Anciano, Virtud y Carácter: Profundizando en su Significado

El concepto de carácter es fundamental en la configuración de la identidad y el comportamiento humano. La palabra griega charaktér se usaba originalmente en relación con herramientas diseñadas para grabar. De hecho, el carácter es una herramienta que nos marca, que nos corta, nos moldea y nos graba, como señaló Dan B. En esencia, el carácter lo es todo; es algo que no se puede fingir. La autenticidad en el carácter es tan crucial que, para reconocer lo genuino, se estudia lo auténtico hasta dominar su apariencia, en lugar de centrarse en las falsificaciones.

Esquema o diagrama que ilustre cómo el carácter se forma a través de experiencias y virtudes

El Concepto de "Anciano": Etimología y Campos de Estudio

El término anciano (del latín medieval antianus, que significa 'viejo') se refiere a una persona que tiene muchos años. Frecuentemente, cuando se aplica a una persona, esta palabra lleva implícita la idea de prudencia y otras cualidades propias de la edad. Ejemplos de su uso histórico en el español antiguo demuestran su arraigo en el lenguaje para describir lo antiguo o del tiempo pasado, así como a las personas de edad avanzada.

La Gerontología y la Gerontagogía

El estudio del envejecimiento ha dado origen a disciplinas específicas. El término gerontología proviene de los prefijos griegos geronto (viejo) y logo (estudio o tratado). Fue definido en 1903 por Michel Elie Metchnikoff como "una ciencia para el estudio del envejecimiento". El envejecimiento poblacional es un hecho indiscutible que representa tanto un reto como un triunfo en las políticas de salud a nivel mundial, lo que subraya la importancia de contar con profesionales en gerontología.

Una rama de la gerontología es la gerontagogía, que se ocupa de la formación de las personas mayores como parte de un envejecimiento activo, promoviendo el aprendizaje continuo y el desarrollo en esta etapa de la vida.

Las Cuatro Virtudes Cardinales de Lao-Tsé: El Camino del "Anciano Maestro"

Lao-Tsé, cuyo nombre significa ‘anciano maestro’, fue el autor del famoso Tao Te Ching, obra cumbre del taoísmo y por la cual se le considera el fundador de esta corriente de pensamiento oriental. Este gran filósofo quiso sintetizar buena parte de su enseñanza en lo que él llamó las cuatro virtudes cardinales, las cuales corresponden a los ejes de una vida armoniosa y plena de sentido. Para Lao-Tsé y sus seguidores, estas virtudes no son un dogma, sino una vía para alcanzar la paz interior, la armonía dentro de uno mismo y en relación con el universo.

Imagen de Lao-Tsé o un símbolo taoísta de armonía y equilibrio

Las grandes virtudes para esta filosofía son las siguientes:

  1. Reverencia por toda forma de vida

    La primera de las virtudes cardinales, según Lao-Tsé, es la reverencia por toda forma de vida. No solo se trata de respeto, sino que incluye la consideración y la admiración. Implica no solo no acabar con ninguna forma de vida, sino valorarla en sus múltiples dimensiones. Lao-Tsé señala que la primera forma de vida a la que se debe reverenciar es la propia, un sentimiento de respeto y admiración que nace del amor. Es esencial un afecto profundo por todas las formas de vida.

  2. Sinceridad natural

    Lao-Tsé llama sinceridad natural a la capacidad de ser honestos y auténticos, sobre todo con nosotros mismos. Conocer y comprender quiénes somos realmente es una condición absolutamente necesaria para poder ser sinceros con los demás. La franqueza se construye primero en nuestro interior y luego se expresa de manera natural con los otros. Permanecer fieles a lo que somos y a aquello en lo que creemos es el núcleo de la autenticidad, que surge espontáneamente cuando nos aceptamos. Se trata de "ser" en lugar de "parecer".

  3. Mansedumbre

    A menudo, la mansedumbre se confunde con debilidad o servilismo, pero en realidad es una consecuencia de la armonía y la paz interior. Se expresa como amabilidad y consideración en el trato con otros, naciendo de la bondad que, a su vez, solo surge cuando uno está lleno de amor. La mansedumbre supone la renuncia al deseo de controlar, manipular o imponerse sobre los demás.

  4. Actitud de ayuda

    Para Lao-Tsé, la actitud de ayuda es la más elevada de las cuatro virtudes cardinales. Solo se llega a esta virtud cuando existen el respeto, la sinceridad y la bondad. Significa ser solidarios con otras personas, sin pretender beneficiarse de ello de alguna manera y sin esperar una retribución similar. Lo esencial de esta actitud es el desinterés. Quien tiene una actitud de ayuda sincera, vive en paz consigo mismo, tiene una existencia más feliz, se siente pleno y le otorga un significado de trascendencia a su vida. Representa el máximo nivel de evolución humana.

Lao-Tsé pensaba que estas cuatro virtudes cardinales son la forma natural de ser de todas las personas.

El Rol y las Virtudes de los Ancianos en el Contexto Bíblico

La Palabra de Dios en Hechos 20:28-35 proporciona una profunda comprensión sobre la labor y las responsabilidades del liderazgo cristiano, específicamente de los ancianos, también llamados obispos o pastores. Estos términos son sinónimos intercambiables en la Biblia y describen las mismas funciones de proveer, cuidar y alimentar al rebaño de Dios.

Representación de un pastor cuidando a su rebaño, simbolizando el liderazgo de los ancianos en la iglesia

Exhortación de Pablo a los Ancianos de Éfeso

Pablo, en su viaje apresurado hacia Jerusalén, evitó detenerse en Éfeso, pero pidió a los ancianos de la ciudad que viajaran hasta Mileto (a 48 kms de distancia) para una despedida. En este encuentro, Pablo les transmitió palabras de ánimo y les expuso tres partes fundamentales de su ministerio pasado y las responsabilidades futuras de los ancianos, centrándose en los versículos 28 al 35.

1. Cuidar de sí mismos y cuidar el rebaño (Hechos 20:28)

La primera enseñanza de Pablo es "Tened cuidado de vosotros y de toda la grey, en medio de la cual el Espíritu Santo os ha hecho obispos para pastorear la iglesia de Dios, la cual Él compró con su propia sangre". La expresión “mirad por vosotros” implica "prestar atención de sí mismos", resaltando que, antes de poder proveer para el rebaño, los líderes deben cuidar de su propio bienestar espiritual. El Espíritu Santo los había constituido en vigilantes y supervisores para este propósito, a través de las personas que los eligieron. En Efesios 4:11, los ancianos son descritos como episkopous (obispos), del verbo griego episkopeō, que significa “ver por, cuidar de”.

El término "anciano" tiene antecedentes judíos y subraya la dignidad del oficio, mientras que "obispos" es una palabra griega que enfatiza la responsabilidad de "cuidar" de otros. El versículo 28 explicita la Trinidad: el Espíritu Santo constituye a los obispos, Dios envía a su hijo a morir, y la sangre de Jesús adquiere la iglesia. La iglesia, adquirida por Dios con la sangre de Jesús, es puesta bajo la dirección del liderazgo de los ancianos, obispos y pastores, lo que demuestra la importancia del desafío de trabajar en el ministerio.

2. Estar alerta de las falsas enseñanzas y corregirlas (Hechos 20:29-31)

Una responsabilidad crucial del anciano es estar alerta y corregir las falsas enseñanzas. Pablo anunció la venida de dos clases de enemigos: los "lobos rapaces" que vendrían de afuera y no perdonarían la grey, y los "pervertidores" de la verdad, sectarios que surgirían de la propia comunidad. Estas amenazas podrían referirse al sutil veneno del gnosticismo oriental o a las tendencias judaizantes que alborotaron a las iglesias primitivas.

Pablo explicó que, después de su partida, habría ataques de falsos maestros que irían en contra de toda sana doctrina. Por lo tanto, en el versículo 31, les insta a "tener cuidado" de estas malas enseñanzas, a estar atentos para advertir, aconsejar y corregir cualquier comportamiento, incluso al punto de llorar, como él mismo lo hizo, según Hechos 20:19.

La responsabilidad del liderazgo y de cada cristiano - M.Th. Luis Garabito

3. Obediente a la Palabra y ser dadivoso (Hechos 20:32-35)

En el versículo 32, Pablo encomendó a los ancianos a Dios y a la palabra de su gracia. Confiar en Dios es esencial, pero esto debe ir acompañado de la obediencia a su palabra, que tiene la fuerza para que todos los consagrados a Dios crezcan en la fe y alcancen la herencia prometida. La salvación no es solo para ser rescatados de un sufrimiento eterno, sino que, después de ser perdonados y regenerados, también somos capacitados por el Espíritu Santo para ser edificados por medio de la Palabra de Dios.

En los versículos 33-34, Pablo declara: “No he codiciado la plata, el oro, o la ropa de nadie”. Aunque Jesús dijo que quienes predicaran las Buenas Nuevas debían recibir un salario (Lc. 10:7), Pablo nunca se aprovechó de este derecho. Reveló en sus cartas que trabajó noche y día con sus manos para sostenerse, evitando que nadie lo acusara de depender de los oyentes del evangelio para sus necesidades materiales (cf. 1 S. 12:3). Rehusó ser una carga para las iglesias que estableció, y con su trabajo manual, lograba cubrir sus necesidades financieras y las de otros (cf. Hch. 18:3; Ef. 4:28).

En el versículo 35, Pablo les enseñó a "trabajar duro y con sus ingresos ayudar al menesteroso". La frase "trabajar duro" no se limita al trabajo físico, sino que también comprende el trabajo mental y espiritual. En los días de Pablo, el mundo gentil carecía de las virtudes de amor y misericordia; nadie cuidaba del pobre, desamparado, enfermo o físicamente débil. Los cristianos, impulsados por el amor y la misericordia recibidos de Cristo, buscaban a los necesitados, cuidaban del pobre, visitaban al enfermo y ayudaban al menesteroso.

El proverbio "Más bienaventurado es dar que recibir", que Jesús da a entender, significa que el acto de dar, en lugar de tomar o arrebatar para uno mismo, es bienaventurado. La virtud de dar es un reflejo de la actividad continua de Dios, cuyo deseo más grande es dar. Cuando el hombre sigue el ejemplo de Dios, recibe una bendición divina, demostrando que es uno de los hijos de Dios.

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