La Humillación por Baile Forzado y la Música como Arma en la Alemania Nazi

La práctica de obligar a bailar a personas para humillarlas, aunque resurgió recientemente en ciertas manifestaciones con la frase "El que baila pasa", ha generado un debate que remite a los orígenes de tales acciones discriminatorias. La controversia se intensificó cuando un diputado, comparando estos eventos con una escena de la película El Pianista, calificó la acción como "una práctica fascista", argumentando que es "una pérdida de dignidad y pérdida absoluta de un derecho fundamental que es el derecho a circular".

Escena de humillación con baile forzado por nazis de la película El Pianista

La Escena de "El Pianista" y la Humillación Mediante el Baile Forzado

La película El Pianista, dirigida en 2002 por Roman Polanski y ganadora de múltiples premios, está basada en las memorias de Władysław Szpilman, un pianista polaco y sobreviviente judío del Holocausto durante la Segunda Guerra Mundial. La memoria de Szpilman, titulada "Muerte de la ciudad" (o "El pianista del gueto de Varsovia" en su versión en español), relata en primera persona su supervivencia en el Gueto de Varsovia.

Un clip de esta película, específicamente la escena donde se observa a nazis obligando a un grupo de judíos a bailar entre ellos, se ha compartido ampliamente en redes sociales, estableciendo una comparación con las prácticas contemporáneas. El expresidente de la Comunidad Judía de Chile, Shai Agosin, también se unió a los cuestionamientos, afirmando que el "juego" de "bajar del auto y bailar para poder pasar es una humillación y una afrenta a la libertad de movimiento. Esto ya se vio en la Alemania nazi."

Resumen De El Pianista (The Pianist 2002) Resumida Para Botanear

El "Tango de la Muerte": Música y Atrocidad en los Campos de Concentración

Al otro lado del océano, los europeos interpretaron el tango como un género que expresaba amargura existencial y dolor. Por ello, el tango fue empleado como una estrategia macabra durante la Segunda Guerra Mundial. Inicialmente, los alemanes utilizaron el tema "Plegaria" (1929) del violinista y director de orquesta argentino Eduardo Bianco. Esta melodía llegó a los oídos de Joseph Goebbels, ministro de Propaganda del Tercer Reich, lugarteniente de Adolf Hitler y un furioso antisemita.

Posteriormente, los nazis utilizaron la canción de Bianco en el horror de los campos de concentración: los oficiales de las SS obligaban a los judíos cautivos a tocar y a cantar el tango mientras otros eran enviados a morir a la cámara de gas. Este episodio, uno de los tantos abismos del Holocausto, tuvo al tango como protagonista al punto que los soldados y jerarcas alemanes lo denominaron "el tango de la muerte". Registros históricos dan cuenta del uso macabro de "Plegaria" en los campos de Janowska, Buchenwald, Auschwitz y Maidanek, entre otros lugares de exterminio. Una versión "nazi" de este tango se conserva en el LP Songs from the depth of Hell ("Canciones de las profundidades del infierno") y en museos del Holocausto en Estados Unidos e Israel.

La Música como Instrumento de Opresión Psicológica en Dachau

Desde sus inicios, los comandantes de los campos de concentración nazi hicieron uso deliberado de la música para quebrar a los prisioneros mentalmente y para robarles su dignidad e identidad cultural, así como para lograr fines ideológicos. Utilizaban el sistema de altoparlantes del campo, presente en algunos de los primeros campos, para manipular, intimidar y adoctrinar a los prisioneros. Dachau fue un campo pionero en la integración formal de la música en la vida cotidiana de los reclusos.

Las autoridades del campo ordenaron la creación del sistema de altoparlantes de Dachau, finalizado durante el verano de 1933. Para su financiación, se ordenó a los prisioneros judíos realizar donaciones bajo la amenaza implícita de que las SS obtendrían el dinero por sí mismas si no lo hacían. Aunque los prisioneros solicitaron un trato más humano a cambio, las SS rechazaron rotundamente la petición. Finalmente, se ubicaron varios altoparlantes en todo el campo, a veces conectados a estaciones de radio regulares, con un efecto devastador.

Walter Hornung describió el impacto: "Cuando escuchamos los primeros sonidos de los altoparlantes, sabíamos que la escasa cantidad de descanso y tranquilidad que normalmente tenía la tarde había desaparecido para siempre. Luego de unos chillidos molestos, la bestia comenzó a transmitir marchas: la marcha fascista italiana y la marcha Badenweiler. Ese vómito musical duró un ratito, pero luego la máquina ruidosa comenzó nuevamente." La radio crujía ininterrumpidamente, y la música, aunque de pocos discos, tenía un efecto penetrante, incluyendo himnos nacionales, marchas militares como "Fridericus Rex", y canciones de trabajadores tergiversadas como "Brüder, zur Sonne, zur Freiheit!".

Esta "música patriótica" y marchas se reproducían hasta altas horas de la noche, terminando con el himno nacional alemán y la canción de Horst Wessel. Incluso se instalaron parlantes en la cafetería de Dachau para desviar la atención de las escasas raciones, haciendo sonar obras de "grandes compositores" como "El Danubio Azul" de Strauss o "Preislied" de Wagner. Los prisioneros no disfrutaban de esta música, sino que la percibían como una interrupción y una molestia, transformándose el corredor en un "gran ruido ordinario que bombardeaba los tímpanos hasta que ya no podían reaccionar."

Además de la tortura sónica, el sistema de altoparlantes se utilizaba en festivales, feriados simbólicos para el régimen nazi, elecciones, congresos del partido y plebiscitos para adoctrinar a los prisioneros con discursos de líderes nazis. Durante estas transmisiones, se obligaba a los prisioneros a permanecer de pie y en silencio por largos períodos de tiempo. Para ellos, estos programas representaban una nueva forma de tormento mental y discriminación, recordándoles su impotencia y el poder de sus enemigos.

La música también fue un componente en los interrogatorios y la tortura. Los domingos por la mañana, algunos prisioneros eran llevados a la "Schageter House" donde eran golpeados brutalmente. La música de los altoparlantes no solo tenía la finalidad explícita de disipar los gritos de tortura, sino que también entretenía a los torturadores, desinhibiéndolos y estimulándolos en su brutalidad, para luego ayudar a generar una descarga emocional. Como afirmó Walter Hornung, la radio no era entretenimiento, sino "una nueva forma de tormento para nuestras almas".

La Humillación Sistemática en el Régimen Nazi

La humillación, que provoca sentimientos de vergüenza y degradación, fue una herramienta fundamental y no accidental en el programa nazi de opresión racista. Los nazis utilizaban tácticas de humillación para degradar a sus víctimas, reforzar las lecciones sobre la jerarquía racial y servir como advertencia para quienes transgredieran la ley. Funcionaba también para crear una distancia crítica entre las víctimas y los nazis, deshumanizándolas.

Franz Stangl, comandante de Treblinka, al ser preguntado sobre el propósito de tanta humillación si de todos modos las víctimas iban a ser asesinadas, respondió: "Para condicionar a los que realmente tenían que llevar a cabo las políticas."

Formas de Humillación Individual y Pública

  • Exposición pública: Se forzaba a personas a marchar por las calles con carteles infamantes, como "Soy un corruptor de la raza" o "Soy una cerda polaca", castigando y ejemplarizando a quienes supuestamente habían tenido relaciones "ilícitas" o "profanación racial".
  • Ataque a la identidad judía: A muchos hombres judíos religiosos se les cortaban la barba y los caireles laterales por la fuerza, o se les afeitaba la cabeza. Se les obligaba a posar con objetos rituales judíos (tallitim, tefillin) o a quitarse las kipás.
  • Violencia y degradación física: Un abogado judío, Michael Siegel, fue golpeado por miembros de las SS y forzado a marchar descalzo por Múnich con un cartel, simplemente por presentar una denuncia policial.

Humillación en Eventos Organizados y Cotidianidad

  • Anschluss (1938): Durante la anexión de Austria por Alemania, se obligó a judíos a fregar las calles de Viena a gatas, observados por funcionarios nazis y vecinos, una práctica que se repitió en otras localidades.
  • Kristallnacht (1938): Este pogromo estatal fue intrínsecamente humillante, con la destrucción de sinagogas, negocios y propiedades judías, y el saqueo de residencias.
  • Leyes antisemitas: Las Leyes de Núremberg (1935) y otras normativas excluyeron sistemáticamente a los judíos de la vida cotidiana alemana de formas punitivas y humillantes, como la obligación de llevar la Estrella de David, toques de queda y restricciones en el transporte público y las compras.

Degradación en Guetos y Campos de Concentración

Los guetos y campos eran intrínsecamente humillantes. Las condiciones de hacinamiento, falta de alimentos y deficiencias sanitarias en los guetos eran profundamente degradantes. Los campos de concentración amplificaron esta degradación, despojando a las personas de su humanidad: se les afeitaba la cabeza, se les cambiaba la ropa por uniformes mal ajustados y, en algunos casos, se les tatuaban números de identificación. La intimidad personal se eliminaba, la comida se restringía drásticamente y las oportunidades de higiene eran limitadas. Todos los aspectos de la vida de los prisioneros estaban controlados, y los funcionarios del campo recordaban constantemente este control.

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