¿Qué es un Montepío?
El montepío es un fondo de dinero que se constituye a partir de los descuentos efectuados a los miembros de una institución o a un grupo que forma parte de dicha organización. En esencia, es como un depósito o caja donde se reúne dinero proveniente de descuentos sobre los sueldos de los miembros de una entidad.
En simple, el montepío puede definirse como un fondo cuyo objetivo es acumular un ahorro para socorrer a sus aportantes, cumpliendo una función de beneficencia. Lo que ha sucedido es que, con el tiempo, se han eliminado los descuentos aplicados para estas entidades, siendo el Estado el que decidió encargarse de financiar las respectivas pensiones. Por Real Decreto en 1857 cesaron los descuentos para el montepío militar en España, y las pensiones de viudedad u orfandad tuvieron que empezar a financiarse con el Tesoro Público.
Los montes píos eran fondos, cajas o depósitos de dinero formados ordinariamente con autorización del Gobierno y previa la aprobación de sus estatutos, con los descuentos que se hacían a los individuos de algún cuerpo o clase, o por contribución de los mismos para pensionar a sus viudas u huérfanos o facilitarles auxilio en la vejez y enfermedades. Después, se suprimieron los descuentos para montes píos pero el Estado tomó sobre sí la obligación de cubrir sus atenciones.
Orígenes y el Monte de Piedad
El término "montepío" proviene de la expresión italiana "monte di pietà" (monte de piedad), que a su vez hace referencia a una institución benéfica creada en Italia en el siglo XV. Estos montes de piedad surgieron como una respuesta a la usura, ofreciendo préstamos a bajo interés con el objetivo de ayudar a las personas necesitadas y evitar que cayeran en manos de prestamistas abusivos.
El primer monte de piedad oficialmente nació en Italia en el siglo XV, a iniciativa de los franciscanos (principalmente gracias a fray Bernabé de Terni), como una forma de combatir la usura. Los primeros montes de piedad fueron establecidos desde 1462 a 1490 en Perusa, Savona, Mantua y Florencia. En dicha época era habitual que los prestamistas cobraran intereses altos por los créditos del orden del 20 al 200 %, lo que hacía que el acceso al crédito estuviera vedado o fuera muy restrictivo para agricultores, artesanos, pequeños comerciantes y los pobres.
La palabra "Monte" hacía ya referencia a una caja pública o una masa metálica de dinero. Las ciudades estado italianas habían instaurado Montes desde el siglo XII para afrontar necesidades financieras o de obras públicas. Los montes de piedad atendían las demandas de las clases sociales más necesitadas de protección, a través de la concesión de préstamos gratuitos sin interés, garantizados con alhajas y ropas, e intentando con ello suavizar los abusos de la usura.
Para conseguir su finalidad, el Monte de Piedad necesitaba recursos, que obtenía sobre todo de la captación de depósitos en metálico. También obtenía fondos provenientes de limosnas, de ayudas de la Corona y de celebraciones religiosas. No obstante, estos recursos pronto se manifestaron insuficientes y se hizo necesario cobrar intereses, hecho que supuso críticas dentro de la Iglesia católica. Estas críticas no serían atemperadas hasta que el Concilio de Letrán V en 1515 admitió la posibilidad de establecer un moderado interés por los préstamos prendarios.

Los Montes de Piedad en España
Los montes de piedad aparecieron en España durante el siglo XVI. En España, el Monte de Piedad de Madrid es el más antiguo de los que existen actualmente, fundado en 1702 por el padre Piquer, capellán del monasterio de las Descalzas Reales. Este montepío sentó las bases del resto de Montes españoles, que constituyeron los cimientos para el nacimiento de las cajas de ahorro durante la primera mitad del siglo XIX.
Durante el siglo XVIII, los Montes de Piedad estuvieron patrocinados por la iniciativa real, manteniéndose la inspiración benéfico-religiosa de su funcionamiento. La base de estos bancos está en las llamadas Arcas de limosna, surgidas en España en 1431.
El Montepío en España: Un Sistema de Previsión Social
La palabra "montepío" evoca un sistema de ayuda mutua y previsión social con raíces profundas en la historia española. Aunque su significado actual se reduce a menudo a una simple pensión o institución que la proporciona, su origen y evolución son mucho más ricos y complejos. En una sociedad con escasas redes de protección social, los montepíos representaban una forma de seguridad y apoyo para determinados colectivos. Su importancia fue especialmente relevante en el ámbito militar, donde los riesgos eran mayores y la necesidad de proteger a las familias de los soldados era crucial.
Mientras los trabajadores de la naciente industria se organizaban en las sociedades de socorros mutuos (en un principio prohibidas y perseguidas por el Estado), ese mismo Estado creaba los denominados montepíos oficiales, destinados a auxiliar a los funcionarios y a sus familias. El concepto de montepío evolucionó, extendiéndose más allá de los préstamos y abarcando otras formas de asistencia social. En este contexto, el montepío se convirtió en un sistema de previsión social financiado por los propios miembros, quienes aportaban una cantidad periódica para crear un fondo común destinado a:
- Proteger a las familias de los miembros del cuerpo en caso de fallecimiento del sostén familiar.
- Socorrer a las viudas y huérfanos.
- Proporcionar ayuda en situaciones de enfermedad o invalidez.
La financiación se basaba en aportaciones periódicas de los miembros del cuerpo, y los beneficiarios eran viudas, huérfanos y, en algunos casos, los propios miembros en situaciones de necesidad. Los montepíos tuvieron grandes problemas financieros, pues a diferencia de las sociedades de socorros mutuos que cubrían normalmente riesgos de corta duración (como enfermedad, accidente, incapacidad y muerte, incluyendo asistencia médica y farmacéutica), los montepíos solían orientarse a cubrir riesgos de larga duración, como seguros de supervivencia, invalidez y vejez.
El Montepío Militar: El Más Antiguo y Emblemático
El montepío más antiguo en España es el militar y data de 1761. De hecho, el primer montepío oficial que se creó fue el Montepío Militar (1761), al que siguieron los montepíos de la Armada. Las primeras iniciativas para crear una institución benéfica, protectora de viudas y huérfanos de militares aparecen en 1755, de la mano del Marqués de la Mina, quien se dirigió al Secretario de Guerra, Sebastián de Eslava, para proponerle el establecimiento de un Monte Militar «para socorro de viudas y huérfanos».
Para mover su piedad y la del monarca, el Marqués de la Mina alegó la conocida «infelicidad en que quedan las desgraciadas viudas y los hijos de los oficiales», y defendió la formación de un fondo con el fin de obtener así una renta que socorriera a las viudas y huérfanos de militares. Un año después, se presentó al Rey un proyecto más concreto para «evitar en adelante los clamores de las viudas de militares, por un medio que sin aumentar cargas al real erario, las suministrase lo suficiente para mantenerse con decencia y educar a sus hijos con proporción a la clase del oficial difunto».
El Marqués de la Mina envió incluso un formulario del reglamento del Monte de Nápoles, adaptando sus normas a las circunstancias del ejército español peninsular, pero tomando del mismo el modelo del descuento de ocho maravedíes en escudo del sueldo mensual de los oficiales, desde capitán general hasta alférez, además de otros arbitrios. Sin embargo, este descuento de ocho maravedíes fue la piedra de toque del proyecto, dado el «limitado sueldo de los oficiales» con el que habían de mantener «el decente porte que exige lo noble de la profesión y los gastos que les causa su continuo movimiento».
Seis años después de ese primer intento, por Real Cédula de 20 de abril de 1761, se creó el Montepío Militar. En el encabezamiento de esta Disposición Real, Carlos III estableció que, habiendo considerado el desamparo de muchas viudas de oficiales militares, su ánimo fue siempre el de atenderlas con una asignación fija para que pudiesen mantenerse con decencia y educar a sus hijos. El establecimiento del Montepío Militar también se explica por el protagonismo del Ejército y de la Armada en la política borbónica, así como por la política hacendística de los monarcas del siglo XVIII, empeñados en sustraer a la Iglesia sus atribuciones en este terreno y en promover el bienestar de sus súbditos.

Régimen Administrativo y Financiación del Montepío Militar
El régimen administrativo del Montepío Militar se estableció en el capítulo primero del reglamento. El gobierno del montepío se componía de un director, dos gobernadores, un contador con tres oficiales, y un tesorero con su respectivo oficial y secretario. El cargo de director recaía en el decano del Consejo Supremo de Guerra, mientras que el secretario debía ser el oficial mayor de la secretaría de dicho Consejo. El contador, tesorero y sus oficiales eran nombrados por el rey y debían ser «prácticos en el manejo de papeles de cuenta y razón».
Los ingresos de los montepíos militares eran de dos categorías: los procedentes de los descuentos de los sueldos de los contribuyentes y de las pensiones de los pensionistas, y por otra parte, los «auxilios concedidos por su Majestad». Estos últimos se establecían para que «pueda atender el Monte a todas sus obligaciones, sin temor ni recelo de decadencia». La Junta de Gobierno del Montepío Militar solicitaba continuamente al monarca la concesión de dichos auxilios, sin los cuales difícilmente hubiera podido subsistir la benéfica institución.
Se incluían los residuos o sobrantes de la consignación de los 6.000 doblones destinados a socorrer a las viudas anteriores al establecimiento del Montepío Militar. La mayoría de los montepíos militares preveían esta fuente de financiación. Aparte del producto de los expolios y vacantes de mitras, el Montepío Militar contaba con otros ingresos de origen eclesiástico, como las «mercedes de hábito» y las «medias annatas eclesiásticas», caudal extraído de las temporalidades de los jesuitas. Esto se explica por la política hacendística de los monarcas del XVIII, que buscaban que el clero pagase un mínimo de impuestos.
En lo que coincidían todos los montepíos militares es que a todo oficial que ingresaba, excepto aquellos pertenecientes al «Cuerpo de Inválidos», se les descontaba media paga de sueldo. Las disposiciones reguladoras de los montepíos de la Armada eran homogéneas en lo relativo al descuento a practicar de cualquier retribución extraordinaria, haciendo referencia al Reglamento del Montepío Militar.
Otros Montepíos en la Armada y Profesiones Liberales
No todas las viudas y huérfanas de los oficiales podían ser beneficiarias del Montepío Militar, ya que los que provenían de categorías inferiores, al estar casados con anterioridad a su pertenencia al montepío, no podían cumplir las condiciones establecidas. Por otro lado, a ciertos cuerpos les estaba vetado su ingreso en el Montepío Militar. Estas y otras razones hicieron que se constituyeran otros montepíos entre los militares.
Por ejemplo, el «Real Establecimiento de un Montepío a favor de las viudas e hijos de los individuos de Artillería de Marina y de los Oficiales de su Estado Mayor» fue el primero que se constituyó el 27 de mayo de 1785. Pese a la proliferación de montepíos, no todos los cuerpos de la Armada consiguieron que se estableciera un montepío para ellos. Todos estos montepíos específicos se suprimieron mucho antes que el Montepío Militar, a la vez que este último iba acogiendo a todos los militares, ya fueran del Ejército o de la Armada. La supresión de los montepíos particulares de la Armada no significó la desaparición de los derechos de sus miembros, como lo corroboran multitud de disposiciones posteriores.
La creación de tantos montepíos oficiales indujo a la constitución de montepíos en el ámbito privado, llegando a ser más numerosos que los montepíos funcionariales. Asimismo, muchas profesiones liberales crearon sus propios montepíos, siendo el primero el de abogados, repartidos por la geografía según los diversos Colegios profesionales, empezando por el Montepío de Abogados de Zaragoza (fundado el 30 de septiembre de 1771) al que siguió el Montepío de Abogados de Madrid (19 de agosto de 1776).
Transición a las Cajas de Ahorros
A medida que las circunstancias socioeconómicas fueron cambiando, se crearon en los propios Montes de Piedad las cajas de ahorros, para fomentar el ahorro entre las clases más humildes. El concepto de Caja de Ahorros surgió en Europa (concretamente en Gran Bretaña) durante la segunda mitad del siglo XVIII, fundado en el pensamiento de Jeremy Bentham (1748-1832). Bentham consideraba las cajas de ahorros como un instrumento de mejora de las condiciones de vida de las clases trabajadoras, a través de la remuneración del ahorro, lo que proporcionaba un nivel de seguridad económica superior. El rechazo protestante a los planteamientos piadosos de los montes de piedad dio lugar a la fundación de las cajas de ahorros en la segunda mitad del siglo XVIII y a su posterior expansión.
El Montepío en la Actualidad
Aunque el término "montepío" se utiliza con menos frecuencia en la actualidad, su esencia perdura en los sistemas modernos de previsión social, como la Seguridad Social. El desarrollo de la previsión social en España se produce a partir de mediados del siglo XVIII. Históricamente, los funcionarios públicos tuvieron un sistema de previsión social diferente al del resto de los trabajadores. El Estado creó los denominados montepíos oficiales, destinados a auxiliar a los funcionarios y a sus familias.
Actualmente, algunos sistemas derivados o que mantienen la denominación "montepío" siguen operando, especialmente para colectivos específicos como las Fuerzas Armadas, proporcionando beneficios a cónyuges de pensionados fallecidos bajo ciertas condiciones y trámites.
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