A medida que las personas envejecen, experimentan cambios significativos en diversas esferas de su vida, incluyendo aspectos físicos, cognitivos y sociales. Estas transformaciones pueden generar sentimientos de menor utilidad o de desvalorización, así como la necesidad de mayor ayuda y nuevas preocupaciones. Entender y aplicar estrategias de afrontamiento adecuadas es crucial para adaptarse a estos desafíos y mantener una buena calidad de vida y dignidad en la vejez.

Cambios y Desafíos del Envejecimiento
El proceso de envejecimiento conlleva múltiples cambios que pueden impactar en el bienestar del adulto mayor. Estos incluyen:
- Cambios Físicos: Disminución de los recursos materiales y personales asociados a la edad, que dificultan el ajuste ante situaciones desventajosas como la pérdida de salud o el aumento de la dependencia.
- Cambios Cognitivos: Mayor frecuencia de aparición de deterioro cognitivo.
- Cambios Sociales: Pérdida del estatus laboral y económico (jubilación), mayor aislamiento social, pérdida de seres queridos, dificultades de convivencia.
- Cambios Psicológicos: Aparición de sintomatología depresiva, poca capacidad para afrontar las pérdidas y un manejo inadecuado de los recursos psicológicos.
- Cambios Familiares: Las relaciones familiares evolucionan, a veces con conflictos derivados de la incomprensión o el desconocimiento de esta etapa vital.
- Cambios Laborales: La jubilación puede generar sentimientos de tristeza o inutilidad en algunas personas.
La mayoría de las discusiones familiares surgen por la falta de comprensión de esta etapa vital, pues a veces se olvida la cantidad de cambios que viven los adultos mayores en poco tiempo y de manera simultánea. Lamentablemente, el sedentarismo es muy común en la vejez, lo que perjudica tanto a nivel físico como emocional.
¿Qué son las Estrategias de Afrontamiento?
El afrontamiento ha sido definido como aquellos esfuerzos cognitivos y conductuales constantemente cambiantes que se desarrollan para manejar las situaciones específicas, externas y/o internas, que son evaluadas como excedentes o desbordantes de los recursos del individuo (Lazarus y Folkman, 1984). Es una variable mediadora que, a través de sus diferentes estrategias, permite adaptarse a las situaciones dadas en esta etapa del ciclo vital, es decir, la puesta en marcha de los propios recursos para la consecución de objetivos y la manipulación de la situación para conseguir un buen ajuste.
Independientemente de las pérdidas asociadas a la edad, el adulto mayor sigue manteniendo recursos disponibles para modificar aquellas situaciones desadaptativas y conseguir un ajuste óptimo (Freund y Riediger, 2001); además, mantiene la capacidad para la adquisición de nuevos recursos de afrontamiento que pueden reducir el impacto negativo de los eventos estresantes (Taylor y Stanton, 2007).
Resiliencia para afrontar la vida cotidiana. Walter Riso, doctor en Psicología y escritor
Tipos y Dimensiones del Afrontamiento
A través del modelo de Lazarus y Folkman (1984), se distinguen dos tipos de afrontamiento principales:
- Afrontamiento centrado en el problema: Consiste en hacer frente a la situación estresante mediante esfuerzos para modificar el problema en cuestión. Incluye la generación de opciones de resolución, la evaluación de pros y contras, o la aplicación de medidas. Las formas activas de afrontamiento se consideran exitosas, con efectos positivos sobre la adaptación y el bienestar.
- Afrontamiento centrado en la emoción: Tiene como objetivo gestionar las emociones desadaptativas asociadas con la situación. Incluye un amplio rango de respuestas como la negación, la evitación, la autofocalización negativa y la rumiación. Las formas pasivas, que consisten en la ausencia de enfrentamiento o conductas de evasión y negación, son consideradas menos exitosas.
El Cuestionario de Afrontamiento del Estrés (CAE; Sandín y Chorot, 2003) ha identificado siete dimensiones que componen estas estrategias:
- Focalizado en la solución del problema: Estrategias cognitivas y conductuales encaminadas a modificar la situación estresante.
- Autofocalización negativa: Estrategias basadas en la autoinculpación y la autocrítica.
- Reevaluación positiva: Estrategias cognitivas que modifican el significado de la situación estresante, buscando aprender de las dificultades.
- Expresión emocional abierta: Estrategias encaminadas a liberar las emociones que acontecen el proceso de estrés.
- Evitación: Estrategias que incluyen la negación y evitación de pensamientos o conductas relacionadas con el acontecimiento estresante.
- Búsqueda de apoyo social: Apoyo en otros (amigos o familiares) para modificar la situación estresante o sentir consuelo.
- Religión: El rezo y la oración como estrategias para tolerar el problema o generar soluciones.
Factores Sociodemográficos que Influyen en el Afrontamiento
Diversas variables sociodemográficas pueden influir en el tipo y la eficacia de las estrategias de afrontamiento utilizadas por los adultos mayores. Un estudio realizado con 275 adultos mayores que acuden a un centro a realizar actividades, analizó el uso de estas estrategias en función de diferentes variables.
Género
Hombres y mujeres no se enfrentan del mismo modo al estrés (Rose y Rudolph, 2006). Los hombres generalmente se enfrentan de forma directa al problema o lo niegan, mientras que las mujeres responden de un modo más emocional a las situaciones estresantes y se apoyan más en otros (Tamres, Janicki y Helgeson, 2002). Los estudios han mostrado cómo las mujeres utilizan más que los hombres las estrategias centradas en la emoción, la búsqueda de apoyo social y la evitación. Esto puede deberse a la hipótesis de la socialización, que predice que a los hombres se les instruye para un uso más activo e instrumental de las conductas de afrontamiento, mientras que a las mujeres se les enseña a utilizar comportamientos más pasivos y centrados en las emociones.
Edad
Aunque algunos hallazgos en la literatura sugieren que la edad no muestra relación con las estrategias de afrontamiento, sino que permanece estable a lo largo del tiempo (Carver y Connor-Smith, 2010), otros estudios indican que el uso de ambos tipos de afrontamiento disminuye con la edad, excepto para la búsqueda de apoyo social, que se mantiene estable (Brennan et al., 2012). La estrategia de religión mostró una relación significativa y positiva con la edad, siendo una característica diferencial en personas mayores en comparación con jóvenes y adultos.
Nivel de Estudios
La principal influencia del nivel de escolaridad es la capacidad para maximizar y conservar los propios recursos implicados en la toma de decisiones cotidianas (Birren, 1994). Tanto la educación como los aprendizajes adquiridos a lo largo de la vida pueden proporcionar claves necesarias para la adaptación en el envejecimiento. Las personas con alto nivel de escolaridad son más efectivas en su vida cotidiana al buscar y discutir información. Los resultados de estudios muestran que el grupo de sin estudios obtiene puntuaciones más altas en autofocalización negativa y evitación, lo que sugiere que las personas con estudios inferiores o sin estudios hacen mayor uso de la autoinculpación y la negación, a diferencia de aquellos con estudios superiores que se enfrentan de un modo más directo a la situación estresante.
Nivel de Ingresos
Las personas con mayor nivel económico utilizan en mayor medida la estrategia focalizada en la solución de problemas. Por el contrario, las personas con menor nivel de ingresos hacen un mayor uso de la estrategia de religión. La falta de ingresos suficientes puede incidir negativamente sobre su salud e independencia, considerándose subjetivamente menos eficaces a la hora de enfrentarse a determinadas situaciones.
Estado Civil
El estado civil mostró diferencias significativas en las estrategias de reevaluación positiva, búsqueda de apoyo social y religión.
Impacto en la Calidad de Vida, Integridad y Resiliencia
Las estrategias de afrontamiento tienen un impacto directo en la calidad de vida y el bienestar del adulto mayor. Un envejecimiento satisfactorio se alcanza con un envejecimiento exitoso, el cual se logra mediante la práctica de estilos de vida saludables, el mantenimiento de reservas funcionales físicas y cognitivas, la prevención de enfermedades y discapacidades, y la cohesión social, todos ellos sinónimos de autonomía y calidad de vida en la tercera edad.
Integridad versus Desesperación
La etapa final del desarrollo, según Erikson (1982), se conceptualiza como la de integridad versus desesperación. La integridad se logra a través de un proceso de reminiscencia que contribuye a la sabiduría y a la aceptación de la muerte, afirmando el valor de la vida y aceptando las pérdidas. Por otro lado, la desesperación surge de las decepciones, fracasos y oportunidades perdidas, llevando a sentimientos de tristeza, arrepentimiento e insatisfacción.
Las estrategias orientadas al problema, como la reevaluación positiva y la focalización en la solución de problemas, facilitan la consecución de la integridad. Por el contrario, estrategias orientadas a la emoción, como la autofocalización negativa y la expresión emocional abierta, se asocian positivamente con la desesperación, siendo consideradas desadaptativas.

Resiliencia en el Adulto Mayor
La resiliencia en los adultos mayores es la capacidad de mantener un porcentaje de salud física y emocional, a pesar de las pérdidas que se presentan en esta etapa del ciclo vital (Resnick e Inquito, 2011). Un estudio con adultos mayores víctimas del conflicto armado colombiano reveló altos niveles de resiliencia, aunque con estrategias de afrontamiento predominantemente centradas en las emociones (religión, solución de problemas, evitación emocional y reevaluación positiva).
El Rol del Apoyo Familiar y Social
El acompañamiento familiar y el apoyo social son fundamentales para el bienestar del adulto mayor. Tratar a las personas mayores con respeto, comprensión y apoyo es una forma de cuidar su salud y su dignidad. Es importante ponerse en su lugar y animarlos a mantenerse activos, relacionarse con otras personas y estimular su mente. La soledad y la depresión son importantes motivos que pueden llevar a descuidar la calidad de vida.
En caso de limitaciones (físicas, cognitivas o emocionales), es conveniente acudir a la consulta médica. Si se trata de una limitación física, se puede recomendar el uso de andadores, sillas de ruedas, muletas u otras adaptaciones en el hogar. Necesitar ayuda de una persona para cuidar a nuestros mayores no significa quererlos menos, aunque el familiar pueda vivirlo como una pérdida de independencia. El acompañamiento familiar durante los primeros días de una nueva situación (por ejemplo, al requerir cuidados externos) reduce el impacto emocional y facilita la adaptación.
Resiliencia para afrontar la vida cotidiana. Walter Riso, doctor en Psicología y escritor
Estrategias de Intervención para Mejorar la Calidad de Vida
Ante el envejecimiento poblacional y el aumento de las necesidades de los adultos mayores, es pertinente el desarrollo de intervenciones para mejorar su calidad de vida. Una longevidad satisfactoria se alcanza con la práctica de estilos de vida saludables, lo cual incluye:
- Fomentar la participación intersectorial y comunitaria: Promover la participación en actividades de promoción de salud con organismos como Salud Pública, Educación, Cultura, para organizar actividades frecuentes que favorezcan el intercambio social y el debate.
- Actividad Física Adaptada: Ejercicios de preparación física general, de bajo impacto y poca intensidad, como caminar, subir escaleras o realizar ejercicios para estimular la mente, siempre con supervisión. La bailoterapia, utilizando música, crea un ambiente alegre y relajado, mejorando las interrelaciones personales.
- Ejercicios de Relajación: Métodos como el abreviado de relajación de Shutz y ejercicios respiratorios para aliviar dolores y tensiones.
- Dinámicas Grupales: Para la modificación de actitudes y el debate de aspectos relacionados con la autoestima, la calidad de vida y los estilos de vida.
- Técnicas de Comunicación Positiva: Como "el buen consejo", donde los participantes comparten frases alentadoras.
- Charlas Educativas: Para incrementar conocimientos sobre estilos de vida saludables, características de autovaloración adecuada, y la importancia del adulto mayor en la familia y la sociedad.
- Automasajes: Para favorecer la activación de la circulación sanguínea y el alivio de dolores y tensiones musculares.
Una persona con autoestima alta, por ejemplo, enfrenta y vence las enfermedades y el rigor de la vida con más facilidad. Los ancianos, al tornarse más sensibles, responden positivamente incluso a intervenciones elementales en su beneficio, lo que se traduce en un apreciable bienestar general, tanto físico como psíquico.

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