La Incapacidad para Defenderse: Una Exploración Profunda

¿Alguna vez te has quedado paralizado o en estado de shock ante una amenaza? Lo normal, creemos, sería reaccionar cuando percibimos un peligro serio. No obstante, en muchas ocasiones no podemos mover ni un solo músculo, manifestando aparentemente una incapacidad para defendernos. En estas situaciones, nuestros músculos se paralizan cuando lo lógico sería utilizarlos. Volviendo la mirada al resto del mundo animal, quizás hayamos tenido, por ejemplo, un gato que, al asustarlo o cogerlo cuando él no quería, se quedaba paralizado. Esto suele ocurrir cuando son pequeños y es una técnica de supervivencia: se hacen los "muertos", para que así su agresor deje de centrarse en ellos y los abandone. Pues algo similar nos sucede a los seres humanos en determinadas circunstancias que nos provocan una incapacidad para defendernos.

La Respuesta de Paralización ante la Amenaza

El Papel de la Amígdala

La amígdala se encuentra en el cerebro, concretamente en la parte interna del lóbulo temporal. Tiene una función muy importante en nuestro sistema emocional, pero, sobre todo, es la que se encarga de avisarnos cuando nos encontramos en peligro. No importa si la amenaza es interna (estamos sufriendo un infarto) o externa (alguien se dirige hacia nosotros con una actitud agresiva). En ambas circunstancias la amígdala se activa.

Lo que sucede después es que la amígdala envía determinados impulsos nerviosos a diferentes zonas del cerebro para que accione determinadas funciones en nuestro cuerpo. Así, aumentará nuestra frecuencia cardíaca, llegará más oxígeno a nuestros músculos y nos prepararemos para reaccionar y defendernos de la posible amenaza, ya sea huyendo o atacando.

La Adrenalina y la Inhibición de Decisiones

La amígdala se activa debido al miedo y dispara una reacción que envía hormonas al torrente sanguíneo para que este se prepare para la acción. Los sentidos se agudizan, la respiración se agita y la memoria está más despierta. En toda esta descarga de sensaciones no podía faltar la adrenalina. Esta participa de manera activa en esa respuesta para huir o enfrentarnos a la amenaza, provocando que nuestros vasos sanguíneos se contraigan y que nuestras vías aéreas se dilaten. Al mismo tiempo, hay muchas áreas que se van a encontrar inhibidas en este momento. Estas son las encargadas de tomar decisiones.

¿Por qué no podemos tomar decisiones en una situación de peligro? Esta es una consecuencia del estrés que provoca toda esa activación de alarmas en nuestro cuerpo y que causa que nuestro sistema nervioso decida actuar de manera instintiva para salvar la vida. Aquí el raciocinio puede ser un inconveniente, pues la prioridad es reaccionar con rapidez.

Esquema de la amígdala cerebral y su función en la respuesta al miedo

¿Por qué nos paralizamos? La Desconexión Cerebral

Teniendo en cuenta todo lo anterior, puede resultarnos extraño que surja, a veces, esa incapacidad para defendernos ante una amenaza, ya que nuestro cuerpo pone todo de su parte para hacerle frente. No obstante, tenemos que tener en cuenta la situación que está provocando en nosotros esa necesidad de protegernos. Si una circunstancia está activando un trauma del pasado o es tan grave que nos lleva a un estado de pánico, se puede producir una desconexión completa en nuestro cerebro. Esto quiere decir que nos vamos a bloquear.

Esta desconexión tiene mucho que ver con lo que conocemos como despersonalización, uno de los síntomas de la ansiedad. De repente, nos sentimos extraños en nuestro propio cuerpo, nuestros sentidos y emociones se adormecen y nos encontramos completamente desorientados, actuando de manera automática, como si fuéramos robots. Hablamos de una forma de supervivencia que nos ayuda a reducir el dolor y el sufrimiento emocional que la situación nos pueda causar. En esta situación no huimos, no reaccionamos, no hacemos nada.

La disociación es un mecanismo que nuestro cerebro pone en marcha para protegernos de una situación en la que entiende que no hay salida. Para ello, “desconecta” nuestra mente de la realidad para, así, poner una cierta distancia de seguridad que reduzca el impacto emocional que la circunstancia nos pueda provocar. Este tipo de reacción ante una amenaza la suelen sufrir muchos niños que son víctimas de abuso o personas que han sido víctimas de agresiones continuadas. De hecho, la disociación que experimenta puede generar a la persona dudas sobre lo ocurrido e, incluso, hacerle pensar que lo ha imaginado. La incapacidad para defendernos ante una amenaza no debería ser nunca penalizada o cuestionada, ya que, atendiendo a todo lo expuesto, es una reacción completamente normal que nos permite ponernos a salvo de alguna manera.

#33TeEscucha | Respuesta de congelación, cuando el estrés y el miedo nos bloquean

La Alexitimia: Incapacidad para Expresar Emociones

¿Sabes que existen personas con una falta de emociones y sentimientos? ¿Crees que puedes ser un alexitímico? La mayoría de las veces no somos conscientes del papel que juegan la emoción y los sentimientos en cada decisión que tomamos. El desconocimiento de las emociones que vivimos puede empujarnos a dar pasos desafortunados o a sumirnos en un mar de dudas. La falta de emociones o las personas sin sentimientos es una de las afectaciones más desconocidas actualmente.

Origen y Concepto

El neologismo "alexitimia" (AL) es un vocablo de origen griego que significa etimológicamente "ausencia de palabras para expresar las emociones o los sentimientos" (a- la partícula negativa no, lexis- palabra o acción de hablar, thymos- emoción). Este término fue introducido en la bibliografía médica en 1972 por Sifneos, para designar la dificultad que tenían muchos enfermos psicosomáticos para expresar verbalmente sus emociones o sus sentimientos. La primera vez que se cita la palabra «alexitimia» fue en un manual editado por la Universidad de Harvard titulado Short-term psychotherapy and emotional crisis.

AL se define como un déficit comunicativo emocional, asociado con el pensamiento operacional, alta impulsividad y copiosas sensaciones corporales. El problema de las personas con alexitimia es que en realidad estos individuos padecen un cierto estancamiento emocional ya que no pueden expresar sus sentimientos a los demás. Por ello, para los demás parecen personas con una clara falta de sentimientos y emociones a pesar de que la realidad no sea así. No existen metaanálisis ni estudios fidedignos de la prevalencia de alexitimia en la población general, si bien los diferentes trabajos recogidos hasta la fecha hablan de entre un 8-10% que podría aumentar hasta un 23% en ciertos estratos como pueden ser en pacientes con Trastornos somáticos.

El Perfil Alexitímico

El concepto AL fue tomando gradualmente, a partir del radical etimológico señalado, un sentido más global, en forma de un perfil de personalidad, que abarca datos afectivos, cognitivos, psicomotores y somáticos. El núcleo semiológico del perfil de la personalidad alexitímica reside en la afectividad, en forma de una incapacidad para identificar, reconocer, describir o nombrar los sentimientos o las emociones propias y de una dificultad para captar los estados emocionales ajenos, o sea, en conjunto una conciencia emocional precaria. Por ello, los alexitímicos han sido también denominados "afásicos de sentimientos", "afásicos afectivos" o "analfabetos emocionales".

Entre los rasgos personales más importantes se incluyen:

  • Incapacidad de identificar, reconocer, nombrar o describir las emociones o los sentimientos propios.
  • Pobreza en la expresión verbal, mímica o gestual de las emociones o los sentimientos.
  • Falta de captación de las emociones o los sentimientos ajenos (trastorno de la empatía).
  • Pensamiento muy concreto y pragmático, con dificultades para el pensamiento abstracto (pensamiento operacional o instrumental).
  • Reducción o anulación de la fantasía, los sueños o ensueños y la vida imaginativa.
  • Falta de capacidad para la introspección y la creatividad.
  • Dificultades para establecer contacto afectivo con los otros o mantener una dinámica comunicacional.
  • La descarga de las emociones o los sentimientos a través de los canales vegetativos corporales, lo que provoca la disfunción o la lesión tisular de los órganos somáticos más vulnerables.
  • Dificultades para distinguir las emociones de las sensaciones corporales.
  • A menudo presentan una impresión generalizada de una personalidad seria, adusta o aburrida, y una inclinación al aislamiento, sin tener sensación de soledad.

Diagnóstico y Tratamiento de la Alexitimia

A lo largo de los años se han desarrollado diferentes cuestionarios auto y heteroaplicados para evaluar el conjunto de los síntomas descritos. Para saber si padeces de alexitimia, la única manera factible de descubrirlo es acudiendo a un psicólogo/a profesional.

La forma más adecuada de trabajar la alexitimia y tratarla, pasa por un primer paso de reconocimiento por parte del paciente, haciéndole consciente de sus dificultades para que pueda incluirse en un programa de inteligencia emocional vehiculizada a través de la terapia cognitivo-conductual, así como en talleres de habilidades sociales y de mejora en las relaciones interpersonales. Algunas causas que pueden provocarla son el autismo y los traumas.

Los investigadores han puesto en marcha tratamientos que abogan por la profundización interpersonal. Además de terapias interpersonales y sociales, los expertos suelen trabajar con la inteligencia emocional por medio de talleres. Algunos especialistas optan por compaginar las terapias con el empleo de fármacos psicorreguladores y antisomatizadores que permitan desbloquear las emociones, favoreciendo las positivas e inhibiendo las negativas. Es preciso solicitar ayuda a un especialista en psiquiatría y psicología para poder realizar una completa exploración psicopatológica y llegar al punto de conflicto.

Algunas estrategias para paliar la alexitimia incluyen:

  • Terapia de grupo: Practicar las habilidades emocionales en situaciones sociales.
  • Diario emocional: Una buena forma de poder expresar lo que sentimos es a través de la práctica de la escritura.
  • Practicar un arte: La creatividad y las emociones están estrechamente relacionadas.
  • Meditación y técnicas de relajación: Permiten comprender mejor el interior de la persona.
  • Leer libros o historias emocionales: La lectura está muy unida con la práctica de la empatía.
Infografía sobre los síntomas y características de la alexitimia

La Indefensión Aprendida: Una Incapacidad Adquirida

“Lo has intentado una y otra vez, pero no hay manera; incluso parece que sea imposible lograr cambiar una situación o conseguir un objetivo. El tesón y la constancia empiezan a flaquear, pierdes energía y acabas sintiendo una especie de derrota; no importa cuánto lo intentes porque no lo vas a conseguir, así que tiras la toalla.” Es posible que, ante circunstancias adversas, sintamos una sensación de impotencia y resignación que puede desencadenar en nosotros una actitud de renuncia. Se trata de una impotencia mental y emocional que se denomina indefensión aprendida.

¿Qué es la Indefensión Aprendida?

La indefensión o desesperanza aprendida es un estado que se manifiesta cuando sentimos que no somos capaces de modificar una situación por mucho que nos esforcemos, ya que no logramos influir en los resultados que obtenemos. En psicología, este estado hace referencia a aquellas personas que, como el nombre indica, han aprendido a comportarse de forma pasiva ante algunos problemas.

El Experimento de Martin Seligman

Durante los años 70 el psicólogo Martin Seligman observó que los animales de sus investigaciones sufrían depresión ante determinadas situaciones y decidió llevar a cabo un experimento. A animales enjaulados se les empezó a aplicar descargas eléctricas con intervalos de tiempos variables y aleatorios para evitar que pudieran detectar un patrón. Aunque al principio los animales intentaron escapar pronto vieron que era inútil y que no podían evitar una repentina descarga eléctrica. Así que, cuando les dejaron la puerta de la jaula abierta no hicieron nada. Ya no tenían una respuesta evasiva, habían aprendido a sentirse indefensos y a no luchar. Este efecto se llamó indefensión aprendida. Esta teoría permite explicar que tanto humanos como animales pueden aprender a comportarse de forma pasiva. La teoría de indefensión aprendida se ha relacionado con la depresión clínica y otros trastornos que correlacionan la percepción de ausencia de control sobre el resultado de una situación.

Origen de la Indefensión Aprendida: El Cuento del Elefante Encadenado

Una forma fácil de entender la indefensión aprendida es el Cuento del elefante encadenado de Jorge Bucay. En esta historia, un niño se pregunta por qué un animal tan grande como un elefante, en un circo, permite estar atado con una cadena a una pequeña estaca que podría levantar sin mayor esfuerzo. La respuesta es que el elefante no escapa porque está convencido de que no puede, de que no tiene recursos para hacerlo. Cuando era pequeño estuvo atado a esa estaca y tiró y tiró durante días, pero no pudo liberarse al no tener en aquel momento la fuerza. Tras tantos intentos frustrados, el elefantito aceptó que no era posible soltarse y aceptó resignado su destino. Aprendió que no era capaz, así que de adulto ya ni siquiera lo intenta.

Esto es lo que también nos puede suceder a las personas cuando nos hemos enfrentado en repetidas ocasiones a determinadas situaciones y nuestras acciones no han logrado aquello que pretendíamos. A veces, incluso puede suceder que cuando se consigue el resultado deseado, la persona con indefensión aprendida crea que no se ha producido por las acciones llevadas a cabo, sino por puro azar.

Ilustración del elefante encadenado para representar la indefensión aprendida

Causas y Situaciones Comunes

Las personas pueden aprender a sentirse indefensas en cualquier momento de la vida si las circunstancias son complicadas y difíciles y sus recursos se agotan. Por ejemplo, en situaciones como:

  • Violencia de pareja o violencia doméstica (abuso físico y psicológico dentro del propio hogar).
  • Relaciones tóxicas o con personas narcisistas, donde no se sienten queridas.

Ante ciertas situaciones, las personas pueden generar patrones de dolor emocional e indefensión aprendida, aunque en la mayoría de las veces, como en el caso del elefante del cuento, viene determinada por las experiencias de la infancia.

Síntomas y Consecuencias

Estas son las señales de que una persona ha caído en la desesperanza aprendida:

  • Ansiedad ante la situación negativa.
  • Bajo nivel de motivación y autoestima con pensamientos a menudo autodestructivos.
  • Pasividad y bloqueo, la persona no sabe qué hacer ante la situación.
  • Síntomas depresivos con ideas y pensamientos recurrentes de desesperanza.
  • Sentimiento victimista y pensamiento de que la situación es causa del destino y, por tanto, no se puede hacer nada para cambiarla.
  • Pesimismo con tendencia a focalizar la atención en el lado negativo de las cosas.

La indefensión aprendida puede dañar la autoestima, la confianza y la seguridad de la persona. Esto acarrea como consecuencia la delegación de las decisiones y los objetivos, así como la adopción de un rol dependiente, en el que la persona se va dejando llevar por las circunstancias y siente desesperanza y resignación.

Ejemplos en Diferentes Contextos

Casos de indefensión aprendida encontramos en diferentes escenarios:

  • En niños y niñas: Los niños muy pequeños a los que se les deja llorar repetidamente y no son atendidos, empiezan a dejar de llorar y adoptan una actitud pasiva.
  • En la educación: Las personas que suspenden habitualmente los exámenes de una asignatura con frecuencia empiezan a sentir que por mucho que estudien no van a lograr superar esa materia.
  • En la violencia de género: La indefensión aprendida en la pareja puede darse cuando el maltratador hace creer a su víctima que es culpable de su desgracia y que cualquier esfuerzo por evitar el daño no le servirá. Las mujeres maltratadas pueden acabar desarrollando indefensión aprendida. Con frecuencia, en los casos de maltrato, la víctima se culpa de su situación y pierde la fuerza para abandonar a la pareja. Algunos factores implicados incluyen el ciclo de violencia de género, el abuso o violencia sexual, los celos, el control y la posesión, y el maltrato psicológico.
  • En el trabajo y la escuela (bullying o mobbing): Las personas que sufren bullying suelen sentir culpa y dan por válidos los menosprecios. Asimismo, una persona que depende de un trabajo para vivir y en él sufre mobbing puede generar desesperanza aprendida al no poder hacer nada para salir de esta situación, al no poder huir ni enfrentarse a un superior.

Superar la Indefensión Aprendida

Al ser un comportamiento no innato, la indefensión aprendida se puede modificar o desaprender. Para esto, es necesario desarrollar nuevas formas de comportamiento y trabajar la autoestima. Algunos consejos sobre cómo trabajar la indefensión aprendida incluyen:

  • Cuida y elige tus pensamientos: Trata de ver las cosas desde otra perspectiva y de ser consciente de los pensamientos negativos y catastrofistas.
  • Trabaja tu autoestima: Aprende a quererte más.
  • Cuestiónate las cosas: Busca alternativas a las creencias y pensamientos arraigados.
  • Prueba cosas nuevas y cambia tus rutinas.
  • Busca ayuda: En tu entorno de amistades o con un profesional, hay momentos en los que es necesario saber cuándo acudir a un psicólogo.

Tratamiento: Terapia Cognitivo-Conductual

Una de las terapias más utilizadas en el tratamiento de la indefensión aprendida es la terapia cognitivo-conductual. El objetivo de la terapia psicológica es:

  • Aprender a evaluar las situaciones relevantes de un modo más realista.
  • Aprender a atender a todos los datos existentes en esas situaciones.
  • Aprender a dar explicaciones alternativas.
  • Poner a prueba supuestos desadaptativos para poner en marcha distintos comportamientos.
  • Explorarse uno mismo para aumentar la propia conciencia.

En definitiva, el psicólogo o la psicóloga ayuda a la persona a desprogramar la indefensión aprendida volviendo a estructurar sus pensamientos y emociones, al igual que las conductas aprendidas que le impiden dejar de actuar de forma pasiva. Si crees que necesitas ayuda, recuerda que no tienes por qué afrontarlo en soledad.

#33TeEscucha | Respuesta de congelación, cuando el estrés y el miedo nos bloquean

tags: #incapacidad #para #defenderse