La historia de Estela Meléndez, una anciana que oficialmente tiene 92 años, pero que, según su propio relato, estaría por cumplir 110 (ya que fue inscrita a los 17), conmovió al mundo. Por más de 60 años, Estela cargó un feto momificado en su vientre, transformándose de un día para otro en un misterio para la ciencia.
Lo impactante fue que no presentaba síntomas ni infecciones graves, habiendo logrado vivir décadas con este "bulto" en su cuerpo. Sin embargo, lejos de ser un milagro, su vida es el relato de una mujer que sobrevivió al dolor, la pobreza y, en ocasiones, a las negligencias médicas, un testimonio que revela la difícil realidad de muchas personas en Chile.
Un Dolor Insoportable Conduce al Descubrimiento
La noche del 15 de junio, más fría de lo habitual en La Boca, Estela Meléndez, entumecida, se retorcía de dolor en su cama debido a un fuerte malestar abdominal. Aunque acostumbrada a dolores repentinos, aquella vez las punzadas en su vientre eran insoportables. También le dolían sus piernas y caderas, lo que le dificultaba soportar sus dolencias. En su desesperación, y tras un movimiento brusco, se cayó de la cama golpeándose contra el piso y no pudo volver a levantarse, permaneciendo inmóvil durante horas. No podía gritar para que sus vecinos, su sobrino Luis y su esposa Juana, la escucharan.
Al día siguiente, Luis encontró a Estela ovillada en el piso. "Lo primero que pensé fue que el 'bulto' de su guatita la había matado", recuerda su sobrino, asombrado de encontrarla viva. Luis la tomó como pudo y la llevó al consultorio de Navidad y, como tantas otras veces, fue derivada al Hospital Claudio Vicuña de San Antonio. Allí le realizaron exámenes de rigor, incluyendo una radiografía de caderas para descartar fracturas debido a la caída.

Fue en este momento cuando apareció una imagen propia de la columna vertebral de un feto. Al hacerla, la doctora que la atendió, en el mismo hospital donde Estela dice haber sido operada de cáncer varias décadas atrás, se topó con una sorpresa. "Le destapó la guatita (vientre) y se la vio. La doctora quedó sorprendida. 'Esta señora está embarazada', dijo. 'Llévamela al tiro (de inmediato) a que le saquen otra radiografía'", cuenta Luis, quien la acompañó en el viaje. Ante la presencia de un cuerpo extraño, se decidió realizarle un escáner para obtener mayor claridad. La doctora, impresionada, llamó a los estudiantes en práctica para que observaran uno de los casos más insólitos que habían visto en décadas. Estela tenía un embarazo abdominal, uno de los más extraños dentro de los denominados embarazos ectópicos (fuera del útero).
El "Bultito" y un Secreto a Voces
El sobrino Luis, asombrado por lo que vio en la radiografía, comentó: "Yo sabía hace años. Pero era primera vez que lo veía. Fue impactante. Como una bolita, doblado, pero formado. Podía verle la cabecita y la columna." Estela guardó silencio cabizbaja; en su vientre cargaba aquello que Luis llamaba "el bultito" y que para ella era el hijo que nunca pudo tener. A pesar de que su estómago aún lucía levemente abultado en comparación con su delgado cuerpo y muy baja estatura, todos en el pueblo habían preferido fingir que aquello que escondía entre sus ropas no existía, convirtiendo el embarazo de Estela en un secreto a voces.
Luis, quien legalmente es su hermano al haber sido adoptado desde niño por el padre de Estela, tiene 62 años y asegura que desde que tiene uso de razón, Estela tenía la protuberancia en su abdomen.
Una Vida Marcada por la Pobreza y el Aislamiento
La familia Meléndez tiene todo su linaje en La Boca de Rapel, una pequeña localidad costera de la región de O’Higgins, con apenas 500 habitantes. Estela recordaba con nitidez la pobreza que trascendió su vida en La Boca. "Siempre he sido pobre", recalcaba. Contó que llegó hasta segundo básico y que recorría descalza los seis kilómetros que separaban La Boca de la escuelita rural en Navidad. "No alcancé a aprender a leer, porque no había qué comer y tuve que dejar el colegio para trabajar en el campo."
Su casa, al igual que todas a principios de siglo, era de adobe y techo de paja. Los hombres se dedicaban a la pesca artesanal de lenguado y róbalo, y las mujeres a la pequeña agricultura o a tejer redes. La economía de subsistencia era rudimentaria, y la mayoría de la gente se alimentaba a través del trueque. A medida que Estela creció, se fue aislando de sus vecinos y a los 17 años se casó con un pescador. "No sé por qué lo hice, yo creo que fue porque él tomaba mucho y yo estaba aburrida", dice.
Embarazo Desconocido y un Errado Diagnóstico de Cáncer
Estela cree que quedó embarazada antes de cumplir los 30 años, una edad incierta pues, asegura, su padre la inscribió cuando ella tenía 17 años. "Yo era cabra cuando me empecé a sentir mal. Sentía punzadas en mi guatita muy fuertes, me daban adormecimientos, calambres. No podía dormir. Me aguanté mucho tiempo, porque me parecía raro que estuviera enferma si ni me resfriaba", relató.
Pese a los dolores abdominales, los doctores nunca sospecharon que Estela estaba embarazada. Tras varios exámenes, los especialistas concluyeron erróneamente que tenía cáncer. Si bien nunca habló de embarazo ante su familia, asegura que "sentía algo adentro que se movía". Estela cuenta que describió los mismos dolores a las "señoritas del consultorio", pero pese a todo, la obligaron a operarse de urgencia en el Hospital Claudio Vicuña. Este es el mismo recinto donde décadas después, los doctores quedaron boquiabiertos al descubrir lo que Estela realmente ocultaba en su vientre.

Luego de la operación, Estela fue llevada a la sala de recuperación, donde estuvo cinco días sin recibir medicamentos para el dolor. "Con suerte me dieron de comer. Fueron muy crueles", recordó. Al ser dada de alta, le pusieron una faja para cuidar los puntos, pero volvió a sentir la misma protuberancia de siempre. Los dolores regresaron con mayor intensidad, y ella comenzó a dormir boca abajo para poder soportarlos.
Litopedia: Un Feto Momificado por Más de Sesenta Años
El subdirector del Hospital Claudio Vicuña, Carlos Vega, declaró a los medios: "Ella sobrevivió a este feto y su cuerpo se hizo inmune a la infección." El caso de Estela, tomado casi como un artículo del Semanario de lo Insólito, fue consignado como la inédita historia de una mujer prácticamente inmune a las infecciones de su cuerpo. El Dr. Dagoberto Duarte, director del Servicio de Salud Valparaíso-San Antonio, aseguró que Estela estaba sana, siendo su único síntoma la lesión en el codo que la llevó al hospital.
El feto, que según los datos manejados por Duarte tenía unas 30 semanas de gestación y pesaba alrededor de dos kilos, se había mummificado, un fenómeno conocido como litopedia. Esto ocurre cuando un feto muere en un embarazo abdominal, y el cuerpo de la madre lo encapsula con calcio para protegerse de infecciones, transformándolo en una masa inerte. Dada su avanzada edad, una cirugía ahora podría ser más contraproducente que efectiva, por lo arraigado del feto momificado en el organismo de la anciana.
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Versiones Contradictorias y la Denuncia Familiar
La familia Meléndez, sin embargo, no comparte la manera en que se ha tratado el caso. Luis, su sobrino, expresó: "Me da rabia cuando aseguran que mi tía eligió vivir así. Ella no decidió cargar con esto, tuvo que hacerlo no más. Acá las opciones para educarse y trabajar, no son muchas. Imagínese la salud." Él y Estela afirman que "los del consultorio de Navidad sabían. Sí sabían, pero no quisieron hacer nada."
Las autoridades de salud chilenas, representadas por Dagoberto Duarte, aseguraron que no tenían antecedentes previos de su historia conocida de algo como esto, ni de que la paciente hubiera sido operada de cáncer o de exámenes anteriores con dicho diagnóstico. Calificaron a Estela como una "paciente asintomática". Estas declaraciones contrastan fuertemente con la versión de Estela y su familia, quienes alegan que el "cáncer" que tuvo hace más de 60 años era en realidad este embarazo, y que en la década de 1980 se le realizaron radiografías donde ya se habría visto el feto.
Luis también denuncia que en el hospital se negaron a entregarle copia de la radiografía o el escáner del descubrimiento, argumentando que era "algo así como privado".
Un Drama Personal y Social
La condición de Estela la transformó en una persona introvertida y dependiente de otros para sobrevivir. "Ahora me cuida el Luis, porque yo no puedo hacer nada sola. Ni siquiera me puedo parar de la silla", relató. Su vida ha estado marcada no solo por sus incesantes dolores físicos -hoy cojea producto de la deformación en su cadera y llegó a pesar 30 kilos-, sino también por el drama psicológico de tener un hijo muerto en su vientre.
Para Carolina González, obstetra y parte de la directiva nacional del Colegio de Matronas, el caso de Estela es asombroso no solo por ser un embarazo ectópico, sino por tener casi 8 meses de gestación. Ella subraya que "Hay signos clínicos que uno puede observar de un embarazo y las encargadas de eso son las matronas. En ese tiempo debieron habérselo detectado." González lamenta que en el sistema de salud hay un rol poco protagónico del daño psicológico que produce un feto muerto o una hernia dolorosa, un tema que el Colegio de Matronas ha intentado poner sobre la mesa.
Sin Cirugía, Buscando Paz
Actualmente, la posibilidad de una operación para Estela está fuera de discusión. Su avanzada edad y distintos problemas de salud podrían complicar una intervención, y ella tampoco quiere operarse. Como lo ha hecho siempre, sigue yendo a sus controles al consultorio de Navidad, tomando cinco pastillas diarias para mejorar su calidad de vida y una para dormir en las noches. Aunque hay días más difíciles que otros, Estela dice que está tranquila.
Su repentina fama, con la noticia publicada en medios como la BBC de Londres, ha ayudado en algo a mitigar sus dolores. Cuenta que los veraneantes pasan a conversar con ella y que ya no quiere saber más de doctores. Todos los días se da ánimo para alimentar a sus gallinas y ayudar con su escuálida pensión de 85 mil pesos a su sobrino que la asiste en sus quehaceres. Estela Meléndez ya no quiere más guerra, solo busca paz, aunque Luis asegura que los únicos que se le han acercado son los funcionarios del mismo consultorio de toda la vida, donde, según él, siempre supieron del mal de Estela.