La discapacidad intelectual, referida en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-10) como retraso mental, es un trastorno complejo que implica un desarrollo mental incompleto o detenido. Esta condición se caracteriza por un deterioro significativo en las funciones que contribuyen al nivel global de la inteligencia, abarcando áreas como las funciones cognoscitivas, del lenguaje, motrices y de socialización.
Es importante destacar que el retraso mental puede presentarse junto con cualquier otro trastorno somático o mental. De hecho, la prevalencia de otros trastornos mentales en personas con discapacidad intelectual es al menos tres o cuatro veces mayor que en la población general. Además, estos individuos tienen un mayor riesgo de sufrir explotación o abusos físicos y sexuales. La adaptación al ambiente está siempre afectada, aunque en un entorno social protegido y con el apoyo adecuado, el impacto puede ser menos significativo en casos de retraso mental leve.

Pautas Generales para el Diagnóstico de Discapacidad Intelectual (CIE-10)
Para un diagnóstico definitivo de la discapacidad intelectual, deben estar presentes un deterioro del rendimiento intelectual y una disminución de la capacidad para adaptarse a las exigencias cotidianas del entorno social normal. Los trastornos somáticos o mentales asociados tienen una gran repercusión en el cuadro clínico y en el rendimiento del individuo.
La categoría diagnóstica elegida debe basarse en la evaluación de la capacidad global, independientemente de cualquier déficit en un área o capacidad concreta. Aunque las siguientes pautas no deben aplicarse de manera rígida debido a la validez transcultural, se mencionan los cocientes intelectuales (CI) correspondientes a cada categoría como una guía. Es fundamental comprender que estas son divisiones arbitrarias de un espectro complejo y no pueden definirse con absoluta precisión.
EVALUACIÓN DE LA INTELIGENCIA ¿Como se mide nuestro intelecto? ¿Qué es el CI- cociente intelectual?
El CI debe determinarse mediante la aplicación individual de tests de inteligencia estandarizados y adaptados a la cultura de la persona evaluada. La selección de los tests adecuados debe considerar el nivel de funcionamiento individual y las invalideces concretas adicionales, como problemas de expresión del lenguaje, sordera u otros defectos físicos. Las escalas de madurez social y de adaptación también proporcionan información suplementaria valiosa, siempre que estén adaptadas culturalmente, y pueden complementarse con entrevistas a los padres o cuidadores que conocen la capacidad del individuo para la actividad cotidiana.
Especificación del Deterioro del Comportamiento (Cuarto Carácter F7x)
En la clasificación CIE-10, puede recurrirse a un cuarto carácter para especificar el deterioro comportamental presente, siempre que no sea debido a un trastorno concomitante:
- F7x.0: Sin deterioro del comportamiento o con deterioro mínimo.
- F7x.1: Con deterioro del comportamiento importante que requiere atención o tratamiento.
- F7x.8: Con otro deterioro del comportamiento.
- F7x.9: Sin alusión al deterioro del comportamiento.
Clasificación Específica de la Discapacidad Intelectual (Retraso Mental) según CIE-10
La CIE-10 clasifica el retraso mental en varias categorías según el grado de afectación, desde leve hasta profundo, además de incluir otras categorías para casos no especificados o de difícil evaluación.
F70 Retraso mental leve
Los individuos con retraso mental leve adquieren el lenguaje tarde, pero la mayoría alcanzan la capacidad de expresarse en la actividad cotidiana, mantener una conversación y ser abordados en una entrevista clínica. Su independencia para el cuidado personal (comer, lavarse, vestirse, controlar esfínteres) y para actividades prácticas y domésticas es completa, aunque el desarrollo es considerablemente más lento de lo normal. Las mayores dificultades suelen presentarse en las actividades escolares, con problemas específicos en lectura y escritura. No obstante, pueden beneficiarse de una educación específica diseñada para desarrollar sus habilidades y compensar déficits. En los límites superiores del retraso mental leve, muchos pueden desempeñar trabajos que requieren aptitudes prácticas, como trabajos manuales semicualificados. Las dificultades emocionales, sociales y de comportamiento suelen ser más similares a las de personas con inteligencia normal que a los problemas propios de retrasos más severos.
Pautas para el diagnóstico (F70)
Si se utilizan tests de CI estandarizados de modo adecuado, el rango 50 al 69 corresponde a un retraso mental leve. La comprensión y el uso del lenguaje presentan un retraso de grado diverso, con problemas en la expresión que pueden interferir con la independencia y persistir en la vida adulta. Solo en una minoría de adultos se reconoce una etiología orgánica. Pueden presentarse otros trastornos como autismo, trastornos del desarrollo, epilepsia, trastorno disocial o discapacidades somáticas.
- Incluye:
- Debilidad mental.
- Subnormalidad mental leve.
- Oligofrenia leve.
- Morón.
F71 Retraso mental moderado
Los individuos en esta categoría muestran lentitud en el desarrollo de la comprensión y el uso del lenguaje, alcanzando un dominio limitado. La adquisición de la capacidad de cuidado personal y de las funciones motrices también está retrasada, lo que lleva a que algunos necesiten supervisión permanente. Aunque los progresos escolares son limitados, algunos aprenden lo esencial para la lectura, escritura y cálculo. Los programas educativos especiales son fundamentales para desarrollar funciones deficitarias. De adultos, suelen realizar trabajos prácticos sencillos bajo supervisión y con tareas estructuradas, rara vez logrando una vida completamente independiente. Sin embargo, suelen ser físicamente activos y con capacidad total de movimientos, y muchos desarrollan una capacidad social normal para relacionarse y participar en actividades sociales simples.
Pautas para el diagnóstico (F71)
El CI está comprendido entre 35 y 49. Son comunes las discrepancias en los perfiles de rendimiento, con individuos que muestran niveles más altos en tareas viso-espaciales que en las dependientes del lenguaje, o quienes, siendo torpes, participan en relaciones sociales o conversaciones simples. El desarrollo del lenguaje es variable. En la mayoría, se reconoce una etiología orgánica. Es significativa la presencia de autismo infantil o trastornos del desarrollo, epilepsia, déficits neurológicos y alteraciones somáticas, aunque la mayoría pueden caminar sin ayuda. El diagnóstico de otros trastornos psiquiátricos puede ser difícil debido al escaso desarrollo del lenguaje, requiriendo información de terceros.
- Incluye:
- Imbecilidad.
- Subnormalidad mental moderada.
- Oligofrenia moderada.
F72 Retraso mental grave
El cuadro clínico, la etiología orgánica y la asociación con otros trastornos en el retraso mental grave son similares a los del retraso mental moderado, pero con adquisiciones de nivel aún más bajo. Muchas personas en esta categoría sufren un marcado déficit motor o la presencia de otros déficits que indican un daño o una anomalía significativa en el desarrollo del sistema nervioso central.
Pautas para el diagnóstico (F72)
El CI está comprendido entre 20 y 34.
- Incluye:
- Subnormalidad mental grave.
- Oligofrenia grave.
F73 Retraso mental profundo
En el retraso mental profundo, el cociente intelectual es inferior a 20, lo que implica una incapacidad total para comprender instrucciones o requerimientos y para actuar de acuerdo con ellas. La mayoría tiene una movilidad muy restringida o nula, no controlan esfínteres y, en el mejor de los casos, solo son capaces de formas muy rudimentarias de comunicación no verbal. Poseen una capacidad muy limitada para cuidar sus necesidades básicas y requieren ayuda y supervisión constantes.
Pautas para el diagnóstico (F73)
El CI es inferior a 20. La comprensión y expresión del lenguaje se limitan a órdenes básicas y peticiones simples. Pueden adquirir funciones viso-espaciales básicas como comparar y ordenar, y participar mínimamente en tareas domésticas con supervisión. En la mayoría de los casos se manifiesta una etiología orgánica, acompañada frecuentemente de déficits somáticos o neurológicos graves, epilepsia, o déficits visuales o auditivos. También es común la presencia de trastornos generalizados del desarrollo en sus formas más graves, como el autismo atípico.
- Incluye:
- Idiocia.
- Subnormalidad mental profunda.
- Oligofrenia profunda.
F78 Otro retraso mental
Esta categoría se utiliza únicamente cuando la evaluación del grado de retraso intelectual es especialmente difícil o imposible de establecer mediante los procedimientos habituales. Esto puede deberse a la presencia de déficits sensoriales o físicos (como ceguera, sordomudez) o en personas con trastornos graves del comportamiento e incapacidad física.
F79 Retraso mental sin especificación
Se utiliza en casos donde hay evidencia de un retraso mental, pero la información es insuficiente para asignar al individuo a una de las categorías anteriores.
- Incluye:
- Deficiencia mental sin especificación.
- Subnormalidad mental sin especificación.
- Oligofrenia sin especificación.
Funcionamiento Intelectual Límite y Discapacidad Intelectual: Una Distinción Crucial
Es fundamental diferenciar la discapacidad intelectual de lo que se conoce como funcionamiento intelectual límite. Según la clasificación diagnóstica Internacional DSM-5 (APA, 2013), las personas con funcionamiento intelectual límite (V62.89; R41.83) obtienen una puntuación de Cociente Intelectual Total (CIT), medida a través de pruebas estándar actualizadas, en la franja entre 70 y 79. Esto las sitúa por debajo de la puntuación de inteligencia considerada media o normativa (CIT 80-120), pero por encima del umbral de discapacidad intelectual.

La discapacidad intelectual (CIT menor a 70) es una condición patológica cuya principal característica es un desarrollo insuficiente, que afecta la adaptación del individuo a su entorno relacional, social y laboral (OMS). Por esta razón, además de la medición vinculada al coeficiente intelectual (CIT), es fundamental tomar en consideración el funcionamiento adaptativo de la persona en distintas áreas como la comunicación, las competencias de la vida diaria, la responsabilidad social, la autonomía y la autosuficiencia.
La categoría de capacidad intelectual límite se utiliza cuando esta es objeto de atención clínica o tiene un impacto en el tratamiento o pronóstico del individuo. La distinción entre capacidad intelectual limítrofe y discapacidad intelectual leve (trastorno del desarrollo intelectual) requiere una evaluación cuidadosa de las funciones intelectuales y adaptativas, y de sus discrepancias, especialmente cuando existen trastornos mentales concomitantes que puedan afectar la capacidad del individuo para seguir procedimientos de prueba estandarizados.
Debido a menores competencias a nivel intelectual, se pueden manifestar dificultades para alcanzar las demandas educativas escolares, especialmente en casos donde no existe un apoyo psicológico y educativo adecuado. En la edad adulta, estas dificultades pueden reflejarse en un menor nivel de adaptación social, así como en problemas para competir de manera autónoma en el mercado laboral.