Hoy se conmemora el Día Mundial de la Salud, y entre los muchos desafíos ambientales que ponen el bienestar de chilenos y chilenas en riesgo, la situación en Quintero y Puchuncaví destaca por su gravedad. Sin embargo, lo que los habitantes de esta bahía han recibido ha sido muy distinto a un entorno saludable. Los vecinos de la bahía de Quintero viven episodios recurrentes de intoxicaciones masivas, afectando gravemente la salud de sus comunidades.
La "Zona de Sacrificio": Un Contexto de Contaminación Crónica
El parque industrial Quintero-Puchuncaví es un sector de aproximadamente 5 kilómetros, emplazado en la costa de la Región de Valparaíso. Cerca de la década del 50, comenzaron a llegar las industrias, primero Enami (Empresa Nacional de Minería) y, actualmente, suman diecinueve. La crisis ambiental del 2018 en las comunas de Quintero y Puchuncaví fue un episodio que ya se había repetido en años anteriores debido a la cantidad de empresas en las localidades y la contaminación que emanan.
El viento que sopla en Quintero está cargado de plomo, arsénico y otros vapores tóxicos. Entre los contaminantes presentes se han detectado azufre, arsénico, material particulado, nitrobenceno, cloroformo de metilo y tolueno. Esta situación ha llevado a que estas localidades, que suman 30 mil habitantes, recibieran el triste rango de “zona de sacrificio”.

Episodios Recurrentes de Intoxicaciones Masivas
La historia reciente de Quintero está marcada por múltiples episodios de intoxicaciones. El día 21 de agosto de 2018, se registró un primer evento grave en la zona, donde jóvenes presentaron síntomas de desvanecimiento, náuseas e incluso vómitos. Ante ello, se declaró la evacuación de tres colegios de la ciudad de Quintero. Este episodio de 2018, que derivó en varias intoxicaciones entre agosto y octubre de ese año, ha sido considerado el peor por muchos habitantes. Gabriela Lara (80), participante del Centro de Encuentro del Adulto Mayor de Hogar de Cristo, recuerda esos días con "harta rabia".
Entre los más recientes casos de intoxicaciones masivas podemos citar el de 2023, cuando entre los meses de marzo y abril, se produjo un caso grave. Entre los últimos días de septiembre y mediados de noviembre del año pasado (2023), más de 200 personas (principalmente menores de edad) debieron recibir atención en centros de salud, aquejadas de fuertes cefaleas, vómitos, dolor abdominal, irritación ocular y mareos, entre otros síntomas. Para 2025, volvió a ocurrir. Desde junio de 2023 a la fecha, se han registrado más de 650 atenciones de salud por efectos de intoxicación por gases no identificados.
Quintero y Puchuncaví: indagan responsabilidades por nueva emanación tóxica
Grupos Más Vulnerables: Niños y Adultos Mayores
La mayor parte de los afectados por estas intoxicaciones corresponde a personas mayores, niños y adolescentes, quienes constituyen los jardines más vulnerables de la comunidad. No se puede seguir normalizando que la infancia pague el precio de industrias insostenibles. Porque no son números, son personas, son niñas y niños.
El Impacto en la Infancia y los Jardines Infantiles
Hay dos cosas a las que todos los niños de Quintero están acostumbrados: ver la arena de sus playas negras por el carbón y el humo saliendo de cada una de las empresas que forman el cordón industrial. Rosa, educadora, relata: “Como educadora he llevado al hospital a niños desvanecidos porque inhalaron los vapores tóxicos o porque ingirieron tierra”. Hace poco más de dos meses, los jardines Burbujita y Bambi, de Quintero, fueron evacuados tras comprobarse la presencia de sulfuro de hidrógeno, un gas incoloro inflamable que en altas concentraciones puede ser venenoso. Rosa añade: “Todos los días estamos sacrificando a nuestros hijos”.
Los episodios de contaminación traen consecuencias en distintos niveles, siendo las más relevantes las asociadas directamente al ámbito de la salud pública, considerando la afectación física producto de la intoxicación por estas emanaciones. Desde una perspectiva psicosocioeducativa, mantener niveles básicos y suficientes de motivación para asistir y permanecer involucrados en las actividades educativas requiere que profesores y estudiantes se sientan parte de una comunidad segura y protegida, donde puedan desarrollar sus procesos de formación en condiciones mínimas de bienestar.
Cuando los lugares son referenciados con una connotación negativa, como sucede actualmente con las comunas de Quintero y Puchuncaví, que han sido descritas por la prensa extranjera como “el Chernóbil chileno”, se instalan emociones como el temor o la rabia, y sentimientos de rechazo e incertidumbre que incrementan los niveles de estrés escolar.

La Vulnerabilidad de los Adultos Mayores
Orlando Denis, de 82 años, relata con la claridad de la experiencia: “Uno se acostumbra. Quintero es humilde, no tiene opción. Primero, llegan industrias y generan recursos, luego emplean a los jóvenes para que dependan de ellos y, al final, los viejos y los niños de las escuelas nos enfermamos como daño ‘colateral’ de las mismas industrias que nos dan la pega”. Orlando, quien se dedicó por años a ser buzo, lamenta: “Antes había locos, jaibas, huiros, ¿pero qué hay ahora? Puras piedras blancas, carbón en la arena y erizos negros… El mar acá se murió y mucha gente se enfermó. Yo terminé en el Hogar de Cristo, con eso le digo todo”.
Orlando es uno de los participantes del Centro de Encuentro del Adulto Mayor de Hogar de Cristo, enfocado en la población más longeva y vulnerable de la comuna. Para Orlando Bernal (33), trabajador social de Hogar de Cristo, no es lo mismo ser una persona mayor en Quintero que en otra comuna de Chile. Esto se debe a problemas de salud concretos, como asma, problemas cardiacos y cáncer. La sede del Centro de Encuentro del Adulto Mayor está ubicada en el centro de Quintero, un sector donde decanta gran parte de los gases tóxicos. Ruben Bugeño (35), kinesiólogo del programa, expresa: “Es triste porque las personas mayores que vienen acá están súper solas y cerrar el programa sería crítico para ellos. Además de alimentación y remedios, las personas mayores necesitan mantenerse activas y en movimiento, si no caen rápido en depresión”.
Según el Registro Social de Hogares, más del 70% de la población de Quintero está en el tramo de mayor vulnerabilidad social, sufriendo carencias en alimentación, salud, trabajo, seguridad social y vivienda.

Investigaciones Científicas y Hallazgos Alarmantes
La experiencia en terreno de los habitantes tiene asidero en los estudios científicos. En octubre de 2018, una investigación realizada por el Colegio Médico tras las masivas intoxicaciones que ese mes afectaron a más de 1.700 habitantes de Quintero y Puchuncaví, alertó que los gases detectados podían causar daños genéticos y cáncer.
Estos son algunos de los hallazgos registrados en el estudio “Zona de sacrificio: contaminación, empleo y salud en Quintero y Puchuncaví”, del Instituto Milenio Fundamentos de los Datos (IMFD) y Plataforma Telar. La declaración de Rosa (educadora) calza con los resultados del estudio realizado por el Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (Fondecyt), que detectó que “el riesgo carcinogénico debido a la exposición al arsénico fue superior al valor umbral de 10-04 en la población de niños pequeños (de 1 a 5 años) en el 27% del área de estudio”.
Sergio Toro Maureira, investigador asociado del IMFD y académico de la Universidad de Concepción, explica: “Durante mucho tiempo las personas de la zona vivieron una desesperanza aprendida, sin comprender las implicancias de la instalación de las industrias para su salud y calidad de vida”. La instalación de industrias en la zona no ha tenido una correlación positiva con mayor empleo en las comunidades. Antes, en Quintero, Puchuncaví o Ventanas, se cultivaba la tierra, se cosechaba lentejas y arvejas, pero hoy la tierra y el mar están muertos; nada crece. La contaminación en estas zonas no solo ha dañado el ecosistema marino y la calidad de las tierras agrícolas, afectando a pescadores y agricultores. Al daño medio ambiental se suman el deterioro social en las comunidades, la permanente sensación de inseguridad y la desesperanza.

Respuesta Institucional y Desafíos Pendientes
Como explica Katherine Inostroza, madre de una de las menores intoxicadas el año pasado, “No existe monitoreo suficiente ni transparente. En muchos casos no se sabe con precisión cuándo comienzan los episodios de contaminación, qué niveles se están registrando ni qué sustancias están presentes. Sin información confiable, las medidas de prevención llegan tarde o simplemente no funcionan”. Para poder cuidar la salud de niñas, niños, adolescentes y todos los habitantes de la comunidad de Quintero y Puchuncaví, se debe buscar a los responsables y, de una buena vez, terminar con estos episodios de intoxicaciones.
El Ministerio del Medio Ambiente anunció la aplicación de medidas provisionales en contra de Codelco y AES Gener (hoy AES Andes), a fin de que adelanten la elaboración de nuevos estándares con modificaciones de sus planes operacionales para mitigar este impacto. Desde el municipio, Patricia Lucarelli, encargada de los programas sociales de Quintero, declara que “no se puede hacer mucho más que entregar información y suspender las actividades de educación física para los adultos mayores”.
Una realidad que desde la Secretaría Regional del Ministerio de Salud de Valparaíso han abordado “entregando los antecedentes a la Delegación Presidencial”. En julio de 2022, el subsecretario de Salud Pública, Cristóbal Cuadrado, visitó Quintero para dar el vamos al estudio denominado “Situación de Salud de los habitantes de las comunas de Quintero-Puchuncaví-Concón, asociado a determinantes de la salud 2022”. Nicolás Villarroel (81), oriundo de Quintero, reflexiona: “Es de esperar que ahora al menos conozcan nuestra situación”. Sin embargo, Katta Alonso (69), socia fundadora y vocera de la agrupación Mujeres de Zona de Sacrificio, no tiene tan claro que algo cambie en el mediano plazo: “Lamentablemente, la normativa chilena es muy laxa y del año del cuete, insuficiente para controlar lo que ha pasado aquí”.
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