El Consejo de Ancianos: Significado, Evolución y Representación

El poder ejercido por los ancianos a través del consejo de ancianos, como sistema de gobierno indígena, fue motivo de estudio por parte de antropólogos y etnólogos, quienes generalizaron esta institución como norma de gobierno de los pueblos originarios. Este trabajo centra su atención en la evolución que ha experimentado el consejo de ancianos en pueblos indígenas, especialmente entre los mixes de Oaxaca y zoques de Chiapas, como ejemplo de gobernanza, constituyéndose como una especie de senado.

La gerontocracia fundaba sus principios de gobernanza en la experiencia y sabiduría ejercidas a través de los consejos de ancianos, institución que “orienta, aconseja y procura la convivencia armónica de la comunidad”.

La Figura Idealizada del Anciano en la Gerontocracia

Bajo la figura del consejo de ancianos, el viejo estaba investido de sabiduría, prestigio, poder y liderazgo; rasgos de alto estatus social que homogeneizaban a toda la población envejecida, haciendo creer que alcanzar edades avanzadas era ingresar de manera automática a un paraíso gerontocrático. La figura del viejo en la estructura político-religiosa en estas sociedades era investida de respeto, prestigio, poder y liderazgo. Bajo esta concepción que idealiza la vejez, se hicieron trabajos de corte etnográfico donde llegar a viejo era lo máximo, toda vez que significaba ser obedecido, respetado, venerado y hasta temido por sus poderes mágicos que lo convertían prácticamente en una especie de semidiós. Este ideal se refleja en expresiones como la de Don Luis, quien, a sus 83 años, celebraba la vida con gratitud y reconocimiento social:

“Si he llegado a esta edad es ganancia. Varios de mis compañeros se quedaron en el camino. Soy músico, danzante y rezador. La gente me quiere y me respeta, ¡gracias a Dios! [...] No me quejo de la vida, todo cuanto me propuse lo logré con ganancia, así que ¡cuando guste!”

Este testimonio de Don Luis, en su aniversario 83 en Copainalá, Chiapas, el 8 de abril de 2013, subraya el valor y el respeto que se atribuían a la longevidad y la contribución social.

Foto de anciano indígena respetado, posiblemente músico o danzante, en un contexto ceremonial.

Evolución y Declinación del Consejo de Ancianos

Hoy día quedan resquicios de lo que algún día fuera el consejo de ancianos, y sus funciones han sido relegadas a cuestiones rituales, mismas que no ponen en riesgo la toma de decisiones políticas y económicas de la comunidad. Esta situación se ha modificado con un saldo negativo para la población anciana. Hoy día, varios pueblos han perdido esta figura o al menos no existe en su concepción original, sino que sus funciones han sido restringidas principalmente a ámbitos de carácter religioso y, en menor medida, a actividades sociales, donde poco o nada influye en la toma de decisiones político-comunitarias ejercidas desde el cabildo, la asamblea y otras formas de organización social como el comisariado de bienes comunales o el ejido.

El consejo de ancianos ha quedado como esa institución de honor y prestigio, como la salvaguarda de la ética, la costumbre y la tradición de la comunidad. Al perder el control político, a los ancianos solo les quedó el capital simbólico. Sus funciones tienen un ámbito “doméstico”, de modo que no intervienen en asuntos de competencia que rebasen las fronteras comunitarias en problemas como levantamientos armados, megaproyectos, campañas de Greenpeace, maíz transgénico, calentamiento global, migración internacional, entre otros, es decir, problemas sociales más complejos que requieren activismo político internacional, con redes sociales más amplias.

Factores que Influyeron en la Configuración del Consejo

Al idealizar y generalizar el consejo de ancianos en los pueblos originarios como sistema de gobierno, los estudios no dieron cuenta, primero, de si el tipo de propiedad de la tierra (pequeña propiedad -20 hectáreas aproximadamente-, comunal, ejidal o latifundio) y de las formas de organización social de estas localidades -fincas o haciendas- permitía o no, la creación del Consejo. Por ejemplo:

  • Bajo el sistema de latifundio, dada la naturaleza de peonaje acasillado, era impensable la organización de los trabajadores, y quienes llegaban a la vejez eran un estorbo para el amo, toda vez que ya no producían como antes, les daban en pago a su trabajo solo el alimento o se endeudaban.
  • Posteriormente, en el ejido, que se rige bajo asamblea comunitaria, el Consejo no cabe en su estructura organizacional, y los viejos con estatus social alto, aunque respetados, actúan a título personal.
  • En cambio, la pequeña propiedad -en especial en el régimen comunal- sí permitió hasta cierto tiempo el autogobierno de sus pueblos, bajo la estructura de consejo de ancianos.

En segundo lugar, en las comunidades donde era factible la constitución del consejo de ancianos, los estudios no dieron cuenta de la selectividad social que implica ser miembro de él y, tercero, el hecho de alcanzar edades avanzadas no garantizaba, de facto, ser miembro de la élite, tal como suponían los estudios culturales.

Esquema o infografía sobre los diferentes tipos de propiedad de la tierra y su impacto en la formación de los consejos de ancianos.

Criterios de Selección para Integrantes del Consejo

Para integrarse al Consejo, por principio de cuentas, lo integraban únicamente hombres cuya trayectoria moral, construida desde edades tempranas, los hubiera convertido en “un espejo para la comunidad”. Estos individuos debían, además, haber desempeñado cargos civiles y religiosos (“cargueros”, mayordomías, kowiná -sistema de cargo “tradicional” en el carnaval zoque-) transparentes, lo que en la vejez se traducía en un estatus social alto. Solo los individuos que, a través de su historia de vida, lograban construir una buena imagen social de su persona, “caracterizada” por el manejo de sus habilidades de liderazgo y conocimiento de los usos y costumbres, podían ser reconocidos como “principales”, y potenciales miembros del Consejo.

En segundo término, para el desempeño cabal de sus actividades debían contar con buena salud tanto física como mental, es decir, debían ser autosuficientes y altamente productivos laboralmente: no se concebía al líder como una persona débil, mucho menos a un enfermo crónico e incapacitado. El periodo de “vejez completa funcional” en la que el anciano se mantenía activo dentro del Consejo era conocido en lengua zoque como pitse'a: “claro-oscuro”, y hacía referencia justamente a la edad avanzada pero activa, productiva, lúcida, es decir, eran vistos como viejos-jóvenes con salud de roble. Quienes no cumplían con estas características eran excluidos -o autoexcluidos-, de modo que quedaban fuera quienes sufrían alguna discapacidad, especialmente los sordos, mudos y ciegos; otro tanto sucedía cuando el anciano sufría una enfermedad crónica que lo incapacitaba a desarrollar trabajos en el consejo (diabetes en grado avanzado, secuelas de infartos, incontinencia, paraplejía, demencia, cáncer maligno, etcétera).

Un tercer filtro vetaba a aquellos que habían llegado a la vejez con una trayectoria criminal y perversa explícita (violadores, asesinos, ladrones, estafadores). Un cuarto criterio descartaba a ancianos de bajo estatus social como los mendigos, alcohólicos crónicos y ancianos “comunes” -aun estando sanos- que no manejaban habilidades discursivas útiles a la comunidad, arte alguno o el conocimiento y manejo de los rituales de la “costumbre”. El cargo podía ser vitalicio: la persona era miembro del Consejo en tanto diera muestras de lucidez mental y pudiera recordar, pensar, razonar y tomar decisiones consensuadas. Una vez que el viejo mostraba decrepitud, poco a poco abandonaba el Consejo y rápidamente era sustituido por nuevos integrantes.

Nombres y Simbolismo del Anciano "Principal"

En pueblos donde aún guardaban esta figura, el anciano “principal” o “caracterizado” era sumamente respetado por la jerarquía social que su comportamiento en sociedad -conjugado con su edad avanzada y sus funciones sociales- le otorgaba. En lengua zoque existe un término particular para designarlos: kubguy jyara (kubguy, “pueblo”; jy, marcador de posesivo de tercera persona en singular, y jara, “papá”), es decir, “papá del pueblo”. El término da una idea del alto estatus social que aún goza, aunque ahora sus funciones hayan sido relegadas a cuestiones básicamente religiosas.

En lengua mixe, a un líder anciano o maduro que ha dado muestras de honorabilidad y se ha ganado el respeto de todos se le llama nääxtsënaapy-käjpntsënaapyë (difrasismo que literalmente indica “el que vive la tierra”, “el que vive el pueblo”), y son quienes hacen posible que la comunidad o el pueblo viva, posibilitan la vida en comunidad. Otro nombre es niiwä'än-niitijëpë, “quien da indicaciones y dice cómo se deben hacer las cosas, el líder” o, sencillamente, mëjä'äytyëjk, “los que son parte del grupo o conjunto de ancianos”.

Así fue el despojo de tierras de los pueblos indígenas en el siglo XIX: historia y actualidad.

Roles y Responsabilidades en la Comunidad

Entre los mixes, la obligación de los miembros del consejo de ancianos estaba en la iglesia y, consecuentemente, en la vida religiosa de la comunidad (fiestas patronales, mayordomías, rituales comunitarios, bodas, defunciones). Debían estar presentes, también, en los eventos sociales (celebración de las fiestas patrias, inauguración de alguna obra, etcétera). De no ir (salvo que estuvieran enfermos, imposibilitados o, incluso cuando el clima era adverso, podían quedarse en casa, toda vez que eran proclives a enfermar, caer y golpearse), podían ser amonestados por el alcalde, quien los representaba en el municipio.

El papel del alcalde era llevar la batuta tanto en el cabildo (era quien encabezaba los actos de justicia [más que el presidente municipal]) como en la iglesia. Entre otras actividades religiosas, tanto el alcalde como el Consejo coordinaban trabajos: llamaban, contrataban y pagaban al sacerdote católico, contaban la limosna, cuidaban y dirigían el cambio de ropa a los santos, resguardaban las llaves de las arcas, pagaban la reparación y el mantenimiento de la iglesia, etcétera. Por eso, el alcalde era el cargo de mayor prestigio que se llegaba a desempeñar en la comunidad, era el mëj täjk (“la vara de mando más grande”, “la vara mayor o las más grande vara de servicio”), y la responsabilidad recaía siempre en un viejo, el de mayor experiencia, quien hubiera cumplido con muchos servicios y conociera los rituales, la “costumbre”.

En Alotepec, poblado mixe de Oaxaca, la autoridad municipal giraba un nombramiento oficial a los miembros del Consejo, quienes eran coordinados por el alcalde único constitucional. Las funciones actuales de los ancianos principales han sido relegadas a cuestiones básicamente religiosas: planean la fiesta, dirigen el ceremonial, “barren” o hacen “limpias” frente al altar mayor a los fieles con plantas y flores ofrendadas a las imágenes católicas; están al pendiente de las danzas, etcétera. Las esposas de los ancianos “principales” comparten el estatus social del marido, pero no son integrantes del Consejo.

Impacto de los Cambios Demográficos

La gerontocracia tuvo su mayor auge en los pueblos indígenas que permitían este sistema de gobierno, especialmente cuando la escasez de ancianos era evidente (entre 1 y 3 %), y la vejez se alcanzaba a edades más tempranas. Por ejemplo, a principios del siglo XX, la esperanza de vida en el país se calculó en 33 años -y menos en los pueblos indígenas-, en cambio hoy día, con base en datos del XII Censo General de Población y Vivienda 2010, la esperanza de vida para el estado de Chiapas se estimó en 72 años (69 años para los hombres, y 75 años para las mujeres). Es decir, en los últimos años, la esperanza de vida está cerca de triplicarse, y las cohortes etarias de vejez se establecen, generalmente, a partir de los 60 años de edad.

Las formas de organización que tienen los pueblos respecto a la conformación o no de los Consejos de Ancianos son variadas. Por ejemplo, en Alotepec, cuya propiedad de la tierra es comunal, se registra una población total de 1,200 habitantes, de los cuales 134 son adultos de 60 y más años de edad; es decir, el 12 % son viejos. Del total de adultos mayores, solo 50 personas (37%) participan activamente en el Consejo de Ancianos, quedando fuera del grupo de élite el 63% por diversos motivos: enfermedad, discapacidad o por bajo estatus social, por lo que, en consecuencia, no poseen las habilidades requeridas para su desempeño.

Gráfico comparativo de esperanza de vida en México (principios del siglo XX vs. actualidad).

Desafíos y Adaptaciones Contemporáneas

Siguiendo la estrategia de los “usos y costumbres”, el cabildo tampoco es la única instancia para atender los problemas, en especial si se trata de algún caso grave. Así, las autoridades municipales recurren a la consulta de las personas “caracterizadas” (que generalmente son las que más hablan en las asambleas y tienen mayor capacidad de análisis y propuestas); cuando ni siquiera ellos pudieran darle solución o si se trata de un caso que rebasa su competencia, entonces recurren a la asamblea general, como máxima instancia en la toma de decisiones.

Por otro lado, Carmen Tonapac, del Municipio de Chiapa de Corzo, es una localidad zoque en el estado de Chiapas que cuenta con 73 viejos. En reunión de asamblea ejidal se decidió nombrar solamente a un anciano “principal” quien sería reconocido como el “papá del pueblo”, encargado de atender todos los asuntos relacionados con las festividades religiosas de la colonia, incluidas las danzas. Esta modalidad de nombramiento único, bajo ninguna circunstancia podría llamársele “consejo”. Cae, más bien, bajo la figura de “encargado”.

Las nuevas generaciones optan por nombrar una “comisión de festejos”, en la cual tiene poca o nula cabida la población adulta mayor, especialmente si es monolingüe en lengua nativa y/o analfabeta, limitando a los ancianos al ámbito ritual (peregrinaciones, procesiones, rosarios, ofrendas, danzas y música tradicionales, “cargueros” -especie de mayordomía- rezos, “limpias”, repique de campanas, limpieza y mantenimiento de la iglesia, bendiciones, etcétera).

Algunos estudios monográficos contemporáneos reportan para la región zoque, principalmente de Chiapas, vestigios de consejos de ancianos, en los que señalan: “el único lugar donde la autoridad y el poder están plenamente identificados es en las personas más viejas, que son autoridades principales y que hayan tenido cargos ceremoniales. Este poder es moral, sin...”

La Nueva Iconografía para Adultos Mayores: "Patrimonio Mayor"

En el contexto de la representación de los adultos mayores, la propuesta ganadora del Concurso Nacional de Diseño “Íconos de personas mayores sin discriminación” fue “Patrimonio mayor”, creada por Francisca Demanet, Giulia Malesani y Roberto Simoncello. El objetivo principal de los ganadores fue fortalecer la dignidad, la participación, el respeto y la autonomía de los adultos mayores.

Los diseñadores señalaron que su principal motivación fueron sus propias experiencias con los adultos mayores y lo que observan en la vida cotidiana. Relacionar a las personas mayores con el espacio público es una forma de rescatar la historia nacional y local. Por ejemplo, uno de los íconos de “Patrimonio mayor” retrata a Bruno Bernal, un reconocido atleta porteño premiado por el Club Deportivo Santiago Wanderers, que a sus 80 años de edad participaba en distintos maratones.

La dirigenta social María Elvira Sánchez, miembro del jurado, destacó la posibilidad de “ver a mis compañeros de lucha y líderes conociendo la propuesta”. Por su parte, Alejandro Rodríguez, director de Vínculos de la Universidad de Valparaíso, sostuvo que “esta es una iniciativa muy potente que probablemente generará un cambio muy significativo en la cultura chilena, en la forma en la cual nosotros imaginamos el mundo de los adultos mayores”. La representante de la Organización Panamericana de la Salud en Chile, Paloma Cuchí, afirmó que el certamen “precisamente nos ayuda a ver el envejecimiento de una manera saludable y positiva”.

Se espera que diferentes instituciones gubernamentales, entidades públicas y organizaciones sociales adopten esta nueva iconografía del adulto mayor, abandonando los actuales íconos asociados a estereotipos negativos en torno al deterioro físico, el aislamiento social y la dependencia.

Imagen del logo

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