La Tragedia de Lissette Villa y la Crisis del Sename

La muerte de Lissette Villa en abril de 2016, a días de cumplir 12 años, dejó al descubierto las graves vulneraciones físicas y emocionales sufridas por niños en el centro CREAD Galvarino en Estación Central. Este hecho no solo conmocionó a Chile, sino que también evidenció las profundas fallas estructurales del sistema de protección de menores.

El Compromiso Profesional y el Impacto de un Fallecimiento

La psicóloga y directora del CREAD Galvarino, Isabel Cea, asumió la responsabilidad profesional por el fallecimiento de Lissette, aun cuando no estaba presente en el momento de su deceso. Este testimonio obedece a su deseo de que "una voz muy poco escuchada pueda ser oída". Ella relató que intentó transmitir todo lo que expondría a la actual directora del Sename, quien en ese momento llevaba poco tiempo en el cargo.

Todos los documentos que dan cuenta de las gestiones que se hicieron antes de fallecer Lissette, para intentar develar la precariedad del CREAD Galvarino, fueron proporcionados a la Fiscalía. Isabel Cea desconoce si se encuentran en la carpeta investigativa que ya abarca 17 tomos. Al iniciarse el juicio, le asistió la esperanza e incluso la convicción de que la justicia apuntaría a la totalidad de los reales responsables, penal, técnica y políticamente. Creía que la crisis del Sename se había hecho tan evidente para todos, que al fin el gobierno tomaría la decisión de intervenir esta institución, pero se equivocó.

Todo el “mal” del Sename se centró en cinco o seis funcionarios inculpados. El resto -responsables de departamentos técnicos, encargados de salud, supervisores, jueces de familia y también parlamentarios que deciden los presupuestos y planificaciones sin conocer la realidad del Sename en las residencias- no fue interpelado. Este escrito también lo hizo por Lissette, porque la conoció, porque fue su psicóloga por unos años y conoció sus dolores, porque la cuidó y defendió, la acompañó en otras residencias, la visitó en las unidades de psiquiatría, la vio bailar pascuense, compartió su última Navidad, la vio jugar con muñecas y cuidar a los hijos pequeños de los funcionarios. También la escuchó decir: “Cuando sea mamá cuidaré a mis hijos, no los abandonaré”.

Foto de Lissette Villa, una niña con cabello castaño claro y sonrisa

Lissette Villa: Una Historia de Vulneraciones y Desatención

Lissette Villa Poblete, de once años, tenía el pelo castaño, casi rubio, medía un metro cuarenta y seis y pesaba 54 kilos. Sus hermanos le decían “La Rucia”. Dentro de la residencia, las niñas de la Casa 2.2 le gritaban “Cabeza de Pichí”, para hacerla enojar o presionarla para que estallara. La mayoría no le tenía simpatía porque, según la acusaban, siempre “hacía show”. Eran celos de niñas, ya que Lissette podía ser muy demandante con las Educadoras de Trato Directo (ETD). Lissette podía irritarse por el más mínimo detalle, pero si le regalaban alguna frase cariñosa, ella contestaba de la misma forma: “Te amo, tía, te quiero” era su respuesta habitual.

Lissette nació el 25 de abril de 2004 y durante todos sus cortos años estuvo marcada por problemas que le fueron dejando heridas familiares profundas, las que también fueron provocadas y agravadas por omisiones y decisiones erráticas del sistema de protección social en su conjunto. Entre los hitos de su historia, está el abandono y la vida al alero de la institucionalidad del Sename. Lissette tenía 5 años cuando ingresó por primera vez a una residencia. Ni el padre ni la madre consiguieron jamás recuperar su cuidado, siendo visitada de manera intermitente, por largos periodos sin visita alguna. La ausencia de visitas regulares de sus padres le provocaba a la niña una doble sensación de abandono.

Un Recorrido por el Sistema de Protección

Aun cuando se trabajó psicosocialmente con la niña, la separación del CREAD Galvarino y el proceso de inclusión a su nueva residencia, presentaron dificultades. A raíz de lo anterior, la psicóloga del CREAD (Isabel Cea en ese momento) junto con otra educadora, comenzaron a visitar a Lissette en su nueva residencia para apoyar su adaptación. Poco después, supieron de la intención de esa residencia de solicitar que la niña fuera re-ingresada al CREAD Galvarino, declarándose incompetente para asumir su cuidado. Su regreso al Galvarino se concretó el 12 de noviembre de 2013.

No había transcurrido un mes de su vuelta a este centro cuando se produjo el primer ingreso de uno de sus hermanos al sistema residencial proteccional, y después sería el turno de una de sus hermanas. Antes de su reingreso al CREAD Galvarino, la niña fue llevada por su anterior residencia al Hospital San Borja Arriarán para una atención psiquiátrica. A principios de 2014, ingresó al CREAD Galvarino su hermana menor. Ante problemas familiares, la dupla psicosocial a cargo del CREAD visualizó el cambio de residencia de las hermanas. Así, en junio de ese mismo 2014, Lissette y su hermana menor se incorporaron a otra residencia más pequeña, modalidad Rem-Per.

Lo que motivó el cambio fue la develación por parte de Lissette de una experiencia de vulneración siendo pequeña, situación que le había generado una desregulación emocional y conductual. Esa institución también se declaró incompetente para asumir su cuidado. En noviembre de 2014, Lissette fue dada de alta del hospital. Al principio no hubo dificultades, pero ya en el transcurso de las semanas su conducta comenzó a complejizarse, con la ausencia de visitas de familiares. Se empezó a coordinar el establecimiento de visitas regulares con su hermana menor.

En octubre de 2015, tras meses de ausencia, la madre de Lissette, Juana Poblete, se presentó en el CREAD Galvarino, retomando las visitas los fines de semana con el subsidio del costo del traslado por parte del CREAD. En el ámbito médico, Lissette se mantenía con atención psicológica y psiquiátrica en el Hospital San Borja Arriarán, donde recibía tratamiento farmacológico prescrito. Ante la gran ingesta de medicamentos, en una oportunidad se solicitó que Lissette fuese reingresada al hospital para ser desintoxicada y recibir un nuevo esquema medicamentoso. Era conocido su paso por varios hogares y la sobremedicación de la que habría sido víctima.

Esquema visual de las derivaciones de Lissette Villa entre residencias y hospitales

El Día Fatídico: 11 de Abril de 2016

El 11 de abril de 2016, cerca de las 18:30 horas, Lissette fue a la oficina de Isabel Cea y le pidió “ropa de guagua”. La psicóloga acostumbraba a regalarle muñecas ya que ella jugaba a ser madre. Tras despedirse con un abrazo y un beso, Isabel Cea se retiró del CREAD cerca de las 18:40 horas.

Cerca de las 20:20 horas, recibió un llamado telefónico de la jefa técnica del CREAD Galvarino, quien informó que Lissette se habría “descompensado”, un término utilizado en el Sename para dar cuenta de una desregulación emocional y agitación psicomotora. Con un código establecido entre ellas, la jefa técnica le dijo “hay que devolverse al CREAD”, por lo que regresó. El tráfico era denso, y logró llegar cerca de las 20:50 horas al centro. La imagen de las ambulancias, vehículos de Bomberos y Carabineros con balizas encendidas que vio al llegar, le anticipó que la situación era tremendamente compleja.

Apenas ingresó al centro, se dirigió a la jefa técnica, quien estaba acompañada por uno de los trabajadores sociales del CREAD. La información era escasa, confusa y estaban completamente en shock. En las afueras de las oficinas de dirección, Lissette estaba extendida en el piso, y a su alrededor el equipo del SAPU y Bomberos la estaban reanimando. Aproximadamente a las 21:05 horas, dejaron de hacerlo. Todos los que estaban allí irrumpieron en llanto. Esa misma noche comenzó otra historia: de omisiones, secretos, ocultamientos e inculpaciones cruzadas. Los medios de comunicación daban cuenta de versiones distintas y con escaso rigor; sectores políticos pedían “cabezas”. Al otro día ya se rumoreaba que la causa de la muerte habría sido una sobredosis de medicamentos. En un momento en que lo único cuerdo era esperar los resultados del Servicio Médico Legal, distintas versiones iban y venían.

Juicio oral por muerte de Lissette Villa: Piden 7 años de cárcel para ex funcionarias del Sename

La Investigación y el Juicio: Revelaciones y Veredictos

La causa de muerte de Lissette fue una incógnita en los primeros días. Ese 11 de abril, la encargada de turno relató su versión de los hechos. Once días más tarde, esa versión fue derrumbada por la declaración de otra niña, M* (15), quien habría sido testigo ocular de lo ocurrido e involucró a funcionarias del centro. Esto fue lo que se filtró a la prensa. M* era la compañera de habitación y amiga de Lissette, y fue la testigo clave de la "contención" que se le hizo.

El viernes 9 de abril por la tarde, dos días antes del quinto aniversario de la muerte de su mejor amiga, M* estaba terminando de hacer tareas en su casa. Su madre, María Díaz, dice al teléfono que han sido años difíciles para M*. La adolescente ingresó al CREAD Galvarino el 30 de julio de 2014, y su estadía se suponía breve. Una de las educadoras, Silvana, llamó a otras funcionarias para no oír sola el relato de M*, quien comentó que Lissette se golpeaba la cabeza, que le salió sangre de la boca y la asearon con una toalla. M* contó que la tía Conne le dijo: “Ya poh gorda, cálmate, está bueno, para”.

Según la investigación, el 11 de abril a las ocho de la tarde, Conne Fritz y Thiare Oyarce inmovilizaron a Lissette, reteniéndola boca abajo con fuerza de brazos y pies. Conne Fritz, de noventa kilos, además se subió a su espalda. El peso de la mujer terminó por asfixiarla. Después de varios minutos de contención, Lissette dejó de respirar.

Maltratos Sistemáticos y la Normalización de la Violencia

Los sumarios e informes posteriores a la muerte de Lissette Villa demostraron cómo en el CREAD Galvarino los maltratos y humillaciones contra los niños de todas las edades se habían vuelto sistemáticos. Los nombres de los educadores de trato directo que más se repitieron como agresores fueron Luis Campodónico, Yerko Reyes y Leonardo Lefián, entre otros. Los niños y niñas reconocieron haber sido víctimas de contenciones bruscas, golpes y provocaciones. Muchos de ellos denunciaron cómo les doblaban los brazos hacia atrás, que fueron agredidos con zancadillas, apretones de cuellos y rostro, además de castigos con comida y golpizas. Poner a niños en sillas pequeñas para que no pudieran dormir era un castigo habitual.

En las declaraciones del expediente se puede ver cómo se generó una relación ambivalente de los niños con sus cuidadores. Algunas veces justificaban los golpes y aceptaban la violencia con tal de recibir demostraciones de afecto. Lefián fue el auxiliar reconocido como uno de los más violentos, pero al mismo tiempo se transformó en una figura paternal, lo llamaban “Papi Leo”. Después de golpearlos les pedía disculpas y los abrazaba. Lissette también habría sido víctima, en reiteradas oportunidades, de la violencia de Lefián.

Un año antes de su muerte, Isabel Cea, su psicóloga, fue a buscarla y la encontró sentada en el suelo del baño de la casa con el educador a su lado. La niña gritaba y lloraba mientras le sangraba la nariz. Cuando Isabel le preguntó qué le había pasado, Lissette contestó: «Este viejo culiao me pegó un combo», apuntando sin miedo a Lefián. Los educadores de trato directo siempre negaron todas las acusaciones de violencia y las contenciones con frazadas, uno de los sistemas de inmovilización más cuestionados mencionado por varios niños en los interrogatorios. Declararon que solo les permitían hacer “el abrazo del oso” (tomarlos por la espalda).

Una voluntaria de Caritas, tras la muerte de Lissette, reconoció haber sido testigo de cómo las tías arrastraban a las niñas para sacarlas de las salas. También vio a Lissette envuelta en una alfombra “como un rollo”, sin posibilidad de salirse de ella, inmovilizada. Una educadora de trato directo, que estuvo un año y medio fuera con pre y posnatal, declaró que a su regreso quedó impactada con la normalización de las contenciones. “Una vez vi cómo Lissette se envolvía sola en una frazada, como jugando. Decía que se estaba haciendo sola contención y se estaba ‘calmando sola’”. Del libro de registro del hogar se desprende que en total hubo 172 constancias de problemas conductuales de Lissette, de los cuales 81 fueron desajustes conductuales y 72 finalizaron en alguna mediación física. Además, se le aplicó S.O.S. en cuatro ocasiones.

Infografía detallando los tipos de maltrato y contenciones denunciadas en el CREAD Galvarino

Formalización y Veredicto

El Ministerio Público formalizó a cuatro funcionarias del CREAD Galvarino en el marco del juicio oral por la muerte de Lissette Villa. Se trató de Conne Fritz y Thiare Oyarce, quienes estaban a cargo de los menores y fueron acusadas por apremios ilegítimos, solicitándose siete años de cárcel para ambas. A las otras dos mujeres -Jéssica Figueroa, coordinadora de turno; y Mónica Monje, ex directora del CREAD Galvarino- se les apuntó como responsables de no haber evitado la muerte de la pequeña, pidiéndose 3 años y un día de presidio para cada una. Según el Servicio Médico Legal, la niña murió a causa de "asfixia por sofocación producto de compresión mecánica externa".

El viernes, la jueza Patricia Brundl Riumalló, del 4° Tribunal Oral en lo Penal de Santiago, entregó el veredicto del caso. En concreto, se estableció que Fritz y Oyarce realizaron una "contención" mortal ante una descompensación de Lissette. Además, Brundl acreditó que Fritz se encontraba sobre la espalda de la menor afirmándole los brazos, mientras Oyarce le sujetaba las piernas. En tanto, Figueroa y Monje fueron absueltas. La audiencia de ese día de mayo, que había sido prorrogada por la emergencia sanitaria, fue para percibir la culpabilidad. M* declaró en calidad de testigo.

El daño moral a M*, la testigo clave, es permanente y ha generado una demanda al Estado por este daño psiquiátrico de larga data. “M* fue testigo de uno de los hechos más terribles que puede presenciar un ser humano, más aún una niña de 12 años, esto es, presenciar como funcionarias del propio Sename causaron la muerte a otra niña, Lissette Villa Poblete, de 11 años de edad, quien era su compañera de habitación y amiga”, se ha señalado. “En el caso de la niña M, no solo no se dio esa protección, sino que por el contrario se le causó un daño, de índole moral”.

Diagrama que ilustra la técnica de

La Crisis del Sename: Un Sistema Jerarquizado y Precario

La crisis del Sename ha seguido su curso mientras los ejes principales del problema se han ido diluyendo. No ha habido una respuesta potente al cierre masivo de hogares de protección de organismos colaboradores por falencias económicas, técnicas y procedimentales. Tampoco hay ninguna interpelación ni a las autoridades del Sename ni a las de su Departamento de Protección y Restitución de Derechos (Deprode). La jefa de este departamento, en declaración a la Fiscalía, se desentiende de la elaboración del protocolo de actuación en crisis donde se explicitan las contenciones autorizadas por el servicio. La segunda comisión investigadora de la Cámara de Diputados ha puesto la mira en los responsables políticos y no en el nudo principal de la crisis.

Deficiencias Estructurales y de Gestión

En un servicio jerarquizado como el Sename, toda orientación técnica proviene desde su dirección nacional. En lo que respecta al sistema de protección, cuya línea de mando es diferente a la que sigue el sistema de Justicia Juvenil, la instancia desde donde emanan todas las orientaciones técnicas es el Departamento de Protección y Restitución de Derechos (Deprode). Es ahí donde se elaboran protocolos, orientaciones técnicas, e instructivos. Aquí yace un punto central del funcionamiento -y mal funcionamiento- de los centros. Un ejemplo de ello son los canales de retroalimentación de un CREAD. Toda propuesta técnica que emane de la dirección o equipo de un centro debe ser validada por el departamento técnico central (Deprode). El problema es que, por lo general, ese departamento es un ente cerrado e impermeable a las sugerencias que se elaboran desde los equipos técnicos y profesionales de los centros.

En 2010 aproximadamente, por temas de corte administrativo y económico, se procedió a renombrar a los centros que albergaban niños tras una orden de un tribunal en modalidad proteccional residencial. Así, los llamados Centro de Tránsito y Diagnóstico (CTD) pasaron a denominarse Centros de Reparación Especializado de Administración Directa (CREAD). A la luz de la experiencia de estos casi siete años, sería importante saber qué hecho motivó que el Departamento Técnico decidiera el aumento de plazas de niños posibles de atender. Esa situación generó mucho ruido, ya que si bien se mantenían los mismos funcionarios, las “nuevas” orientaciones técnicas indicaban que se debía hacer un trabajo “reparatorio” de cada niño ingresado, una meta imposible ya que ampliar las plazas atenta contra el trabajo de intervención en todas sus dimensiones.

El aumento de las plazas generó, además, mayor hacinamiento, concepto prohibido en el Sename. Como directora del CREAD, Isabel Cea informó a todos los Tribunales de Familia que se encontraban con alta dotación de niños varones, a punto de no contar con camas para recibirlos, pero hicieron oídos sordos. Del mismo hecho informó a las autoridades del Sename. En un documento se sistematizaron los perfiles, las complejidades y las necesidades de cada niño, y la urgencia de despeje de niños de otros perfiles a residencias simples. La respuesta fue insuficiente, momentánea y de parche.

Falta de Capacitación y Atención de Salud

En 2010, el CREAD se erigió con los mismos profesionales y los mismos educadores de trato directo, sin un plan de capacitación coherente con el nuevo modelo. Las capacitaciones que se han desarrollado no solo no responden al modelo instaurado, sino que han incluido a un reducido grupo de profesionales técnicos y/o administrativos y de trato directo. Nunca abarcaron a la totalidad de los funcionarios del CREAD y siempre fueron resorte exclusivo del Deprode. En el CREAD Galvarino se recibían -y se siguen recibiendo- a niños con trastornos del tipo Autista Asperger, niños con dificultades motoras de desplazamiento y con enfermedades crónicas (asma, corazón, etc.). Muchos de ellos han sido abandonados y vulnerados, lo que construye una doble o triple realidad afectiva-emocional-intelectual. Es decir, se deben hacer cargo de la salud física y mental de niños que requieren de tratamientos altamente especializados para recuperarlos y re-habilitarlos.

Tampoco tienen las mínimas condiciones de atención de salud. En febrero de 2016, como directora del CREAD, se solicitó a la Dirección Regional del Sename la contratación de un pediatra, o al menos de horas pediátricas. Al momento de fallecer Lissette, ni siquiera se había recibido una respuesta. Las diez horas semanales de atención de un psiquiatra se consiguieron tras una solicitud de las duplas psicosociales del CREAD Galvarino en 2014, documento que fue socializado por una de las asociaciones de funcionarios. Las dos enfermeras están contratadas a honorarios (una media jornada y la otra jornada completa), y después de las 18:00 horas y los fines de semana, no se cuenta con profesionales de la Salud. Además, al estar contratadas a “honorarios” no tienen responsabilidad administrativa ante una eventual mala praxis. Lo cierto es que, para que exista presupuesto o se visualice una necesidad, es el Deprode el que tiene que estipularlo, y la experiencia indica que, para ese departamento, basta con la atención psicosocial.

Gráfico comparativo del aumento de plazas en Sename vs. recursos humanos y de salud

Hacia un Nuevo Sistema: La Transformación en "Mejor Niñez"

Han pasado años desde la partida de Lissette. El CREAD Galvarino, donde se produjo la tragedia, tuvo fecha de cierre en el segundo semestre del 2019, según informó Susana Tonda, jefa del Servicio Nacional de Menores de ese entonces. “Este acto será simbólico y dedicado a Lissette. Lo digo con tristeza”, aseguró la autoridad, quien agregó que el CREAD de Playa Ancha ya bajó sus cortinas, y en los próximos 3 años no quedarían rastros de estos establecimientos. “Serán borrados para dar paso a un nuevo sistema, uno más justo para nuestros niños”, explicó.

Se trata de residencias familiares donde no habrá más de 15 infantes, que tendrán sus espacios personales. Ya hay cuatro funcionando en la Región de Valparaíso. Para los niños con problemas de salud mental, que hasta entonces eran hospitalizados en centros de corta estadía hasta ser estabilizados y luego volvían a algunos de los centros de colaboración del Sename o los CREAD, se planteó una solución. “No existían los centros de transición”, explicó Tonda. En este sentido, antes de fin de mayo, se abriría en Providencia el primer centro de estadía media, para que los niños se recuperen y puedan regresar a sus casas o a las residencias familiares.

El 24 de marzo pasado se viralizó un video donde se escuchaba el llanto desgarrador de un niño al interior de una de las nuevas residencias dependientes del Servicio Nacional de Menores, que desde el 1 de octubre de 2020 pasó a llamarse “Mejor Niñez”. El video que circuló en redes sociales, correspondiente a la “Residencia Familiar Carlos Antúnez” de Providencia, despertó una ola de críticas y los gritos trajeron nuevamente al recuerdo la palabra ‘contención’, al igual que en el caso de Lissette. Esto dejó una pregunta en el aire: ¿cuánto había cambiado en realidad el servicio con estas nuevas residencias?

Cifras de Fallecidos y Demandas Urgentes

Esta semana el Observatorio de Fundación para la Confianza publicará un informe con las cifras actualizadas de los niños muertos en residencias y programas ambulatorios del Sename. La cifra llega a los 1.182 niños fallecidos hasta el 31 de agosto de 2020. Sofía Aliaga, coordinadora del Observatorio, aclara que en realidad son 41 años de funcionamiento de Sename, pero que solo se tienen datos disponibles sobre los fallecimientos de 2005 en adelante. Es indispensable que se ponga atención a las causas y al contexto, ya que muchas son muertes violentas y varias de ellas ocurren fuera de las residencias, lo que no quita la responsabilidad que tiene el Estado sobre el cuidado y la protección de estos niños, niñas y adolescentes. Se espera que todas las personas que pasaron por el Sename y que fueron víctimas de vulneraciones sean reconocidas como víctimas. Además, es relevante que ahora se conocen las causas de la mayoría de los fallecimientos desde 2018 en adelante, muchas por causas externas, algunas muy violentas. Es necesario hacer el cruce entre la causa de muerte y la modalidad en la que se encontraba el niño, niña o adolescente fallecido. Se ve con preocupación el poco o nulo trabajo que se hace con las familias vulnerables.

En esa instancia, se pusieron reparos fundamentales en cuatro ejes estructurales:

  • No contar con un sistema de protección que garantice derechos y de alguna forma establezca el cumplimiento de sanciones para quien no cumpla.
  • Que el financiamiento no sea un modelo basado en subvenciones y licitaciones que configura un conjunto de grandes operadores con una relación asimétrica con el Estado, lo que a su vez hace que sea mucho más difícil la gestión de control, fiscalización e inhabilidad de aquellos que han cometido graves vulneraciones de derechos.
  • La necesidad de un mayor y mejor trabajo con las familias vulnerables.

Una madre, cuya hija también estuvo en el sistema, compartió su dolor: “Soy hija del sistema, estuve en Ciudad del Niño, un sistema malo y mi hija cayó al Sename, un sistema totalmente fracasado hasta el día de hoy, y nuestras autoridades están ciegas, sordas y mudas, pero se llenan la boca con la infancia chilena. En este país se castiga la pobreza, absolutamente. Los niños no se tocan, no se abusan, no se violan, no se matan. Son sagrados, se protegen de verdad, no con mentiras.”

Juicio oral por muerte de Lissette Villa: Piden 7 años de cárcel para ex funcionarias del Sename

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