La expresión "jubilado pero no muerto" captura la esencia de una nueva visión sobre la etapa de la jubilación. Tradicionalmente asociada con el retiro y el fin de la vida laboral activa, la jubilación ha evolucionado para convertirse en una fase de nuevas oportunidades, proyectos personales y una renovada contribución a la sociedad. Este artículo explora qué significa ser un jubilado en la actualidad, desde los aspectos legales y económicos hasta la experiencia personal de encontrar un nuevo propósito y combatir el edadismo.
La Jubilación en el Contexto Español: Conceptos y Realidades
Jubilado vs. Pensionista: Aclarando Términos
En el lenguaje cotidiano, muchas veces escuchamos los términos "jubilado" y "pensionista" como si fueran sinónimos, pero en realidad, no lo son. Un jubilado es alguien que ha llegado a la edad legal para retirarse del mundo laboral y comienza a recibir una pensión de jubilación. Esta pensión se calcula en función de los años cotizados y las bases de cotización durante su vida laboral.
Por otro lado, un pensionista es una persona que recibe una pensión, pero no necesariamente una pensión de jubilación. Existen distintos tipos de pensiones: por viudedad, orfandad, incapacidad permanente, entre otras.
Edad de Jubilación y Requisitos en España
En España, la edad de jubilación está sujeta a ciertas normativas y va evolucionando con el tiempo. La edad legal de jubilación está en proceso de subir gradualmente hasta los 67 años. Sin embargo, aún es posible jubilarse a los 65 años si se han cotizado un mínimo de 37 años y 3 meses.
En cuanto a la edad mínima, existen casos excepcionales en los que se permite la jubilación anticipada. Por ejemplo, bajo ciertas circunstancias y con penalizaciones en la pensión, algunas personas podrían jubilarse a los 63 años. En el extremo opuesto, no hay una "edad máxima" de jubilación en el sentido estricto; si te encuentras bien y quieres seguir trabajando más allá de la edad legal de jubilación, puedes hacerlo.
La pensión por jubilación es un derecho que se tiene después de haber trabajado y cotizado durante años al sistema de la Seguridad Social. Para solicitarla, debes hacerlo ante el Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS), generalmente en los últimos tres meses antes de llegar a la edad de jubilación. Se necesita un mínimo de años cotizados y, para recibir la pensión, generalmente debes haber cesado en tu actividad laboral. La cantidad de tu pensión se calcula en base a tus años cotizados y las bases de cotización en los últimos años anteriores a la jubilación.
Aspectos Financieros y Laborales del Jubilado
En España, la fecha de cobro habitual de las pensiones por jubilación es el primer día hábil de cada mes. Aunque el Estado realiza la transferencia para que esté disponible el primer día laborable del mes, podrías recibir el dinero un poco antes si tu banco así lo decide. Si eres nuevo pensionista, es probable que recibas una notificación indicándote cuándo y cómo se realizará el primer pago.
Un jubilado en España puede trabajar y cobrar la pensión al mismo tiempo, pero hay ciertas condiciones. La persona debe haber alcanzado la edad legal de jubilación y cumplir todos los requisitos para acceder a la pensión de jubilación completa, es decir, al 100%. Si decides trabajar, tu pensión se verá reducida en un 50%, cobrando solo la mitad de lo que te correspondería. Un jubilado que esté en situación de "jubilación activa" puede desempeñar prácticamente cualquier tipo de trabajo, ya sea por cuenta propia o ajena, siempre que cumpla con las condiciones y requisitos establecidos para esta modalidad. La jornada laboral puede ser a tiempo completo o a tiempo parcial.
Es fundamental que el jubilado comunique su intención de trabajar al Instituto Nacional de la Seguridad Social (INSS) para evitar cualquier tipo de irregularidad o sanción. Cabe destacar que durante el periodo en el que el jubilado esté trabajando, seguirá cotizando a la Seguridad Social.
Cuando un jubilado fallece en España, su pensión de jubilación deja de pagarse. En el caso de la pensión de viudedad, el cónyuge superviviente debe haber estado casado con el fallecido durante al menos un año antes del fallecimiento o tener hijos en común para poder acceder a este derecho. Para la pensión de orfandad, los hijos del jubilado fallecido menores de 21 años (o menores de 25 si están estudiando y no trabajan) podrían tener derecho a recibir una pensión. También pueden ser beneficiarios hijos mayores de 21 años que estén incapacitados para trabajar.

Un Día en la Vida del "Nuevo Viejo": Rompiendo Estereotipos
La percepción de la jubilación cambia a lo largo de la vida. De pequeño, cuando me preguntaban qué quería ser de mayor, siempre respondía: «quiero ser un anciano». Me gustaba la idea de no tener que preocuparme por el trabajo ni la familia, con todo lo que supuestamente tenía que hacer por obligación en esta vida ya hecho. Aún a día de hoy pienso que la vida empieza después de los 50. Sin embargo, surge un problema: siempre aparece un familiar o amigo que te jode la vida y te dice eso de «¿sabes que los de tu generación no podréis jubilaros nunca?». La edad de jubilación va subiendo indefinidamente y se calcula que en 2027 los españoles solamente nos podremos retirar a los 67 años. Joder, ¿quién en su sano juicio quiere trabajar tanto?
El tema es que, de algún modo, está muy aceptado que la sociedad española será incapaz de sostener un futuro sistema de pensiones. Actualmente nuestros abuelos están disfrutando de los últimos coletazos del bienestar social en la tercera edad. A partir de ahí, reinará el poder terrorífico e invisible del capitalismo más cruel y perverso; tendremos que pensar en planes de pensiones, guardar billetes en cajas de zapatos y trabajar en el Domino’s hasta la muerte. Todo para poder seguir comiendo sobre la corteza terrestre. Con la tristeza de esta revelación, decidí darme un homenaje y vivir una jornada de mi futura e improbable -seguramente imposible- jubilación. Ser, en definitiva, un jubilado por un día.
La Mañana del Retirado
Esa mañana hacía un sol espectacular, un sol nuevo, distinto, como yo. Yo era otra persona, el nuevo Pol, o mejor dicho, el viejo Pol. Como pensionista, noté una enorme tranquilidad, no tenía ningún tipo de obligación real. Aun así, sentí la necesidad de despertarme relativamente temprano. Muchos jubilados se sienten incómodos con la idea de dormir, prefieren desprenderse cuanto antes de las garras de Morfeo, quizás por miedo a no poder despertar nunca más. Me senté un rato al final de la cama y estuve un buen rato pensando en si ducharme o no. Creo que los ancianos se toman esto con calma, no hace falta que se duchen todas las semanas. De todos modos, como había planeado una visita al médico, decidí refrescar mi piel para ser un poco más agradable para los demás. Sin prisas, mi piel muerta y sucia fue desprendiéndose de mi cuerpo y precipitándose por el desagüe. Esa piel era yo, formaba parte de mí y ahora se estaba desvaneciendo. ¿Era esto ser un anciano? ¿Desprenderse poco a poco de la sociedad como una pieza titubeante e inútil? ¡A la mierda estos pensamientos, hoy sería un día de puta madre!
Tenía hora al médico a las nueve y cuarto de la mañana; aun así, a esa hora, ya había gente esperando. Si algo sabemos los retirados es que si vas al médico y no quieres esperar demasiado siempre tienes que cogerte las primeras horas, antes de que lleguen los vagos y los parados. No es que tuviera prisa, no es que no quisiera quedarme unas horas más entre estas paredes blancas y seguras, pero, habiéndome despertado como un joven anciano, quería disfrutar de mi día. Me quedaban muchas cosas por hacer. Después del chequeo rutinario básico (peso, tensión arterial y todo eso) fui directo al bar, a desayunar. Tenía muy claro que en mi primer y único día como retirado tenía que desayunar en una bodega. Desayunar BIEN, con vino, cuchillo y tenedor. Para mi ágape, me decanté por unas de albóndigas y un poco de vino. No tardé en darme cuenta de que no tenía ni puta idea de vivir como un pensionista, pues, al cabo de un rato, mis compañeros de mesa -hombres curtidos en el noble arte de desayunar como un jubilado de verdad- se pidieron chorizo gallego, sardinas a la plancha con ajo y perejil y unos callos acompañados con setas, todo regado con un buen vinito. Eran las 10 de la mañana.
Actividades de Tarde
Llegados a este punto -siendo las 10:30 de la mañana- ya había hecho todo lo que tenía que hacer durante el día -ducha, médico y alimentación-, el tema era, ¿y ahora qué? Tranquilos, me había hecho una lista con todas las cosas que podía hacer durante la jornada para que este fuera un día inolvidable. Un clásico de los jubilados del mediterráneo es admirar y opinar sobre las obras que se acontecen en la calle. Ver progresar una estructura de hormigón y metal es de las cosas más placenteras que te puede ofrecer la vida; mucho más que ver crecer a un hijo o amar con total y absoluta devoción a una mujer. Esta actividad que genera mofa a nivel social es realmente un ejercicio de contemplación del desarrollo de una ciudad, de los cambios arquitectónicos que la conforman y, por lo tanto, del desarrollo social y moral de un conjunto humano determinado.
Otro placer es el de romper los sueños ajenos. Ahora que somos ancianos y vemos a todos esos jóvenes de pollas duras y tetas tersas pasándoselo tan bien y triunfando en la vida -cosa que nosotros no hicimos-, es el momento -y tenemos todo el derecho del mundo- de joder un poco a todo el mundo. Y si una forma de joder a la gente es arrancando carteles, pues que así sea.
Cansado por culpa de mi «labor social», decidí dirigirme a una plaza a descansar un rato. Me llamó especialmente la atención la frecuencia con la que los jubilados se paran y se agarran o apoyan en determinados sitios; barandillas, rejas de obras, paredes. Andar con 70 años de vida a las espaldas no es algo sencillo. Una vez sentado en el banco me vino a la cabeza lo de las palomas. Allí, de pie, rellenando esos pequeños estómagos voladores, me sentí alguien realmente útil. Yo era el que alimentaba a las palomas. Tú no, yo. Yo alimentaba a esas palomas. A mis palomas. Supongo que la falta de actividad genera esta necesidad de sentirse útil en algo, por pequeño y miserable que sea. Muchos jubilados deciden encargarse de la contabilidad de la familia o a hacer pequeñas reformas en el hogar; pobres diablos buscando la satisfacción en el hecho de intentar ser productivo de nuevo. "Estoy vivo, mejor ser útil antes de que alguien se entere de que no sirvo de nada y me meta en una caja de madera." Eso es lo que deben pensar.
Es innegable que la mayoría de estos tipos -los jubilados- van un poco justos de dinero. La pensión a veces va justa para pagar ciertos caprichos y vicios. La gestión económica de la pensión puede ser un infierno y es por eso que es muy habitual ver a gente mayor aprovechando los minutos sobrantes del día para meter los dedos en una cabina de teléfono en busca de un poco de cobre perdido o mirando las papeleras para reciclar un periódico. Lo digo desde la humildad más absoluta, no la mofa.
Los jubilados son unos profesionales del autobús. La lentitud y el ronroneo de esta máquina vuelve locos a los jóvenes, pero para las personas mayores son como un upgrade de su condición de pensionista: movimiento sin esfuerzo, buen ángulo de visión exterior, posibilidad de conversación, descanso y horarios totalmente compartibles. Todo son beneficios. La vida trepidante ya no es algo que anhelen, es más, huyen de ella. El bus es el sitio perfecto para reflexionar o echarse una buena cabezadita. "Después de comer siempre viene bien refrescarse con un buen brandy." Esta es la frase que me vino a la cabeza a las dos del mediodía. Este asunto es bastante potente, no sé cómo coño todos estos jubilados pueden bebérselo. Supongo que por eso mismo están media tarde dando sorbitos, es otra forma de pasar el tiempo.
Es inevitable pensar en la muerte. No quiero decir que un jubilado sea un muerto en vida, pero es inevitable pensar que la caja de madera está cada vez más cerca. Puede que no fuera una muerte real, sino más bien una muerte social. Cansado y con «el puntillo», decidí relajarme en una biblioteca municipal. El periódico gratuito que me había cogido en el bar de la mañana ya lo tenía más que releído, así que una revistilla con contenido nuevo era el plan perfecto para hacer la digestión. Al salir de la biblioteca ya eran casi las cuatro de la tarde, el día estaba llegando a su fin. La gran pregunta es, ¿aún deseo tanto ser un pensionista? Siempre dicen esto de «vigila con lo que deseas», pero debo deciros que la experiencia de no trabajar fue muy placentera. Puede que a la larga se echen en falta ciertas obligaciones laborales, pero teniendo en cuenta de que nos veremos obligados a trabajar hasta los casi cien años, creo que este día fue el mejor día de toda mi vida.
🚨🇪🇸 Jubilados+70 en España: Cambios Clave en Pensiones, Salud e Impuestos Desde Mayo este 9 de Mayo!
La Jubilación como Oportunidad: Redefiniendo el Propósito
La jubilación no es un adiós, sino un "hasta luego". Es el momento en el que la vida te da la oportunidad de reinventarte, de explorar aquello que te apasiona y de vivir con plenitud. Sin embargo, es común que, al llegar a este punto, surjan preguntas: ¿Qué haré ahora? ¿Cómo llenaré mi tiempo? ¿Seguiré siendo útil? ¿Me tomarán en serio? ¿Puedo reinventarme?
Estas preguntas son normales, pero es importante recordar que la jubilación no es un final, sino un nuevo comienzo y, mucho más para aquellas personas con inquietudes artísticas y no han tenido la oportunidad de ponerlas en práctica en su totalidad. Si la actividad artística que piensas practicar vas a exponerla públicamente para validarla, rentabilizarla o, simplemente, mostrarla, es posible que tengas que enfrentarte con el edadismo.
Combatiendo el Edadismo y Valorando la Experiencia
El edadismo es una forma de discriminación social que debe ser combatida tanto individualmente como a nivel colectivo. La marginación por edad es un problema social que afecta especialmente a las personas mayores, quienes pueden ser percibidas como menos capaces o menos valiosas en el ámbito laboral y social. Esta percepción es injusta y carece de fundamento, ya que por edad y recorrido tienen una gran cantidad de experiencia, conocimientos y habilidades que pueden aportar a la sociedad. Las personas jubiladas tienen mucho que aportar y deben sentirse empoderadas para desafiar los estereotipos negativos y seguir contribuyendo a la sociedad de manera significativa.
Uno de los primeros aspectos que debemos analizar es el significado mismo de la palabra “jubilado”. Tradicionalmente, este término ha estado asociado con la idea de retiro, de dejar atrás la vida activa, de dar un paso al costado porque “la edad no da para más”. Sin embargo, si lo analizamos con objetividad, veremos que esta concepción es limitante y, en muchos casos, injusta. La jubilación no es que la vida nos retire. Es la empresa la que nos “retira”, porque hemos cumplido con nuestra parte, porque nos lo hemos ganado a pulso. Es un reconocimiento a años de esfuerzo, dedicación y compromiso. Y ahora, está la libertad de dedicarte a aquello que siempre quisiste hacer, pero que el trabajo te impedía. Esa es la verdadera esencia de la jubilación: la libertad de realizarte como artista en todo aquello que quedó pendiente.
La clave está en no dejar que la etiqueta de “jubilado” te limite. A los 65 años, y más allá, somos perfectamente válidos para seguir contribuyendo a la sociedad, para seguir aprendiendo, creando y disfrutando. La experiencia acumulada a lo largo de los años es un “libro de sabiduría” que nos guía y nos permite afrontar los desafíos con más garantías.
Un ejemplo de ello es el caso de un general jubilado que gestiona tutorías para que niños desarraigados superen el fracaso escolar, o el antiguo militante sindical que ha muerto negociando empleos para refugiados e inmigrantes. Son historias humanas, palpitantes, auténticas, que demuestran cómo la actividad y el propósito pueden continuar.

Un Nuevo Capítulo para Antonio
Para cerrar este artículo y entender plenamente qué significa ser jubilado, pongámonos en la piel de Antonio. Tras más de 40 años trabajando como mecánico en un pequeño taller de su pueblo, Antonio alcanzó la edad de jubilación a los 66 años y decidió retirarse. Antonio, como jubilado, ahora disfruta de un nuevo capítulo en su vida. Aunque ya no trabaja en el taller, sigue siendo un mecánico en el corazón y aprovecha su tiempo libre para arreglar cosas en casa o ayudar a algún vecino. Pero también ha encontrado tiempo para lo que siempre quiso hacer: pescar y viajar con su esposa María. Uno de los aspectos más emocionantes de la jubilación es la posibilidad de retomar aquellos proyectos que quedaron en el tintero.
Este artículo va dedicado especialmente a aquellos artistas, profesionales o amateurs, que están próximos o en edad de jubilación. Es una invitación para entender esta etapa no como un final, sino como una oportunidad para cumplir sueños, explorar nuevas pasiones y vivir la vida con plenitud. La jubilación es un regalo que nos hemos ganado a pulso, y es el momento perfecto para disfrutarlo.