Memes niños del SENAME: voces desde la vulnerabilidad y la lucha por la dignidad

Hace unos días, la directora del Servicio Nacional de Menores (Sename), Solange Huerta, entregó nuevas cifras, esta vez se supone que oficiales, de la cantidad de niños y jóvenes fallecidos en la institución, entre el 1 de enero de 2005 y el 30 de junio de 2016. Se trata de 865 niños y jóvenes muertos entre el año 2005 y junio del 2016, de los cuales 210 fallecieron en residencias del Sename; 406 en recintos privados que son colaboradores; 33 jóvenes cumpliendo condenas penañes; y 216 que estaban bajo el alero de programas ambulatorios. La respuesta del gobierno de la Nueva Mayoría ha sido un “plan de acción” que tendría una inyección de $2.500 millones, con el objetivo de mejorar la atención directa, infraestructura, y para crear dos institucionalidades al interior del Sename. En palabras de la presidenta Bachelet, la situación de dicha institución “representa una tragedia y una vergüenza para nuestra sociedad y el Estado de Chile. No hemos estado a la altura (...) Es una falta de acción que se arrastra hace muchos años, frente a un sistema de cuidado y protección con vacíos inadmisibles”, afirma.

En lo que tiene razón Bachelet es que efectivamente esta situación lleva años y ha sido la indiferencia de los distintos gobiernos de turno lo que ha facilitado esta brutal realidad que afecta directamente a niños y jóvenes pobres, abandonados. Y cuando se trata de personas pobres, los gobiernos prefieren quedarse impávidos, inconmovibles, y al momento de presentar “soluciones”, optan por medidas parche. La Oposición, por su parte, critica cínicamente las medidas del gobierno, planteando que no son suficientes, sin embargo, son parte de quienes han mantenido todo igual, parte de aquellos que se niegan a entregar educación, vivienda, salud, y todo tipo de derechos básicos a todas las personas.

Testimonios de ex niños y jóvenes Sename

Las historias de niños que se arrancaron del Sename producto del encierro, maltrato y abuso, son variadas. La revista Paula publicó un reportaje donde se detalla la vida de jóvenes que viven cerca de la Alameda, en el sector de Los Héroes, a pocas cuadras de La Moneda. Lo que todos tienen en común es que pasaron por la institución estatal, vivieron diversos tipos de violencia, se escaparon, y hoy se encuentran viviendo en la calle. “Palomas. La gente nos mira, a veces nos tiran comida, otras nos espantan, pero la mayor parte del tiempo pasan por nuestro lado, nos miran en menos o no existimos”, cuenta una joven entrevistada por el medio mencionado.

“¿El Sename? Pfff… yo tenía que dormir con un ojo abierto y otro cerrado para que no me violaran. Además, con un fierro para defenderme”, asegura un menor de 14 años que también convive en la “caleta”. “Estaba embarazada. El juez me quitó a mi guagua porque era menor de edad y vivía en la calle. En el CTD Pudahuel entregaron a mi hija en adopción”, cuenta una joven que vivió durante años bajo el puente del río Mapocho, deambulando por calles de Providencia y en “casas okupa”, cuenta el reportaje. Todos los jóvenes que viven en la “caleta” a solo cuadras del Palacio La Moneda, tuvieron una dura infancia marcada por el abandono, la violencia, el abuso, las muertes de familiares y la desprotección que eso conlleva.

Infografía: Ubicación de la caleta cercana a La Moneda y rutas de acceso a servicios sociales

La respuesta que tuvieron fue el traslado inmediato a centros residenciales del Sename, donde todos vivieron un total infierno. Hoy, sobreviven en la calle, sin creer en que las autoridades harán cambios reales y estructurales, mientras éstas se pasean por los rincones del palacio, obteniendo sueldos millonarios, beneficios, y votando leyes que en nada ayudan al pueblo pobre y sus hijos. El Sename es una institución carcelaria y represiva marcada por la violencia, el abandono y el maltrato. Como tal, no debe por qué seguir existiendo, al contrario, el Estado tiene que garantizar el completo financiamiento, y la creación de centros y hogares estatales, que sean administrados por profesionales de la salud y educación, por trabajadores, y junto con los familiares de los niños y jóvenes.

Estudió gastronomía en el colegio y pedagogía en inglés en la universidad y se dedica a dar clases particulares y otros trabajos. Pero antes de eso, vivió todo tipo de violencias durante 14 años en hogares de menores y por eso lucha por la dignidad y los derechos de niñas, niños y adolescentes. Belén Medel no sabe muy bien cuántos años tiene. Aproximadamente a sus cuatro años, Carabineros de Chile la sacó de la forma más “cruel”, sin asistentes sociales ni psicólogas de su casa: lo mismo pasó con cada uno de sus catorce hermanas y hermanos. “Me inventaron el día, mes y año (de nacimiento), no solamente a mí, también a mi hermana mayor con la cual me llevo por 3 meses, algo bastante improbable porque somos hijas de la misma madre y padre. Desde 1996 vivió 14 años en el Sename, hoy llamado Mejor Niñez, lugar al que ingresó a eso de sus cuatro años. ¿Qué deudas tiene el Estado chileno con sus niñas, niños y adolescentes? “Por otro lado, asegurar la salud, educación y vivienda posterior al egreso”, añade.

“Todos y todas podemos involucrarnos para que un niño o niña no viva lo que yo viví y es verdad… a veces la gente no sabe a dónde ir ni cómo partir. ¿Te imaginas sacar a los niños a un restaurante a comer? ¿Llevarlos a patinar en hielo? ¿O a los autitos chocadores?”

Otra historia se entrelaza con la vida de Paula, que publica: “Viven a cuatro cuadras de La Moneda, donde hace pocas semanas se anunció que la pobreza ha disminuido de 14,4% a 11,7%. Viven al lado del poder, pero no tienen luz, agua potable, radio o televisor que los conecte con la actualidad o la política, aunque sí logran tomarle la temperatura al país.”

Mapa de acceso a servicios de protección y pobreza urbana en la zona central de Santiago

Los relatos siguen con Diecisiete años, mapuche, jovenes que pelean cada día por su dignidad, y la necesidad de un hogar que realmente funcione como hogar, no como prisión. “Somos palomas. La gente nos mira, a veces nos tiran comida, otras nos espantan, pero la mayor parte del tiempo pasan por nuestro lado, nos miran en menos o no existimos”, repiten los testimonios mientras describen la vida en la caleta cercana al palacio.

Las autoridades locales saben que existen. De hecho los han desalojado un par de veces. “Vienen de la municipalidad, nos sacan los carabineros, lo poco que tenemos lo tiran en un camión y nos llevan a la comisaría. Después de un par de horas nos dejan libres. Terminamos todos parados en medio de la calle, sin nada, sin saber adónde ir y más pobres que antes”, relata Julio con una gran lucidez de lo que ocurre y con pocas esperanzas de lograr salir de esta situación. Carla ha pensando incluso en escribirle una carta a la Presidenta, pero desiste porque cree que nadie la leerá, ni vendrán a conocer sus historias. “¿A quién le puede interesar la vida de cabros que han robado, se han drogado y han vivido todo el tiempo en la calle?”.

¿Quiénes creen que son los culpables de su vida? ¿Sus padres? No, nosotros somos responsables de nuestras vidas. Pero la mayoría fueron abandonados cuando eran muy chicos. Pero llega un momento en que la vida depende de cada uno. No podemos estar pensando en lo que nos pasó. Yo soy culpable de estar acá. Sus historias los convierten en una gran familia con un pasado común: abandono, muerte y su paso por el Sename. Fue allí donde no recibieron la protección que el Estado prometió darles, fue allí donde el concepto de hogar jamás existió y donde el encierro los abrumaba. Hoy solo necesitan una mediagua para partir con un verdadero hogar, lejos de la basura, del frío de la noche, pero especialmente para sentir que tienen algo por que luchar. “Sería el puntapié inicial para querer surgir”, concuerdan todos los miembros de este especial clan.

Pero Carla y Julio son drásticos en el análisis de su realidad. No aceptan la compasión. Ninguno de los jóvenes la acepta y aunque el análisis es racional y parece tener una lógica abrumadora, los hechos no los acompañan. Siguen tirados en sus colchones todos los días, todo el día. Y la explicación más clara la da Alejandra: “No me la puedo con los recuerdos, no me dejan vivir. Mi pasado me pesa sobre los hombros, muchas veces no quiero levantarme”.

Sueños lejos del colchón

Aunque siguen tirados entre sillones rotos, colchones y plumones recogidos de la basura y escuchan cada vez más fuerte la sirena de carabineros, logran salir de ese casi irreal espacio para contar sus más profundos sueños. “Vamos a trabajar y arrendar una pieza para esperar a nuestras parejas hasta que cumplan condena. Queremos recuperar a nuestros hijos y vivir sin tomar ni fumar marihuana”, divagan Alejandra y María.

“Quiero vivir en una isla desierta con Julio. ¿Ha visto la película La Laguna Azul? Así, estar solos y comenzar una sociedad de nuevo. Donde nadie nos mire feo, donde podamos tener hijos y no tengan que estar en este lugar”, Carla mira a su pareja con ternura o pena sabiendo que eso jamás ocurrirá. Polette es menos cinematográfica, “quiero jugar al fútbol, tener una casa y también me gustaría tener...”.

Infografía: rutas de superación y servicios sociales para jóvenes vulnerables

Perspectivas y respuestas institucionales

La diputada Camila Vallejo (PC) lloró al referirse a la situación que viven los niños del Sename mientras se desarrollaba la interpelación a la ministra de Justicia, Javiera Blanco. “Resolvamos esto y dejémonos de payasadas”, pidió en el hemiciclo. La diputada enfatizó la urgencia de respuestas concretas ante la crisis de derechos de la infancia.

World Vision y su análisis sobre la crisis del Sename

Las historias aquí recogidas muestran un colectivo de infancia rota que exige cambios estructurales: institucionalizar un modelo de protección que privilegié la seguridad, la educación, la salud y el acompañamiento familiar; y desprivatizar los cuidados para garantizar una atención profesional, constante y con derechos plenos para cada menor.

tags: #memes #ninos #del #sename