Este documento presenta un análisis exhaustivo sobre la inserción laboral de las personas mayores en América Latina y el Caribe, enmarcado en el informe regional para el cuarto examen y evaluación del Plan de Acción Internacional de Madrid sobre el Envejecimiento (2002). Se aborda el panorama actual del envejecimiento en la región, la protección de los derechos humanos de las personas mayores y los avances institucionales. Se examinan las interrelaciones entre este grupo etario y el desarrollo, con énfasis en la protección social, la participación en el mercado de trabajo y la promoción de la salud y el bienestar en la vejez, así como los avances en la creación de entornos favorables y la prevención de la discriminación y la violencia.
La información se complementa con datos del informe Coyuntura Laboral en América Latina y el Caribe, una publicación semestral conjunta de la División de Desarrollo Económico de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y la Oficina para el Cono Sur de América Latina de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), bajo la dirección de Daniel Titelman y Fabio Bertranou.
El Envejecimiento Poblacional y sus Implicaciones Laborales
Muchos países latinoamericanos están experimentando un proceso acelerado de envejecimiento, lo que exige analizar las condiciones y el financiamiento necesarios para contar con sistemas de pensiones inclusivos y sostenibles. Estas tendencias de envejecimiento pueden tener consecuencias significativas en los mercados laborales, incluyendo la escasez de oferta laboral, y en los sistemas de pensiones, cuya sostenibilidad puede peligrar.

Participación Laboral de Personas Mayores: Tendencias y Motivaciones
Un porcentaje considerable de personas mayores continúa ligado al mercado laboral a pesar de haber superado el límite establecido de la edad de jubilación. Los motivos de una mayor permanencia o (re)inserción de las personas mayores son variados y pueden diferenciarse entre subgrupos etarios y entre países con mercados laborales y sistemas de jubilación de diferentes niveles de desarrollo y los cambios correspondientes.
Específicamente, la evolución de la participación laboral de las mujeres de 60 años y más debe considerarse en el contexto del incremento gradual de la inserción de las mujeres en general en los mercados de trabajo, lo que determinaría una reducción de las brechas de participación y ocupación entre hombres y mujeres en todos los grupos etarios.
Tasas de Ocupación entre 2002 y 2016
Entre 2002 y 2016, la tasa de ocupación del conjunto de personas mayores de 60 años y más registró un leve aumento, pasando del 34,2% al 35,4%. Este incremento se debe principalmente a la creciente inserción laboral de las mujeres, mientras que la tasa de ocupación de los hombres disminuyó levemente. Sin embargo, en 2016, la tasa de los hombres duplicaba con creces la de las mujeres. Estas tendencias opuestas pueden estar relacionadas con el aumento de la proporción de jefas de hogar entre las mujeres mayores, mientras que esta proporción tiende a disminuir entre los hombres mayores (CEPAL, 2017).

Variaciones por Grupos Etarios
Como era de esperar, las tasas de ocupación disminuyen con la edad. Las variaciones observadas obedecen al considerable aumento de la tasa en el grupo de 60 a 64 años para ambos sexos, si bien mucho más marcado para las mujeres. En contraste, la tasa de ocupación del grupo de 65 a 69 años aumentó solo levemente, como resultado de una modesta reducción de la tasa de los hombres y un aumento algo mayor de la tasa de las mujeres.
Relación entre Pensiones y Actividad Laboral
Un segundo fenómeno observado en el período examinado es el aumento en la proporción de personas mayores que cobran pensiones provenientes de sistemas contributivos, como resultado de una dinámica generación de empleo formal y políticas de formalización laboral. Esta cobertura se incrementó en el promedio de ocho países, tanto para los hombres (del 41,6% en 2002 al 43,8% en 2016) como, en mayor magnitud, para las mujeres (del 29,1% al 37,1%).
Al comparar los países según la tasa de ocupación de las personas mayores y la cobertura de los sistemas de pensiones contributivas, se observa una clara relación negativa, lo que confirma los resultados a nivel global (Scheil-Adlung, 2013). Al analizar esta relación por separado para hombres y mujeres, se observa que se mantiene negativa para ambos sexos. Sin embargo, la relación es sumamente estrecha para los hombres, mientras que en el caso de las mujeres hay una dispersión mayor. Esto indica que entre las personas mayores persiste la pauta cultural del hombre proveedor que, aun en la vejez, estaría a cargo de asegurar la subsistencia de los miembros del hogar.
Si bien en la comparación entre los países se registra una fuerte correlación negativa entre la cobertura de pensiones y la tasa de ocupación, esto no significa que el acceso a una pensión necesariamente conlleve la salida de la fuerza de trabajo. De hecho, la proporción de hombres y mujeres que trabajan a pesar de percibir una pensión no ha disminuido en el tiempo e incluso aumentó levemente (de 6,7% a 7,2%).
A raíz de las tendencias resumidas hasta ahora, se redujo la proporción de personas mayores que no trabajan ni perciben una pensión, del 37,6% en 2002 al 31,7% en 2016. Sin embargo, alrededor de 2016, la proporción de este segmento especialmente vulnerable sigue siendo alta, sobre todo para las mujeres (44,3%). Esto es obviamente resultado de la desigualdad de género con respecto a la división del trabajo, que excluye a una gran proporción de mujeres del mercado laboral, en particular del empleo formal que les permitiría acceder a una pensión basada en un sistema contributivo.

Características del Empleo en la Tercera Edad
La tasa de desempleo abierto de las personas mayores suele ser relativamente baja. Por ejemplo, en el último trimestre de 2017, la tasa de desocupación en Chile fue del 6,4% (6% para los hombres, 6,8% para las mujeres). En contraste, la tasa de desempleo abierto de las personas de 60 años y más fue del 2,7% (3% para los hombres, 2,1% para las mujeres).
En comparación con el conjunto de los ocupados, entre las personas mayores destaca la mayor proporción de empleadores y trabajadores por cuenta propia. En términos generales, la elevada proporción del empleo independiente en este grupo de edad estaría relacionada con dos situaciones generales: en primer lugar, la preferencia de los empleadores por personas más jóvenes puede excluir a las personas mayores del empleo asalariado y, en segundo lugar, las personas mayores pueden preferir un trabajo independiente y aprovechar las habilidades y los conocimientos adquiridos a lo largo de su vida laboral.
El Caso del Sector Agropecuario
Además, en vista de que los sistemas de pensiones contributivas suelen diseñarse en relación con empleos formales y que estos se centran en las zonas urbanas, se puede suponer que existe una relación significativa con la estructura productiva y, específicamente, con el peso del empleo agropecuario. En consecuencia, el 41,2% de las personas mayores ocupadas de 65 años o más de edad trabajan en el sector agropecuario.
Esta permanencia productiva de las personas mayores del sector agropecuario refleja la falta de fuentes de ingreso alternativas a causa de la debilidad de los sistemas de pensiones en las zonas rurales, sobre todo para los trabajadores agropecuarios. También se debe a las características específicas de la economía campesina y la falta de mecanismos de transición intergeneracional en el manejo de las fincas.

Conclusiones Principales
En resumen, en América Latina la falta de una pensión surge como factor principal para la inserción laboral de las personas mayores, ilustrado por una correlación negativa muy marcada entre la proporción de personas mayores con acceso a una jubilación y la tasa de ocupación de este grupo etario. Por otra parte, si bien entre 2002 y 2016 aumentó la proporción de personas mayores que perciben una pensión de un sistema contributivo, la tasa de ocupación de este grupo etario no bajó sino que aumentó levemente, incluso entre las personas que perciben una pensión.
Esto reflejaría, por un lado, los bajos montos de muchas pensiones y, por el otro, sobre todo entre personas de mayor nivel educativo, la preferencia de mantenerse económicamente activas (para seguir haciendo una contribución productiva, mantener relaciones sociales, plantearse objetivos específicos, entre otras cosas). Los aumentos de la tasa de ocupación y de la cobertura de las pensiones contributivas incidieron en una reducción de las personas mayores sin ingreso de ninguna de estas dos fuentes. Sin embargo, sobre todo entre las mujeres, la proporción de personas sin ingresos se mantiene elevada, evidenciando una persistente vulnerabilidad.
Los datos también indican que el interés personal en una vida activa es relevante para la inserción laboral de este grupo etario, especialmente para aquellos con mayor nivel educativo.
Fuentes de Información
- Naciones Unidas (2016). Informe de la Experta Independiente sobre el disfrute de todos los derechos humanos por las personas de edad.
- Scheil-Adlung, X. Weller, J.
- CEPAL y OIT (2018). La inserción laboral de las personas mayores: necesidades y opciones.