Alexander Mitscherlich: Pionero de la Psicosomática Psicoanalítica y el "Duelo Imposible"
Siempre que se habla de psicosomática, se suelen referir a la Escuela de Chicago y a la Escuela de París, mencionando figuras como Pierre Marty o Frank Alexander. Sin embargo, a menudo se omite a Alexander Mitscherlich, quien en 1949 fundó el primer Instituto de Psicosomática Psicoanalítica dependiente de la universidad de Heidelberg.
Mitscherlich recibió la influencia de su maestro Viktor Von Weizsäcker, fundador de la medicina antropológica, quien a su vez inspiró a Rof Carballo, introductor del psicoanálisis en España y fundador del Hospital Jiménez Díaz.
Mitscherlich analizó los trastornos psicosomáticos de pacientes alemanes y llegó a una conclusión crucial en su libro El duelo imposible, subtitulado "La incapacidad de sentir tristeza o la incapacidad de afligirse". En este trabajo, señaló que "los alemanes adoraban a Hitler, de modo que a él le consagraron sus egos y a causa de él, tras la guerra, se vieron incapaces de reconocer lo inhumano de sus ideales o sus funestas consecuencias". Mitscherlich observó que "asumen el olvido de todos esos recuerdos como una suerte de rechazo y de autoprotección de la inevitable melancolía que se había adueñado de sus vidas, si verdaderamente se hubieran enfrentado a su oneroso vínculo con Hitler". La "omnipotencia de los ideales nacionalistas determinó que cualquier vestigio de humanidad o de mera empatía con las víctimas fuera cercenado".
Así, Mitscherlich verificó clínicamente que en las dolencias de muchos pacientes psicosomáticos alemanes aparecía este duelo imposible. Sus trabajos de crítica social giran en torno a las causas y consecuencias psicológicas del nacionalsocialismo. Publicó otras obras sugerentes como Las enfermedades de la sociedad y la medicina psicosomática (1957) o Medicina sin humanidad (1960). También escribió La inhospitalidad de nuestras ciudades (1965) y Sigmund Freud. Un intento por entender mejor el mundo (1970).
Entre sus obras más conocidas que explican el nacionalsocialismo y sus secuelas psíquicas durante el periodo de posguerra en Alemania, destacan Hacia la sociedad sin padre (1963) y La incapacidad de sentir tristeza (1967). En estos libros, examina los horrores del poder nacionalsocialista y la devastación psíquica que ocasionó en actuantes y víctimas. Como consecuencia de este daño anímico, Mitscherlich opinó que la generación de la posguerra había caído en la apatía y la negación de una parte importante de su vida, desarrollando una especie de neurosis colectiva.
Alexander Mitscherlich fue designado por lo que sería el Colegio Oficial de Médicos de Alemania de aquella época para asistir al juicio de Núremberg y elaborar un informe sobre los médicos que habían cometido atrocidades en el nazismo. Su tercera mujer, Margaret Nielsen (Margarete Mitscherlich), escribió un libro (no traducido) sobre la delincuencia femenina. Ambos analizaron temas originales e insertados en lo sociológico. Además, fundaron una revista, “Psique”, que duró 40 años en Alemania y que fue la única revista de psicoanálisis que hubo después de la Segunda Guerra Mundial en Alemania. En 1969, junto a su mujer, le fue otorgado el Premio de la Paz de la Unión de Libreros Alemanes.

Raíces Psicoanalíticas de la Somatización y la Falta de Elaboración Emocional
Aunque Freud no se interesó por la psicosomática propiamente dicha, es sin duda el inspirador de esta rama, ya que fue el primero en subrayar la intrincación de los factores psíquicos con lo biológico y, por lo tanto, la formación de síntomas psicosomáticos. Todos los autores que han hecho aportaciones en psicosomática fueron, de una manera u otra, deudores de las contribuciones de Freud.
En sus Estudios sobre la histeria, Freud planteaba el síntoma conversivo como el resultado de la transformación de una excitación endógena en una inervación somática. Esto significa que una excitación endógena que no encuentra una asociación psíquica, es decir, que no da lugar a ninguna elaboración psíquica, deriva en una inervación corporal. Para Freud, en ese momento, esto formaba parte de la formación de síntomas en la neurosis. Si esa excitación endógena no encontraba una asociación psíquica, era como resultado de la operación del mecanismo de la represión, que en la histeria implicaba como defensa la separación entre la representación y el afecto. La representación quedaba más o menos negada y el afecto, al no encontrar esa asociación psíquica, inervaba el cuerpo.
En la misma época en que hablaba de la histeria, Freud también abordó la neurosis de angustia, casi confundida con la histeria, aunque formando parte de las llamadas neurosis actuales. Ahí descubrió cómo la angustia, cuando no puede ser transformada y organizada a través del psiquismo, sobrepasa las posibilidades de la elaboración mental y se descarga en el cuerpo. Esta descarga puede manifestarse directamente como angustia (crisis de angustia) o como un síntoma somático. Es decir, cuando la angustia no es transformada en afecto por una elaboración psíquica en demanda inconsciente, se puede descargar directamente o bajo la forma de un síntoma somático.
Las Escuelas de Psicosomática y el Concepto del Síntoma
- Groddeck: Empezó a relacionar lo psicosomático con lo conversivo, proponiendo una especie de anatomía fantástica donde cada parte del cuerpo se vinculaba con afectos. Las enfermedades eran para él un "lenguaje" con intencionalidad expresiva que pide ser comprendido e interpretado.
- Escuela de Chicago: Representada por Frank Alexander, planteó perfiles psicológicos específicos para afecciones psicosomáticas como el asma bronquial, la hipertensión esencial, la artritis reumatoide, el hipertiroidismo, la rectocolitis hemorrágica, la úlcera gastroduodenal y las neurodermatosis. Alexander diferenció el síntoma conversivo (implicado el sistema nervioso somático, voluntario) del psicosomático (dependiente del sistema nervioso autónomo, involuntario). Resaltó que el factor psicológico es necesario, pero no suficiente, requiriendo una "vulnerabilidad constitucional del órgano afectado, una constelación psicodinámica particular" y una "situación ambiental desencadenante".
- Escuela de París: Con Pierre Marty como máximo representante, continuó separando el síntoma histérico del psicosomático, afirmando: "para el histérico el cuerpo es un instrumento, para el psicosomático es una víctima. El primero habla, el segundo sufre en silencio". El cuerpo del enfermo psicosomático sufre en silencio, como si no encontrara las palabras para expresar su malestar.
La Falta de Elaboración y el Yo
La explicación de un síntoma psicosomático puede residir en una falta de libido yoica o, más concretamente, en una falta de libido en la formación del yo, necesaria para su constitución, unidad y cohesión. En el fenómeno psicosomático, también se encuentran antecedentes de experiencias traumáticas tempranas.
En la psicopatología infantil, es necesario rastrear el desarrollo de la constitución del yo, los intercambios afectivos con los otros, y cómo estos intercambios (donde niño y otro están afectados) contienen la angustia del niño. El secreto de la contención radica en el interés, la escucha y la capacidad de transmitir nuestra propia afectación-afecto. Para la formación del yo, es esencial el narcisismo infantil o la creencia en la omnipotencia del otro (ej., la madre). Luego, es necesaria la separación, la caída de ese narcisismo infantil, para evitar que el otro omnipotente se convierta en persecutorio. La separación ocurre cuando el otro se muestra faltante, dando desde su falta y su deseo. Es necesario el duelo de ese otro omnipotente, para que la decepción y la pérdida formen parte del conflicto psíquico, evitando que el sujeto quede "apresado en un cuerpo pulsional".
El bebé, al principio, es alexitímico, y su sufrimiento psíquico se expresa inicialmente de forma psicosomática. En el primer año de vida, los trastornos infantiles (anorexia, insomnio, cólicos, dermatitis) son fundamentalmente psicosomáticos porque todo lo que sienten se dirige a la madre, quien lo significa. Una asociación psíquica "prestada" por el otro libidinal (la madre) que, al sentirse afectada e interesada, va significando el malestar del niño. Si esta asociación psíquica no se aporta, se dificulta el proceso por el que el niño conecta lo endógeno y corporal con una representación mental. Así, según Pierre Marty, las "representaciones de cosa" pasan a "representaciones de palabra". La falta en este proceso explica que un sujeto con trastornos psicosomáticos no sepa expresar su padecimiento, porque "la carga de emociones mal elaborada produce la somatización".
Kreisler estudió los trastornos psicosomáticos en el primer año de vida y señaló que "todo sucede como si el cuerpo fuera el depositario de los fenómenos pulsionales desatados, como si las pulsiones, privadas de la posibilidad de ser metabolizadas en una expresión mental, emprendieran la vía de los órganos". Pierre Marty propone la estructura psicosomática, caracterizada por la falta de mentalización (similar al pensamiento operatorio), un discurso y una forma de hacer y sentir de gran pobreza emocional, muy desafectada. Para que la palabra sea "mi palabra", debe tener un valor afectivo. En los trastornos psicosomáticos, esa pobreza emocional en el pensamiento da cuenta de una depresión esencial, especialmente en casos con vivencias traumáticas. Desde la clínica del sujeto, se prefiere hablar de elaboración inconsciente o subjetiva, sostenida en un cuerpo libidinal, en la medida en que el sujeto puede transformar la angustia en afecto.

Alexitimia y Anhedonia: Manifestaciones de la Incapacidad de Sentir
La incapacidad de sentir emociones, ya sea tristeza o cualquier otra, es una señal de riesgo en la depresión melancólica y otros trastornos. Existen términos clave para describir esta ausencia de sentimientos.
Alexitimia: La Ausencia de Palabras para los Sentimientos
El término alexitimia fue acuñado por el médico grecoamericano Sifneos, y significa "sin palabras para los sentimientos" en griego. Es descrita como un síndrome y es un concepto en el que concuerdan tanto los médicos más organicistas y biologicistas como cualquier escuela psicoanalítica. Puede acompañar a experiencias traumáticas tempranas (alexitimia secundaria), siendo en otros casos primaria. Implica la dificultad para identificar, comprender y expresar las propias emociones.
Anhedonia: La Incapacidad de Experimentar Placer
La anhedonia, descrita por primera vez por el psicólogo francés Ribot en 1886, es la incapacidad para experimentar placer, la pérdida de interés o satisfacción en casi todas las actividades de la vida. Se considera una falta de reactividad a los estímulos habitualmente placenteros. Quienes la padecen no son capaces de disfrutar en ninguna circunstancia, como relaciones sexuales, comida o actividades de ocio, o notan un descenso significativo en estas capacidades. No es una incapacidad total, ya que existen varios grados.
La anhedonia hace que las relaciones, incluso con amigos y familiares cercanos, se conviertan en una lucha constante, ya que la ausencia de disfrute dificulta la motivación para interactuar. Aunque en algunos casos puede confundirse con la ansiedad social, son distintos.
Tipos y Síntomas de la Anhedonia:
- Anhedonia social: Incapacidad de disfrutar del tiempo con otras personas.
- Anhedonia física: Dificultad o incapacidad para sentir sensaciones o placeres físicos.
Los principales síntomas que afectan el día a día de una persona con anhedonia incluyen:
- Aislamiento social: Uno de los signos más claros.
- Pensamientos negativos constantes: Tanto hacia sí mismos como hacia los demás.
- Pocas habilidades emocionales: Dificultad para controlar bien las emociones.
- Emociones falsas: Mostrar emociones que no se sienten para encajar socialmente.
- Pérdida de la libido: Uno de los rasgos más comunes.
- Problemas físicos persistentes: Como resfriados, dolores de cabeza o musculares, manifestando la somatización.
Detectar la anhedonia puede ser difícil, ya que la persona a menudo lo percibe como una actitud normalizada. Es importante saber que las personas que sufren de anhedonia no deberían convivir con ella.
Contextos de la Anhedonia:
La anhedonia puede darse en personas consumidoras de drogas, especialmente cocaína durante la abstinencia, y en quienes padecen esquizofrenia. Pero la situación más frecuente es la anhedonia asociada a la depresión. Cuando una persona sufre una depresión profunda, nada le motiva ni le alegra o le hace disfrutar. La anhedonia de la depresión suele aparecer tras situaciones estresantes y disgustos y tiende a desaparecer conforme mejoran los síntomas depresivos. Se estima que dos millones de españoles padecen depresión, y seis millones la padecerán a lo largo de su vida.
Científicamente, la anhedonia se ha relacionado con cambios en la actividad cerebral, particularmente en la producción de dopamina y una hiperactividad en la corteza prefrontal.
¿Qué es la Anhedonia?
Distinciones Clave en la Falta de Afecto
Para comprender mejor la incapacidad de sentir, es útil diferenciarla de otros estados afectivos:
- Apatía: Estado afectivo de falta de emoción, motivación y entusiasmo. El individuo no experimenta ni placer ni desagrado, ni felicidad ni tristeza.
- Abulia: Sentimiento de falta de sentimientos. Sensación de sufrimiento e insensibilidad durante la cual el individuo percibe que no tiene los sentimientos habituales hacia sus seres queridos, ni felicidad por la vida ni tampoco siente el mismo dolor.
- Estupor emocional (parálisis de los sentimientos): Una manifestación severa de la incapacidad de sentir, a menudo asociada con depresiones profundas.
La Incapacidad de Sentir en el Contexto de la Depresión
La depresión se define como una disminución del tono del humor y de funciones cognitivas, acompañada de sentimientos de tristeza, inhibición e ideas de culpabilidad. Cuanto más grave y profunda es la depresión (ej., depresión mayor o psicótica), el individuo se retira en su aflicción, reduce el contacto con el mundo y la realidad exterior, y sus funciones se empobrecen, hasta llegar a un estado de parada mental y motriz (estupor depresivo melancólico).
La incapacidad de sentir cosas, más allá de la tristeza, es una de las señales de riesgo en la depresión melancólica, una forma severa de enfermedad depresiva. Los pacientes melancólicos suelen estar profundamente tristes, pero un sentir "nada" debería activar una alarma, ya que en el pasado, esto se consideraba un marcador de suicidio en la psiquiatría. La poetisa Elizabeth Barrett Browning capturó esta incapacidad de llorar en su poema "Aflicción" (1844), describiendo a los individuos melancólicos como "estatuas de mármol". La habilidad de llorar podría liberar de la melancolía, pero muchos no pueden porque no sienten nada. El síntoma de Karl Jaspers de "no sentir nada" es una fortísima señal de advertencia, aunque el Manual Estadístico y Diagnóstico de Trastornos Mentales (DSM-5) no aborda la pérdida de la capacidad de sentir en la sección de depresión.
Tipos de Depresión:
- Depresión normal: Estado afectivo sucesivo a acontecimientos dolorosos (luto, depresión reactiva).
- Depresión ralentizada (o estuporosa): Síntomas depresivos con ralentización motora y disminución de la actividad mental (bradipsiquismo).
- Depresión enmascarada: Se manifiesta con síntomas no afectivos (cognitivos y somáticos) como cansancio, dolor de cabeza o muscular, déficit cognitivos, sin que el paciente sea consciente de su cuadro psicológico.
- Depresión atípica: Síndrome depresivo con características como agitación, ideación paranoide, perplejidad, trastornos de ansiedad, que depende mucho de los acontecimientos externos placenteros.
- Depresión doble: Presencia de síntomas depresivos mayores y distimia.
- Depresión agitada: Síntomas depresivos acompañados de intensa inquietud y agitación motriz.
- Trastorno depresivo menor: Depresión no severa que no altera el funcionamiento social y laboral.
- Distimia: Estado de ánimo bajo y prolongado de tristeza, desencadenado por acontecimientos repetidos de duelo, con una intensidad menor que otros trastornos depresivos.
- Depresión psicótica: La forma más grave, tiende a ser crónica, asociada a intentos de suicidio, comorbilidad con otros trastornos y dependencia social.

Abordajes Terapéuticos y el Camino hacia la Recuperación Emocional
Es muy importante realizar un diagnóstico correcto antes de iniciar cualquier tratamiento para la incapacidad de sentir, con el fin de conocer sus causas y buscar la solución adecuada. Dado que su origen puede estar en dependencias o enfermedades, la mejora de estas condiciones suele llevar a la mejora de la anhedonia.
La buena noticia es que, una vez iniciado el tratamiento, las personas que padecen anhedonia pueden empezar a sentir placer y felicidad de nuevo, aunque el proceso puede ser difícil. El tratamiento suele emplear herramientas para ayudar a manejar el problema de salud mental subyacente que probablemente esté causando el síntoma, como la depresión.
Estrategias para Afrontar la Anhedonia:
- Identificar y tratar las causas subyacentes: Si la causa es una medicación, se podrá mejorar modificando las dosis, retirándola o cambiándola. Si es una enfermedad mental, el tratamiento específico es fundamental.
- Cambios en el estilo de vida: Adoptar una alimentación saludable, aumentar la actividad física y dedicar tiempo al ocio y al disfrute personal son pasos iniciales importantes.
- Afrontar pensamientos negativos: Las personas con anhedonia a menudo tienen patrones de pensamiento distorsionados y de autoboicot. Es vital encarar estos pensamientos, racionalizar su origen y evaluar su utilidad.
- Buscar el sentido de la vida: La anhedonia puede eliminar la inspiración, la felicidad y la motivación. Luchar por alcanzar metas y encontrar un propósito en la vida es crucial.
- Evitar el aislamiento: Aunque la anhedonia social es difícil de combatir, la conexión con los demás es una de las necesidades más importantes para quienes la sufren.
- Acudir a un psicólogo/a: Un especialista puede evaluar la situación, conocer el origen de la anhedonia y diseñar un plan de tratamiento personalizado.
La incapacidad para experimentar placer y/o un interés reducido en las cosas que antes resultaban gratificantes afecta significativamente la calidad de vida. Afrontar estos síntomas y tomar las riendas de la propia vida es vital para no perderse muchos aspectos positivos de la existencia.
Perspectivas Societales sobre la Elaboración del Duelo y las Emociones
La "incapacidad para elaborar el duelo", observada por Mitscherlich a nivel individual y colectivo, tiene resonancia en el análisis de las sociedades contemporáneas. Durante siglos, las emociones "han tenido muy mala prensa", siendo erróneamente contrapuestas a la razón por el racionalismo, el empirismo y el materialismo mecanicista, que las convirtieron en "las bestias negras de la humanidad" a las que había que controlar y exorcizar.
Desde el punto de vista psicológico y psicoanalítico, la respuesta o falta de respuesta masiva de las sociedades ante las crisis tiene mucho que ver con las emociones individuales y grupales. Es evidente que los grupos dirigentes administran el miedo y otras emociones, un fenómeno que se ha intensificado. El uso del miedo se ha convertido en un "cemento básico" en nuestro mundo, amplificado por la celeridad y globalización de las comunicaciones sobre catástrofes y desastres. Este poder omnímodo del miedo solo es contrapesado por movimientos radicales minoritarios.
La incapacidad de movilización en las sociedades puede interpretarse como una "burbuja psicosocial" en la que hemos vivido. Aquí, mecanismos como los esquizoparanoides y las defensas maníacas de Melanie Klein (control, triunfo y desprecio) se activan para evitar la culpa y la necesaria reparación. La negación maníaca es defensiva ante peligros de hundimiento depresivo o disgregación psicótica. Esto sugiere una "obscura percepción" de la mentira y el fracaso de nuestro sistema social y político, donde se colabora en el desprecio y la anulación de las emociones vinculatorias y el deseo.
La "sociedad sin padre" que Mitscherlich analizó podría reflejar una organización psicopatológica de la relación a nivel social, quizás no "neurótica" sino "perversa". En la tardomodernidad, los grupos dominantes utilizan defensivamente mecanismos perversos, maníacos y obsesivo-controladores, con el riesgo latente de suicidio colectivo. Se observa una "desublimación represiva de la sexualidad" y una "desublimación de la agresión", con el miedo como argamasa social, no como un medio para otro fin, sino como el núcleo mismo de un posible sistema social naciente: el de una nueva barbarie de despotismo no ilustrado y autoritario.
Mientras Freud contribuyó a la perspectiva de las pulsiones humanas con su teoría bitemática (Eros y Thanatos), otros sugieren que las motivaciones básicas del ser humano, enraizadas en la biología, podrían ser seis o siete emociones primigenias (ira, temor, asco, placer-alegría, búsqueda-sorpresa, tristeza y vergüenza). Estas emociones, y no solo el miedo, jugarían un papel fundamental en la sociabilidad humana, en la búsqueda de lo nuevo, la curiosidad y los anhelos de placer y alegría.
Las investigaciones sobre el apego, la mentalización y los sistemas afectivos primitivos nos hablan de otras emociones que desempeñan un papel igualmente importante. Sin embargo, las técnicas de control social a menudo se han desarrollado basándose en la teoría bitemática (psicosexualidad y agresividad/miedo). En el uso del miedo, se vive una profunda regresión antisimbolizante, donde "el miedo es el mensaje y el sistema", defendiéndose descaradamente como un sistema de control social e incluso como el núcleo de un sistema social emergente.

tags: #la #incapacidad #de #sentirse #triste #mitscherlich