La obra “Mi infierno en el Sename (Ansias de Libertad)” de Édison Llanos, publicada por Ediciones Ceibo en 2017, es un testimonio desgarrador que interroga profundamente a sus lectores. La impactante imagen de portada, creada por Alejandro Chávez, muestra a dos niños sentados, sin jugar, sobre el dibujo de un luche en un entorno de "colores infernales", una paradoja que subraya la pérdida de la inocencia en un espacio que debería ser de diversión.

El SENAME: De la Protección al Abandono
El Servicio Nacional de Menores (Sename) fue creado en 1979, dependiente del Ministerio de Justicia, con la misión de establecer y administrar casas de menores, tanto públicas como privadas. Sin embargo, en los últimos años, la información sobre abusos, trata de menores y muertes ha superado cualquier crítica inicial a la institución, revelando una realidad desoladora.
Édison Llanos, internado en el Sename entre los dos y los quince años, narra en este volumen de 219 páginas su vivencia en un hogar de Coquimbo y, a través de ella, la de sus compañeros. Este relato no solo expone su experiencia personal, sino que busca dar voz a "niños y niñas olvidados, que parecen existir solo cuando mueren", aquellos "sin voz, sin risa, sin expectativas, condenados por la pobreza y el abandono".
La Experiencia Personal de Édison Llanos en el Sename
El libro de Llanos es un relato vivencial donde "cada palabra, cada historia le costó redactarla", según sus propias palabras. Los constantes castigos por parte de los cuidadores, la convivencia con violaciones y otros tipos de abusos, el hambre y el frío eran comunes en su día a día.
Los Horrores Vívidos y la Indiferencia
Llanos describe un internado de muy escasos recursos: "Nosotros pedíamos verduras a feriantes en parcelas. Vivíamos de la caridad de las personas más adineradas de la Cuarta Región." El autor confiesa que hubo momentos en los que "hubiera sido mejor haber pasado hambre junto a mis padres desconocidos, que pagar la comida dejándonos pegar, a veces hasta por asuntos del ánimo de los adultos." Esta nota, publicada en junio del presente año, cuenta la experiencia del autor, Edison Llanos, en manos del Servicio Nacional de Menores (Sename), donde pasó entre los dos y 15 años, quien contra todo pronóstico pudo sobrevivir a innumerables maltratos. Su caso es excepcional, pues, a diferencia de muchos, él logró estudiar en institutos de capacitación técnica y en la universidad.
Édison fue testigo y víctima de abusos psicológicos, sexuales, violencia y maltrato. Ingresó al Sename, según le han contado, a los dos años y medio de edad y permaneció allí hasta los quince. Relata que no todos los hogares son malos, pero la realidad de los internados cambiará cuando cambien sus directores y algunos empleados que son quienes empobrecen el sistema y ocultan la realidad de los niños.
Transferencia a Prisión y la Violencia Inicial
El comienzo del libro es particularmente duro. Por un "descuido institucional", Llanos, aún menor de edad, fue transferido en Coquimbo a una cárcel. En su primera noche, en un dormitorio con casi 50 presos, fue recibido con una golpiza. Previamente, al llegar al hogar, una monja lo había obligado a bajarse los pantalones y sentarse de cuclillas para golpearlo en las nalgas, dejándolo dos semanas sin poder caminar. Todo esto por haber "pedido".

Adopciones Irregulares y Abusos de Autoridad
Llanos también presenció cómo al interior del hogar se dieron numerosas adopciones irregulares. "Había muchos chilenos en lista de espera, pero para salir fuera del país las adopciones se concretaban en seis meses. Siempre era igual: se hacía una actuación y al niño que le hacían cariño en el pelo era el que partía. Muchos niños fueron adoptados aun cuando tenían familias que los querían aquí. Vi a muchas mamás llorando en la reja por la partida de sus hijos. Desaparecían de un día para otro."
En su historia, como en las de demasiados chilenos, se entrecruzan la Iglesia Católica y el Estado protagonizando dichos crímenes. Fue atacado por el ex arzobispo de La Serena Francisco José Cox mientras se encontraba al cuidado del Estado en un Hogar Redes de Coquimbo, regentado por religiosas católicas. Asegura que la situación del prelado "era conocido por todos", pero nadie hacía nada, mientras Cox iba y venía del hogar o los menores eran llevados a visitar el Arzobispado o el santuario Schoenstatt, donde el exsacerdote "hacía lo que quería."
Una Crítica Literaria al Libro y su Importancia
Si bien "Mi infierno en el Sename" es un testimonio vital, algunos críticos señalan que el libro carece de planificación o de una edición de contenido rigurosa que permita organizar la información, profundizar en algunos temas y descartar otros. En este ejercicio, el libro pierde unidad. Existen muchos momentos en los cuales se inicia una historia que dura apenas media página, luego aparece otra y otra, dando mucho más espacio a historias de convivencia entre niños que podrían ocurrir en colegios o internados. A la vez, cuando hay historias de directa relación con las irregularidades del Sename, no siempre se les otorga suficiente espacio, como el caso de las adopciones irregulares facilitadas por el cura Gerardo Joannon. En ese escenario, la responsabilidad ya no es de Édison Llanos.
A pesar de estas observaciones, la obra contiene episodios con reflexiones especialmente interesantes. La responsabilidad de haber estado en el Sename es explícita desde el título del libro, aunque en la presentación de la información y en las formas narrativas no lo es tanto, presentando grandes tragedias como una suerte de maldición que persigue a quienes estuvieron en la institución. Sin embargo, su valor radica en ofrecer un relato desde la perspectiva de quienes han vivido la experiencia, complementando las estadísticas de organismos como el Instituto de Derechos Humanos (INDH) o Unicef.
El Legado y la Lucha de un Sobreviviente
Édison Llanos (Coquimbo, Chile, 1977) es un sobreviviente. Internado en dependencias del Centro de Orientación y Diagnóstico del Sename y del Centro de Rehabilitación Conductual Cereco o Cárcel de Menores, fue apadrinado por un personaje público, lo que le permitió ingresar al sistema de educación formal. Más tarde se tituló como técnico en contabilidad e ingresó a la carrera de Derecho. "Mi infierno en Sename: Ansias de libertad", que comenzó a escribir en 2014, es su primer libro de memorias.
Llanos escribió el libro para su hija, para que cuando fuera adolescente y en su etapa rebelde, supiera todo lo que pasó su padre. Su objetivo es exorcizar la pesadilla a la que lo sometieron sus torturadores y lanzar un grito de alerta a la sociedad entera por "los niños y las niñas sin derechos, habitantes descartados de un país que se jacta de respetar los Derechos Humanos, pero que ignora que éstos no existen en nuestro infierno."
Actualmente, Édison Llanos presta testimonio en diversas instancias judiciales y parlamentarias para la Comisión Investigadora del Sename, siendo un activista por los derechos de las infancias.
World Vision y su análisis sobre la crisis del Sename
Reflexión Social y el Llamado a la Acción
El libro nos confronta con una interrogación constante sobre nuestra capacidad de asombro. Hemos sido bombardeados por tragedias a tal nivel que ahora trivializamos el abuso o el maltrato, la tragedia y el dolor, y normalizamos la responsabilidad del Estado, volviéndonos cómplices pasivos de un abuso masivo y sistemático a los derechos de niñas y niños a cargo de instituciones privadas o públicas que deberían responder a altos estándares de calidad.
La triste realidad que describe Llanos no es pasado, sino presente, como lo demostró la muerte de Lissette Villa, fallecida a los 11 años en manos del Sename. "Mi realidad y la de muchos, es más que un horror", comenta Llanos. Su relato fragmentado, que de alguna manera refleja lo que le pasa a un niño que ha sufrido traumas, es fundamental para comprender las perspectivas que tienen los internos una vez que egresan de los centros. La valentía de Édison Llanos al relatar su historia y la importancia de esta narración en la actualidad ha sido valorada por figuras como Paola Dragnic y James Hamilton, quien manifestó que este escrito debería ser ampliamente difundido, principalmente entre niños y adolescentes.
En un acto tan desesperado como urgente, Llanos escribe en nombre de esos "descartados y torturados" para que algún día las instituciones, los gobernantes, los legisladores, los fiscalizadores y la población entera reconozca sus responsabilidades y se acabe con una aberración que ya se prolonga por décadas. Un montaje autogestionado basado en su libro testimonial, donde a través de las voces de cuatro niños se revela lo que han visto y vivido en centros de reclusión infantil, demuestra el impacto cultural de su obra.