El trabajo de intervención dentro del campo gerontológico es un espacio multidimensional en el cual la incidencia del trabajo social es nodal. Se propone reflexionar sobre la implicancia de dicha práctica, explicitar posicionamientos teóricos y proponer algunas líneas de intervención significativas. Este enfoque busca articular las dimensiones epistemológicas, teóricas y metodológicas de la intervención social gerontológica, presentando la teoría y la práctica del Trabajo Social Gerontológico.
Comprendiendo el Proceso de Envejecimiento
La vejez y el envejecimiento se contextualizan como un proceso de construcción social, que puede ser analizado en sus dimensiones micro y macro-social. Se caracteriza el proceso de envejecimiento poblacional y sus principales tendencias demográficas.

Elementos Esenciales del Proceso de Envejecimiento
Desde una perspectiva analítica, se identifican los elementos esenciales del proceso de envejecimiento, abarcando sus aspectos físicos, psicológicos y sociales. Las aportaciones del trabajo social a la gerontología son cruciales para abordar estos aspectos de manera integral. La vejez es una etapa donde están más extendidas las generalizaciones simplistas que impactan negativamente en la percepción social de las personas mayores.
El Trabajo Social Gerontológico
El trabajo social gerontológico se define como la disciplina que clasifica y trata la esencia de la información sobre el quehacer profesional, los elementos metodológicos de la intervención, las funciones, herramientas y procedimientos operativos. Esta práctica profesional es fundamental para promover el bienestar y el cuidado de los ancianos eficazmente.
Antecedentes Históricos de la Intervención Social en la Vejez: El Caso de Argentina
Los antecedentes relevantes permiten analizar los cambios en la intervención y las tensiones en la conformación de los derechos de las personas mayores. Este análisis se centra en Argentina, ofreciendo un panorama de cómo ha evolucionado la atención a la vejez.
Primeras Intervenciones: Vejez y Pobreza
Las primeras intervenciones por parte del Estado en Argentina fueron desarrolladas a través de la Sociedad de Beneficencia, creada en febrero de 1823. Esta institución paraestatal tenía la finalidad de mitigar la pobreza y la mendicidad, fundándose sobre los principios del pensamiento liberal imperante en la época, en su vertiente positivista con las ideas centrales de progreso y orden.
El Paradigma Asilar
La Sociedad estaba a cargo de asistir a los pobres, incluyendo niños, mujeres y hombres, sin distinción de edad. Las personas mayores eran objeto de asistencia por su condición de pobreza, sin ser considerados un grupo con necesidades específicas. En esta época se ubicó la instauración del paradigma asilar, que implicaba una conceptualización del “anciano” como mendigo y la vinculación entre vejez y pobreza.
Una de las instituciones que albergaba a ancianos era el Asilo de Mendigos, donde eran alojados hombres sin importar su edad. No existía una referencia puntual a las personas mayores ni acciones específicas para ellos. Las primeras acciones deliberadas que incluyeron a las personas mayores tenían como objetivo ocultar a los pobres, procurando “esconder el espectáculo de la mendicidad”, y propiciando su reclusión en los asilos creados con esa finalidad. Según registros de las Memorias de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires de 1860, la creación del Asilo de Mendigos se relaciona con la sanción de una ordenanza municipal prohibiendo la mendicidad.
El Reglamento Interno del Asilo de Mendigos permitía dar cuenta de su función de control social y atención paliativa sobre los asilados. Las actividades de la vida diaria estaban pautadas en forma rígida y esquemática, con horarios exactos para cada una de ellas sin posibilidades de modificación. Por ejemplo, a las siete se tocaba la campana para reunirse en el comedor, hacer una plegaria y recibir el desayuno en orden y silencio. Después de las seis de la tarde, podían acostarse libremente, pero al sonar las campanas de las ocho, debían retirarse a su dormitorio respectivo. La entrada libre quedaba absolutamente prohibida, y los asilados no tenían días fijos de salida, aunque la Superiora estaba autorizada para concederles un permiso de tres veces al año.
La institución regulaba las actividades laborales de los asilados, pero no los retribuía económicamente por su trabajo. El ingreso a la institución implicaba una pérdida de los objetos y hábitos personales para subsumirse en la dinámica institucional. No se encontraban presentes referencias a los derechos de los asilados ni a sus intereses o necesidades más allá de las básicas referidas al alimento y al alojamiento. Los asilados no debían tener baúl en los dormitorios y debían entregar su ropa a la ropería del establecimiento al ingresar. Debían permitir la revisión de su cama y mesa de noche, sin hacer la menor observación, y ningún cuadro, imagen u otro objeto debía colocarse en las paredes. Todo juego quedaba absolutamente prohibido.
El reglamento concluía que los asilados, hallándose reunidos por la común desgracia, bajo un mismo techo, donde la caridad pública les proporcionaba una vida cómoda y tranquila, debían todos respetarse mutuamente, para vivir en paz y buena armonía, y estaban en el deber, cada vez que ocurriera alguna desavenencia, de presentar sus quejas ante la Hermana Superiora y no hacerse jamás la justicia por sí mismos. La intervención era considerada un mecanismo de control social de la pobreza, sin problematizar su origen sociopolítico. El rol del Estado era proveer las necesidades mínimas, concibiendo la atención del anciano indigente y desamparado en base a la ayuda en dinero o especies, para finalmente proveerle un lugar de internación como morada final.
La mendicidad como espectáculo no deseado en el medio urbano y la “común desgracia” como causa de la intervención social se planteaban en el reglamento como elementos de la dimensión ideal del Estado y su intervención con los pobres sin distinción de edad. La vida “cómoda y tranquila” proporcionada por la Sociedad de Beneficencia a través del Asilo de Mendigos estaba delineada a partir de un estricto reglamento con actividades y horarios pautados sin posibilidad de discusión o reclamo por parte de los asilados que recibían de la mano de la beneficencia una cuota de control social.

El Informe Bialet Massé y el Envejecimiento de las Clases Obreras
A inicios del siglo XX, Argentina se caracterizaba por un contexto de fuerte crecimiento económico, proliferación de situaciones de desigualdad y aumento de la protesta y organización obrera. En este marco, el ministro del Interior, Joaquín V. González, solicitó al médico y abogado Juan Bialet Massé la elaboración de un informe sobre el estado de la clase obrera en el país, para establecer los fundamentos de la Ley Nacional del Trabajo, que funcionaría como un elemento mediador en la relación laboral.
El informe Bialet Massé es considerado una referencia insoslayable en la evaluación de la situación de los trabajadores y un precursor del Derecho Laboral en Argentina. Es un documento fundacional de las Ciencias Sociales en Argentina, describiendo la situación de pobreza de los obreros asociada a las precarias condiciones laborales y ponderando a los sujetos trabajadores y sus potencialidades culturales. En su informe, Bialet Massé destaca el lugar de los niños y las mujeres, estableciendo conceptos generales como el de trabajadores y obreros, sin referencias directas a la población de edad avanzada, ya que los mayores no representaban un grupo específico de edad y continuaban trabajando en proporción similar a los obreros adultos.
Bialet Massé postulaba que la duración de una “jornada racional” de trabajo debía ser válida para el “obrero fuerte como para el débil, para el torpe como para el hábil, para el viejo como para el joven”. Aunque propuso un máximo de siete horas para la mujer y seis para el niño, no sugirió variaciones para las edades mayores, considerando la edad como una constante pasada la infancia. Cabe señalar que en esta época (entre 1895 y 1914), la esperanza de vida al nacer era de 39,5 años, por lo tanto la noción de vejez era muy distinta a la mirada actual debido a que la gente envejecía en edades más tempranas y la etapa era muy acotada.
Primeros Antecedentes de las Pensiones a la Vejez
El informe Bialet Massé hace referencia a los primeros antecedentes de las jubilaciones e incluye las categorías de vejez prematura y muerte temprana. El autor señala la existencia de pensiones a la vejez y la falta de ellas, destacando que en ese momento las pensiones no implicaban el cese de las actividades, sino la asignación de tareas de acuerdo con las fuerzas de los individuos. Asimismo, describe situaciones de explotación que sufrían los obreros mayores sin una pensión por retiro.
Por el contrario, el autor describe una situación diferente en el ingenio Esperanza, en Cruz Alta, Tucumán, por contar con obreros pensionados por accidentes o vejez, quienes gozaban de asistencia y jornal, pudiendo ocuparse en actividades acordes a su condición. Este ingenio proporcionaba médico, botiquín y asistencia en caso de accidentes, además de una pensión si el individuo quedaba inútil o al cumplir los sesenta años de edad habiendo servido en la casa más de quince años, sin perjuicio de darle una colocación compatible con sus fuerzas. Bialet Massé destaca la particularidad de esta casa como la “Única casa en la República que hace esto”.
Bialet Massé describe la heterogeneidad en las condiciones laborales de los obreros y sus consecuencias sobre el envejecimiento de los trabajadores en el país. Esta caracterización de los problemas sociales y sus causas socioeconómicas es planteada por el autor en términos similares a los utilizados en Ciencias Sociales para el análisis de la cuestión social y la problematización de la realidad social. Los problemas sociales se originan como consecuencia de las condiciones de explotación, vinculados a las precarias condiciones de trabajo. Aunque el informe no incluye un capítulo específico para los ancianos, se encuentran citas puntuales que dan cuenta de las primeras referencias a las personas mayores y sus particularidades dentro del conjunto de los obreros, como la necesidad de ahorrar para la vejez o asegurarse.

El Paradigma de Derechos y la Protección de las Personas Mayores
Posteriormente, se analiza el paradigma de derechos y su repercusión en el campo gerontológico. Se destaca la importancia de la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores. Este enfoque es crucial para garantizar que los derechos de los adultos mayores sean reconocidos y protegidos en todas las esferas de la vida, combatiendo la discriminación por edad y promoviendo la inclusión social.
La Gerontología Social: Concepto, Objetivos y Utilidad
La gerontología social es una disciplina perteneciente al ámbito de las ciencias sociales cuyo objetivo principal es estudiar la interrelación entre las personas mayores y su entorno social, y cómo este influye en su calidad de vida. Es la ciencia encargada de estudiar la interrelación entre las personas mayores y el entorno social en el que se desenvuelven, siendo esencial para comprender y mejorar la calidad de vida de las personas mayores.
Introducción a la Gerontología - La situación de las personas mayores: De los mitos a la realidad
Objetivos de la Gerontología Social
Otros objetivos de la gerontología social son:
- Promover y fomentar estilos de vida saludables para que las diferentes etapas de la vejez no estén condicionadas por patologías que puedan ser prevenidas durante la juventud o la adultez.
- Identificar y analizar aquellos procesos intergeneracionales, familiares o genéticos que estén relacionados con el proceso de envejecimiento y las posibles contraindicaciones inherentes a esta etapa.
- Implementar estrategias de prevención e intervención a través de políticas públicas y seguridad social para mejorar la calidad de vida de la población anciana.
- Impulsar programas sociales que incluyan metodologías y recursos destinados a impulsar la integración de los adultos mayores en la sociedad.
¿Para qué Sirve la Gerontología Social?
Dentro de un enfoque multidisciplinar que reúne aspectos metodológicos asociados a la economía, la psicología, la medicina y la sociología, la gerontología se encarga de identificar aquellos condicionantes psicosociales que afectan al bienestar físico y mental de las personas mayores de 65 años. En general, pretende desmentir estereotipos, mitos o prejuicios sobre el envejecimiento para transmitir a la sociedad la importancia de valorar esta etapa de la vida. Así, por ejemplo, trabaja para evitar la discriminación por edad en el acceso a servicios financieros o en gestiones administrativas que requieren competencias digitales, donde las personas mayores pueden enfrentar dificultades.
La Relación entre Gerontología y Trabajo Social: Una Clave
La gerontología y el trabajo social son ámbitos laborales decisivos para afrontar el desafío del envejecimiento poblacional. Si la gerontología es fundamental para conocer el proceso de envejecimiento y las necesidades inherentes a este proceso, el trabajo social proporciona las habilidades o recursos técnicos para la intervención directa con personas mayores, incluida su red familiar, para asistirlas y mejorar su calidad de vida. De esta forma, se adopta un enfoque holístico y complementario que permite promover el bienestar y el cuidado de los ancianos eficazmente. Estas actuaciones son de vital importancia para el sostenimiento y cuidado de un sector poblacional que cada vez tiene un mayor peso dentro de la estructura demográfica de las sociedades occidentales.
El Papel del Gerontólogo Social
El gerontólogo social desempeña un papel fundamental en la atención y mejora de la calidad de vida de los adultos mayores. Actúa como un puente entre los adultos mayores y la sociedad, trabajando para mejorar su bienestar y promover una visión positiva del envejecimiento.
Principales Funciones y Áreas de Intervención
Sus principales funciones y áreas de intervención incluyen:
- La evaluación y la intervención psicosocial: Incluye evaluaciones que muestran las necesidades más apremiantes de la población anciana; diseños sobre planes de intervención personalizados y adaptados según las necesidades de cada persona; y el fomento de la inclusión de programas que proporcionan apoyo emocional y psicológico a los ancianos que lo necesiten (la conocida como psicogerontología).
- El asesoramiento y la educación: Orienta a las personas mayores y a sus familiares sobre los recursos y los servicios disponibles, así como sobre los métodos existentes para acceder a prestaciones y ayudas sociales destinadas a la tercera edad. También educa sobre el proceso de envejecimiento y cómo afrontarlo positivamente, e investiga la posibilidad y la forma de adoptar políticas destinadas a ofrecer asesoramiento sobre la vejez y el envejecimiento. Además, asesora en la creación de espacios accesibles y amigables para los mayores, sirviendo de enlace entre las personas mayores y las administraciones competentes que pueden habilitarlos (centros de mayores, residencias, centros de día o recintos de ocio).
- La gestión de servicios y recursos: El gerontólogo social coordina todos los servicios sociales, sanitarios y comunitarios disponibles.
- La defensa de derechos: Los profesionales de la gerontología abogan por los derechos de los adultos mayores, combatiendo la discriminación por edad y promoviendo la inclusión social de este sector poblacional.
- El trabajo interdisciplinario: La colaboración con otros profesionales relacionados con el mundo de la psicología, la sociología, la medicina o el trabajo social son fundamentales para proporcionar a los ancianos y a sus familiares una atención integral.
En definitiva, la gerontología social es esencial para comprender y mejorar la calidad de vida de las personas mayores en un contexto de envejecimiento poblacional. Pretende erigir una sociedad más inclusiva y respetuosa con la vejez. Esta meta, a través de un enfoque multidisciplinar, promueve la integración social y el bienestar de este grupo, desafiando estereotipos y prejuicios. Necesita, a su vez, de la colaboración del trabajo social, lo que permite una atención integral que responde a las necesidades específicas de los adultos mayores. La complejidad de la intervención social gerontológica y sus implicancias desde los aspectos epistemológicos, teóricos y metodológicos son fundamentales para este campo.