La Jefatura Femenina de Hogar y su Vulnerabilidad Socioeconómica

Una de las transformaciones centrales en los hogares chilenos y en toda América Latina durante los últimos años ha sido el aumento sostenido de las tasas de jefatura de hogar femenina. Este fenómeno, vinculado a menudo con situaciones de vulnerabilidad económica, se debe principalmente a los bajos ingresos autónomos que perciben las mujeres. Casi la mitad de los hogares en Chile está hoy a cargo de una mujer, y esta alza de las estadísticas ha sido rápida e irreversible, lo cual dista de asegurar a esas mujeres mayor autonomía o estabilidad económica.

Aumento de la Jefatura Femenina: Panorama Regional

La tendencia al aumento de mujeres como jefas de hogar se mantiene. Al 2015, la jefatura de hogar a cargo de una mujer alcanzaba el 39,5% a nivel nacional en Chile y se concentraba en los hogares de menores ingresos. La encuesta CASEN permite rastrear estos datos desde la década de los 90 hasta hoy, periodo que coincide con el ingreso masivo de las mujeres al mundo del trabajo asalariado.

  • En 1990, las jefaturas de hogar femenina en Chile representaban el 20,17% del total de hogares.
  • Para el año 2006, la cifra subía a 29,7%.
  • En 2022, la medición más reciente, el porcentaje era de 47,7%. Prácticamente la mitad de los hogares en Chile tiene en la actualidad una jefa de hogar mujer.

Según la Ficha de Protección Social, actualizada a noviembre de 2010, en el primer decil de vulnerabilidad, la proporción de jefaturas femeninas alcanza un 59,8% respecto del total. Esto significa más de 700 mil familias con jefatura femenina (720.454) en el tramo de mayor vulnerabilidad. Si se considera al 40% de las familias más vulnerables, las familias con jefatura femenina alcanzan a más de 1 millón trescientas mil familias (1.355.560).

En Colombia, la consejería presidencial para la equidad de la mujer señala que desde 1997 la jefatura femenina creció en mayor proporción que la masculina. En la actualidad se estima que en el país el 30,9% de los hogares es dirigido por mujeres. Si bien esta cifra no refleja la situación particular región por región ni entre estratos sociales, sirve como punto de partida para entender el cambio en la dinámica social del país.

Infografía: Evolución de la jefatura de hogar femenina en Chile (1990-2022)

Factores Demográficos y Sociales Detrás del Incremento

Este aumento exponencial de la jefatura femenina tiene variadas razones, tales como la transformación de la estructura tradicional de familia. Entre las razones centrales se incluyen:

  • Disminución de los matrimonios.
  • Aumento de la edad de las mujeres que deciden casarse.
  • Crecimiento de separaciones y divorcios.
  • Disminución de tasas de natalidad o postergación de la maternidad.

Todo esto ocurre en un escenario en el que las mujeres están redefiniendo los roles impuestos como cuidadoras y principales responsables de las labores domésticas dentro de los hogares.

Jefatura Femenina y Pobreza Multidimensional

Las mujeres se han incorporado al mundo del trabajo asalariado y han conseguido -parcialmente- autonomía económica, lo que ha cambiado la fisionomía de los hogares. Sin embargo, esto no es lo mismo que haber conseguido su empoderamiento ni una autonomía real. Las mujeres que hoy son las responsables directas de garantizar ingresos y cuidados suficientes en los hogares, se ven obligadas a dedicar casi la totalidad de las horas de su vida a la reproducción del hogar. Estas condiciones no «modernizan» las relaciones de dependencia que tienen las mujeres con sus roles tradicionalmente impuestos; más bien, les quitan espacio a otros proyectos de vida.

En un marco de desposesión salarial y bajos ingresos, esta tendencia es preocupante, ya que condena a una espiral de pobreza multidimensional a los hogares liderados por mujeres. La mirada multidimensional de la pobreza permite apreciar cómo los hogares con jefatura femenina, en relación a los hogares con jefaturas masculina, son especialmente afectados por carencias en:

  • Escolaridad: 31%
  • Habitabilidad: 20,5%
  • Trato igualitario: 17,4%
  • Seguridad: 11,8%

La encuesta también reveló que las mujeres presentan un mayor rezago escolar, menor escolaridad y mayores carencias en habitabilidad y en su entorno.

Esquema: Dimensiones de la pobreza que afectan a hogares con jefatura femenina

Brecha Salarial y el Desafío de los Ingresos

Existe una marcada diferencia en los ingresos. En Chile, en un estudio reciente, se observó una diferencia de más de $100.000 pesos entre los ingresos promedio mensual entre hombres y mujeres ocupadas. Al centrarnos en las medianas de los ingresos de la ocupación principal, se puede apreciar que los hombres tienen montos medianos por ocupación principal que alcanzan los $500.000, versus las mujeres con $450.000.

Para febrero de 2024, el Ministerio de Desarrollo Social estableció que la línea de la pobreza en un hogar de tres personas es de $495.792. Esto implica que, en un caso hipotético en el cual una madre tiene un salario de $450.000 y vive sola con sus dos hijos, su hogar se considera empobrecido.

Mientras el aumento de jefaturas femeninas de hogares chilenos se duplicó entre 2006 y el 2022, el ingreso principal de las jefaturas de hogar femenina solo aumentó en un 16,5% (cifras expresadas en moneda de noviembre de 2022). Esto evidencia un desequilibrio profundo en los ingresos de las jefaturas de hogar femenina en el periodo.

La vulnerabilidad económica en los hogares liderados por mujeres está vinculada a mayores niveles de informalidad en los empleos, una brecha salarial persistente y un aumento en la monomarentalidad, lo que implica que las mujeres empobrecidas mantienen y reproducen hogares empobrecidos, evidenciando lo que en la literatura se ha categorizado como la feminización de la pobreza.

Gráfico comparativo: Ingresos promedio mensual de hombres y mujeres ocupadas

Participación Laboral y Social de las Mujeres Jefas de Hogar

En cuanto a lo laboral, existe mayor presencia femenina a nivel regional en las ramas de Comercio, Enseñanza, Servicio doméstico (con mayor relevancia), servicios sociales y de salud; hoteles, restaurantes e intermediación financiera.

Respecto a la participación en organizaciones sociales, las mujeres destacan en agrupaciones como clubes de adulto mayor, centros de padres, organizaciones religiosas, juntas vecinales, agrupaciones artísticas y culturales, asociaciones indígenas y voluntariado.

La seremi Mariela Basualto aseveró que en la región de Tarapacá, en población no se presentan diferencias significativas entre el porcentaje de hombres y mujeres, dado que las mujeres representan el 50,8% mientras que los hombres representan el 49,2%. Asimismo, destacó que “la Casen evidencia una mejoría en la participación femenina, pero debemos reconocer que aún falta mucho por avanzar en materia de inclusión y equidad”.

Feminización de la Responsabilidad en Contextos de Desplazamiento Forzado

El aumento de jefaturas de hogar femenina no ha significado una mayor autonomía. Más bien, evidencia la situación de vulnerabilidad extendida en la que viven los hogares liderados por mujeres y las condiciones a las que se deben someter tanto dentro como fuera del hogar para sostener la reproducción de la vida. El crecimiento de las jefaturas de hogar femenina es parte de un universo de vulnerabilidades en el que las mujeres se integran al mundo del trabajo en condiciones precarias, sin abandonar las tareas «asignadas» por su género al cuidado y con ingresos insuficientes para garantizar los bienes y servicios a su núcleo.

En el contexto colombiano, los autores exploran el tema de las jefaturas femeninas en un grupo de mujeres que fueron desplazadas por la violencia y llegaron a vivir en barrios marginales del municipio de Soacha, donde factores como el bajo nivel de escolaridad, los trabajos mal remunerados, los problemas afectivos y el peso de responder solas con sus hogares agravan su situación de pobreza. En este contexto, la jefatura femenina es un rol que deben asumir para enfrentar la pobreza bajo el principio de responsabilidad hacia sus hijos y seres queridos.

En el destierro, se acentúa la feminización de la pobreza, que se traduce en mayor empobrecimiento material, empeoramiento de las condiciones de vida y vulneración de los derechos fundamentales de la mujer. La mayoría de la población en situación de desplazamiento son mujeres, niñas y niños. Muchas de estas mujeres llegan al nuevo sitio de asentamiento y deben asumir la jefatura del hogar porque sus compañeros fueron asesinados, reclutados, heridos o desaparecidos, o han perdido la capacidad de liderazgo al no encontrar una actividad productiva.

El desplazamiento forzado tiene impactos específicos sobre las mujeres que asumen el rol de jefas de hogar, pues deben asumir la responsabilidad casi exclusiva del sostenimiento afectivo y económico de la familia. Esto significa cambiar su forma de vida, adaptarse, buscar mecanismos de supervivencia y superar pérdidas materiales y emocionales. El camino es difícil, ya que la mayoría nunca ha laborado fuera del hogar, limitando sus opciones a actividades informales o la economía del rebusque. El trabajo en servicio doméstico es la actividad a la que más pueden dedicarse, debido a su edad, falta de experiencia o bajo nivel de escolaridad.

Una gran dificultad que enfrentan las mujeres es la falta de apoyo para el sostenimiento de los hijos como consecuencia de la pérdida del compañero permanente por desaparición, muerte o abandono. Este hecho las obliga a asumir de manera exclusiva la responsabilidad del sostenimiento familiar, bajo la figura de ser padre y madre a la vez, lo cual les genera estrés y frustración. Además, la mujer jefa de hogar no solo debe asumir la responsabilidad de sus hijos, sino también la de sus nietos, lo que agrava aún más la situación de escasez de recursos económicos.

Marcos Conceptuales y Respuestas de Política Pública

Conceptualización de la Pobreza y la Responsabilidad Femenina

El concepto «feminización de la pobreza», acuñado en Estados Unidos en la década de los años setenta del siglo XX, busca analizar la posición desigual en la que se encuentran las mujeres ante la posibilidad de obtención de ingresos. Ya sea a través de su participación en el mercado de trabajo, la seguridad social o los aportes familiares, se evidencian las formas en que los programas de ayuda gubernamental pueden reproducir e institucionalizar las desventajas de las mujeres frente a las situaciones de pobreza.

La jefatura femenina también es entendida como la condición de mujeres responsables de su sistema familiar en los aspectos económico, social y afectivo. Ellas ejercen la autoridad y les corresponde tomar las decisiones, situación que, en contextos como el desplazamiento, se da por la pérdida del cónyuge o compañero, o por la imposibilidad de estos de hacerse cargo del grupo familiar. En este sentido, las familias con jefatura femenina son sinónimo de las familias mono o uniparentales.

Marco Legal para la Protección en Colombia

En Colombia, el Estado ha establecido un marco jurídico para la protección de las mujeres cabeza de hogar con la Ley 82 de 1993, que define la situación como: "mujer cabeza de familia quien, siendo soltera o casada, tenga bajo su cargo económica o socialmente, en forma permanente, hijos menores propios o personas incapaces o incapacitadas para trabajar, ya sea por ausencia permanente o deficiencia física, sensorial, síquica o moral del cónyuge o compañero permanente o deficiencia sustancial de ayuda de los demás miembros del núcleo familiar" (Art. 2).

Dicha ley enfatiza que la jefatura femenina no se debe solo a situaciones en las que no hay presencia masculina mayor, sino también cuando dicha figura no cuenta con los requerimientos necesarios para asumir su responsabilidad de jefe de hogar.

Asimismo, la Ley 1232 expedida en 2008 incorpora la Ley 82 y dicta otras disposiciones. Mediante el Auto 092 del 2008, la Corte Constitucional obliga al gobierno a adoptar medidas orientadas a la protección de los derechos fundamentales de la mujer en situación de desplazamiento. Entre otras medidas, ordena la creación de programas con el fin de mitigar los riesgos de género ocasionados por el conflicto armado y el desplazamiento forzado, incluyendo la vulnerabilidad a la violencia sexual, explotación, reclutamiento forzado de hijos, persecución y asesinato, así como el riesgo de despojo de tierras, discriminación o vulneración (especialmente en el caso de indígenas y afrodescendientes). Aun así, la información disponible en el país sobre esta problemática es fragmentada y no refleja la verdadera situación de las mujeres víctimas del conflicto.

Es crucial reconocer la heterogeneidad demográfica y social de los hogares con jefatura femenina. Para una formulación efectiva de políticas sociales de apoyo a este tipo de hogares, es necesario evaluar la contribución relativa de cada uno de los factores condicionantes del bienestar y precisar la naturaleza de la relación entre la jefatura de hogar femenina y el bienestar familiar.

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