La Senda del Karate: Maestros Ancianos y el Envejecimiento Activo en Japón

El karate, más allá de ser una mera disciplina de combate, se ha consolidado como un estilo de vida que promueve el desarrollo integral del individuo. La dedicación a esta arte marcial no conoce límites de edad, como demuestran las vidas y filosofías de distinguidos maestros japoneses. Su legado y la continua práctica del karate ofrecen valiosas lecciones sobre el envejecimiento activo y saludable.

El Karate como Camino hacia un Envejecimiento Saludable

El aumento de la esperanza de vida en los últimos años ha propiciado la aparición de diversas actividades y herramientas para mejorar la calidad de vida de las personas mayores. En este contexto, la práctica de actividad física se destaca como un medio fundamental para alcanzar un envejecimiento saludable, según estudios como el de Garatachea y Lucía (2013). Es habitual escuchar que el karate es una forma de vida que puede ser practicada tanto por pequeños como por mayores.

Beneficios Físicos y Cognitivos

De hecho, grandes maestros han practicado karate durante toda su vida, impresionando con sus demostraciones de flexibilidad, potencia, equilibrio y agilidad. Un estudio reciente (Jansen & Dahmen-Zimmer, 2012) investigó a personas entre 67 y 93 años que residían en un centro para ancianos. Los participantes fueron divididos en cuatro grupos, cada uno realizando aproximadamente 16 sesiones de una hora de entrenamiento físico, cognitivo, karate o ningún entrenamiento. Los resultados revelaron que el grupo que practicó karate mejoró significativamente su bienestar emocional, superando a los otros tres grupos. Sin embargo, no se observaron mejoras en las funciones cognitivas en ninguno de los grupos, posiblemente debido a la breve duración del tratamiento.

Mientras muchas empresas diseñan aparatos, videojuegos y aplicaciones móviles para mantener las capacidades cognitivas de las personas mayores, se subestima el potencial de un arte centenario como el karate para frenar el deterioro neuronal asociado al envejecimiento. El karate ofrece la ventaja de trabajar simultáneamente las capacidades físicas y cognitivas. Por ejemplo, el equilibrio se puede mejorar con un ejercicio de kihon, la memoria con un kata, y la reacción a estímulos visuales a través del kumite, siempre utilizando protecciones adecuadas para evitar lesiones.

Foto de un grupo de personas mayores practicando karate en un parque, realizando un kata

Superando Obstáculos y Promoviendo la Inclusión

Existen numerosos gimnasios y clubes con karatekas mayores de 60 años, quienes son integrados en grupos de adultos. Además, el desarrollo de programas específicos para la tercera edad podría no solo abrir un nuevo campo laboral para los instructores de karate, sino también acoger a personas que se sienten reacias a entrenar con compañeros más jóvenes. El karate es muy adaptable y puede ser modificado para adecuarse a la edad, tamaño y condiciones de cada alumno. El entrenamiento de karate es para los mayores, los jóvenes y los débiles; los ancianos se harán más robustos, los niños jóvenes podrán desarrollar cuerpos más fuertes, e incluso los niños muy pequeños y enfermizos serán capaces de superar sus defectos una vez que adquieran habilidad. Un entrenamiento correcto y prolongado los convertirá en vencedores naturales.

Pioneros y Maestros: Ejemplos de Vida Dedicada al Karate

Chotoku Kyan: Filosofía y Resistencia desde Okinawa

Chotoku Kyan, una de las figuras más prominentes de la Era Dorada del Karate de Okinawa, es un ejemplo de la dedicación a esta arte a lo largo de la vida. Aunque se conoce relativamente poco de su vida, un artículo atribuido a él, publicado en mayo de 1942 cuando la vida en Okinawa ya estaba afectada por la guerra, revela su filosofía y métodos de entrenamiento. En ese año, el Shihan de Karatedo Chotoku Kyan cumpliría 73 años (Koki), habiendo vivido su vida libre y cómodamente a orillas del río en Hijiya, villa de Yuntarza, Nakagami-gun, Okinawa. Kyan fue instructor en la Escuela Prefectural de Agricultura y Silvicultura, y a pesar de su baja estatura (apenas medía ~1’52m) era conocido por el apodo de Chan Mi Gwa.

Inicios y Formación con Grandes Maestros

Desde muy joven, Kyan se sentía débil, bajo y pequeño. A los 15 años, tras el ritual de la edad adulta, su padre, un hombre poderoso y estricto, le impuso a él y a su hermano la necesidad de estudiar artes marciales para convertirse en "hombres de verdad". Así comenzó su entrenamiento, no llamado "Karate" entonces, sino simplemente "te". A pesar de la dureza inicial, que a menudo le hacía llorar, la tenacidad de Kyan prevaleció.

A los dieciséis años, Kyan conoció por primera vez al famoso maestro de Karate okinawense del periodo de la restauración, Sokon Matsumura, a través de la introducción de su padre. Matsumura Sensei, a sus ochenta años, seguía golpeando el makiwara cada mañana y poseía un físico formidable y activo, superior al de muchos hombres más jóvenes. Su mirada era temible, como la de un gran guerrero. Matsumura Sensei enseñó Karate con entusiasmo, enfatizando que las artes marciales eran el camino hacia la paz y que la paz se mantendría por ellas.

Kyan recibió instrucción de Sokon Matsumura durante dos años, desarrollando un interés creciente por las artes marciales. Aunque tuvo que mudarse a Tokio con su hermano cuando su padre se trasladó por trabajo, lamentó no haber podido estar con Matsumura Sensei en el momento de su fallecimiento a los ochenta y ocho años. A su regreso a Okinawa a los veintiséis años, Kyan continuó su instrucción con otros maestros como Kosaku Matsumora Sensei de Tomari y Peichin Sensei. En aquellos días, los instructores, por respeto mutuo, solo enseñaban su especialidad, derivando a los alumnos a otros maestros para diferentes técnicas.

La sociedad de Okinawa era conservadora, y los estudiantes de artes marciales eran vistos como "heréticos", lo que llevaba a Kyan a entrenar discretamente. Existía también un ambiente rudo en la "zona roja" donde la gente se involucraba en pruebas de lucha espontáneas. Kyan también estudió con Maeda y Oyadomari del área de Tomari.

Dibujo o foto antigua de Chotoku Kyan en su juventud o de pie, mostrando su baja estatura

La Esencia del Karate: Más allá de la Técnica

El espíritu japonés se basa en la lealtad y devoción, principios cuya esencia se encuentra en las artes marciales. El entrenamiento de un Bushi (guerrero) tenía un fuerte trasfondo moral. El karate no es simplemente una colección de técnicas, sino un camino o senda que rige la conducta de un guerrero. Los tres propósitos del Karate son: desarrollar el cuerpo, dominar técnicas de combate y aprender a desarrollar autocontrol.

El ejercicio físico y el entrenamiento sin el uso de manos y pies como armas no tienen utilidad en defensa u ofensa. Es crucial desarrollar una postura correcta para un cuerpo sano y activar los órganos internos con la idea del combate real en mente. Así es como se derrota a un enemigo y se evitan ataques. Esto no es solo ejercicio por ejercicio, sino ejercicio con la idea de luchar y ganar en mente. Con métodos de entrenamiento apropiados, se puede desarrollar un cuerpo casi perfecto.

El propósito de la técnica de lucha es derrotar al enemigo. Para ello, el movimiento de todo el cuerpo debe ser explosivo y seguir los principios de la dinámica corporal y la función natural de la mente. Kyan creía que es lamentable que muchas personas entren en un dojo de Karate solo por la materia en sí y no por su propósito real, que es muy diferente al de otras disciplinas y no puede aprenderse con una simple explicación teórica. Se deben dominar las técnicas practicándolas durante toda la vida, con entusiasmo y sin pereza, año tras año, utilizando métodos de entrenamiento adecuados.

Métodos de Entrenamiento y Verdades del Karate

Kyan refutaba la creencia de que demasiada potencia en el Karate es perjudicial, argumentando que si dos personas tienen igual habilidad, el más fuerte prevalecerá si ha entrenado adecuadamente. Sin embargo, un luchador fuerte que depende solo de su fuerza fracasará contra oponentes hábiles o con fuerza similar si no posee Buryoku, o poder marcial. Desde tiempos antiguos, muchas personas de baja estatura han llegado a ser expertas en Karate, demostrando que no se trata solo de fuerza bruta.

Para vencer a los oponentes, es fundamental tener una postura correcta, que se logra mediante la completa armonía de los músculos. Kyan comparaba esta armonía con un ejército bien organizado, donde cada grupo cumple sus obligaciones para atacar y derrotar al enemigo de forma ordenada. Ciertas personas creen erróneamente que el Karate es violento e inadecuado para los débiles, los ancianos o los muy jóvenes. Sin embargo, existen diversas formas de enseñar Karate que pueden adaptarse a la edad y tamaño de los alumnos.

El makiwara es una característica de entrenamiento muy especial no solo para el Karate okinawense, sino para todas las artes marciales, según Chotoku Kyan. Maestros como Matsumura Sensei e Itosu Sensei lo golpeaban incluso cuando tenían más de ochenta años. Kyan y su padre también seguían esta práctica, la cual Kyan mantuvo hasta que la guerra interrumpió su entrenamiento. El makiwara era clave para fortalecer los huesos del puño, muñeca y antebrazo. El uso de la palabra «kata» no se extendió hasta después de la guerra. Kyan Sensei aprendió Seisan de Matsumura, quien era conocido también por Gojushiho.

Trabajo en Makiwara

Gichin Funakoshi: La Superación de la Fragilidad para Forjar un Arte

Gichin Funakoshi, el padre del karate moderno, es otro testimonio del poder transformador del karate. De niño, Funakoshi no fue fuerte; los médicos le daban poco tiempo de vida al nacer, y aunque sobrevivió, era débil y enfermizo. Su padre lo encomendó a un amigo para que el entrenamiento lo fortaleciera y mejorara su salud. Así comenzó a aprender karate bajo la tutela del maestro Ankho Azato, quien más tarde lo presentó al gran maestro Ankho Itosu, con quienes continuó su progreso marcial.

Con la restauración Meiji, Japón buscaba modernizarse, y las artes marciales fueron agrupadas bajo el control de la Butokukai. En una gran exhibición en Tokio, un grupo de maestros de karate, encabezado por Funakoshi, demostró el arte. El éxito fue tal que personalidades como Jigoro Kano (el padre del Judo) pidieron a Funakoshi que permaneciera en Tokio para enseñar esta disciplina desconocida. Sus primeros alumnos fueron estudiantes universitarios, lo que llevó a la creación de clases en la universidad. Pronto, el karate se hizo popular en Japón, se construyó el primer dojo, el Shotokan, y otros maestros okinawenses siguieron los pasos de Funakoshi, instalándose en diferentes regiones del país.

Hiromichi Kohata: La Difusión del Gensei-Ryu en España

La influencia del karate japonés se extendió mucho más allá de sus fronteras, gracias a maestros como Hiromichi Kohata, quien llevó el arte a España.

Orígenes y Llegada a España

Hiromichi Kohata nació en un Japón humilde y castigado por la Segunda Guerra Mundial. Único hijo varón de una familia que le inculcó la austeridad, el respeto a los mayores y la disciplina, creció jugando en un templo en un Tokio pre-tecnológico. En 1959, la película «Kogyu ni Kakeru Otoko» («El hombre que apuesta contra el toro», rodada en España) lo cautivó, despertando su fascinación por los paisajes y costumbres españolas. Kohata inició la práctica del karate con los maestros Ayase y Kuruji, en una época en que el karate era practicado casi exclusivamente por hombres mayores de edad. Se especializó en el estilo Gensei-Ryu, del cual llegaría a ser un máximo exponente en Europa. Mientras tanto, el joven Hiromichi estudió Economía en la Universidad de Senshu.

En 1970, el Maestro Hiromichi Kohata, con Segundo DAN y tan solo 26 años, llegó a España tras un largo viaje en barco y tren. Su propósito era convertirse en pionero del Karate-Do en el país. Ante la creciente atracción que el karate suscitó, el entonces Príncipe Juan Carlos de Borbón asistió a una exhibición del Maestro Kohata en El Entrego (Asturias). A pesar de su compromiso de permanecer solo un año, su primera estancia se extendió a dos, tras los cuales regresó a Japón para reencontrarse con su familia.

Foto histórica del Maestro Hiromichi Kohata realizando una exhibición de karate en España

Reconocimiento y Legado

El Maestro Kohata regresó a Asturias, donde ya era recibido y entrevistado como una celebridad, retomando sus clases en el Gimnasio Takeda II con casi 70 alumnos. Admiraba profundamente al Maestro Shigeru Egami de la escuela Shotokai, discípulo directo de Gichin Funakoshi, con quien tuvo la oportunidad de encontrarse en 1978. Impulsado por su creciente popularidad, el Maestro Kohata decidió fundar su propio gimnasio de karate en Gijón. Durante el rodaje de «Conan, el bárbaro», Kohata se trasladó temporalmente a Madrid, debido a su amistad con el instructor de espada de Arnold Schwarzenegger. Además, el Maestro Seiken Shukumine, creador del estilo Gensei-Ryu, recibió en Japón al Maestro Kohata y a una delegación de alumnos españoles. En 2016, el Maestro Kohata fue diagnosticado con una severa enfermedad neurodegenerativa que afectó progresivamente su cuerpo.

El Futuro del Karate para la Tercera Edad

La historia de estos maestros ancianos y la investigación moderna convergen en la idea de que el karate ofrece un camino valioso para el bienestar en la vejez. Promover programas específicos para la tercera edad no solo enriquecerá la vida de los practicantes, sino que también asegurará la continuidad y adaptación de esta milenaria disciplina a las necesidades de las futuras generaciones.

tags: #japones #anciano #carateka