Durante años, la sociedad ha tendido a definir a las personas con discapacidad desde la carencia o la limitación. Sin embargo, el lenguaje ha evolucionado y ya no se habla de “minusválidos” ni de “discapacitados”, sino de personas con discapacidad, priorizando a la persona frente a la condición.

La inclusión de personas con discapacidades en las actividades cotidianas y animarlas a que tengan roles similares a los de sus compañeros que no tienen una discapacidad es lo que se conoce como inclusión de personas con discapacidad. Esta permite que las personas con discapacidades aprovechen los beneficios de las mismas actividades de prevención y promoción relacionadas con la salud en que participan quienes no tienen una discapacidad.
La Discapacidad desde la Perspectiva de Derechos
Alrededor del 15% de la población mundial, aproximadamente mil millones de personas, viven con alguna discapacidad. Este colectivo históricamente ha mostrado una mayor vulnerabilidad en relación con otros grupos, dadas las múltiples barreras que enfrentan diariamente en sus entornos de participación. Como respuesta a esta inquietud, en las décadas de los 60 y 70 del siglo XX, movimientos sociales, principalmente de Estados Unidos, Gran Bretaña y países escandinavos, exigieron el reconocimiento de los derechos civiles de las personas con discapacidad, la vida independiente y un trato igualitario. En este sentido, se acuña el concepto de “persona con discapacidad”, marcando una diferencia clara entre lo que se entiende por “deficiencia” y “discapacidad”.
Desde la perspectiva de derechos humanos, la discapacidad no es un atributo individual, sino una condición que emerge de la interacción entre las personas y un entorno que no siempre garantiza accesibilidad, oportunidades ni participación en igualdad de condiciones. Esta es exactamente la mirada que impulsa la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad (CDPD) de 2006, ratificada por Chile en 2008. La Convención establece de manera clara que las personas con discapacidad son sujetos de derecho y que el Estado tiene la responsabilidad de asegurar los servicios necesarios para que puedan ejercer esos derechos plenamente.
Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad.
Barreras y Desafíos en la Inclusión
Cuando hablamos de barreras, solemos pensar en rampas, accesos o señales adaptadas. Sin embargo, un estudio del Observatorio sobre Discapacidad y Mercado de Trabajo en España (ODISMET, 2024) refleja que, aunque el 90% de la población afirma estar a favor de la inclusión, solo el 45% tiene contacto habitual con personas con discapacidad. Esto demuestra que las barreras no son solo físicas, sino también sociales y culturales.
En el ámbito laboral, el índice de empleo de personas con discapacidad en España ronda el 27%, muy por debajo del 65% de la población general (INE, 2024). En Chile, según la ENDIDE 2022, viven más de 3,2 millones de personas con discapacidad (el 17,6% de la población adulta), pero solo tres de cada diez tienen empleo formal. Cuando se mira la intersección con género, el panorama es aún más crítico: pese a que las mujeres con discapacidad son mayoría, los hombres ocupan el 65% de los puestos laborales, mientras que solo el 35% corresponde a mujeres. Estos datos dejan claro que la inclusión laboral no depende únicamente de cuotas.

La reciente modificación a la Ley de Inclusión Laboral en Chile, que eleva la cuota al 2% para empresas y organismos públicos con más de 100 personas, es un avance relevante, pero insuficiente. Su implementación depende de que el 80% de las instituciones cumpla primero el 1%, dilatando cualquier impacto real, considerando además que solamente un 23% de las empresas actualmente cumplen. Si seguimos respondiendo la desigualdad con medidas parciales, continuaremos reproduciendo un modelo que integra, pero no incluye.
El Rol de la Familia y la Comunidad
Para las familias, especialmente los padres, el diagnóstico de una discapacidad puede despertar un proceso emocional complejo: duelo, miedo, culpa o incertidumbre. Es fundamental un acompañamiento adecuado y la desmitificación de la idea de que la discapacidad es una tragedia personal.
La inclusión no es un espectáculo, ni un proyecto emocional: es un compromiso estructural que requiere transformación cultural, políticas robustas y un respeto irrestricto por la dignidad de todas las personas. La inclusión no es un número. Y es, sobre todo, una decisión colectiva a dejar los prejuicios y dar oportunidades reales de participación.

La Importancia de un Lenguaje Inclusivo
Hablar correctamente no es una cuestión de corrección política, sino de dignidad. Las personas con discapacidad no necesitan “inspirarnos” ni “darnos lecciones de vida”. La sociedad ha tendido a definir a las personas con discapacidad desde la carencia o la limitación. Cuando una sociedad naturaliza que la inclusión depende de una campaña televisiva, refuerza la idea equivocada de que las personas con discapacidad deben agradecer lo que se les da, en lugar de exigir lo que les corresponde. Esa mirada termina perpetuando la discriminación, la segregación y la idea de que la inclusión es un acto de buena voluntad, no una obligación ética y jurídica.
Estrategias para una Inclusión Real
La inclusión real se construye cuando los entornos dejan de ser restrictivos, cuando las organizaciones transforman su cultura, y cuando el Estado garantiza igualdad de acceso a educación, salud, empleo y participación comunitaria. La inclusión ocurre cuando rompemos las barreras que impiden que cada persona sea quien es, en equidad y dignidad.
Por eso, resulta urgente fortalecer políticas que incluyan la interseccionalidad, la descentralización y la accesibilidad universal como pilares mínimos. El Proyecto de Acuerdo aprobado por unanimidad en el Senado chileno, que solicita al Ejecutivo avanzar en una real descentralización de las contrataciones, en educación accesible y con diseño universal, reducir brechas de género en inclusión laboral y establecer la intermediación laboral como un derecho exigible, señala un camino que debe profundizarse, no quedar en el papel.
La Estrategia para la inclusión de las personas con discapacidad está compuesta tanto por políticas como por un marco de rendición de cuentas. También se han establecido puntos de referencia para valorar y acelerar el progreso en la inclusión de las personas con discapacidad. Por un lado, la integración de las personas con discapacidad es una cuestión de carácter transversal que debe estar presente en todas nuestras acciones. Por otro, la inclusión requiere medidas específicas. Otros factores como el género, la edad, la ubicación, etc., determinan también las vidas de las personas con discapacidad. Un enfoque coordinado y coherente es esencial para acelerar el progreso, aprender de experiencias previas y lograr el objetivo de la inclusión.

Ejemplo de Inclusión en la Vida Cotidiana
Una experiencia de acompañamiento a una persona con discapacidad ilustra la importancia de la autonomía y la participación. Cuando se acompañaba a Jony en colectivo (transporte público), él no pagaba boleto debido a su discapacidad. Se decidió enseñarle a viajar solo. Se le entregaba dinero para que se comprara lo que él quisiera en el bufet de la escuela, pero un día, al preguntar “¿Qué te pagaste con el dinero que me diste?”, él respondió: “Me pagué el boleto”. Esta posibilidad de sentirse ciudadano, de poder pagar su boleto de colectivo, surgió a partir del vínculo y de la confianza en sus capacidades.