El Abuso de Personas Mayores: Una Perspectiva Integral

El maltrato a una persona de edad se define como un acto o una serie de actos repetidos que le causan daño o sufrimiento, o también la omisión de medidas apropiadas para evitar otros daños, cuando existe una relación de confianza con dicha persona. Este tipo de violencia es una violación de los derechos humanos y puede manifestarse de diversas formas, incluyendo maltrato físico, sexual, psicológico o emocional, maltrato por razones económicas o materiales, abandono, desatención, y un menoscabo grave de la dignidad y el respeto.

El abuso de personas mayores se refiere al maltrato físico o psicológico, la negligencia o la explotación financiera de esta población de pacientes. Los tipos más frecuentes de abuso incluyen el abuso físico, el abuso psicológico, la negligencia y la explotación financiera, los cuales pueden ser intencionales o no intencionales. La polivictimización, es decir, la ocurrencia simultánea de múltiples tipos de abuso, es común.

Magnitud del Problema del Maltrato a Personas Mayores

El maltrato a las personas de edad es un problema significativo de salud pública. Según una revisión de 52 estudios realizados en 28 países de diversas regiones, llevada a cabo en 2017 y que abarcó un año, se estimó que una de cada seis personas de 60 años o más (el 15,7% de este grupo de edad) sufrieron alguna forma de maltrato. Los abusadores con frecuencia son hijos adultos, aunque también puede ser otro miembro de la familia o un cuidador contratado o informal.

Aunque no hay muchos datos rigurosos al respecto, esta revisión permite estimar la prevalencia de los distintos tipos de maltrato a las personas mayores. Se dispone de pocos datos sobre el alcance del problema en las instituciones, como hospitales, residencias de ancianos y otros centros de atención crónica. Sin embargo, en una revisión de estudios recientes sobre este tipo de maltrato en las instituciones, el 64,2% del personal refirió haber cometido alguna forma de maltrato en el año al que se refirió el examen.

Cada vez son más los datos que indican que la prevalencia del maltrato a las personas de edad, tanto en la comunidad como en las instituciones, ha aumentado durante la pandemia de COVID-19. Por ejemplo, en un estudio estadounidense se indica que las tasas de este tipo de maltrato en la comunidad pueden haber aumentado hasta en un 84%. Los informes de abuso de adultos mayores también aumentaron durante la pandemia de COVID-19, y las tasas de abuso físico y emocional, así como los casos de múltiples tipos de abuso, fueron significativamente mayores.

Tabla de prevalencia de tipos de maltrato a personas mayores en entornos comunitarios e institucionales

En conjunto, se prevé que el maltrato a las personas de edad aumente, ya que la población está envejeciendo rápidamente en muchos países. Este factor hará que el número total de casos se incremente con rapidez incluso si la proporción de víctimas no varía; para 2050, la cifra de víctimas habrá aumentado hasta 320 millones, ya que el número de personas de 60 años y más habrá crecido hasta los 2000 millones.

Tipos de Abuso de Personas Mayores

Abuso Físico

El abuso físico es el uso de la fuerza para provocar una lesión o un malestar físico o psicológico. Incluye agresión contundente o golpe con la mano abierta o cerrada o con un objeto, patadas, empujones, sacudidas, palizas, inmovilización, alimentación forzada y administración injustificada de medicamentos. Puede incluir una agresión sexual, definida como cualquier forma de intimidad sexual sin consentimiento, por la fuerza o bajo amenaza.

Abuso Psicológico o Emocional

El abuso psicológico es el uso de palabras, actos u otros métodos para provocar tensión emocional o angustia. Incluye amenazas (por ejemplo, de institucionalización), insultos y órdenes de mal modo, así como permanecer en silencio e ignorar al anciano. También puede incluir la infantilización, una forma de discriminación que trata a la persona mayor como si fuera un niño, estimulándola a depender del abusador.

Negligencia

La negligencia es la falta de provisión de alimentos, medicamentos, cuidados personales u otras necesidades básicas. La negligencia que genera un daño físico o psicológico se considera un abuso.

Explotación Financiera o Material

La explotación financiera o material es el uso ilegal, inapropiado o no autorizado del dinero o propiedad de un adulto mayor para el beneficio o ganancia monetaria de alguien que no es el adulto mayor. Incluye estafas, presión para que un individuo distribuya sus posesiones, gestión irresponsable del dinero de otra persona, así como desatención a las posesiones o fondos de una persona dependiente.

Consecuencias del Abuso en Personas Mayores

El maltrato a las personas de edad puede tener graves consecuencias físicas, mentales, económicas y sociales. Estas incluyen lesiones corporales, defunción prematura, depresión, deterioro cognitivo, ruina económica y la necesidad de ingreso en una residencia de ancianos. Para las personas mayores, las consecuencias del maltrato pueden ser especialmente graves, y la recuperación puede llevar más tiempo que para otros grupos de edad.

El abuso de ancianos se asocia con lesiones físicas, mala salud física, daño psicológico, hospitalización repetida, ruina financiera y mortalidad prematura. El abuso suele ser más frecuente y grave con el paso del tiempo.

El impacto del abuso infantil en la salud mental | Dr. José Luis Marín

Factores de Riesgo del Abuso de Personas Mayores

Existen factores individuales que aumentan el riesgo de sufrir maltrato en personas mayores. Para la víctima, estos incluyen el deterioro debido a trastornos crónicos, el compromiso funcional, el deterioro cognitivo, la dificultad para comunicarse y el aislamiento social. También hay factores propios de la persona que aumentan el riesgo de maltratar a las personas de edad, como las enfermedades mentales, el abuso de sustancias y la dependencia, a menudo económica, que puede tenerse con la víctima.

En el ámbito de las relaciones, el tipo de relación (por ejemplo, matrimonial o de pareja, o entre padres e hijos) y el estado civil pueden aumentar el riesgo de maltrato, aunque estos factores varían según el país y la región. En cuanto a los factores comunitarios y sociales, cabe citar el edadismo contra las personas mayores y ciertas normas culturales, como la normalización de la violencia. Las personas de edad que reciben apoyo social o que viven solas tienen menos probabilidad de ser maltratadas.

La prevalencia del abuso de adultos mayores aumentó de forma significativa durante la pandemia de COVID-19, lo que sugiere la necesidad de evaluación del abuso potencial durante tiempos de crisis y desastre, cuando los factores de riesgo se exacerban. Esto posiblemente se debe a la mayor vulnerabilidad de las víctimas y a la mayor cantidad de factores estresantes y/o desencadenantes que afectan a los abusadores debido al aislamiento social, las dificultades financieras y la mala salud mental. Por lo tanto, los médicos deben permanecer atentos para identificar a los pacientes mayores en riesgo de maltrato y proporcionar derivaciones apropiadas para la intervención y el asesoramiento.

Diagnóstico del Abuso en el Anciano

El abuso a adultos mayores es difícil de detectar porque muchos de los signos son sutiles, y la víctima no suele estar dispuesta o es incapaz de hablar sobre el tema. Las víctimas pueden esconder este hecho debido a vergüenza, miedo a la venganza o deseo de proteger al abusador. A veces, cuando una víctima de abuso solicita ayuda, encuentra respuestas discriminatorias en relación con la edad por parte del profesional de la salud, que puede, por ejemplo, restar importancia a denuncias de abuso adjudicándolas a confusión, paranoia o demencia.

El aislamiento social de la víctima a menudo complica la detección del abuso de los adultos mayores. El abuso tiende a aumentar el aislamiento porque el abusador muchas veces limita el acceso de la víctima al mundo exterior (por ejemplo, negando la entrada a visitantes y llamadas telefónicas).

Situaciones Clínicas Sugerentes de Abuso

Los signos y los síntomas de abuso de los adultos mayores pueden atribuirse de manera errónea a una enfermedad crónica (por ejemplo, una fractura de cadera secundaria a osteoporosis). No obstante, las siguientes situaciones clínicas sugieren un abuso:

  • Retraso entre la aparición de una lesión o una enfermedad y la solicitud de atención médica.
  • Diferencias entre el relato del paciente y el de su cuidador.
  • Gravedad de la lesión incompatible con la explicación del cuidador.
  • Explicación improbable o poco precisa de la lesión a cargo del paciente o un cuidador.
  • Consultas frecuentes al departamento de emergencias a causa de exacerbaciones de enfermedades crónicas a pesar de un plan terapéutico apropiado y de recursos adecuados.
  • Ausencia del cuidador cuando un paciente con deficiencia funcional consulta al médico.
  • Hallazgos en las pruebas de laboratorio incompatibles con la anamnesis.
  • Rechazo del cuidador a aceptar cuidados domiciliarios (por ejemplo, una enfermera) o a dejar al paciente solo con un profesional de la salud.

Se alienta a los médicos a considerar la indagación de rutina o la detección sistemática del abuso de los adultos mayores. Para el cribado de las poblaciones de habla hispana, se ha traducido el Weinberg Center Risk and Abuse Prevention Screen (WC-RAPS) y se ha validado en una población de adultos mayores de habla hispana de los Estados Unidos.

Anamnesis

Si se sospecha abuso de un adulto mayor, el paciente debe ser entrevistado solo, al menos durante parte de la consulta. Otras personas comprometidas también pueden ser entrevistadas por separado. La entrevista del paciente puede comenzar con preguntas generales sobre su sensación de seguridad, pero también debe incluir preguntas directas acerca de posibles maltratos (por ejemplo, violencia física, ataduras, negligencia). Si se confirma el abuso, debe establecerse la naturaleza, la frecuencia y la gravedad de los eventos. También deben averiguarse las circunstancias que precipitaron el abuso (por ejemplo, intoxicación alcohólica).

Debe indagarse acerca de los recursos sociales y financieros del paciente porque afectan las decisiones relacionadas con su tratamiento (por ejemplo, situación de la vivienda, contratación de un cuidador profesional). El examinador puede tratar de averiguar si el paciente tiene miembros de su familia o amigos capaces y dispuestos a alimentarlo, escucharlo y asistirlo. Cuando los recursos financieros del paciente son adecuados pero no se cubren sus necesidades básicas, el examinador debe buscar la razón. La evaluación de estos recursos también puede ser útil para identificar factores de riesgo de abuso (por ejemplo, problemas financieros, explotación financiera del paciente).

En la entrevista con el miembro de la familia que cuida al paciente, debe evitarse la confrontación. El entrevistador debe determinar si las responsabilidades de cuidador abruman a este miembro de la familia y, si corresponde, reconocer la tarea compleja que este desempeña. Se debe preguntar al cuidador si experimentó eventos tensionantes recientes (por ejemplo, duelos, problemas financieros), acerca de la enfermedad del paciente (por ejemplo, necesidades de cuidado, pronóstico) y la causa comunicada de las lesiones que sufrió el paciente en los últimos tiempos.

En las comunidades pequeñas, incluidos los pueblos rurales y las comunidades tribales, deben desarrollarse procesos adicionales para preservar la confidencialidad y la privacidad cuando se busca y se sospecha el abuso de un adulto mayor, porque los pacientes, los perpetradores del abuso, los proveedores, el personal del consultorio médico y los intervencionistas a menudo son conocidos del que realiza la evaluación. Es necesario brindar garantías sobre dichos procesos durante las entrevistas para facilitar la denuncia por parte de las víctimas.

Examen Físico y Evaluación Adicional

El paciente debe ser examinado en forma detallada, de ser posible en la primera consulta, para identificar signos de abuso de adultos mayores. El médico puede necesitar ayuda de un miembro de la familia de confianza o de un amigo del paciente, de servicios estatales de protección de adultos o, en ocasiones, de intervención policial para alentar al cuidador o al paciente a que permita la evaluación. La mayoría de los estados considera obligatoria la derivación a los Servicios de Protección de Adultos en caso de identificar o sospechar abuso.

Se debe evaluar el estado cognitivo, ya que la deficiencia cognitiva constituye un factor de riesgo para el abuso de los ancianos y puede afectar la fiabilidad de las respuestas y la capacidad del paciente de tomar decisiones en relación con su manejo personal. También debe indagarse acerca del estado de ánimo y emocional. Si el paciente se siente deprimido, avergonzado, culpable, ansioso, temeroso o enojado, deben explorarse las ideas subyacentes a estas emociones. Si el paciente minimiza o justifica la tensión familiar o el conflicto y se muestra reticente a hablar sobre el tema del abuso, el examinador debe establecer si estas actitudes interfieren sobre la identificación o el reconocimiento de un problema real.

Debe evaluarse el estado funcional, con determinación de la capacidad de llevar a cabo las actividades de la vida cotidiana y la búsqueda de limitaciones físicas que afecten la protección personal. Si el paciente requiere ayuda para realizar las actividades de la vida cotidiana, el examinador debe determinar si el cuidador actual tiene suficientes recursos emocionales, financieros e intelectuales para cumplir esa tarea. De lo contrario, debe designarse un nuevo cuidador. Asimismo, deben identificarse enfermedades coexistentes causadas o exacerbadas por el abuso.

Pruebas de Laboratorio y Documentación

Se deben solicitar los estudios necesarios para identificar y documentar el abuso, como estudios de diagnóstico por la imagen y pruebas de laboratorio (por ejemplo, electrolitos para determinar la hidratación, albúmina para establecer el estado nutricional, concentraciones de fármacos para documentar el cumplimiento de los regímenes prescritos).

En la historia clínica debe registrarse un informe completo del abuso real o de la sospecha de este, si es posible con las propias palabras del paciente. Debe incluirse, si es posible, una descripción detallada de las lesiones, confirmadas con fotografías, ilustraciones, radiografías y otro tipo de documentación objetiva (por ejemplo, resultados de las pruebas de laboratorio). También es preciso registrar ejemplos específicos de necesidades no satisfechas a pesar del plan de atención acordado y de la existencia de recursos adecuados.

Prevención y Tratamiento del Abuso de Personas Mayores

Se han intentado aplicar diversas estrategias para prevenir y combatir el maltrato a las personas mayores, pero por el momento se dispone de pocas pruebas de la eficacia de la mayoría de ellas. Las que se consideran más prometedoras son: las intervenciones que realizan los cuidadores, que alivian la carga que soportan los allegados a la persona mayor; los programas de administración del dinero para las personas mayores con mayor riesgo de sufrir explotación económica; las líneas telefónicas de ayuda y los centros de acogida de emergencia; y la implicación de equipos multidisciplinarios que pueden actuar desde varios ámbitos, como la justicia penal, la atención médica, la atención a la salud mental, los servicios de protección de los adultos y los servicios de atención prolongada.

Esquema de las estrategias de prevención del maltrato a personas mayores

En algunos países, el sector de la salud se ha responsabilizado de sensibilizar a la opinión pública sobre este problema, mientras que en otros han sido las administraciones de la seguridad social quienes han tomado la iniciativa. A nivel mundial, se sabe muy poco sobre el maltrato a las personas de edad y sobre el modo de prevenirlo, sobre todo en los países en desarrollo.

Resulta fundamental un enfoque de equipo interdisciplinario para el tratamiento del abuso de personas mayores, que incluye médicos, enfermeras, trabajadores sociales, abogados, oficiales de justicia, psiquiatras y otros profesionales. Deben investigarse las intervenciones previas (por ejemplo, órdenes de la corte de restricción de acceso) y la razón de su incumplimiento, con el fin de evitar una repetición de los errores.

Intervención

Si el paciente se encuentra en peligro inmediato, el médico debe considerar junto con el paciente su hospitalización, la intervención policial o la mudanza a un hogar seguro. El paciente debe conocer los riesgos y las consecuencias de todas las opciones. Si el paciente no está expuesto a un riesgo inmediato, deben implementarse los pasos necesarios para reducir el riesgo, aunque de forma menos urgente. La selección de la intervención depende de la intención de provocar daño del abusador.

Por ejemplo, si un miembro de la familia administra una cantidad excesiva de un fármaco al paciente porque malinterpreta las indicaciones del médico, la única intervención necesaria es ofrecer indicaciones más claras. Una sobredosis deliberada requiere una intervención más intensiva. En general, las intervenciones deben adaptarse a cada situación y pueden consistir en:

  • Asistencia médica.
  • Educación culturalmente sensible (por ejemplo, enseñar a las víctimas sobre el abuso y las opciones disponibles, ayudarlos a diseñar planes de seguridad).
  • Apoyo psicológico relacionado con el trauma (por ejemplo, psicoterapia a corto plazo o a largo plazo).

Respuesta de la Organización Mundial de la Salud (OMS)

El 15 de junio de 2022, con motivo del Día Mundial de Toma de Conciencia de Abuso y Maltrato en la Vejez, la OMS y sus asociados publicaron el documento "Tackling abuse of older people: five priorities for the UN Decade of Healthy Ageing (2021-2030)". En este documento se presentan cinco prioridades para el Decenio de las Naciones Unidas del Envejecimiento Saludable (2021-2030), a las que se llegó mediante amplias consultas. Son las siguientes:

  1. Combatir el edadismo, ya que es una de las principales razones por las que el maltrato a las personas mayores recibe tan poca atención.
  2. Generar más datos y de mejor calidad para concienciar sobre este problema.
  3. Concebir soluciones rentables para poner fin a este tipo de maltrato y ampliar su uso.
  4. Elaborar un argumentario a favor de la inversión en este tema para convencer de que es un dinero bien empleado.
  5. Recaudar fondos, ya que se necesitan más recursos para abordar este problema.

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