La inclusión de personas con discapacidades en las actividades cotidianas conlleva la implementación de prácticas y políticas diseñadas para identificar y eliminar barreras. Estas barreras pueden ser físicas, de comunicación o de actitud, y dificultan la participación plena de las personas en la sociedad en igualdad de condiciones que aquellas sin discapacidades.
Existen marcos legales que protegen los derechos de las personas con discapacidad. La Sección 504 de la Ley de Rehabilitación de 1973 es una ley federal que protege a las personas contra la discriminación por motivos de discapacidad, aplicándose a empleadores y organizaciones que reciben asistencia financiera federal. Prohíbe negarles una oportunidad igual de recibir beneficios y servicios de programas. Por su parte, la Ley sobre Estadounidenses con Discapacidades (ADA) de 1990, y sus enmiendas, protegen los derechos civiles de las personas con discapacidades, contribuyendo a la eliminación o reducción de muchas barreras y exigiendo la erradicación de la discriminación.
El concepto de diseño universal busca simplificar la vida de todos al hacer productos, comunicaciones y entornos físicos más fáciles de usar por la mayor cantidad de personas posible, idealmente a bajo o ningún costo adicional. Este enfoque beneficia a personas de cualquier edad y con todo tipo de discapacidades. La accesibilidad se logra cuando las necesidades específicas de las personas con discapacidades son consideradas y los productos, servicios y establecimientos se construyen o modifican para ser utilizados por personas con diversas capacidades.
Las modificaciones son alteraciones realizadas a cosas, procedimientos o sistemas para permitir que una persona con discapacidad los use al máximo posible. También pueden implicar cambios a un entorno o proceso existente para aumentar la participación de personas con limitaciones. Ejemplos de modificaciones incluyen el sistema Braille, letras grandes en textos o audiolibros para personas con limitaciones visuales. Para personas sordas o con dificultades auditivas, las modificaciones pueden ser la disponibilidad de un intérprete de lenguaje de señas o el intercambio de mensajes escritos.
La tecnología de asistencia (TA) comprende dispositivos o equipos que ayudan a las personas con discapacidad a participar plenamente en las actividades diarias. La TA puede mejorar la independencia funcional y facilitar tareas cotidianas, utilizando dispositivos para viajar, comunicarse, aprender, trabajar y participar en actividades sociales y recreativas. Los ejemplos van desde una lupa hasta un computador que habla, pasando por sillas de ruedas, andaderas y scooters que facilitan la movilidad.

La vida independiente se refiere a que las personas con discapacidades tengan voz, opción y control sobre su vida cotidiana. Esto puede significar no requerir ayuda o solo necesitarla para asuntos complejos como el manejo del dinero, pero no para las tareas diarias. La decisión de un adulto con discapacidad de vivir con sus padres o independientemente depende en gran medida de su habilidad para manejar las tareas diarias con poca o ninguna ayuda. Las residencias con servicios de asistencia están diseñadas para adultos que necesitan apoyo con tareas cotidianas, como vestirse, bañarse o comer, pero no requieren atención de enfermería a tiempo completo.
El lenguaje "la persona primero" es fundamental para comunicarse de manera adecuada y respetuosa con y sobre las personas con discapacidades, poniendo el énfasis en la persona y no en su condición. Los niños, niñas y adolescentes con discapacidad son uno de los grupos más marginados y excluidos, enfrentando mayores probabilidades de experimentar inequidad social, económica y cultural. La pobreza y la discapacidad están estrechamente relacionadas, ya que la primera puede ser un factor determinante de la segunda, y la discapacidad puede atrapar a las personas en la pobreza.
La exclusión social genera costos significativos tanto para el individuo como para la sociedad. Los niños, niñas y adolescentes con discapacidad deben ser el centro de los esfuerzos por construir sociedades inclusivas, ya que poseen los mismos derechos y son agentes de cambio y autodeterminación. La protección de sus derechos ha sido una agenda central para UNICEF, especialmente tras la entrada en vigor de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD), adoptando enfoques de derechos humanos y desarrollo inclusivo, de acuerdo con el modelo social de la discapacidad.
El documento busca fortalecer la programación para promover y proteger los derechos humanos de los niños, niñas y adolescentes con discapacidad en América Latina y el Caribe. Sitúa la importancia y el debate actual sobre la discapacidad, estableciendo avances y desafíos en la implementación de la CDPD con miras a la Agenda 2030. Su objetivo es proporcionar herramientas para motivar estudios futuros que permitan a cada país desarrollar las capacidades de los actores interesados en el avance de la educación inclusiva.
El enfoque actual frente a la discapacidad es el modelo biopsicosocial, que plantea que la discapacidad surge de la interacción entre la persona y su entorno, no reside únicamente en el individuo ni en la sociedad. Las personas con discapacidad son sujetas de pleno derecho. El principio de "Nada sobre nosotros sin nosotros" destaca la importancia de que las propias personas con discapacidad, sus familias y grupos de apoyo tengan la voz principal en los temas que les conciernen.
Para lograr una verdadera igualdad de oportunidades, la información debe ser de fácil acceso y comprensión para todas las personas. Cuando se habla de inclusión, a menudo se piensa en accesibilidad, ajustes razonables o derechos laborales. Sin embargo, existe una barrera menos visible pero profundamente arraigada: la infantilización de las personas con discapacidad. Este fenómeno se manifiesta cuando adolescentes y adultos con discapacidad son tratados con actitudes condescendientes, como si fueran niños pequeños, lo que afecta su desarrollo, autonomía y calidad de vida.
¿Qué es la infantilización y por qué es un problema?
La infantilización ocurre cuando a una persona se le trata con un tono, actitud o nivel de exigencia menor al que le corresponde por su edad, como si no tuviera la capacidad de comprender o decidir por sí misma. Aunque esta actitud pueda parecer inofensiva, en realidad limita el desarrollo y la inclusión de las personas con discapacidad.
Ejemplos comunes de infantilización:
- Uso de diminutivos o tonos exageradamente dulces al dirigirse a ellos: «¡Qué bien lo hiciste, mi amorcito!»
- Asumir que no pueden tomar decisiones y hacerlas por ellos sin preguntar.
- Impedir que exploren su autonomía, como elegir su ropa, hacer una compra o usar redes sociales.
- No hablarles directamente, sino a través de otra persona: «¿Él puede comer solo?»
- Negarles experiencias propias de su edad, como la educación sexual, el acceso al empleo o la vida en pareja.

¿Por qué sucede la infantilización?
Diversas razones refuerzan esta conducta en la sociedad, familias y sistemas educativos:
- Sobreprotección familiar: El temor a que su hijo/a con discapacidad sufra discriminación o dificultades lleva a limitar su independencia en un intento de protegerlo.
- Prejuicios y estereotipos: La suposición errónea de que discapacidad es sinónimo de incapacidad, ignorando las habilidades y necesidades individuales.
- Falta de formación en educación inclusiva: Docentes y profesionales pueden carecer de estrategias para fomentar la autonomía, adoptando actitudes paternalistas.
- Representación errónea en medios y cultura popular: La imagen de personas con discapacidad como «ángeles» o «eternos niños» refuerza la idea de su incapacidad para ser independientes.
Consecuencias de la infantilización
Este fenómeno afecta negativamente la autoestima de las personas con discapacidad y limita su desarrollo en diversas áreas:
- Pérdida de autonomía: La falta de oportunidades para tomar decisiones y cometer errores desde la infancia dificulta el aprendizaje de habilidades para la vida adulta.
- Baja autoestima y dependencia emocional: Ser tratado constantemente como un niño genera dudas sobre las propias capacidades y dependencia de otros para validar decisiones.
- Dificultades en la vida social y afectiva: La restricción en el desarrollo personal limita el acceso a la vida social, relaciones de pareja y empleo.
- Mayor riesgo de vulnerabilidad: La falta de educación sobre sus derechos, cuerpo y autonomía expone a situaciones de abuso o manipulación.

¿Cómo podemos cambiar esta realidad?
Construir una sociedad verdaderamente inclusiva requiere repensar nuestras actitudes y promover el desarrollo integral de las personas con discapacidad.
Desde la familia: confianza en la autonomía
Las familias juegan un rol fundamental en el desarrollo de la identidad y autoestima de sus hijos/as con discapacidad. Es crucial reflexionar sobre:
- ¿Permito que mi hijo/a tome decisiones acorde a su edad?
- ¿Fomento su independencia o tiendo a hacer todo por él/ella?
- ¿Le hablo como a cualquier otra persona de su edad o utilizo un tono infantilizado?
- ¿Le explico las cosas como se las explicaría a cualquier otro adolescente o adulto?
Pequeños cambios, como permitirles elegir su ropa o expresar sus opiniones sobre su futuro, pueden marcar una gran diferencia.
Desde la sociedad: respeto y trato igualitario
Las personas con discapacidad son personas ante todo y deben ser vistas como sujetos con derechos, no como «seres especiales» o «eternos niños». Es importante:
- En lugar de asumir que no pueden hacer algo, preguntarles directamente cómo prefieren recibir ayuda.
- Dejar de usar diminutivos o hablarles con condescendencia.
- No excluirlos de conversaciones importantes ni decidir por ellos.
Desde la escuela y la docencia: educación para la autonomía
Los docentes tienen un papel clave en la formación de niños y adolescentes con discapacidad. Algunas prácticas útiles incluyen:
- Establecer expectativas realistas: Exigirles lo mismo que a sus compañeros, con los apoyos necesarios, en lugar de asumir que no pueden.
- Promover la participación activa: Incluir a los estudiantes con discapacidad en debates, proyectos grupales y actividades de toma de decisiones.
- Hablar sobre sexualidad y vida afectiva: Incluir la educación sexual y emocional sin tabúes ni omisiones.
- Evitar el lenguaje infantilizado: Dirigirse a los estudiantes con respeto y el mismo tono que a los demás.
La infantilización de las personas con discapacidad es una forma silenciosa de exclusión que limita su autonomía y desarrollo. Como familias, docentes y sociedad, tenemos la responsabilidad de cambiar esta mirada y tratarlos como lo que son: personas con derechos, sueños y capacidades.
La diseñadora mexicana que superó su discapacidad a fuerza de tesón y estilo
Las palabras crean realidades y respaldan una forma de ver el mundo. Expresiones como "es un angelito" asumen una bondad y niñez eterna que desestima la autonomía, independencia e incluso la sexualidad de las personas con discapacidad. Esta perspectiva, aunque bienintencionada, perpetúa un imaginario alejado de la realidad, donde las personas con discapacidad son vistas como dependientes, asexuadas, vulnerables y débiles. Esta visión atrasa y perpetúa prejuicios, alejándonos de una plena inclusión e igualdad de oportunidades.
La infantilización de la discapacidad se enmarca en una lógica centrada en la falla, percibiendo a cualquier persona con discapacidad como incompleta, carente de necesidades, deseos y anhelos, e incapaz de tomar decisiones. No cumplir con ciertos parámetros de "normalidad" puede ser suficiente para ser excluido de diversos ámbitos de la sociedad. La adultez ignorada, los derechos vulnerados en salud sexual y reproductiva (como el derecho a la maternidad), las decisiones sobre sus cuerpos sin consulta, y la falta de accesibilidad al trabajo y la educación son resultados de un modelo que aún percibe a las personas con discapacidad desde el asistencialismo.
Este exceso de "protección" genera la percepción de que la persona con discapacidad es un sujeto sin posibilidades de independencia, una generalidad que dista mucho de la realidad. En el ámbito de la salud, especialmente la sexual y reproductiva, muchos centros carecen de accesibilidad o apoyos, y algunos profesionales descreen de las decisiones que toman personas con discapacidad, como formar una familia. La sexualidad y la discapacidad sigue siendo un tabú, y la infantilización refuerza el imaginario de la persona con discapacidad como asexuada.
Es necesario pensar en la adultez de las personas con discapacidad y salir de una construcción social que las considera dependientes de las personas "normales". Una sociedad inclusiva debe creer en el poder de las personas para tomar sus propias decisiones. Muchas personas con discapacidad intelectual sufren infantilización, siendo tratadas como niños pequeños, sin que se les permita decidir. Aunque necesiten ayuda, son adultos con derecho a decidir y a ser respetados. A veces, esta actitud no es intencionada, pero genera malestar y la sensación de falta de confianza.
Experiencias como sentirse pequeños al ser ayudados sin preguntar, o sentirse incómodos al ser tratados como niños, evidencian la necesidad de un cambio. La pregunta fundamental es: ¿Estamos promoviendo la autonomía o reforzando la dependencia?
tags: #infantilizacion #de #personas #con #discapacidad