Las Difíciles Relaciones entre Dueños y Esclavos: Casos de Castigo y Resistencia

Este trabajo aborda un tema históricamente complejo y delicado: las relaciones entre dueños y esclavos, con especial énfasis en los castigos y las formas de resistencia. Este es un campo de estudio que ha sido explorado en diversas regiones, desde el reino de Sevilla y las colonias americanas hasta áreas más específicas como Tierra de Barros en Extremadura. Historiadores como Fernando Cortés y Rocío Periáñez han analizado la esclavitud en la Baja Extremadura, mientras que Francisco Zarandieta aportó valiosas páginas sobre Almendralejo en los siglos XVI y XVII. Aunque figuras como Fernand Braudel, Antonio Domínguez Ortiz o Bartolomé Bennassar sugirieron la ostentación social como principal motivo del fenómeno esclavista, actualmente existen pruebas que demuestran la rentabilidad económica como su razón de ser fundamental. La mano de obra forzada se empleaba en diversas ocupaciones, desde forjas y tareas agrícolas hasta el servicio doméstico. Incluso, algunas esclavas eran utilizadas como amas de crías, amamantando a los hijos de sus dueños con preferencia sobre los propios, una práctica que sugiere una intencionalidad en la planificación familiar de los propietarios.

mapa histórico de Extremadura y Andalucía, siglo XVII

La documentación notarial y sacramental, aunque a menudo escasa en detalles sobre la vida cotidiana de los esclavos, permite vislumbrar la naturaleza traumática y lesiva de estas relaciones para la parte más débil de la cadena: el aherrojado.

Dinámicas de Poder y Deshumanización

La situación de un esclavo podía ser más o menos llevadera dependiendo de la relación con su dueño. Sin embargo, en un sistema donde los seres humanos eran considerados propiedad, la voluntad del amo era ley, y la deshumanización era una constante. El comercio de esclavos se realizaba como si fueran mercancías, y su destino dependía de los caprichos o intereses económicos de sus propietarios.

El Caso de Ana Florencia: La Devolución por "Falta de Gusto"

Una muestra singular de este trato se observa en el caso de Ana Florencia, una esclava comprada en febrero de 1710 por una señora de Solana de los Barros. Encargó a su compadre, Gabriel Joseph, la adquisición de una esclava para el servicio doméstico. Ana Florencia, de 22 años, de color blanco (posiblemente berberisca), fue comprada por 1.750 reales de vellón. Sin embargo, tan solo unos días después de su llegada a Solana, la señora decidió devolverla, alegando que "no era de su gusto". El compadre realizó las gestiones para la devolución, a pesar de que se había informado que Ana Florencia era una buena trabajadora y poseía "bondades no muy comunes entre los aherrojados". Este incidente, formalizado el 6 de febrero de 1710 ante un escribano, evidencia cómo se comerciaba con las personas y cómo su suerte podía depender del mero capricho del propietario.

La Esclava María: Castigo por Desobediencia

La documentación notarial raramente detalla los malos tratos, a menos que afectaran el valor de la "pieza". Los vendedores estaban obligados a especificar posibles enfermedades o taras. Tal fue el caso de la esclava María, de 21 o 22 años, vendida el 27 de marzo de 1762. El vendedor, Juan Ortiz Guerrero, reconoció que, aunque generalmente sana, María había sufrido un "pequeño accidente": "Que estaba sana más que en una ocasión que yo el dicho Juan Guerrero la castigué por haberse vuelto contra su ama y porque le dio al parecer un accidente de que llamado al médico actual de esta villa y reconocida dijo que era aflicción a perecer". Esta descripción sugiere que María padecía una especie de depresión traumática, y su miedo a morir se debía a los castigos impuestos por su dueño, probablemente por haber "vuelto contra su ama".

ilustración de esclava con signos de maltrato o trauma

Castigos Extremos: La Condena a Trabajos Forzados

Cuando un dueño consideraba que la actitud de un esclavo merecía una sanción severa, no dudaba en emplearlo en ocupaciones más sórdidas, como los trabajos forzados. El envío a las minas reales de Almadén era especialmente temido debido a su dureza extrema, tanto que los dueños solo recurrían a esta medida cuando estaban dispuestos a perder su inversión. La amenaza de Almadén era una forma habitual de presión y control sobre los esclavos.

Sebastián: Desobediencia y Minas de Mercurio

En 1735, Rodrigo Villalobos Moscos, vecino de Almendralejo, envió a su esclavo Sebastián, de 45 años, a servir por un año y medio en las perniciosas minas de mercurio. Los motivos fueron explícitos: "por haberle faltado a la obediencia y respeto que le debe tener como al tal su amo y señor y se ha ausentado de su casa, llevándose consigo a algunas mujeres de mal vivir y andaba de un pueblo a otro".

Juan Martínez: Condena a Muerte Laboral

Más claro aún fue el caso de Juan Montaño y María Rengela de Guzmán de Aceuchal, quienes donaron a la Corona a su esclavo Juan Martínez, de unos 30 años, en los siguientes términos: "El cual por justas causas que me mueven lo doy y cedo para que sirva a Su Majestad por todos los días de su vida en las Reales minas de Almadén o Espartería o en otro cualquier presidio, donde más utilidad con su trabajo pueda dar al Rey… sin que pueda el susodicho salir con su libertad de la parte donde se dé dicho destino porque mi ánimo es que perezca trabajando a beneficio de la Real hacienda, sin tener libre uso de su persona". Estas palabras revelan la intención explícita de condenar al esclavo a una muerte lenta por agotamiento.

Antonio José: Castigo Moral y Supervivencia

Otro caso impactante es el de Antonio José, mulato de 25 años de Ribera del Fresno, donado por su dueño, Fernando de Brito Lobo y Sanabria, a la Corona para servir durante tres años en las minas de Almadén. Su "crimen" fue mantener una relación carnal con una sirvienta, contraviniendo el sexto mandamiento. Este castigo es notablemente cruel e injusto, considerando que la supervivencia media en Almadén se situaba entre tres y cuatro años, lo que hacía de esta condena prácticamente una sentencia de muerte. Resulta sorprendente que el mismo Fernando de Brito, quien en otras ocasiones había liberado altruistamente a esclavas, tomara una decisión tan severa en este caso.

dibujo de minas de mercurio de Almadén, siglo XVIII

Marcos: La Carga de la Discapacidad

El mal comportamiento no era el único motivo para tales destinos. Si un esclavo sufría un defecto físico, como la ceguera, podía convertirse en una carga. En 1747, el presbítero Fernando Gutiérrez de la Barreda, heredero de un esclavo ciego llamado Marcos, intentó venderlo o donarlo al Rey, a un convento o a cualquier institución que se hiciera cargo de su manutención. Aunque Marcos, de 25 años y "color amembrillado", había sido criado en casa de su tía desde pequeño, el presbítero no quería mantenerlo sin obtener beneficio, lo que subraya la perversión social de la esclavitud que veía a las personas como objetos de utilidad económica.

Formas de Resistencia y sus Consecuencias

La huida era una opción desesperada para los esclavos, pero rara vez se recurría a ella debido al riesgo extremo. Al estar marcados a hierro, las posibilidades de éxito eran mínimas, y la captura solía llevar a consecuencias dramáticas: encarcelamiento, galeras o las temidas minas de cinabrio, de donde pocos escapaban con vida. A diferencia de las extensas áreas de cimarrones en las colonias americanas, las huidas en la península ibérica fueron escasas y a menudo terminaban con la recaptura del fugado.

La Huida: Joseph en Sevilla

Un ejemplo es el de Joseph, un esclavo de 20 años de "color tinto" que huyó de la casa de su dueño, Manuel Lorenzo, en Ribera del Fresno, en la víspera del día de San Pedro de 1710. Poco más de veinte días después, Manuel Lorenzo ya sabía que Joseph estaba retenido en la cárcel de los padres teatinos de Sevilla, evidenciando la dificultad de lograr una libertad duradera.

Resistencia en el Hogar: Domingo y Antonia

En 1778, en La Parra, los esclavos Domingo y Antonia ofrecieron otra forma de resistencia. Tras la muerte de su dueña, que los había heredado a su sobrino Francisco Antonio Zalamea, el matrimonio se negó a marchar a Ribera del Fresno y permaneció en La Parra, viviendo con sus propios recursos. Aunque Zalamea, con la ley de su lado, buscó deportarlos y confiscar sus bienes, este acto de desobediencia muestra la constante lucha por la autonomía.

La Libertad Condicionada: Juan Dorado

Incluso las cartas de manumisión podían reflejar las relaciones difíciles. En 1654, Francisco Calderón liberó a su esclavo Juan Dorado, mulato de 27 años, con la condición de que residiera fuera de un radio de diez leguas a la redonda de Almendralejo y Don Benito. Esta práctica de la "libertad condicionada" demuestra que el control de los dueños podía extenderse más allá de la propia esclavitud.

La Crueldad Doméstica y las Relaciones Personales

Más allá de los castigos físicos y las condenas a trabajos forzados, la esclavitud imponía una crueldad psicológica y social que despojaba a los individuos de su humanidad y autonomía, especialmente en el ámbito personal y familiar.

Infancia bajo la Sombra de la Propiedad

Algunos relatos en primera persona, como el de una esclava nacida en 1817 en Tennessee (EE.UU.), revelan cómo la conciencia de la esclavitud podía llegar tardíamente. Ella recordaba una infancia "feliz" hasta los seis años, cuando la muerte de su madre le reveló su condición de "pieza de mercancía". Su padre, un carpintero hábil que deseaba comprar la libertad de sus hijos, nunca lo logró a pesar de sus esfuerzos, una muestra de cómo el sistema negaba la autonomía familiar y personal.

La Abuela: Esfuerzos por la Libertad Familiar

La historia de la abuela de esta esclava es un testamento a la resiliencia y la profunda injusticia del sistema. Hija de una jardinera que fue libre brevemente, la abuela fue capturada y vendida. A pesar de trabajar duramente, incluso horneando galletas de noche para ganar dinero, y acumular ahorros para comprar a sus hijos, sus esfuerzos eran constantemente frustrados. La venta de su hijo menor, Benjamín, por setecientos veinte dólares, fue un golpe devastador. Incluso cuando prestó trescientos dólares a su amante, la promesa de pago no era legalmente vinculante, ya que "según las leyes sureñas, un esclavo, al ser propiedad, no puede poseer ninguna propiedad".

El Traspaso como Mercancía y la Hipocresía Moral

La muerte de su "amable amante" a la edad de doce años trajo otra dura lección. A pesar de las promesas hechas a su madre moribunda de que sus hijos nunca sufrirían, la esclava fue legada a la hija de la hermana de su dueña, una niña de cinco años. Este acto, el traspaso como herencia, la transformó de objeto de afecto (en su infancia) a una mera propiedad, sin importar los lazos afectivos o las promesas. La narradora observaba la hipocresía de su dueña, que le enseñaba preceptos bíblicos como "Amarás a tu prójimo como a ti mismo", pero no la reconocía como tal debido a su condición de esclava.

El Amor Prohibido y el Castigo del Amo

Las relaciones amorosas también eran un campo de batalla para los esclavos. La esclava de este relato se enamoró de un carpintero libre de color, pero las leyes no sancionaban el matrimonio de esclavos, y su dueña no quería verla casada cerca de casa, ya que el "marido de una esclava no tiene poder para protegerla". La dueña consideraba que los esclavos "no tenían derecho a ningún vínculo familiar propio". La protagonista relata cómo su dueña amenazó a una joven esclava que quería casarse: "Te voy a tener pelada y encurtida, mi señora, si alguna vez te escucho mencionar de nuevo ese tema".

Las Horríficas Granjas de Crianza de Esclavos en las Plantaciones de Algodón

La confrontación con el Dr. Flint, el amo, es una vívida descripción de la violencia y el control. Cuando ella expresó su deseo de casarse con un hombre libre, él la agredió físicamente: "Me saltó como un tigre, y me dio un golpe impresionante. Era la primera vez que me golpeaba". Él la amenazó con castigos aún peores, incluyendo golpear tanto a ella como a su pretendiente si volvía a mencionar el tema, o incluso dispararle al hombre libre si lo encontraba cerca de sus propiedades. Este episodio ilustra la brutalidad con la que se reprimían los deseos y la autonomía de los esclavos.

Símbolos del Sufrimiento Esclavo: El Mito de Anastácia

En el imaginario colectivo, ciertas figuras se han convertido en símbolos del sufrimiento esclavo y de los castigos. Una de ellas es la joven negra de cabello corto con una mordaza de hierro y acero, conocida como Anastácia. Esta imagen, a menudo atribuida a mujeres esclavizadas que intentaban huir, representa los castigos brutales impuestos.

Aunque historiadores como Monseñor Guilherme Schubert han concluido que Anastácia nunca existió como figura histórica real, y que la ilustración original de Étienne Victor Arago es en realidad la de un hombre, su leyenda persiste. La historia de Anastácia, ya sea real o mítica, relata cómo nació en cautiverio, sufrió abusos y castigos (como ser acusada de ladrona por probar un terrón de azúcar), y fue sometida a crueldades que, irónicamente, no lograron doblegar su espíritu. Su figura es un poderoso recordatorio de la inhumanidad de la esclavitud y de la resistencia que, a menudo, se enfrentaba con la violencia más extrema.

grabado de Anastácia con la mordaza de hierro

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