El dolor crónico musculoesquelético, particularmente el dolor lumbar o lumbalgia, representa una de las principales causas de limitación funcional e incapacidad laboral en la población adulta en edad productiva a nivel mundial. Más allá de la percepción subjetiva del dolor, la evidencia científica ha demostrado que el dolor crónico se asocia a una disminución de la capacidad laboral, incremento del ausentismo y prolongación de los períodos de incapacidad.

La Lumbalgia: Una Carga Global y Ocupacional
La lumbalgia sigue siendo uno de los principales síntomas en el personal que asiste y traslada pacientes, sobre todo con el incremento de casos durante la pandemia de la COVID-19. La Agencia Europea de Seguridad y Salud en el Trabajo reportó en el año 2019 que tres de cada cinco trabajadores presentaron dolencias por trastornos músculo esqueléticos (TME), siendo la región corporal más afectada la zona lumbar (46%) seguida de diversas regiones de las extremidades superiores (1).
El informe del Global Burden of Disease (GBD) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) reportó que la prevalencia de lumbalgia entre los años 1990 y 2017 disminuyó ligeramente; sin embargo, el número de lumbalgias con años de vida ajustado por discapacidad (AVAD) incrementó sustancialmente, con un pico en la población trabajadora entre 35 y 49 años (2). Además, en los Estados Unidos, se reportaron 149 millones de días perdidos por año, significando un costo promedio de $100-200 billones anuales para el año 2004 (3).
La OMS también reportó que la carga global de lumbalgia atribuible a exposiciones ocupacionales fue moderada para los trabajos del rubro de servicios, como el sector sanitario (4, 5). En los trabajadores, esta condición de salud es una de las enfermedades relacionadas al trabajo, adquirida o agravada, más frecuentes (Superintendência de Vigilância e Proteção dà Saúde - SUVISA, 2014). La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que el 37% del dolor de espalda son atribuidos a factores de riesgo ocupacionales y considera este agravio como una de las principales causas de absentismo (World Health Organization, 2014).
Factores Asociados a la Lumbalgia Ocupacional
Hay factores que contribuyen para el lumbago y entre “los individuales se encuentran: edad, sexo, índice de masa corpórea, desequilibrio muscular, fuerza muscular, condiciones socioeconómicas, presencia de otras enfermedades y los factores laborales” (Helfenstein Junior, Goldenfum & Siena, 2010, p. 385). Entre los más comunes riesgos ergonómicos en el trabajo se puede observar “el movimiento de elevación y el transporte de cargas pesadas, los movimientos bruscos, las vibraciones, las frecuentes flexiones, las rotaciones y las malas posturas” (Pataro & Fernandes, 2014, p. 25).
Las lumbalgias en el personal de salud son de origen multicausal, siendo el manejo manual de carga y de pacientes uno de los factores de riesgo más relevantes (11, 12).

Impacto de la Pandemia de COVID-19 en el Personal Sanitario
La pandemia de la COVID-19 ha generado cambios importantes en el sector sanitario. Según el Ministerio de Salud del Perú (MINSA), se realizaron acuerdos con el Seguro Social para el incremento de la oferta nacional de camas UCI de 276 a inicio de la pandemia a 2 640 en el presente año (9), lo que equivaldría a una proporción aproximada de 6 camas por cada 100 mil habitantes, entre otras mejoras de la logística (10). Esta nueva necesidad significó la sobreexposición a la movilización y asistencia de pacientes con alto grado de dependencia por parte del personal de servicios críticos, sobre todo enfermeras y técnicos de enfermería (18).
Estudio sobre Lumbalgia en Personal de Enfermería COVID-19 en Lima, Perú
Un estudio transversal analítico tuvo como objetivo determinar los factores socio-laborales asociados a la lumbalgia en técnicas y enfermeras de servicios críticos que atendieron pacientes COVID-19. La investigación se desarrolló en los servicios asistenciales críticos para la movilización y asistencia del paciente de un hospital del seguro social de la ciudad de Lima durante el año 2021.
Dicho hospital es considerado para la referencia de muchos departamentos a nivel nacional, por su alta complejidad la demanda de camas UCI se incrementó en un 400% (de 19 camas de UCI General antes de la pandemia a 76 camas UCI para pacientes COVID).
Se recolectó información del personal de enfermería de los servicios de UCI general, UCI COVID-19 y Traumatología a través de una encuesta virtual. La variable principal fue la lumbalgia, la cual se obtuvo a través del Cuestionario Nórdico de Kourinka, y se cruzó con otras variables de interés mediante estadística descriptiva y analítica. Se incluyó al personal con contrato vigente en alguno de los servicios mencionados, que hubieran laborado durante la pandemia y que aceptaran participar.
De las 265 respuestas, el 62% (165) manifestó tener un dolor lumbar. En el modelo multivariado, se encontró que hubo mayor padecimiento de lumbalgia según el tener más años de trabajo (RPa: 1,03; IC95%: 1,01-1,06; valor p=0,008) y si antes habían tenido una incapacidad laboral (RPa: 1,45; IC95%: 1,25-1,68; valor p<0,001). En cambio, a mayor edad de las encuestadas hubo menos lumbalgia (RPa: 0,97; IC95%: 0,95-0,99; valor p=0,013), ajustado por cinco variables.
Las características de la población evaluada revelaron que la mayoría fueron mujeres (86,0%), la mediana de edad fue de 35 años (rango intercuartílico: 31-43 años), la mediana del IMC fue 25,1 (rango intercuartílico: 23,4-27,7), la mediana de años laborando fue de 1,1 años (rango intercuartílico: 1-10 años), el 65,3% fueron enfermeras, el 52,5% no recibió capacitación y el 15,1% tuvo una incapacidad laboral previa.
Los factores de riesgo principales para desarrollar lumbalgia en este personal de salud fueron la edad, los años de trabajo y una incapacidad laboral previa, independiente del servicio crítico para movilización y asistencia de pacientes hospitalizados (6, 13). Estos resultados pueden servir de base para establecer lineamientos para la intervención e implementación de controles eficaces en mejora de la salud de los trabajadores de estos servicios.
En el periodo de estudio, se observó que la prevalencia de lumbalgia se dio entre los dos años de servicio en promedio, lo cual podría deberse al aumento de trabajadores contratados para las nuevas áreas de hospitalización COVID-19 desde el inicio de la pandemia. Los trabajadores de enfermería con más años de trabajo presentaron mayor prevalencia de lumbalgia, lo que coincide con otros investigadores que encontraron asociación con un tiempo de trabajo mayor a cinco años (20, 21, 22). Sin embargo, Ther observó que los trabajadores con menos de 5 años de trabajo tuvieron mayor riesgo de lumbalgia (23). Con respecto a la edad del trabajador, se evidenció que a mayor edad menos frecuencia de lumbalgia, aunque otros estudios como el de Aleku et al. encontraron que la mayor frecuencia es en promedio a la edad de 40-49 años (26).
Técnicas de movilización de pacientes
Dolor Crónico Musculoesquelético e Incapacidad Laboral: Evidencia Reciente
La incapacidad laboral asociada al dolor crónico no depende únicamente de la intensidad del dolor, sino de una interacción compleja entre factores físicos, funcionales, psicosociales y laborales. Un estudio reciente tuvo como objetivo analizar la evidencia científica publicada entre enero 2022 y diciembre 2025 sobre el impacto del dolor crónico en la incapacidad laboral, contrastando los hallazgos internacionales con la evidencia disponible en Costa Rica.
Se realizó una revisión bibliográfica narrativa en PubMed/MEDLINE, Scopus y SciELO, así como en repositorios académicos costarricenses y documentos de organismos internacionales, incluyendo estudios observacionales, revisiones sistemáticas, meta-análisis y documentos técnicos enfocados en prevalencia, impacto funcional e intervenciones orientadas a reducir la discapacidad en población adulta en edad laboral. El diseño narrativo fue seleccionado debido a la heterogeneidad metodológica de los estudios disponibles.
La búsqueda de literatura se llevó a cabo entre el 2022 y 2025 utilizando combinaciones de términos en inglés y español, incluyendo palabras clave y términos MeSH, tales como: chronic pain, low back pain, musculoskeletal pain; work disability, work capacity, sick leave, absenteeism, presenteeism; occupational health, work-related musculoskeletal disorders; incapacidad laboral, dolor lumbar, trastornos musculoesqueléticos, salud laboral. Se analizaron once publicaciones principales, complementadas con documentos de apoyo.
Hallazgos Clave de la Revisión
- Los estudios de carga global coinciden en que el dolor lumbar constituye la principal causa de años vividos con discapacidad a nivel mundial, con una concentración significativa en población económicamente activa (1, 2, 9).
- Más allá de la prevalencia, la evidencia indica que el dolor crónico musculoesquelético se traduce en pérdida sostenida de funcionalidad, reducción del rendimiento laboral y aumento del ausentismo (2, 4). El fenómeno de presentismo laboral -trabajadores que continúan activos pese a dolor persistente- ha sido documentado como un factor relevante que puede preceder a incapacidades más prolongadas si no se implementan intervenciones oportunas (4).
- Uno de los hallazgos más consistentes es que la intensidad del dolor no constituye el principal predictor de incapacidad laboral prolongada (2, 4). La literatura internacional señala que factores ergonómicos (posturas sostenidas, movimientos repetitivos), organizacionales (carga laboral elevada, falta de adaptación del puesto de trabajo) y psicosociales (estrés, bajo control percibido, escaso apoyo institucional) influyen significativamente en la cronificación del dolor y en la prolongación de la discapacidad laboral (1, 2, 4).
- La evidencia internacional indica que la incapacidad laboral por dolor lumbar genera costos indirectos significativos, principalmente asociados a pérdida de productividad y ausentismo prolongado (5).
- Los meta-análisis y revisiones sistemáticas coinciden en que las intervenciones activas, particularmente el ejercicio terapéutico y los programas de estabilización lumbar, producen reducción significativa de la discapacidad funcional, incluso cuando el dolor persiste (3). Asimismo, los abordajes multidisciplinarios que integran manejo clínico, rehabilitación física, ergonomía y apoyo psicosocial muestran mejores desenlaces laborales que los enfoques centrados exclusivamente en tratamiento farmacológico o reposo (3, 4).
Contexto en Costa Rica
En Costa Rica, los estudios disponibles muestran alta prevalencia de síntomas musculoesqueléticos, especialmente en teletrabajadores y en labores sedentarias, asociadas a factores ergonómicos y organizacionales. Aunque no existen estudios de carga comparables en magnitud metodológica a los internacionales, los datos disponibles evidencian una alta frecuencia de síntomas musculoesqueléticos en teletrabajadores y trabajadores administrativos, especialmente dolor lumbar y cervical (6-8). En un estudio transversal realizado en empleados de una empresa pública costarricense, Mora Marín (2025) reportó que más del 60% de los participantes presentaron síntomas musculoesqueléticos en al menos una región anatómica durante los últimos 12 meses, siendo la región lumbar y cervical las más frecuentemente afectadas (6).
La Lumbalgia y la Calidad de Vida de los Trabajadores
Un estudio con objetivo de verificar el impacto del dolor de la región lumbar en la calidad de vida (CV) de los trabajadores, realizó una búsqueda bibliográfica sistemática en bases de datos electrónicas (Medline-PubMed, Lilacs y Scopus) entre septiembre de 2014 y abril de 2015. Se utilizaron descriptores como: trabajadores, lumbago, dolor de espalda, calidad de vida y ocupacional. Se incluyeron estudios de corte transversal que investigaron el impacto del dolor lumbar en la CV de trabajadores adultos activos. De 90 artículos encontrados, 3 fueron seleccionados tras aplicar criterios de exclusión y eliminar duplicados.
Los tres estudios seleccionados apuntan a una posible reducción en la calidad de vida de trabajadores que presentan dolor lumbar. La convivencia con el dolor hace al individuo dependiente de la medicación, reduce su capacidad funcional, limita sus actividades de ocio y laborales y dificulta el sueño, llevando a una reducción de la CV y al aumento del absentismo. Este último genera un incremento del coste tanto para el individuo como para el empleador y la salud pública.
Ninguno de los tres estudios comparó la presencia o ausencia del lumbago con el tiempo de servicio. Sin embargo, todos mostraron que la posición sentada mantenida es un factor de riesgo para el surgimiento del lumbago. Del Pozo-Cruz et al. (2013) demostraron que individuos diagnosticados con lumbago presentaban una menor percepción de CV y mayor incapacidad funcional en relación a trabajadores sin dolor lumbar. Oliveira et al. (2004) observaron un nivel más elevado de incapacidad física en costureras con lumbago, analizadas por el cuestionario de Roland Morris, percibiendo que cambiaban de posición frecuentemente buscando confort y presentaban más situaciones de irritabilidad y malhumor de lo habitual.
Instrumentos de Evaluación de Calidad de Vida e Incapacidad
Evaluar la calidad de vida no es una tarea fácil, pues está asociada a la percepción individual dentro de un contexto cultural y de sistemas de valores. Uno de los instrumentos de fácil aplicación y más utilizado para evaluar la CV es la escala SF-36 (Medical Outcomes Study 36 - Item Short - Form Health Survey). Otro instrumento usado es el EQ-5D-3L, que describe la salud en cinco dimensiones: movilidad, cuidados personales, actividades habituales, dolor/malestar y ansiedad/depresión (Ferreira, P., Ferreira, L. & Pereira, 2013, p. 672).
Para evaluar la incapacidad generada por el dolor lumbar puede ser utilizado el Oswestry Disability Questionnaire, que evalúa el impacto de los problemas en la columna lumbar (Falavigna et al., 2011, p. 65). Otro cuestionario bastante utilizado es el Roland-Morris Disability Questionnaire, que evalúa la repercusión del lumbago sobre las actividades laborales y de la vida cotidiana, además de ofrecer recomendaciones a los individuos con capacidad funcional reducida (Falavigna et al., p. 64).
Implicaciones Clínicas y Estrategias Preventivas
La pandemia del COVID-19 ha resaltado que la falta de organización, recursos y cultura de prevención conlleva a un rápido desarrollo de sintomatología musculoesquelética en grupos de trabajadores, en comparación con áreas de mayor tiempo de servicio. Los servicios de salud ocupacional deberán realizar evaluaciones e intervenciones para mejorar esta realidad.
Uno de los hallazgos centrales de la evidencia analizada es que la intensidad del dolor no constituye el principal determinante de incapacidad laboral prolongada. En cambio, la limitación funcional, evaluada mediante instrumentos estandarizados, muestra una correlación más robusta con la duración y recurrencia de incapacidades laborales (2-4). Este hallazgo tiene implicaciones clínicas relevantes, ya que sugiere que una valoración centrada exclusivamente en el síntoma doloroso puede conducir a decisiones poco consistentes respecto al otorgamiento y duración de incapacidades.
El impacto laboral del dolor crónico se manifiesta tanto en ausentismo como en presentismo laboral (4). La evidencia sugiere que la intervención temprana durante esta fase puede modificar el curso de la discapacidad y reducir la probabilidad de incapacidades prolongadas (4, 5).
Los determinantes de la cronificación y de la incapacidad prolongada son multifactoriales. Además de factores físicos y ergonómicos, los estudios revisados destacan la influencia significativa de variables psicosociales y organizacionales, como el estrés laboral, la percepción de bajo control sobre las tareas y la falta de apoyo institucional (1, 2, 4).
En el ámbito diagnóstico, la literatura internacional coincide en que la historia clínica y el examen físico continúan siendo pilares fundamentales en la evaluación del dolor lumbar, reservando los estudios de imagen para casos con signos de alarma o sospecha de patología estructural específica (1, 2). La utilización indiscriminada de estudios radiológicos no ha demostrado mejorar desenlaces funcionales ni reducir la duración de incapacidades laborales (1, 2), y puede contribuir a la medicalización innecesaria del dolor crónico.
Desde la perspectiva terapéutica, la evidencia es consistente en señalar que los enfoques activos orientados a la funcionalidad -particularmente el ejercicio terapéutico y los programas de estabilización lumbar- producen reducciones significativas de la discapacidad funcional, incluso en presencia de dolor persistente (3). Los abordajes multidisciplinarios que integran manejo clínico, rehabilitación física, ergonomía y apoyo psicosocial muestran mejores desenlaces laborales que los enfoques centrados exclusivamente en tratamiento farmacológico o reposo (3, 4). Esta evidencia sugiere que el enfoque pasivo centrado en el síntoma es insuficiente.
Los resultados de estos estudios podrían servir como referencia para futuros planes de contingencia ante situaciones críticas como la pandemia y para la intervención inmediata de implementación de ayudas mayores y menores para la movilización de pacientes. Para evitar el aparecimiento o cronicidad del lumbago, sería necesaria la realización de programas de promoción de la salud, para prevenir el impacto y los costes con el tratamiento de rehabilitación.

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