nunca contó lo que le pasó, aunque sospechan que fue un asalto. El trauma alteró su vida y, por primera vez, necesitó que la cuidaran. Llegó al hogar con 87 años, diez meses antes de la tragedia. Con el tiempo, empezó a mejorar y estaba pendiente de todas las abuelitas, "nunca se iba a acostar si no estaban todas acostadas".
Laurentina Espinoza: La Viajera Incansable
Laurentina Espinoza fue minadora en Huachipato hasta sus casi 60 años. Después, se dedicó a viajar por Chile, recorriendo cada extremo del país, llegando incluso a Tacna, Perú. Siempre recordaba la Laguna San Rafael por un whisky a las rocas con hielo del mismo lugar. Su anhelo era llegar a Argentina para conocer la tumba de Carlos Gardel y Leonardo Fabio, viaje que nunca logró concretar. Vivió sola un tiempo en Chiguayante, pero se sentía desesperada por no poder socializar, por lo que ella misma pidió irse al hogar, lo necesitaba. Cuando llegó con 91 años, siete meses antes del incendio, se enamoró del lugar. Le encantaba sentarse junto a la chimenea, conversar y que el almuerzo estuviera listo. Era fan de las pantrucas, siempre repitiendo el plato. Sus hijas Ana y Ximena Sáez, junto a su yerno Gregorio Cuevas, relataron a BioBioChile que allí "era bonito. Plantaban su comida, bailaban, pintaban, tenía ejercicios. Las cuidadoras eran excelentes, igual que los kinesiólogos". Toda la familia se enamoró del hogar, la visitaban a diario e incluso participaban de las actividades. Reconocieron haber sido "ignorantes" al no fijarse en que el hogar no cumplía con las normativas, no había extintores, los pasillos eran estrechos, pero ella era feliz y vivía muy bien.
Amanda Riquelme: La Coqueta que Buscaba la Paz
Otra abuelita que pidió irse al hogar fue Amanda Riquelme, una de las más jóvenes. Sufría de glaucoma, por lo que veía poco, y además padecía de depresión con trastorno de personalidad. Su hija mayor, Isabel Marín, confesó a BioBioChile que creció escuchándola decir que quería morirse. "Si amanecía lloviendo ella levantaba sus manos y pedía 'Señor, llévame'". Cada vez que iban a la playa, ella se metía al mar y decía "Señor, ayúdame a morir". Intentó suicidarse varias veces. Amanda era una mujer coqueta y le encantaba estar "arregladita", le gustaba ser la más bonita de todas. Se enamoró del kinesiólogo del hogar y nunca quiso depender de nadie. Lloraba para que la llevaran a la casa de reposo y se iba cantando en el auto cuando la dejaban. Alcanzó a estar dos meses antes del incendio.
Cronología de la Tragedia
Incendio en hogar de ancianos deja un fallecido y seis heridos en Providencia | 24 Horas TVN Chile
Horas antes del incendio, la dueña del Hogar, Marta López, se quedó hasta las 23:00 horas esperando al personal. Ordenó que cargaran la estufa con poca leña y que la dejaran apagarse porque ya todos estaban durmiendo. La mayoría usaba frazadas térmicas o guateros. Las cuidadoras se encontraban en el salón del comedor, desde donde tenían una perspectiva de todo el pasillo, incluida la estufa.
Casi cuatro horas más tarde, la misma estufa que debió estar apagada, comenzó a recalentarse y provocó un incendio desproporcionado en el pabellón 2. La madrugada del 14 de agosto de 2018, el cabo primero José Romero y su colega, de servicio nocturno, recibieron tres llamados. Los primeros dos mensajes indicaban un principio de incendio, mientras que el último decía que se trataba de un incendio en un hogar. Tardaron entre 7 y 10 minutos en llegar, siendo los primeros en la escena. En ese lapso, el pabellón 2 ya "estaba declarado", es decir, nada se podía hacer. Adentro dormían once mujeres y se suponía que debían haber dos funcionarias cuidándolas. Una de ellas declaró haber escuchado una explosión, aunque no se sabe si verdaderamente estaban en su lugar de trabajo.
José Romero recuerda que cuando dijeron que había más adultos mayores atrapados en otros pabellones y que estaban siendo alcanzados por el fuego, sin dudar, comenzaron a sacarlos. Fue un instinto natural. Cuando comenzó el incendio, la mayoría estaba durmiendo. Ambos carabineros los tomaban en brazos y los sacaban del hogar. Algunos comenzaron a gritar y a preguntar qué pasaba, totalmente desorientados. Lograron rescatar a quince adultos mayores hasta que llegó ayuda. Del pabellón 2, solo sobrevivió una abuelita, quien logró escapar por la ventana con quemaduras, sin ayuda de nadie. Romero expresó: "Cuando bajó la adrenalina sentí miedo. Actuamos sin pensarlo, solo para salvar vidas. Pensé en mi familia, en mis hijos, en mi señora. Yo no me siento un héroe, solo logré hacer lo que más pude en ese momento junto a mi colega."
Investigación y Responsabilidades
Labocar de Carabineros concluyó en su informe que la causa basal del incendio fue el recalentamiento del cañón de la estufa, precisamente en la zona de unión con el entretecho, donde se necesita una especial aislación. Aunque inicialmente se pensó que las diez abuelitas murieron calcinadas, el informe de Labocar, junto al del Servicio Médico Legal, demostró que la causa de muerte fue por asfixia. Algunas de ellas fueron encontradas fuera de su cama, quizás en un intento desesperado de escapar o ayudar.
El abogado querellante Enrique Hernández representa a siete familias. Por lo mismo, la fiscalía solicitó una nueva pericia con la que esperan establecer con precisión la responsabilidad de carácter individual. A través de medios científicos, buscan precisar qué sucedió esa madrugada y descartar cualquier factor externo. Se espera que esta pericia esté concluida en unas semanas. Por ahora, la certeza es que el Hogar Santa Marta estaba construido de madera, el ancho de las puertas era más angosto que las camas donde dormían las abuelitas y no contaba con alarmas de incendio. Además, existe una investigación para determinar si las funcionarias tenían o no capacitación para usar el extintor y actuar ante una emergencia.
El abogado aclara: "Hoy hablamos de un cuasidelito de homicidio. Hoy no es posible imputar a nadie. Sí existe negligencia, en eso tenemos convicción, pero estamos a la espera del informe para indicar quiénes son las personas responsables penalmente".
La Versión de la Dueña del Hogar
Contrario a lo que dice la parte querellante, la dueña del Hogar, Marta López, declaró a BioBioChile que el incendio jamás se pudo prever y que fue un accidente insospechado para ella. Afirmó que "se había cambiado la chimenea del comedor grande por una estufa nueva Amesti. El sábado, antes del cambio, fui en la tarde y las visitas estaban calentándose la espalda, pegadas a la chimenea. Es más, la reja de contención estaba llena de ropa que estaba calentando para sus familiares". Sin embargo, la estufa nueva que describe la dueña no fue la que se quemó. Los motivos del cambio eran que el viento norte provocaba que saliera humo por el hogar de la chimenea, quedando esparcido en el comedor. El origen del incendio fue en otra estufa, sin marca, con soldaduras rotas y con un cañón que provenía de una caldera.
Legado y Memoria
El hogar se formó como Casa de Reposo en 1966 y desde 2010 lo administraba Marta López. Meses después del incendio, cerró para siempre. Para ella, es una herida abierta y latente por el resto de su vida. "Dejé de ser feliz, salvo la alegría que me da ver a mi familia (…) Todos tratan de alegrarme el día a día, pero nunca sabrán el calvario que he vivido en estos 3 años. No hay noche que no despierte con las imágenes del incendio y las sirenas de los bomberos ingresando al predio."
Desde la Municipalidad de Chiguayante, han intentado estar siempre presentes para honrar la memoria de las abuelitas y fortalecer su oficina del adulto mayor. A futuro, quieren forjar una alianza con la Corporación de Ayuda Diez Abuelitas para el Adulto Mayor, creada por los familiares de las víctimas. Gonzalo Díaz, alcalde subrogante de Chiguayante, expone: "Hoy día nuestra sociedad, nuestro Estado, tiene una deuda pendiente con nuestros adultos mayores y en ese contexto nosotros tenemos que por lo menos, honrar la memoria de nuestras abuelitas, porque seguimos en deuda con ellas."
Marta Provoste fue una de las sobrevivientes; el día del incendio dormía en otro pabellón. Tenía demencia senil y un día la encontraron desnuda, por eso decidieron llevarla a una casa de reposo para que la pudieran cuidar. Ella no recuerda ese día. Su yerno, Mario Castillo, expresa que no se trató de un abandono, sino de una preocupación, y nunca dejaron de visitarla. "-¿Qué preocupación tiene el país? Hoy los candidatos hablan, aparecen en las tragedias, pero ¿realmente se preocupan de que la población está envejeciendo?"
El día antes del incendio, Juanita llamó a todos sus hijos. Su hija Nelly la visitaba todos los días después del trabajo y esa tarde sintió la necesidad de que saludaran a su madre. Solo contestaron 3 de 7. Pierre visitaba a su madre 3 veces por semana y recuerda que hasta el último día lo educó, con una mirada sabía qué estaba bien o mal. Cada 14 de agosto, las familias se reúnen afuera del Hogar Santa Marta, hacen una ceremonia, rezan y luego forman un círculo para contar las anécdotas de las abuelitas. Todos ríen, lloran y se marchan con una herida que siempre estará presente.