En Chile, alcanzar la edad de jubilación o comenzar a recibir una pensión no significa necesariamente el fin de la vida laboral para muchos. Ya sea por la necesidad apremiante de complementar ingresos o, en algunos casos, por el simple deseo de mantenerse activos, es cada vez más común que los pensionados busquen reinsertarse o mantenerse en el mercado laboral.
Esta situación plantea interrogantes tanto para los trabajadores jubilados como para las empresas. ¿Existen impedimentos legales para que un pensionado trabaje? ¿Se puede despedir a alguien solo por jubilarse? ¿Qué cotizaciones se deben pagar, especialmente con las recientes reformas? A continuación, analizamos las reglas que rigen los contratos de trabajo para pensionados, las exenciones en el pago de cotizaciones y cómo la jurisprudencia administrativa busca proteger a estos trabajadores.

El Marco Legal del Trabajo para Pensionados
La Legalidad de Continuar Laborando
En la gran mayoría de los casos, es perfectamente posible seguir trabajando después de haberse pensionado, especialmente si se trata de una pensión por vejez. La legislación chilena no impide que un pensionado continúe generando ingresos a través de un empleo remunerado.
Sin embargo, existe una diferencia fundamental según el sector:
- Sector Privado: No hay impedimento legal para que el trabajador continúe laborando con su mismo empleador o busque un nuevo empleo después de pensionarse.
- Sector Público: La situación es distinta. Existen normativas específicas y estatutarias que, por regla general, obligan a ciertos funcionarios públicos a cesar en sus cargos al obtener la pensión. Si una persona deja un cargo público luego de haber sido declarada inválida, no puede volver a ocupar un puesto de trabajo en el sector público.
La Jubilación No es Causal de Despido
Un error muy común en la gestión de recursos humanos es asumir que el contrato de trabajo termina automáticamente cuando el trabajador cumple la edad de jubilar o cuando comienza a percibir su pensión. La Dirección del Trabajo ha sido tajante al dictaminar que la jubilación no constituye una causal de término del contrato de trabajo. Asimismo, tampoco procede que un empleador invoque como causa justificada de despido el hecho de que un trabajador se haya acogido a una pensión de invalidez total o parcial.
Si el empleador decide poner término a la relación laboral, debe invocar alguna de las causales legales vigentes (como las necesidades de la empresa) y pagar íntegramente las indemnizaciones por años de servicio y aviso previo que correspondan. La ley no obliga a reservar el puesto tras una invalidez, pero prohíbe que el estado de pensionado sea el fundamento del despido.
Nada impide al empleador invocar respecto de un trabajador pensionado o jubilado por invalidez alguna o algunas de las causales legales que contempla el Código del Trabajo en sus artículos 159, 160 o 161. La Dirección del Trabajo ha manifestado que no existe norma legal alguna que obligue al empleador a reservar el puesto de trabajo del pensionado de invalidez total o parcial, durante o después de los tres años de emitido el primer dictamen de invalidez, toda vez que el estado de jubilado por esta contingencia o cualquiera otra no configura una especie de fuero laboral, y la legislación solo impide que se funde el despido en el estado de invalidez del trabajador. Por otra parte, el mismo dictamen señala que no hay resguardo legal específico para evitar que el empleador invoque alguna causal legal de término de contrato, de configurarse en la práctica, respecto del pensionado o jubilado, que no sea la propia circunstancia de haber obtenido pensión o jubilación por invalidez. La garantía general es que se haya configurado en la realidad alguna de las causales previstas precisamente por la ley para tales efectos, y en caso de reclamación del trabajador y de obtener en el juicio correspondiente, se le obligue al pago de las respectivas indemnizaciones.
Exenciones en Cotizaciones Previsionales
Al firmar un contrato con un jubilado, la estructura de su liquidación de sueldo tiene particularidades beneficiosas, ya que la ley los libera de ciertas cargas previsionales:
- AFP (Fondo de Pensiones): Una persona que ya está pensionada y vuelve a trabajar no está obligada a cotizar el 10% mensual en el sistema de AFP. Solo en caso de que el trabajador opte por hacerlo voluntariamente se le descontará, aunque debe tener precaución, ya que cotizar voluntariamente podría hacerle perder ciertos beneficios solidarios del Estado.
- Seguro de Cesantía: La normativa excluye expresamente a los trabajadores pensionados del Seguro de Cesantía (con la única excepción de los pensionados por invalidez parcial). Por lo tanto, ni el empleador ni el trabajador deben realizar aportes a la Administradora de Fondos de Cesantía (AFC) por este concepto.
Es importante destacar que la cotización del 7% para salud (Fonasa o Isapre) y el Seguro de Accidentes del Trabajo siguen siendo obligatorios. Sin embargo, una desventaja de cotizar tras jubilar es que se deberá pagar el doble de la cotización de salud: si se está pensionado y se sigue trabajando, se descontará el 7% tanto de la pensión como del sueldo. Una ventaja de la cotización posretiro está relacionada con las licencias médicas; si jubilado y trabajando aún se imponen en una AFP, las licencias médicas se pagarán, dando derecho a que se paguen esos días.
Impacto de la Reforma Previsional (Ley N° 21.735)
Finalmente, todo empleador debe tener a la vista los recientes cambios introducidos por la Ley N° 21.735 de Reforma Previsional. Por primera vez desde 1981, los empleadores vuelven a aportar al sistema de pensiones con cargo a sus propios recursos. A partir de las remuneraciones de agosto de 2025, los empleadores comenzaron a pagar un 1% adicional por sus trabajadores, aporte que subirá gradualmente durante los próximos 9 años hasta alcanzar un 7% adicional (destinado a cuentas individuales y al nuevo Seguro Social). Las empresas deben revisar cómo esta nueva carga impositiva interactúa con los contratos de su personal, incluyendo al personal pensionado que mantenga relación laboral vigente.

Las Causas de una Jubilación Insuficiente: El Sistema de AFP
Orígenes y Críticas al Sistema Privado de Pensiones
El actual sistema de pensiones del país suramericano es un legado del macro-proceso de privatización instaurado durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Fue en 1981 que la dictadura estrenó en Chile el sistema privado de pensiones, las AFP, creado por José Piñera.
La profesora Mariela Calderón Sandoval, quien trabajaba entonces en el Liceo Diego de Almeyda de El Salvador, recuerda: "Primero nos mintieron, nos dijeron que se iba a terminar el INP, el antiguo sistema de pensiones, y nos asustamos; y ya teníamos susto de la dictadura. No teníamos mucha conciencia del nuevo sistema cuando nos trasladaron". Ella indica que entonces "teníamos un sueldo mucho mejor que los profesores de acá (Santiago), por tener ‘zona’, eso lo aumentaba bastante". Posteriormente, por problemas personales, debió emigrar a la capital en 1992 y ejerció como profesora hasta 2008.
Mariela llevaba la cuenta de las cotizaciones y pensaba que iba a tener una buena jubilación, pero un año antes de dejar de trabajar se desencadenó la crisis de 2007. "Yo perdí como 10 millones de pesos", lamenta. Cuando se enteró de lo que realmente recibiría como pensión, se llevó una doble sorpresa. "Me empiezo a fijar en los otros colegas y tenían una jubilación que era terrible. ¡Me dio tanta pena! Y ahí empezó la idea de asociarnos y juntarnos. En ese tiempo nadie hablaba de las AFP, nadie sabía". Ese fue el empujón para que en 2011 decidieran que algo había que hacer, dando vida un año después a la Asociación Gremial Nacional de Pensionados y Pensionadas del Sistema Privado de Pensiones de Chile (ANACPEN A.G.).
ANACPEN se inició con alrededor de 50 personas y en un tiempo duplicaron esa cantidad. Salieron a la calle, enviaron cartas a la presidenta Bachelet durante su primer mandato, a los parlamentarios, y se unieron con otras organizaciones, como ‘No Más AFP’, hasta que lograron que se creara en el Congreso una comisión donde por un período de un año expusieron la problemática y presentaron sus propuestas, las que fueron incluidas en un documento entregado a la mandataria. Como organización, sostienen que se debe terminar con el sistema de AFP. "No es posible que el Estado no se haga cargo de los adultos mayores, de las personas de edad, no puede estar ajeno a este problema", cuestiona Calderón, agregando que "con las comisiones que cobran estas empresas, con las inversiones que hacen -donde generalmente los cotizantes estamos perdiendo- ellos están ganando por montón".
El Alto Costo de Vida y Pensiones Mínimas
“¿Cómo vivir con $93.543?... suena a reality, pero es la realidad de muchos adultos mayores que reciben la Pensión Básica Solidaria (PBS) del Estado. Muchos adultos mayores deben decidir entre comprar comida o parafina para calentarse o adquirir un remedio para sentirse mejor, porque simplemente no alcanza. La crisis de las pensiones en Chile obliga a ocuparse cada vez más a los ancianos en empleos no cualificados para tener un ingreso fijo adicional y así poder hacer frente a la pobreza.
Según cálculos realizados para satisfacer solo los requerimientos básicos de una persona en un mes, los gastos mínimos son:
| Categoría de Gasto | Monto Aproximado Mensual |
|---|---|
| Alimentación (frutas y verduras en feria libre) | $25.000 |
| Servicios (luz, agua, gas) | $20.000 |
| Transporte (3 salidas a la semana) | $11.500 |
| Total Gasto Básico (sin extras como arriendo, ropa, medicamentos, ocio) | $115.000 |
Es decir, sin considerar, por ejemplo, una compra de ropa o zapatos, de algún electrodoméstico, de medicamentos, la asistencia a algún evento cultural, una comida en un restaurante, la adquisición de un libro, un viaje fuera de Santiago, la alimentación de una mascota y -probablemente lo más desequilibrante en términos financieros- un arriendo de una casa, un departamento o una pieza, una persona gasta al mes aproximadamente $115.000 en cubrir sus necesidades básicas.
Las pensiones en Chile son "vergonzosas", porque "uno trabaja, se saca la mugre, y ya sea dependiente o particular una misma se va pagando sus imposiciones para que después le paguen una mugre". Si se observan todos los tipos de pensiones pagadas por las AFPs y aseguradoras, "no superan los 150 mil pesos, personas que cotizaron por 30 o 35 años, ni siquiera alcanzan el sueldo mínimo. En el caso de las mujeres es peor".
La Dirección del Trabajo ha manifestado que “la gente está obligada a seguir trabajando después de la edad de tope de jubilación”.
Pese a ya estar jubilados se duplican los adultos mayores que trabajan
Voces de la Realidad: Historias de Jubilados que Trabajan
Testimonios de Necesidad Económica
Yani Baeza lleva cuatro años trabajando en aseo. Con las manos callosas y con una enfermedad a los huesos, producto de su duro trabajo, manifiesta: "Una vida miserable tiene uno y ahí se va deteriorando, mal alimentado, pasando frío, son muy crueles con la tercera edad. Si me dieran dinero suficiente estaría descansando, pero estoy obligado a trabajar porque lo que da la AFP es nada, además por todo el esfuerzo que hace uno se va a morir más temprano".
Una situación similar vive Mario González. Tanto la señora Yani Baeza como don Mario González coinciden en el sentimiento de abandono por parte del Estado. "Si nosotros tuviéramos una buena jubilación para poder vivir, no estaríamos haciendo esto, pero como no es así, estamos obligados a hacer cualquier cosa".
La señora Blanca Flores, de 63 años, jubiló hace dos. Trabajó toda su vida en hogares de ancianos y clínicas en atención de pacientes, en lo que hoy se conoce como técnico paramédico. "Me jubilé, pero resulta que ahora tengo que sacarme la mugre igual, tengo que trabajar más duro que antes", señala. "He hecho de todo. Salir a hacer planchado, lavar, hacer aseo, almuerzos, he dado pensión, lo que sea", cuenta. Finalmente decidió instalarse con un carro de sopaipillas en la Avenida Portugal, cuando se dio cuenta de que su pensión no le alcanzaba para pagar la universidad de su hija de entonces 21 años. "Pasamos 20 días a pancito y tecito". Vive en una pieza en el centro de Santiago.
Cerca de ella trabaja Raúl Raposo. A sus 59 años, le quedan sólo 6 para dejar de trabajar. Asegura: "Estoy obligado a seguir trabajando". Hoy gana alrededor de $600.000. "Con las cartolas que me llegan, me dicen que si yo llego a los 65 años imponiendo todos los meses, sin lagunas, tendría una pensión más o menos de $350.000. Yo no puedo vivir con eso, eso no alcanza para nada", critica el conserje y explica: "En las cuentas se nos van casi 100 mil pesos, y quedaría con 200 mil para comer, vestirme". Don Raúl es consciente de que su situación es “mejor” que la de muchos chilenos, ya que no debe pagar arriendo y sus hijos ya son profesionales, pero aún así su pensión proyectada es insuficiente. Otros, apunta, “ni siquiera los 150 mil reciben, porque hay un porcentaje que recibe menos de 100 mil. Los viejitos que usted ve en los bancos a fin de mes, con 70, 80 mil pesos… ¡Es miserable!".
Don Raúl compara la situación con Perú, donde desde este año, quienes se pensionen a los 65 años pueden retirar el 95,5% de sus ahorros. “En vez de que los capitales se vayan al extranjero, ellos prefieren dárselos a sus conciudadanos. Son inteligentes. Eso se debiera hacer en Chile. Acá hay una sinvergüenzura total, es un robo lo que están haciendo, se quieren enriquecer los empresarios y que los demás se mueran de hambre”.
Marta Poblete vive en Chiguayante junto a su marido José Luis Soto, con quien lleva más de 40 años casada. Relata que en lo que más gastan en casa es en alimentos y en los gastos básicos, como luz y agua. Si bien reconoce que recibe más que algunas de sus excompañeras que se pensionaron bajo la AFP, asegura que solo alcanza para subsistir. "El problema es que uno vive demasiado apretado. O sea, uno no puede darse gustos". Por su parte, su esposo José Luis, de 73 años, indicó que al mes le dan cerca de $260 mil en la AFP, monto que destina en gran parte, al igual que su pareja, a los gastos del hogar. "El agua $22 mil, la luz $23 mil, para nosotros eso es caro, pero ¿qué nos queda?". José Luis cree que “con lo que recibe una persona jubilada no puede vivir bien, solo alcanza para mantenerse. Porque uno no tiene grandes gastos pero cuando hay que pagar en remedio, que nos sale caro, no rinde la plata”, confesó. En esta línea, el pensionado afirmó que antes debía pagar mensualmente cerca de $70 mil en remedios para tratar su hipertensión y diabetes. "Cuando estamos los dos está bien. Pero si estuviera uno solo ya no nos alcanzaría para vivir. En este caso, como los dos trabajamos cada uno tiene su jubilación". Respecto a cómo llevan las finanzas del hogar, Marta y José Luis coinciden en que hay que ser “muy ordenados” para que alcance el dinero.
Según Lidia, las pensiones que entrega el gobierno son “malitas” y que “no alcanzan para una persona”. A su vez, sinceró que lo que recibe “no alcanza para una persona, menos para dos”. A modo de anécdota, Andrade aseguró que desde hace siete meses que su reloj no funciona por no tener dinero para comprar una pila nueva. Si bien Lidia debe pagar arriendo con su jubilación, aseguró que es “poco”.
La profesora retirada, Olga Paredes, reveló que "hasta el año pasado, en diciembre, estaba sacando $180 y tantos mil, después de 50 años de trabajo". La educadora que se pensionó a través del sistema de AFP se describe como una persona que siempre se preocupó de administrar bien su dinero. Según relató, con la ayuda de su esposo que trabajó en Asmar logran llevar bien el hogar. Para evitar mayores gastos, la profesora propone en casa el poner topes en ítems en los que mes a mes se va a invertir. "En mi vida siempre he sido ahorrativa", y su hijo una vez le dijo: "el que gasta dos veces en algo es el que se va a la quiebra. Porque a veces dos veces lo mismo es innecesario. La parte material no va conmigo". Un punto importante para su actual estabilidad económica, fue el adquirir la propiedad donde reside en San Pedro de la Paz, la cual compraron con una indemnización que recibió durante su carrera. Finalmente aseguró que aún tiene contacto con colegas que temen jubilar por el miedo a tener que vivir con $130 mil al mes.
Tipos de Pensión en Chile
Para entender las realidades expuestas, es fundamental conocer los tipos de pensión que existen en Chile y sus características:
- Pensión de Vejez: Para quienes cumplen la edad legal de jubilación (60 años mujeres, 65 años hombres).
- Pensión de Invalidez: Para personas con una disminución significativa de su capacidad de trabajo.
- Pensión de Sobrevivencia: Aporte económico que se entrega a los familiares de un afiliado al sistema de pensiones cuando la persona fallece.
Adicionalmente, si una persona accede a la Pensión Garantizada Universal (PGU), no tendrá que preocuparse de que su sueldo afecte el beneficio, ya que este considera solo la pensión recibida. El monto de la PGU se reajusta cada febrero, y irá disminuyendo progresivamente para quienes cuenten con una pensión mayor a los $630.000, pero menor a $1.000.000.

El Impacto Psicológico y Social de la Obligación de Trabajar
Frustración y Estrés en la Tercera Edad Laboral
La realidad expuesta por estos jubilados da cuenta de que las AFP han convertido a Chile en una suerte de cementerio de elefantes. La obligación de trabajar, cuando la expectativa era el descanso, genera un profundo malestar. "Quién trabaja feliz? ni los jóvenes de hoy, menos vamos a trabajar contentos los viejos. Si a uno le dicen, ahí tienes una cantidad mensual suficiente de dinero como jubilación, uno no funciona más, menos si uno ya tiene sus años y enfermedades, entonces quien va a trabajar feliz así. Acá hay viejos que andan a la arrastra, porque lo que reciben no alcanza, 130 mil pesos, quien vive con eso en este país".
Cuando una persona tiene que trabajar por obligación económica y no por decisión propia, "lo primero es que obviamente se genera una frustración y una cantidad de emociones que surgen a partir de eso". Por ejemplo, puede ser frustración, desesperanza, tristeza, y obviamente estrés, "porque ya no se sienten con la capacidad de seguir trabajando pero tienen que hacerlo". Esto puede ir acompañado de otros síntomas que surgen a partir de la poda neuronal. El psicólogo precisa que la gente adulta tiende a expresar la frustración con síntomas como el mal genio, mayor irritabilidad, enojos frecuentes y tristeza. "Los adultos mayores que manifiestan esto están más susceptibles a los efectos del entorno. Les llegan más fuertes las emociones. La tristeza es más potente".
En este contexto, la tolerancia a la frustración se vuelve uno de los principales desafíos para quienes se ven obligados a continuar trabajando tras alcanzar la edad de jubilación.
Abuso y Explotación: Una Perspectiva Crítica
Existe la crítica de que "exigirles a los adultos mayores que sigan trabajando es una doble explotación, ya que además se les paga un salario muy por debajo de la que recibe la gente más joven, por eso es un aprovechamiento mayor". Algunos movimientos sociales proclaman: "Nosotros decimos no a laborar después de haber jubilado. No se debe abusar de él porque tiene necesidad. Además, el Gobierno está realizando una campaña para demostrar que ahora los adultos mayores sí quieren trabajar, pero esa es una propaganda falsa, como todas las que han hecho".
La idea de que "las pensiones son malas y la única forma que este sistema tiene para mejorarlas es prolongar la vida laboral" lleva a que se intente demostrar "por todos lados que la gente va a estar feliz de seguir empleado más tiempo", llegando a hacer "la publicidad que sea necesaria". Los datos de la Encuesta Casen 2017 demostraron que la pobreza se triplicó en los tres años previos a esa fecha, alcanzando un 24 por ciento del total de la población en ese momento, reflejando una tendencia preocupante que afecta desproporcionadamente a los adultos mayores.
Estrategias de Afrontamiento y Resistencia
Respecto a las recomendaciones para tratar este tipo de frustración, los expertos siempre recomiendan el autocuidado. Otra herramienta fundamental es la comunicación. Asimismo, para quienes quieren seguir trabajando, los expertos recomiendan postergar la jubilación, más allá de las razones económicas, porque los adultos con más de 60 años se sienten cada vez más activos.
Independientemente de sus trabajos, muchos jubilados consultados sobre si les gustaría retirarse pronto, coinciden que "no existe esa palabra" dentro de sus actuales condiciones económicas y realidad de vida.