Instrumentos Psicopedagógicos para la Evaluación de la Discapacidad Intelectual

En el ámbito de la educación y la psicopedagogía, los instrumentos de evaluación son fundamentales para comprender las necesidades y fortalezas de cada estudiante. Conocer estos instrumentos y su correcta aplicación es esencial para profesionales de la educación, psicopedagogos y otros especialistas involucrados en el proceso de evaluación y atención a estudiantes.

La evaluación psicopedagógica mide diversos aspectos del desarrollo y aprendizaje de los estudiantes. Estas herramientas permiten obtener información detallada sobre habilidades cognitivas, emocionales, académicas y sociales, brindando una visión integral del individuo. Además, con determinadas pruebas psicopedagógicas se identifican las preferencias y estrategias de aprendizaje del estudiante, como el aprendizaje visual, auditivo o kinestésico. Estos instrumentos pueden variar dependiendo del objetivo del proyecto de intervención psicopedagógica o del perfil del alumno/a.

El Concepto de Inteligencia y la Discapacidad Intelectual

La Complejidad de Definir y Medir la Inteligencia

Aunque el estudio de la inteligencia ha sido una constante casi permanente desde los inicios de la Psicología científica, no se ha conseguido un acuerdo consensuado entre los psicólogos a la hora de definirla. Se puede decir que para la capacidad más específicamente humana existen tantas definiciones como teóricos. La facultad para comprender símbolos abstractos, la habilidad para adaptarse a situaciones nuevas o la capacidad para el conocimiento son algunas de ellas.

Se ha discutido también mucho sobre si la inteligencia es una capacidad o función unitaria o la suma de varias independientes. En la actualidad se reconoce que junto a un factor general de inteligencia (denominado factor "g"), operan otros factores específicos de los cuales se han llegado a definir más de 200.

Otro tema de debate respecto a la inteligencia es el de su carácter genético o ambiental: ¿la inteligencia se hereda o se desarrolla en función del medio en el que el individuo se desenvuelve? Las diferentes investigaciones parecen confirmar que en realidad es el resultado de la interacción de ambos factores, aunque el tipo de conducta medido por los test de inteligencia depende más de elementos hereditarios que del ambiente, en una cuantía que se suele cifrar entre el 60 y el 80 % de la varianza. Lo que está claro es que la inteligencia comienza por ser una función biológica, por lo que cada persona nace con un límite o techo intelectual determinado por la herencia, que es insalvable, al menos por ahora.

Si resulta difícil establecer qué es exactamente la inteligencia y cuáles son sus componentes fundamentales, más ardua puede parecer la labor de medirla. Sin embargo, la inteligencia, al igual que otras aptitudes mentales, puede ser medida. Del mismo modo que se puede calcular la fiebre, la medida de la inteligencia manifiesta numéricamente cambios de intensidad de procesos, en este caso de carácter mental.

Aunque lejos de ser perfecta, la puntuación del Coeficiente Intelectual (C.I.) es actualmente el mejor modo de representar el funcionamiento intelectual, siempre que esa puntuación se obtenga a partir de instrumentos de evaluación apropiados, estandarizados e individualmente administrados.

Para algunos críticos, al depender de una única medida de la inteligencia se ignora un importante número de áreas de capacidad mental. Gardner (1993) argumenta que la mayor parte de los test de inteligencia evalúan únicamente aspectos lingüísticos, lógicos y de inteligencia espacial, y se ignoran otras formas y tipos de inteligencia, por lo que propone los siguientes tipos de inteligencia: lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, corporal-cenestésica, interpersonal, intrapersonal y naturalista.

Sobre la base de cálculos de este tipo se han confeccionado los test de inteligencia, recogiéndose las puntuaciones generalmente en términos de un cociente intelectual cuyos valores centrales oscilan entre 90 y 110, con una media de 100. La noción de cociente intelectual fue elaborada por Stern en 1912 y representa el nivel medio que alcanzan en los tests los sujetos de determinada edad cronológica. Actualmente los test utilizan escalas para transformar las puntuaciones directas.

Esquema de las teorías de la inteligencia y sus componentes principales

Diagnóstico de la Discapacidad Intelectual

Se considera a una persona con una capacidad intelectual inferior en el rango de la discapacidad intelectual cuando su C.I. se encuentre por debajo de 70. El C.I. de los adultos es bastante estable, aunque durante la infancia varía notablemente comenzando a estabilizarse hacia los 11-12 años. La educación y la práctica de los test ayudan a mejorar las puntuaciones de éstos y por lo tanto "mejoran" el C.I.

El diagnóstico de discapacidad intelectual ha de basarse en tres criterios:

  • Limitaciones significativas en el funcionamiento intelectual.
  • Limitaciones en la conducta adaptativa, manifestadas en habilidades conceptuales, sociales y prácticas.
  • Una edad de aparición anterior a los 18 años.

El DSM-V propone centrarse no en la determinación de un CI, sino en el funcionamiento adaptativo y el nivel de apoyos que va a necesitar la persona para graduar el nivel de afectación. Así, por ejemplo, se hablará de una persona con necesidad de apoyo intermitente para hacer referencia a personas con un nivel de DI leve.

La Discapacidad Intelectual en el Síndrome de Down

En el caso del síndrome de Down, una característica definitoria de esta alteración genética es que siempre se acompaña de discapacidad intelectual en diferentes niveles. El grado de deficiencia, no obstante, no correlaciona con otros aspectos como pueden ser la intensidad de los rasgos faciales o el grado de lesión cardiaca.

Entre los factores específicos de la inteligencia, un sujeto con síndrome de Down puede destacar en uno de ellos respecto a sus compañeros (por ejemplo, en el factor verbal) enmascarando su baja capacidad en otros. O a la inversa, una persona con muchas dificultades de expresión lingüística puede tener mayor capacidad intelectual que otra que se exprese con más claridad.

Respecto a dichos factores, las personas con síndrome de Down obtienen mejores resultados en pruebas manipulativas, perceptivas y motrices, destacando también en algunos aspectos de la inteligencia social con entrenamiento adecuado. En los test estandarizados alcanzan mejores puntuaciones en las pruebas manipulativas que en las verbales, lo que como conjunto penaliza a la población con síndrome de Down, ya que el contenido lingüístico de la mayor parte de las baterías de test es muy alto.

También se observa que, al igual que la mayoría de las personas con retraso mental, las puntuaciones globales en las pruebas de inteligencia descienden de manera drástica cuando se acercan a la adolescencia. Esto se debe a que en esta edad la población general adquiere el denominado pensamiento formal abstracto, con el cual las personas con síndrome de Down tienen especiales dificultades. De hecho, en los primeros años de vida, al aplicar pruebas de desarrollo a niños estimulados, las puntuaciones obtenidas no varían en exceso respecto a la población sin deficiencia.

Infografía sobre las características del aprendizaje en personas con Síndrome de Down

Instrumentos Psicopedagógicos Clave para la Evaluación de la Inteligencia

De acuerdo con los conceptos anteriores, no tiene sentido hablar de "pruebas" específicamente diseñadas para valorar la capacidad intelectual de las personas con síndrome de Down. Al medir la inteligencia se pretende comparar los resultados alcanzados por un sujeto en una serie de ejercicios o actividades, con los que obtienen otros sujetos de su misma edad, para comprobar su grado de desviación respecto a un estándar general.

Lo más recomendable para valorar la inteligencia de las personas con síndrome de Down es utilizar baterías y escalas estandarizadas, a ser posible las de mayor difusión internacional. Las pruebas y tests de inteligencia y desarrollo suelen clasificarse en las de aplicación individual y colectiva. Basándonos en nuestra experiencia, en todos los casos realizamos la aplicación de manera individual. Las dificultades que tienen los niños y jóvenes con síndrome de Down para seguir instrucciones verbales complejas en grupo y la importancia de la información cualitativa que proporciona la observación directa, hacen recomendable la aplicación personalizada de los tests.

Ejercicios que permiten medir la inteligencia de un niño

Escalas de Inteligencia de Wechsler

David Wechsler es el autor de estas escalas para medir la inteligencia o determinar el CI de una persona, así como para evaluar la inteligencia global del adulto. Ofrecen información sobre la capacidad intelectual general del niño (CI Total) y sobre su funcionamiento en Comprensión verbal, Razonamiento perceptivo, Memoria de trabajo y Velocidad de procesamiento. El WAIS es un test construido para evaluar la inteligencia global, entendida como concepto de CI, de individuos de cualquier raza, nivel intelectual, educación, orígenes socioeconómicos y culturales y nivel de lectura. Es individual y consta de 2 escalas: verbal y de ejecución. Está basada en la teoría bifactorial de Spearman.

  • WAIS (Escala de Inteligencia para Adultos de Wechsler)

  • WPPSI-IV (Escala de Wechsler para Preescolar y Primaria)

    Edades: de 2 años y 6 meses a 7 años y 7 meses.

  • WISC-V (Escala de Inteligencia de Wechsler para Niños-V)

    Además del C.I. total, proporciona una puntuación de C.I. Verbal (6 pruebas) y otra de C.I. No Verbal o de Ejecución.

Escalas McCarthy de Aptitudes y Psicomotricidad para Niños (MSCA)

La Escala McCarthy de Aptitudes y Psicomotricidad para Niños (MSCA) es de aplicación individual y tiene una duración aproximada de 45 minutos para niños menores de 5 años, y alrededor de una hora a partir de esa edad. Su finalidad es evaluar el desarrollo cognitivo y psicomotor del niño.

Con 18 tests, proporciona información sobre 6 subescalas: Verbal, Perceptivo-Manipulativa, Numérica, Memoria, Motricidad y General Cognitiva. Se obtiene a partir de ella un Índice General Cognitivo (I.G.C.) equiparable al C.I. Las subescalas Numérica, de Memoria y de Motricidad son lo novedoso respecto a otras pruebas. Las pruebas de este Test permiten determinar las posibilidades o el potencial de aprendizaje de un individuo, así como obtener una estimación de la inteligencia general.

Matrices Progresivas de Raven

Las Matrices Progresivas de Raven utilizan un material gráfico (matrices) universalmente conocido y no precisa de expresión verbal, ya que basta con que la persona evaluada comprenda las instrucciones iniciales y señale la respuesta correcta. Aumenta de manera paulatina el nivel de dificultad. Estas pruebas miden un componente clave de la inteligencia: la capacidad educativa.

  • Escala SPM (Standard Progressive Matrices)

    Aplicable desde los 6 años hasta la edad adulta. La serie I contiene 12 problemas de la SPM.

  • Escala CPM (Coloured Progressive Matrices)

    Consta de 36 problemas repartidos en 3 series (A, Ab, B) de doce elementos cada uno.

  • Escala APM (Advanced Progressive Matrices)

    Se adapta al examen de adolescentes y adultos con mayor dotación intelectual, con 48 problemas.

Ejemplo de Matrices Progresivas de Raven para ilustrar la prueba

Otras Pruebas Relevantes

  • Escala de Inteligencia de L.M. Terman y M.A. Merrill

    Tiempo de aplicación: algo más de 1 hora. Es la prueba que mejor discrimina, ya que permite obtener un C.I. hasta con niveles muy bajos de capacidad y proporciona una puntuación de edad mental. Consta de 6 pruebas en cada nivel de edad, que aumentan su dificultad progresivamente. Se detiene la aplicación cuando se producen errores en todas las pruebas de un determinado nivel de edad. Un inconveniente es que en la estructura de la escala se valoran de manera especial los componentes lingüísticos, con elevado porcentaje de aplicación en todas las edades.

  • Un Test de Discriminación Visual No Verbal

    Tiempo de aplicación: 30 minutos aproximadamente. Está formada por 100 láminas con dibujos que reproducen formas geométricas, personas, animales, vegetales y objetos de la vida corriente. Se basa en la localización del dibujo que es distinto a los demás o no se relaciona con ellos. No precisa de lenguaje expresivo y basta con que el sujeto comprenda las instrucciones iniciales y señale con el dedo.

  • Test de Goodenough (Figura Humana)

    Tiempo de aplicación: 10-20 minutos. Se trata de una prueba no verbal, de fácil aplicación y bien aceptada por los sujetos. La tarea consiste en realizar tres dibujos, de un hombre, una mujer y de sí mismo, representando el cuerpo entero.

Estas últimas escalas son útiles cuando se ha de obtener una puntuación rápida de C.I., por ejemplo, para fines estadísticos o de investigación. Es importante señalar que, si se aplican dos pruebas diferentes a un mismo sujeto, pueden obtenerse hasta 10 puntos de C.I. o más de diferencia entre una y otra, por lo que los resultados no son equiparables o intercambiables.

Consideraciones Metodológicas y Adaptaciones en la Evaluación

Hacia una Evaluación Dinámica y Adaptada

Más importante que conocer cuáles son los conocimientos del sujeto en este momento, como si la inteligencia fuese una capacidad inmutable, es saber cómo realiza los ejercicios y en qué elementos tiene dificultades, para mejorar los procesos. Por ello, es conveniente realizar ciertas "adaptaciones" a la población con discapacidad intelectual a la hora de aplicar y de corregir las pruebas. En la aplicación de las escalas, es recomendable cierta flexibilidad y no siempre seguir al pie de la letra las indicaciones normativas de la prueba.

Se pretende realizar una evaluación dinámica y no estática, del proceso y no de los productos. En ocasiones se dedica más de un día a la aplicación de un test, especialmente si es una batería amplia de pruebas, empleando, por ejemplo, dos sesiones de 45 minutos en lugar de 1 hora seguida. Los alumnos con síndrome de Down acostumbrados al trabajo académico suelen tener un periodo de atención concentrada que ronda los 45 minutos.

Se utilizan también pruebas de forma complementaria o partes de una prueba para ampliar datos o valorar distintos aspectos. Las circunstancias concretas de la persona que va a ser evaluada pueden influir de manera notable en los resultados obtenidos (hora del día en que se aplica, nivel de cansancio, estado de salud, estado emocional, nivel de motivación, grado de empatía logrado por el evaluador, etc.).

En muchos casos, se aplican a niveles de edad superiores a los permitidos en la prueba. Por ejemplo, las Escalas McCarthy pueden ser útiles para alumnos de 13 y 14 años, obteniendo una mayor discriminación. Se proporcionan más ayudas de las permitidas en las instrucciones en muchos casos, como más tiempo, términos diferentes a los que aparecen en el manual, repeticiones (que por lo general no son admitidas), instigación gestual, verbal o física e incluso algún ejemplo o modelo.

Consideramos, en la línea marcada por Vygotsky, que es esencial comprobar lo que son capaces de realizar con ayuda, pues nos define los márgenes de su Zona de Desarrollo Próximo, es decir, lo que están capacitados para aprender o en vías de adquisición.

Diagrama que ilustra la Zona de Desarrollo Próximo de Vygotsky

Edad Mental vs. Coeficiente Intelectual y la Observación Cualitativa

No siempre se utiliza el C.I. como puntuación final obtenida. En muchos casos es más útil la Edad Mental, pues al realizar valoraciones repetidas al cabo de los años, nos proporciona datos sobre la evolución del alumno y sus mejoras. El C.I., al representar una relación entre Edad Mental y Edad Cronológica, va disminuyendo con la edad, sobre todo a partir de la adolescencia. Por ello, puede y suele darse el caso de un chico o una chica que cada año está mejorando y aumentando su edad mental, y su C.I. en cambio disminuye irremediablemente.

La aplicación de una prueba de este tipo permite al profesional (psicólogo o pedagogo) permanecer con un niño o niña con discapacidad intelectual al menos una hora observando cómo se desenvuelve en la realización de diversas tareas. No podemos olvidar la importantísima información cualitativa que se puede obtener de esta observación y que no queda reflejada en el test como tal, como por ejemplo:

  • Atención, interés, colaboración.
  • Postura.
  • Estilo de aprendizaje.
  • Capacidad de concentración.
  • Tiempo de permanencia en la tarea.
  • Pasividad/Actividad.
  • Reflexión/Impulsividad.
  • Autocontrol.
  • Expresión y comprensión.
  • Vocabulario.
  • Coordinación motriz fina.

Por último, es recomendable en todos los casos completar la información obtenida por medio del test con datos proporcionados por otras personas y/o con otros instrumentos: entrevistas, observaciones, pruebas de personalidad, proyectivas, de capacidades concretas, etc.

Finalidad de la Evaluación Psicopedagógica en el Contexto Educativo

De la Selección a la Adaptación Curricular

Evaluar es obtener una información sobre una realidad para emitir un juicio de valor y tomar decisiones con respecto a ella. En el ámbito de la valoración de la capacidad intelectual tradicionalmente se ha utilizado la evaluación para recoger datos sobre el nivel de desarrollo de un sujeto para fines de selección y clasificación. En muchos casos, estos resultados se utilizaban para justificar catalogaciones arbitrarias.

La escuela tiene el difícil reto de proporcionar una cultura común a todos los alumnos, que evite la discriminación y desigualdad de oportunidades, respetando al mismo tiempo sus características y necesidades individuales. En la población estudiantil, algunos alumnos presentan necesidades educativas especiales de carácter permanente, como es el caso de quienes presentan discapacidades intelectuales.

Para quienes presentan necesidades educativas especiales asociadas a déficit intelectual leve, pueden ser parte de la escuela regular fundamentalmente en el nivel inicial y primaria, con sus adaptaciones prioritariamente curriculares: qué enseñar, cómo enseñar, cómo evaluar, en relación a sus potencialidades. El adolescente púber podrá pasar a una Educación ocupacional.

Se recomienda flexibilizar los criterios respecto a los procedimientos e instrumentos de evaluación. Puede ser necesaria una evaluación individualizada, con instrumentos adecuados a las características y necesidades de los alumnos. Al saber en qué momento aparecen dificultades o al detectar qué situaciones favorecen los aprendizajes, se está en mejores condiciones de tener actuaciones más ajustadas a lo que el alumno requiere para lograr los objetivos educativos. Esto supone una regulación entre enseñar y aprender.

Al inicio y durante la escolaridad resulta importante profundizar en el conocimiento de las características personales, familiares y socioculturales de los alumnos. La evaluación procesual permite planificar la adaptación de la enseñanza, elemento clave para promover los aprendizajes de los alumnos con necesidades educativas especiales. Esta evaluación determina el grado de dominio de los aprendizajes de los alumnos al finalizar un proceso de enseñanza y aprendizaje.

Respecto al qué y cuándo evaluar, en líneas generales, se evaluará la adquisición de las competencias, capacidades y actitudes (no un aprendizaje memorístico), los avances del alumno en relación con los niveles de logro planteados para él, en respuesta a sus necesidades educativas especiales (evaluación criterial) y no en relación al avance del resto del grupo (evaluación normativa). También es importante observar cómo se expresa, cómo interactúa, su capacidad de descripción y de estructuración. El registro se realizará dentro y fuera del aula, incluyendo las actitudes en relación a exposiciones de clase, su interacción en trabajo de grupos, su participación en clase, su capacidad de colaboración y solidaridad.

Es necesario considerar la importancia de la identificación de las características individuales de todos y cada uno de los alumnos para plantear las adaptaciones curriculares pertinentes, potenciando al máximo sus posibilidades en el contexto educativo. El enriquecimiento es una estrategia que consiste en proporcionar experiencias de aprendizaje ricas y variadas. El aula habitual representa la opción de la integración. Los estudiantes necesitan educarse dentro de grupos heterogéneos, con diversidad de talentos y habilidades. Por tanto, la evaluación tiene que considerar los procedimientos educativos estimados esenciales en los diseñados para todos los alumnos. En el trabajo educativo integrado hay que estimar todos los instrumentos de la escuela regular, los diferentes tipos de pruebas, testimonios, fichas y cuestionarios escritos, así como inventarios de personalidad, motivación y estilo intelectual.

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