El fenómeno del envejecimiento en Chile, al igual que en el resto del mundo, muestra un patrón de crecimiento significativo. Actualmente, un 17,5 % de la población nacional corresponde a personas mayores de 60 años, con el crecimiento más notable en el segmento de 80 años y más. Datos del CENSO 2017 indican que un 11,4 % de la población chilena es mayor de 65 años, lo que representa un aumento de 4,8 puntos porcentuales en 25 años. Es relevante destacar que el índice de envejecimiento es del 100,7 % en zonas rurales y del 83,9 % en zonas urbanas, según el Instituto Nacional de Estadísticas (2018) y el Ministerio de Desarrollo Social (2015).
En este contexto, Chile ha definido la atención de la vejez como un problema social, articulando acciones intersectoriales a través de la Política Integral de Envejecimiento Activo 2012-2025 (CEPAL, 2018). Este documento promueve un envejecimiento positivo, buscando que las personas mayores sean “saludables, integradas y felices”. La integración de estas conceptualizaciones busca validar no solo indicadores de salud, sino también aspectos sociales, psicológicos y económicos en contextos comunitarios, considerando factores culturales y de género.
Desafíos y Vulnerabilidades en la Vejez
Independientemente de los enfoques teóricos, las necesidades de las personas mayores en términos de salud y sociales son innegables y generan consensos globales. A las enfermedades crónicas y sensoriales (visión y audición) se suman la frecuente malnutrición, incontinencias urinarias, el uso excesivo de fármacos, el deterioro cognitivo, las alteraciones del ánimo y la dependencia en actividades básicas e instrumentales de la vida diaria. A menudo, esto se agrava por una deficiencia de apoyo social, debido a la muerte de seres queridos o al abandono (Cerantes, Villarreal, Galicia, Vargas, y Martinez, 2015; Rodríguez Mañas, 2016).
El Impacto de la Soledad y el Aislamiento Social
La literatura geriátrica y de salud mental ha descrito ampliamente los efectos de la soledad, entendida como la sensación subjetiva de tener menor afecto y cercanía de lo deseado en el ámbito íntimo y poca proximidad con la familia y amistades. El aislamiento social, por su parte, se refiere a tener un mínimo de contactos con otras personas, familiares o no (Cerantes et al., 2015). Conocido el efecto de la soledad y el aislamiento social sobre la salud física y mental, la población de personas mayores constituye un segmento altamente vulnerable.

La Participación Social como Recurso Protector
En este escenario, la participación social en personas mayores se define como el compromiso o implicación en actividades sociales practicadas en la comunidad, las cuales pueden determinar una buena calidad de vida o el bienestar (Gené-Badia et al., 2016).
Estudios en el área demuestran que un bajo nivel de participación social se presenta en ambos géneros y es un indicador utilizado como predictor de mortalidad, discapacidad y deterioro motor y funcional acelerado (Fairhall et al., 2014; Pinto y Neri, 2017). En contraste, altos niveles de participación social se relacionan con bajos niveles de discapacidad, y este indicador puede ser utilizado como un marcador de salud en mayores de 60 años, protector de la declinación cognitiva o demencia (Chiao, Weng y Botticello, 2011).
La participación social, entendida como la integración del individuo en diversas instituciones, asociaciones y redes informales de la comunidad, se relaciona con sentimientos de integración y es una potencial fuente de apoyo social (21). Así, una red de apoyo comunitario actúa como recurso protector o amortiguador en situaciones de estrés, promoviendo una mejor salud física, mental y el bienestar, especialmente durante la vejez (9, 22). En resumen, la participación social es un mecanismo protector que promociona un envejecimiento exitoso, con beneficios múltiples (biológicos, psicológicos y sociales) que se potencian entre sí.
Estudios sobre la Participación de Personas Mayores en Chile
Investigación Cualitativa en Zonas Rurales del Sur de Chile (2017)
Un estudio cualitativo, interpretativo y crítico, realizado en el segundo trimestre de 2017 por la Universidad Austral de Chile, se propuso describir el contexto histórico-cultural de Forrahue, Pucatrihue y Neltume y su influencia en las condiciones de vida de las personas mayores que pertenecen a organizaciones sociales. La investigación se llevó a cabo en tres localidades rurales del sur de Chile, seleccionadas por sus características sociodemográficas y viabilidad. Participaron tres organizaciones sociales de personas mayores de 60 años, contactadas a través de informantes clave de dispositivos de atención primaria. Se realizaron tres grupos de discusión y entrevistas en profundidad a un total de 18 personas mayores, principalmente mujeres, integrantes de estas organizaciones. Para procesar los datos, se utilizó el análisis de contenido.
El estudio reveló el rol positivo de la asociatividad y participación social para la mantención de estados de salud y la mitigación de condiciones de vida que determinan vulnerabilidad, como la pobreza, el aislamiento y el deterioro producto de la edad. Esto evidencia la necesidad de integrar la participación social como una estrategia sanitaria, reconociendo formas naturales de convivencia y no solo aquellas estructuradas por agentes sanitarios. Se presentó evidencia sobre el valor del sentido de pertenencia territorial en la edad avanzada y de la actividad con significado compartido y cotidiano.
Contexto de las Localidades y Organizaciones
Las localidades de estudio -Forrahue, Pucatrihue y Neltume- se ubican en las regiones de Los Lagos y Los Ríos, en el sur de Chile, y presentan características históricas y socioeconómicas distintivas:
- Pucatrihue: Localidad costera-lacustre, distante 70 km de Osorno, con cerca de 500 habitantes. Su actividad económica principal es la pesca artesanal y la recolección de mariscos, con desarrollo turístico en los meses de verano.
- Forrahue: Ubicada a 23 km de Osorno, con alta concentración mapuche-huilliche. Su historia está marcada por la violencia latifundista y policial, destacando “la matanza de Forrahue” en 1887 y 1912. Este hecho confiere una fuerte identidad a su población.
- Neltume: Cuenta con una población de 3 500 habitantes, trabajando mayoritariamente en turismo. También tiene una historia importante en la resistencia armada a la dictadura cívico-militar chilena.

Las tres organizaciones sociales estudiadas tienen como propósito el apoyo mutuo y la organización de actividades de ocio y recreación, funcionando de manera regular durante diez meses al año. Sus integrantes coinciden en la suspensión de actividades en enero y febrero por las vacaciones y la oportunidad de generar ingresos "extras" en actividades turísticas. Legalmente, se rigen por la Ley N.º 19418 y gestionan financiamiento mediante proyectos gubernamentales. Una de estas organizaciones surgió al alero de la iglesia católica, otra de una comunidad indígena y la tercera de un dispositivo de salud de atención primaria.
Los participantes expresaron el valor de estos encuentros: “nos criábamos juntos… nos conocíamos y nos casábamos entre nosotros mismos porque los otros pueblos estaban muy lejos… no es como ahora que hay auto, micros… además en esa época los matrimonios eran arreglaos por los patrones o los padres de una” (E6). Otro testimonio subraya la importancia del apoyo mutuo: “...ahora que estoy más vieja me gusta salir de la casa… antes no se podía pues… es bueno estar con vecinas y apoyarnos, nos ayudamos con la platita y a veces con la leña o cuando viaja, le encargamos… a veces nomas tomamos mate… conversamos, nos reímos harto” (E.4). La impresión compartida sobre la reunión semanal gira más en torno a un componente lúdico y recreativo, aunque la función afectiva y de apoyo también es fundamental. La organización se erige como una oportunidad de unión, cohesión, contención y apoyo mutuo.
Estudio sobre Envejecimiento Exitoso y Participación Social (Proyecto FONDECYT)
Otra investigación, enmarcada en el proyecto FONDECYT de Iniciación N.o 11140020, tuvo como objetivo analizar la asociación entre la participación social y el envejecimiento exitoso en una muestra representativa de personas mayores chilenas. Se partió de la hipótesis de que las personas mayores que participan en organizaciones sociales envejecen con éxito.
Concepto de Envejecimiento Exitoso
En las últimas décadas, el paradigma del “envejecimiento exitoso” (successful aging) ha ganado espacio en las ciencias gerontológicas. Rowe y Kahn (1987) definieron este concepto incluyendo tres formas de envejecer: usual, patológico y con éxito. Posteriormente, lo operacionalizaron como: a) una baja probabilidad de padecer enfermedades o invalidez, b) alta capacidad de funcionamiento físico y cognitivo, y c) un alto compromiso con la vida, tanto en relaciones interpersonales como en actividades productivas. Esta propuesta destaca el envejecimiento desde un óptimo funcionamiento físico, cognitivo y social, en lugar de verlo como una etapa de declive, permitiendo a las personas participar en acciones de promoción y transformación de sus estilos de vida para mejorar su funcionalidad y envejecer mejor. El envejecimiento exitoso es un concepto multidimensional que trasciende la salud física y mental, incorporando factores biológicos, psicológicos y sociales (3-6), siendo la participación social uno de los elementos clave (4).
Metodología y Resultados
El estudio cuantitativo utilizó una muestra de 777 personas mayores chilenas residentes en la región de Arica y Parinacota, estratificada por sexo, etnia y lugar de residencia (rural y urbana). El 63% eran mujeres, con una edad media de 69,93 años. El 49% participaba en algún tipo de organización comunitaria (club de adultos mayores, grupos religiosos, juntas de vecinos, grupos indígenas, entre otros). Para medir el envejecimiento exitoso, se utilizó el Inventario de Envejecimiento Exitoso (SAI), que consta de 20 ítems y 5 dimensiones: mecanismos de desempeño funcional, factores intrapsíquicos, gerotrascendencia, espiritualidad y propósito/satisfacción vital.
Los resultados confirmaron la asociación positiva entre la participación social y el envejecimiento exitoso, mostrando diferencias estadísticamente significativas entre quienes participan y quienes no. Específicamente, las personas mayores que participan en organizaciones comunitarias:
- Tienen un mejor desempeño funcional en actividades diarias (85% vs 74%) y se adaptan mejor a los cambios físicos (74% vs 62%).
- Muestran factores intrapsíquicos más robustos: se sienten más capaces de afrontar su envejecimiento (69% vs 60%), buscar soluciones a problemas (72% vs 62%), pensar nuevas formas de resolverlos (64% vs 55%), disfrutan más haciendo cosas nuevas y creativas (69% vs 51%) y tienen un carácter más agradable y positivo (61% vs 52%).
- Presentan una mayor gerotrascendencia, con una vinculación trascendental con seres queridos fallecidos (67% vs 58%) y sienten que su vida es mejor de lo esperado (67% vs 51%).
- Demuestran mayor espiritualidad: pasan más tiempo en actividades religiosas (39% vs 26%) y valoran más la relación con un ser superior (73% vs 51%).
- Manifiestan un mayor propósito y satisfacción vital: sienten que su vida tiene sentido (79% vs 66%), están más satisfechos (75% vs 62%) y tienen un propósito en la vida (72% vs 59%).
Curiosamente, se encontró que las personas mayores que no participan en organizaciones comunitarias preferían tener pocos amigos cercanos a muchos superficiales (78% vs 70%). La discusión del estudio concluyó que la participación social es un recurso psicosocial relevante en la intervención social gerontológica, dada su asociación positiva con el bienestar general de las personas mayores.

La Visión de Javier Yanguas sobre la Vejez Activa y Significativa
El aumento de la esperanza de vida es uno de los grandes éxitos de la sociedad contemporánea, pero plantea una pregunta fundamental: ¿cómo aprovechar estos años extra? Javier Yanguas, especialista en envejecimiento, sostiene que la vejez ya no puede entenderse como una etapa homogénea. “No se puede meter en un mismo saco 30 años de vida; entre los 65 y los 95 pasan cosas muy diferentes”, afirma.
Estudios recientes respaldan esta visión, indicando que los 70 años de hoy equivalen, física y cognitivamente, a los 62 de hace tres décadas. Esto obliga a repensar los umbrales y categorías tradicionalmente asociadas al envejecimiento. Lejos de una “vida buena” basada únicamente en el ocio, Javier Yanguas reivindica una vejez activa y significativa, proponiendo vivir con plenitud, compromiso y en busca de un propósito personal y social. El reto trasciende lo individual, pues España, por ejemplo, avanza hacia una sociedad envejecida donde, pronto, cuatro de cada diez ciudadanos tendrán más de 50 años.
Javier Yanguas sobre el envejecimiento y las personas mayores durante la pandemia del Covid 19
Desafíos y la Importancia del Legado
Yanguas no elude los desafíos asociados a la vejez, como la soledad o la vulnerabilidad, pero subraya que, con los apoyos adecuados y una visión positiva, es posible vivir la última etapa de la vida con dignidad y sentido. Reconoce que “en la vejez también hay vulnerabilidad. Tenemos que aprender a vivir con piedras en los zapatos”, y que esta es una época de renuncias que a veces es muy difícil. No obstante, insiste en que la actividad laboral no significa jubilarse de la vida, y que la sociedad debe promover que los jubilados colaboren y aporten al bien común, recuperando la idea del legado y una mirada intergeneracional. La pérdida del sentido de la vida, más que la soledad en sí, es una condición humana que debemos aprender a gestionar. “Hay que tratar a las personas mayores como adultos que son”, afirma, instando a reconocer en ellos la propia historia y a combatir las conductas edadistas.
La Participación Cultural como Pilar de Inclusión y Empoderamiento
La cultura, definida por la UNESCO (2014) como “el conjunto de características distintivas espirituales, materiales, intelectuales y emocionales de una sociedad o grupo social que abarcan no solo el arte y la literatura, sino estilos de vida, formas de vivir juntos, sistemas de valor, tradiciones y creencias”, desempeña un rol fundamental en la construcción y consolidación de la cohesión e inclusión social, e influye en el bienestar individual y colectivo de la población.
A nivel personal, la participación cultural aumenta la creatividad, la felicidad, mejora la salud y favorece el crecimiento personal. Desde lo colectivo, contribuye a la construcción de sociedades plurales, reflexivas e inclusivas (Observatorio Social La Caixa, 2018). De ahí la importancia de asegurar la participación efectiva e igualitaria de todas las personas en la cultura. La participación cultural se entiende como aquella participación en toda actividad que represente un modo de aumentar la propia capacidad cultural, informativa y capital, que ayude a definir la identidad o permita la expresión personal (UNESCO-UIS, 2006).
Brechas y el Derecho a la Cultura
La Declaración Universal de los Derechos Humanos (Art. 27, 1948) estipula el derecho “a tomar parte libremente en la vida cultural de la comunidad, a gozar de las artes y a participar del progreso científico y en los beneficios que de él resulten”. Sin embargo, los datos de la Encuesta Nacional de Participación y Consumo Cultural (ENPCC) de 2017 en Chile, muestran fuertes brechas etarias. A pesar de que la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores (CIPDHPM, 2017) consagra el acceso preferencial de la persona mayor a bienes y servicios culturales, la realidad es que presentan un consumo cultural bajo en comparación con otros grupos etarios. Aunque se observó un mayor consumo de ópera (2,7%) y música clásica (5,6%), la proporción de consumo en teatro (7,8%), danza (12%), música actual (12,7%), cine (12,6%), exposiciones de arte (9,1%), compra de artesanía (23,8%), circo (5,6%), asistencia a museos (11,2%), centros culturales (9,9%) y bibliotecas (6,5%) es menor.
En este contexto desigual, instituciones como Fundación Teatro a Mil y su programa "Al Teatro" cobran un papel crucial en la promoción de los derechos culturales de las personas mayores, fomentando la participación y garantizando un acceso más democrático y descentralizado a la cultura. Esto favorece el empoderamiento, entendido como la toma de conciencia de las propias potencialidades y la capacidad para tomar responsabilidad sobre las propias decisiones (Iacub, Arias, 2010).
Los beneficios del empoderamiento a nivel individual incluyen mayor confianza personal, bienestar, hábitos saludables y mejores relaciones sociales. A nivel social, promover una participación cultural activa de las personas mayores contribuye a poner fin a los discursos homogeneizadores que reducen el envejecimiento a un problema demográfico, económico y sanitario. En definitiva, la participación cultural es clave para la abolición de la discriminación por motivos de edad (edadismo), permitiendo transitar hacia una mirada positiva del envejecimiento y formando sociedades más inclusivas con todas las edades (Gil-Calvo, 2004).
