El papel que desempeñan los abuelos dentro de una familia es muy importante y, sobre todo, lo es el imborrable recuerdo que dejan en los pequeños. Sin embargo, la vejez puede traer consigo desafíos complejos, siendo la soledad uno de los más profundos. A menudo, la vida de los adultos mayores se ve marcada por el olvido y el aislamiento, tanto emocional como físico.
La Soledad: Una "Enfermedad" de la Vejez
La soledad es una de las mayores “enfermedades de la vejez”, según el psicoanalista argentino Alberto Chab. Cuando uno envejece, la gente más querida, cercana y conocida se va muriendo alrededor, y uno se va quedando solo. Esta realidad biológica es aceptada, pero lo que realmente atemoriza a muchos, incluido Chab, es perder la lucidez por una demencia senil o Alzheimer. En ambos casos, cuando ya no se reconoce el entorno o a los propios hijos, la situación se vuelve muy dramática.
La soledad puede generar un estrés permanente que es totalmente destructivo. Esto provoca que muchos octogenarios y nonagenarios pasen horas mirando televisión "tóxica", sintiéndose solos, impotentes y sin tener a quién llamar en momentos de necesidad. Como un espejo de esta realidad, la mirada de un anciano, llorando y mirando a la nada, puede tatuarse en el pensamiento, generando remordimiento y la triste reflexión: “Los viejos no lloran así, por nada”. La incapacidad o falta de voluntad para sentarse y conversar unos instantes con un anciano puede llevar a un profundo arrepentimiento.

El Abandono y la Vulnerabilidad Económica
La situación de los adultos mayores se agrava con el abandono y la precariedad económica. Mientras una veintena de abuelos busca sentirse útil, cada mes terminan abandonados cinco adultos mayores, que sobrepasan los 60 años, a las puertas del Hospital Universitario del Valle en Cali. Llegan con problemas de desnutrición, deshidratados o sin documentos de identidad, lo que los convierte en "nadie para el Estado" además de la exclusión familiar. Aunque las medicinas les curan el cuerpo, quedan enfermos de olvido.
Cali, por ejemplo, no parece saber qué hacer con los cerca de 300 mil abuelos que recorren sus calles. Solo un 5% de ellos está cobijado por programas de protección social. De los 65.000 que han solicitado ayuda en un programa de protección social, apenas 12.000 la recibieron. Los 53.000 abuelitos restantes permanecen a la espera de que la sociedad les haga el guiño. Lamentablemente, muchos de estos ancianos en situación de aislamiento acaban suicidándose por puro miedo a la soledad. La muerte, como dijo Gabriel García Márquez, no llega con la vejez sino con el olvido.
La precaria situación económica también es un factor crucial. Alberto Chab relata la dolorosa escena de una anciana en el supermercado que debía elegir entre comprar alimentos o su medicación, una historia que se repite constantemente. Aportar más de 40 años para pensiones y cobrar la mínima es una realidad crítica que lleva a que los comedores para personas indigentes se llenen cada vez más de gente mayor, incluso familias enteras.

Combatir la Soledad: El Poder Transformador de las Historias
Frente a este panorama, emergen iniciativas que buscan ofrecer una "coartada contra la soledad de la vejez". El programa “Abuelos Cuentacuentos”, nacido en Argentina en la Fundación Mempo Giardinelli hace cerca de 15 años, es un claro ejemplo. La idea surgió al constatar el poder sanador de los libros y la utilidad que sienten los mayores cuando tienen frente a sí oídos benévolos dispuestos a escuchar sus historias. El proyecto, que se inició en la provincia del Chaco, se ha extendido por todo el país y ahora es un programa de Estado financiado por el Ministerio de Educación.
El Impacto en Cali: La Historia de Ruca de Lettelier
A Cali llegó de manos de Alberto Rodríguez, fundador de la Fundación Casa de la Lectura. La iniciativa ya funcionaba con éxito en Medellín, y la idea de leerles a "nietos ajenos" podía ser una solución para muchos abuelos en una ciudad que "trata con tanta ingratitud a sus adultos mayores".
Una de las voluntarias en Cali es Ruca de Lettelier, una mujer chilena que, a sus 39 años del Golpe de 1973, aún evoca el dolor del exilio. Ella y su esposo Sergio debieron huir a Colombia tras ver su nombre en una lista negra, debido a su militancia de izquierda en el Chile de la dictadura. Ruca, que está escribiendo una novela para recordar y no para llorar, descubrió en la narración una forma de endulzar la nostalgia de su patria.
Ruca, junto a otros 25 abuelos jubilados, entrega varias horas de su tiempo libre a la semana como voluntaria en “Los abuelos cuentacuentos”. Fueron capacitados durante dos meses sobre cómo narrar, cautivar y emocionar al público. Hoy, estos voluntarios se toman escuelas, jardines, hospitales y bibliotecas de Cali con su "Maleta Viajera" cargada de libros y deseos poderosos de narrar. A una edad en la que todo parece consumado, estos abuelos entendieron que “la literatura es también una forma de la felicidad”.
Este programa los pone a salvo de la compasión. Ruca sabe que después de la jubilación, muchos se deprimen, pero otros, como ella, descubren que es la mejor etapa de la vida, y lo mejor es que les "pagan por pasarla bueno" con la alegría de narrar. Alberto Rodríguez describe el programa como el "encuentro creativo" entre niños y viejos, un acto de "concurrencia intergeneracional" que reúne "experiencia, memoria, imaginación y literatura". Los abuelos son los guardianes de la memoria, capaces de encontrar sucesos extraordinarios en los hechos corrientes del día a día.
A contar cuentos con los abuelitos - Telemedellín
Historias que Curan: María Elena Londoño y "Momo"
María Elena Londoño, economista jubilada sin nietos, encuentra en la lectura a quince adolescentes embarazadas de la Fundación Ser Mujer la oportunidad de ser una "abuela". Con la novela "Momo", logra que estas chicas, muchas con un pasado de dolor, esquiven su realidad y encuentren un refugio en las historias. Los abuelos cuentacuentos no vibran con historias al azar; preparan sus lecturas y se esmeran por conocer a los autores, convirtiendo cada narración en un puente de conexión y sanación.
"90 y Contando": Un Espacio de Diálogo para Nonagenarios
Alberto Chab, psicoanalista de 98 años, es el creador del podcast “90 y contando”, surgido de la iniciativa de convocar a nonagenarios a reunirse sistemáticamente para conversar. En su grupo de once personas, han hablado mucho del temor a la muerte y la aceptan como una realidad biológica. Sin embargo, el miedo a perder la lucidez por una demencia senil es mucho mayor que el miedo a la muerte misma.
La soledad es lo que Alberto Chab, viudo, no sufrió gracias a sus “amigos inmortales” (los libros que relee y actualiza) y a su actividad social, como jugar al golf. Ahora, conviviendo en pareja y siendo coordinador del grupo “90 y contando”, se mantiene activo y conectado. El estrés, según Chab, no es negativo en sí mismo, sino una reacción natural ante el peligro. Sin embargo, un estrés permanente, provocado por la soledad o el aislamiento, es totalmente destructivo, afectando profundamente a las personas mayores.
El consejo que Alberto da es replicar lo que ellos hacen: conversar, reunirse. “Nos juntamos a hablar de nuestras experiencias infantiles, juveniles, de adultos. De cómo nos ha cambiado la vida al envejecer. De temas muy profundos, como la amistad y la soledad”. Él subraya la importancia de hablar con la gente mayor, pues no se parece en nada a conversar con gente de 30 años que “no tiene ni idea de lo que le puede estar pasando a uno de 90”.
Proyectos y Dignidad en la Vejez
Chab rechaza el término "edadismo" por difuso y prefiere denominarse "nonagenario" por su precisión. También le desagrada cuando en un comercio le dicen “Hola, abuelo, ¿qué tal?”, pues lo considera un concepto de marginación. El mayor aprendizaje de “90 y contando” es que todos se han vuelto amigos y se apoyan fraternalmente.
El mejor consejo para la vejez es seguir teniendo proyectos. Todos los miembros del grupo tienen uno, sea retomar un libro, estudiar italiano o alemán, o aprender a tocar un instrumento. Aunque no sepan si usarán ese idioma, gozan y se esfuerzan aprendiéndolo, lo cual es una fuente de felicidad y propósito. La mayor frustración para él es saber que la vida tiene un límite.

Cuentos para Reflexionar y la Soledad en la Naturaleza
La literatura, incluso la infantil, aborda estos temas delicados. Existen libros ilustrados, cortos y fáciles de leer que tratan desde lo divertido de hacer cosas con los abuelos hasta temas delicados como enfermedades, la muerte o la falta de memoria.
- "Abuelos": Una tierna historia de dos viejecitos que aceptan las huellas del paso de los años.
- "Abuelita, ¿te acuerdas?": Marga intenta ayudar a su abuela a superar la falta de memoria.
- "Brazos largos": La historia de una abuela y su nieta descubriendo la vida.
- "¿Dónde está el abuelo?": Aborda la muerte como parte de la vida.
- "El jardín del abuelo": Un abuelo que ya no recuerda su espléndida vida.
- "La abuela necesita besitos": Una niña que no entiende porqué su abuela ha cambiado.
- "La abuela durmiente": La abuela empieza a hacer cosas extrañas antes de quedarse dormida.
- "Me han cambiado el abuelo": Un abuelo que mejora a pesar de no parecer el mismo.
- "Tú, yo y el alzheimer": Un relato sobre esta enfermedad y las relaciones familiares.
Estos cuentos, junto con iniciativas como los "Cuentos Solidarios", que se dirigen a valores educativos y solidarios, se convierten en instrumentos potentes para inculcar el valor de la lectura y la empatía. Las historias que hay detrás de una foto pueden valer más que la propia fotografía, revelando emociones profundas. La soledad, a veces, puede ser tan palpable que incluso un árbol en el desierto parece gritarla, evocando una profunda reflexión sobre la condición humana.
La Soledad del Anciano: Historias, Desafíos y el Poder de la Narración
El papel que desempeñan los abuelos dentro de una familia es muy importante y, sobre todo, lo es el imborrable recuerdo que dejan en los pequeños. Sin embargo, la vejez puede traer consigo desafíos complejos, siendo la soledad uno de los más profundos. A menudo, la vida de los adultos mayores se ve marcada por el olvido y el aislamiento, tanto emocional como físico.
La Soledad: Una "Enfermedad" de la Vejez
La soledad es una de las mayores “enfermedades de la vejez”, según el psicoanalista argentino Alberto Chab. Cuando uno envejece, la gente más querida, cercana y conocida se va muriendo alrededor, y uno se va quedando solo. Esta realidad biológica es aceptada, pero lo que realmente atemoriza a muchos, incluido Chab, es perder la lucidez por una demencia senil o Alzheimer. En ambos casos, cuando ya no se reconoce el entorno o a los propios hijos, la situación se vuelve muy dramática.
La soledad puede generar un estrés permanente que es totalmente destructivo. Esto provoca que muchos octogenarios y nonagenarios pasen horas mirando televisión "tóxica", sintiéndose solos, impotentes y sin tener a quién llamar en momentos de necesidad. Como un espejo de esta realidad, la mirada de un anciano, llorando y mirando a la nada, puede tatuarse en el pensamiento, generando remordimiento y la triste reflexión: “Los viejos no lloran así, por nada”. La incapacidad o falta de voluntad para sentarse y conversar unos instantes con un anciano puede llevar a un profundo arrepentimiento.

El Abandono y la Vulnerabilidad Económica
La situación de los adultos mayores se agrava con el abandono y la precariedad económica. Mientras una veintena de abuelos busca sentirse útil, cada mes terminan abandonados cinco adultos mayores, que sobrepasan los 60 años, a las puertas del Hospital Universitario del Valle en Cali. Llegan con problemas de desnutrición, deshidratados o sin documentos de identidad, lo que los convierte en "nadie para el Estado" además de la exclusión familiar. Aunque las medicinas les curan el cuerpo, quedan enfermos de olvido.
Cali, por ejemplo, no parece saber qué hacer con los cerca de 300 mil abuelos que recorren sus calles. Solo un 5% de ellos está cobijado por programas de protección social. De los 65.000 que han solicitado ayuda en un programa de protección social, apenas 12.000 la recibieron. Los 53.000 abuelitos restantes permanecen a la espera de que la sociedad les haga el guiño. Lamentablemente, muchos de estos ancianos en situación de aislamiento acaban suicidándose por puro miedo a la soledad. La muerte, como dijo Gabriel García Márquez, no llega con la vejez sino con el olvido.
La precaria situación económica también es un factor crucial. Alberto Chab relata la dolorosa escena de una anciana en el supermercado que debía elegir entre comprar alimentos o su medicación, una historia que se repite constantemente. Aportar más de 40 años para pensiones y cobrar la mínima es una realidad crítica que lleva a que los comedores para personas indigentes se llenen cada vez más de gente mayor, incluso familias enteras.

Combatir la Soledad a Través de la Conexión Intergeneracional: Los Abuelos Cuentacuentos
Frente a este panorama, emergen iniciativas que buscan ofrecer una "coartada contra la soledad de la vejez". El programa “Abuelos Cuentacuentos”, nacido en Argentina en la Fundación Mempo Giardinelli hace cerca de 15 años, es un claro ejemplo. La idea surgió al constatar el poder sanador de los libros y la utilidad que sienten los mayores cuando tienen frente a sí oídos benévolos dispuestos a escuchar sus historias. El proyecto, que se inició en la provincia del Chaco, se ha extendido por todo el país y ahora es un programa de Estado financiado por el Ministerio de Educación.
El Impacto en Cali: La Historia de Ruca de Lettelier
A Cali llegó de manos de Alberto Rodríguez, fundador de la Fundación Casa de la Lectura. La iniciativa ya funcionaba con éxito en Medellín, y la idea de leerles a "nietos ajenos" podía ser una solución para muchos abuelos en una ciudad que "trata con tanta ingratitud a sus adultos mayores".
Una de las voluntarias en Cali es Ruca de Lettelier, una mujer chilena que, a sus 39 años del Golpe de 1973, aún evoca el dolor del exilio. Ella y su esposo Sergio debieron huir a Colombia tras ver su nombre en una lista negra, debido a su militancia de izquierda en el Chile de la dictadura. Ruca, que está escribiendo una novela para recordar y no para llorar, descubrió en la narración una forma de endulzar la nostalgia de su patria.
Ruca, junto a otros 25 abuelos jubilados, entrega varias horas de su tiempo libre a la semana como voluntaria en “Los abuelos cuentacuentos”. Fueron capacitados durante dos meses sobre cómo narrar, cautivar y emocionar al público. Hoy, estos voluntarios se toman escuelas, jardines, hospitales y bibliotecas de Cali con su "Maleta Viajera" cargada de libros y deseos poderosos de narrar. A una edad en la que todo parece consumado, estos abuelos entendieron que “la literatura es también una forma de la felicidad”.
Este programa los pone a salvo de la compasión. Ruca sabe que después de la jubilación, muchos se deprimen, pero otros, como ella, descubren que es la mejor etapa de la vida, y lo mejor es que les "pagan por pasarla bueno" con la alegría de narrar. Alberto Rodríguez describe el programa como el "encuentro creativo" entre niños y viejos, un acto de "concurrencia intergeneracional" que reúne "experiencia, memoria, imaginación y literatura". Los abuelos son los guardianes de la memoria, capaces de encontrar sucesos extraordinarios en los hechos corrientes del día a día.
A contar cuentos con los abuelitos - Telemedellín
Historias que Curan: María Elena Londoño y "Momo"
María Elena Londoño, economista jubilada sin nietos, encuentra en la lectura a quince adolescentes embarazadas de la Fundación Ser Mujer la oportunidad de ser una "abuela". Con la novela "Momo", logra que estas chicas, muchas con un pasado de dolor, esquiven su realidad y encuentren un refugio en las historias. Los abuelos cuentacuentos no vibran con historias al azar; preparan sus lecturas y se esmeran por conocer a los autores, convirtiendo cada narración en un puente de conexión y sanación.
"90 y Contando": Un Espacio de Diálogo para Nonagenarios
Alberto Chab, psicoanalista de 98 años, es el creador del podcast “90 y contando”, surgido de la iniciativa de convocar a nonagenarios a reunirse sistemáticamente para conversar. En su grupo de once personas, han hablado mucho del temor a la muerte y la aceptan como una realidad biológica. Sin embargo, el miedo a perder la lucidez por una demencia senil es mucho mayor que el miedo a la muerte misma.
La soledad es lo que Alberto Chab, viudo, no sufrió gracias a sus “amigos inmortales” (los libros que relee y actualiza) y a su actividad social, como jugar al golf. Ahora, conviviendo en pareja y siendo coordinador del grupo “90 y contando”, se mantiene activo y conectado. El estrés, según Chab, no es negativo en sí mismo, sino una reacción natural ante el peligro. Sin embargo, un estrés permanente, provocado por la soledad o el aislamiento, es totalmente destructivo, afectando profundamente a las personas mayores.
El consejo que Alberto da es replicar lo que ellos hacen: conversar, reunirse. “Nos juntamos a hablar de nuestras experiencias infantiles, juveniles, de adultos. De cómo nos ha cambiado la vida al envejecer. De temas muy profundos, como la amistad y la soledad”. Él subraya la importancia de hablar con la gente mayor, pues no se parece en nada a conversar con gente de 30 años que “no tiene ni idea de lo que le puede estar pasando a uno de 90”.
Proyectos y Dignidad en la Vejez
Chab rechaza el término "edadismo" por difuso y prefiere denominarse "nonagenario" por su precisión. También le desagrada cuando en un comercio le dicen “Hola, abuelo, ¿qué tal?”, pues lo considera un concepto de marginación. El mayor aprendizaje de “90 y contando” es que todos se han vuelto amigos y se apoyan fraternalmente.
El mejor consejo para la vejez es seguir teniendo proyectos. Todos los miembros del grupo tienen uno, sea retomar un libro, estudiar italiano o alemán, o aprender a tocar un instrumento. Aunque no sepan si usarán ese idioma, gozan y se esfuerzan aprendiéndolo, lo cual es una fuente de felicidad y propósito. La mayor frustración para él es saber que la vida tiene un límite.

Cuentos para Reflexionar y la Soledad en la Naturaleza
La literatura, incluso la infantil, aborda estos temas delicados. Existen libros ilustrados, cortos y fáciles de leer que tratan desde lo divertido de hacer cosas con los abuelos hasta temas delicados como enfermedades, la muerte o la falta de memoria.
- "Abuelos": Una tierna historia de dos viejecitos que aceptan las huellas del paso de los años.
- "Abuelita, ¿te acuerdas?": Marga intenta ayudar a su abuela a superar la falta de memoria.
- "Brazos largos": La historia de una abuela y su nieta descubriendo la vida.
- "¿Dónde está el abuelo?": Aborda la muerte como parte de la vida.
- "El jardín del abuelo": Un abuelo que ya no recuerda su espléndida vida.
- "La abuela necesita besitos": Una niña que no entiende porqué su abuela ha cambiado.
- "La abuela durmiente": La abuela empieza a hacer cosas extrañas antes de quedarse dormida.
- "Me han cambiado el abuelo": Un abuelo que mejora a pesar de no parecer el mismo.
- "Tú, yo y el alzheimer": Un relato sobre esta enfermedad y las relaciones familiares.
Estos cuentos, junto con iniciativas como los "Cuentos Solidarios", que se dirigen a valores educativos y solidarios, se convierten en instrumentos potentes para inculcar el valor de la lectura y la empatía. Las historias que hay detrás de una foto pueden valer más que la propia fotografía, revelando emociones profundas. La soledad, a veces, puede ser tan palpable que incluso un árbol en el desierto parece gritarla, evocando una profunda reflexión sobre la condición humana.