Guardar un secreto es una experiencia común en la vida humana. Incluso las personas más sinceras y extrovertidas reservan para sí, en algún momento, asuntos privados. Esta práctica, según un estudio publicado en el *Journal of Experimental Psychology* de Estados Unidos, revela una faceta profunda de nuestra psicología y bienestar.

El Peso de los Secretos: Una Carga Física y Emocional
La ciencia asocia el acto de guardar un secreto con algo perjudicial para la salud. Mantenerlo se percibe como una carga física y emocional que exige un mayor esfuerzo en la rutina diaria. Expertos en psicología utilizan la metáfora de una mochila cargada de piedras: el peso del secreto nos aleja de nuestras metas y nos hace evitar cualquier situación que pueda implicar un juicio negativo hacia nosotros. Lógicamente, la sensación de deshacerse de este peso es de absoluta liberación.
Investigaciones, como la realizada con más de 1.000 personas donde se recopilaron más de 13.000 confesiones, concluyen que lo que no contamos suelen ser cosas mal vistas, social o éticamente. Guardamos secretos, en gran parte, para prevenir la vergüenza, como infidelidades, abortos o diferentes gustos sexuales. Los investigadores (Liberman & Shaw, 2018) han descubierto que entendemos el peso de los secretos alrededor de los 6 años de edad, ya que es cuando comenzamos a darnos cuenta de que los secretos generalmente se comparten entre personas que consideraríamos amigos.
Cuando se intenta guardar un secreto, su peso puede afectar físicamente (Slepian, Masicampo, Toosi, y Ambady, 2012). Los secretos pueden pesar y alterar las percepciones y el nivel de energía. Slepian, Chun y Mason (2017) realizaron una serie de experimentos para comprender qué nos desgasta de guardar secretos. Sus diez experimentos revelaron que el acto activo de ocultamiento ocurría con mucha menos frecuencia que las incidencias en las que la mente de una persona divagaba hacia el secreto mismo.
Secretos en las Relaciones Íntimas
Entre las parejas, guardar secretos el uno del otro tiende a hacer que las personas se sientan menos auténticas debido a la duplicidad de la custodia del secreto. Cuanto menos auténticos nos sentimos, más sufre nuestro bienestar. Cuanto más nos obsesionamos con un secreto, más tiempo pasamos "emocionalmente separados" de nuestra pareja, lo que puede afectar negativamente nuestro propio bienestar y potencialmente el bienestar de la relación.

La Naturaleza Universal de los Secretos
Desde la infancia, entendemos que podemos movernos en dos dimensiones: la pública y la privada. La habilidad de guardar secretos y manejar la información es un hito evolutivo. Los niños aprenden que las personas mantienen distintos niveles de confianza, manifestada a menudo en la información que se comparte. El psicólogo social Michael L. Slepian, de la Universidad de Columbia, ha estudiado extensamente la naturaleza y consecuencias de lo que las personas se guardan para sí.
Efectos Mentales de los Secretos
Lo que se denomina "llevar el peso de un secreto" implica procesos físicos y mentales que alteran las percepciones y el nivel de energía general. La fatiga asociada no se debe tanto al ocultamiento activo, sino a que la mente vuelve constantemente al contenido que se está guardando. Estos pensamientos pueden volverse obsesivos, llevando a la rumiación, el estrés, la reducción de pensamientos positivos y una sensación general de fatiga.
Revelar Secretos: ¿La Solución?
Si mantener un secreto disminuye la energía, es lógico pensar que revelarlo podría ayudar a sentirse mejor. Efectivamente, un estudio reciente de Slepian y Moulton-Tetlock (2019) descubrió que confiar los secretos a otra persona puede ayudar a liberar el estrés. Revelar un secreto es una manera de lidiar con el estrés que causa guardarlo.
Nuestros cerebros son complejos; cuanto más se les pide que supriman un pensamiento, más accesible se vuelve ese pensamiento (Wegner, 1994). Esta ironía radica en que el cerebro no solo se centra en la tarea de olvidar, sino que también monitorea el progreso de esa tarea. La presencia de apoyo social y la reducción de la rumiación sobre el objeto de estrés son mejoras clave para la persona.
Las Categorías Universales de Secretos
En una investigación con más de 1.000 personas, los científicos les pidieron que contaran sus secretos más ocultos, y llegaron a conocer más de 13.000 confesiones. Tras estudiarlas, concluyeron que lo que no contamos suelen ser cosas que están mal vistas, social o éticamente: guardamos secretos, en gran parte, para prevenir la vergüenza. El estudio de Slepian et al. (2017) elaboró una lista de 38 tipos de secretos que la gente tiende a guardar. Algunos de ellos se pueden compartir con un amigo cercano o familiar, pero otros jamás se revelarán.
Los investigadores clasificaron los secretos revelados en 38 categorías. Si, por ejemplo, tu secreto es que te da miedo la oscuridad, se incluiría dentro de la categoría "trauma". Entre las más comunes, se encuentran:
- Aborto y embarazos: Relacionado con decisiones reproductivas y sus implicaciones.
- Ambición: Miedo a no conseguir una meta deseada, lo que lleva a no compartirla.
- Acto ilegal: Generalmente por atentar contra el mobiliario público o comunitario.
- Comportamiento inusual y/o sexual: Diferentes gustos en las relaciones sexuales, fetiches o masturbación.
- Creencia o ideología: Ocultar preferencias políticas o ideológicas por vergüenza al qué dirán.
- Datos o hechos familiares: Intimidades familiares o antepasados importantes.
- Descontento social: Críticas hacia amigos o conocidos que no se expresan.
- Descontento romántico: Aspectos de la pareja que no agradan, pero que se ocultan.
- Deseo romántico: Amores inconfesables o enamoramientos difíciles de revelar.
- Empleo: Tener un trabajo secreto o descontento laboral.
- Finanzas: Salario, dinero poseído o detalles financieros ocultos (por ejemplo, tener una cuenta bancaria oculta o ganar menos de lo que se dice).
- Hobby: Aficiones ocultas y sorprendentes (como coleccionar botellas de leche).
- Mal rendimiento en el trabajo: Dificultad para admitir un desempeño laboral deficiente.
- Mentir: Haber dicho una mentira sobre cualquier cosa no descrita en esta lista.
- No tener relaciones sexuales: Un estado personal que se prefiere mantener en privado.
- Orientación sexual: Temor a revelar la propia orientación sexual.
- Pensamientos extra-relacionales: Pensar en tener relaciones sexuales con alguien que no es la pareja actual.
- Propuesta de matrimonio: La planificación de una propuesta, por el nerviosismo que genera.
- Relación oculta e infidelidad sexual o emocional: Una relación paralela o pensamientos íntimos sobre otra persona teniendo pareja.
- Robo: Haber cometido un hurto.
- Sorpresa: La planificación de un evento sorpresa para otra persona.
- Traicionar la confianza: Revelar un secreto que un amigo pidió guardar.
- Trauma: Experiencias dolorosas o miedos profundos.
- Trampa en el trabajo: Realizar acciones deshonestas en el ámbito laboral.
La Cantidad de Secretos que Guardamos
Otra conclusión importante es que la mayoría de las personas tienen un promedio de 13 secretos de esta lista, y al menos 5 de ellos jamás han sido contados a nadie. Según el estudio, el 60% de las personas oculta una mentira o impropriedad financiera, un 47% esconde una traición de confianza, mientras que un 33% esconde un robo, una relación oculta o un descontento laboral.
¿Revelar o No Revelar?
Confesar o no un secreto depende de cada persona. Aunque la idea general es que las malas acciones deben revelarse y corregirse, muchas veces las mentiras y los secretos tienen un valor que la persona desea mantener. Por ejemplo, alguien con una enfermedad terminal podría optar por no contárselo a los demás para que sus relaciones no se vean afectadas por la compasión y la tristeza.
Si no se puede contar un secreto a nadie, es importante intentar evitar que la mente orbite constantemente alrededor de ello. La obsesión es lo que realmente desgasta: cuanto menos se trata de pensar en el secreto, más se hace, y los sentimientos de preocupación desplazan a los felices. Además, cuanto más obsesionados estamos con un pensamiento negativo, mayor es el riesgo de sufrir accidentes y lesiones.
Los secretos son como monedas y normalmente solo los compartimos con personas en las que confiamos. "Tres pueden guardar un secreto siempre que dos de ellos estén muertos" o "Puedes confiar tu secreto al viento, pero no te molestes si se lo cuenta a los árboles" son frases que ilustran la dificultad y el riesgo inherente a compartir información íntima. No hay mejor manera de salvaguardar un secreto que manteniéndolo encerrado bajo llave.
