La intoxicación alimentaria es una afección que las personas contraen a partir de algo que comieron o bebieron. Esta enfermedad se produce al consumir alimentos o agua contaminados con bacterias, virus, parásitos u otras sustancias tóxicas. Para los adultos mayores, esta condición puede ser especialmente delicada debido a que su sistema inmunitario suele ser más vulnerable, aumentando el riesgo de complicaciones graves.

Causas y factores de riesgo
Los alimentos pueden contaminarse en cualquier momento desde que salen de la granja o la pescadería hasta que llegan a la mesa. Los principales factores de riesgo incluyen:
- Higiene deficiente: Lavarse mal las manos tras ir al baño o manipular alimentos con manos contaminadas.
- Almacenamiento inadecuado: Mantener alimentos a temperatura ambiente por demasiado tiempo permite que las bacterias crezcan rápidamente (entre 40 y 140 grados).
- Contaminación cruzada: Cuando alimentos crudos (carne, aves, mariscos) entran en contacto con utensilios, tablas de cortar o alimentos listos para consumir.
- Alimentos específicos: Consumo de carnes mal cocidas, huevos crudos, lácteos no pasteurizados, pescados o mariscos mal conservados y agua sin tratar.
Síntomas en adultos mayores
Los síntomas de la intoxicación alimentaria varían según la causa de la infección, pero en personas mayores suelen manifestarse de la siguiente manera:
- Náuseas y vómitos: Son las señales más comunes en este grupo etario.
- Diarrea: Es otro síntoma frecuente que puede derivar rápidamente en deshidratación.
- Malestar general: Cólicos abdominales, fiebre, escalofríos, dolor de cabeza y debilidad muscular.

El riesgo de la deshidratación
La complicación más común es la deshidratación, que consiste en una pérdida grave de agua, sales y minerales. La diarrea es especialmente peligrosa en adultos mayores, ya que pueden deshidratarse rápidamente. Los signos de alerta incluyen sequedad de boca y garganta, mareos al ponerse de pie, orina escasa o inexistente y sed intensa.
Tratamiento y manejo
En la mayoría de los casos, las personas de edad avanzada mejoran por sí solas sin necesidad de tratamiento médico intensivo. No obstante, es fundamental seguir estas pautas:
Reposición de electrolitos
Para prevenir la deshidratación, es vital beber muchos líquidos. Los sueros de rehidratación oral (como Sueroral®, Bi-oral suero®, etc.) permiten reponer los líquidos, las sales y la glucosa perdidos. Se debe evitar el uso de bebidas como Aquarius o Coca-Cola, ya que no poseen el balance adecuado de sales y aportan demasiado azúcar.
Alimentación progresiva
A medida que se recupera el apetito, se deben consumir alimentos que el cuerpo tolere mejor:
- Pollo
- Arroz blanco
- Plátanos
- Patata asada
- Manzana sin piel
Se deben evitar los alimentos "equivocados" como fritos, ultraprocesados, lácteos, zumos, café y bollería hasta estar totalmente recuperado.
Medicamentos
Antes de automedicarte, es fundamental hablar con un profesional de la salud. Algunas opciones comunes bajo supervisión incluyen:
- Probióticos: Útiles para acortar la duración de la diarrea y recuperar la flora intestinal.
- Antidiarreicos: Como adsorbentes (carbón activado) o astringentes, siempre bajo consejo médico.
- Analgésicos: Paracetamol para el malestar general, dolor de cabeza y fiebre.
Manual de Padres: Suero oral casero
¿Cuándo consultar al médico?
Cualquier persona con señales de deshidratación grave debe acudir a emergencias. Comuníquese con su médico si presenta:
- Sangre o pus en las heces.
- Diarrea que no mejora después de 5 días.
- Fiebre superior a 38.3 °C.
- Incapacidad para retener líquidos debido a vómitos persistentes.
- Si toma diuréticos o inhibidores de la ECA para la presión arterial, consulte si debe ajustar su medicación durante el cuadro de diarrea.
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